Leer Mi Casa de los Horrores (Novela) Capítulo 637 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
“¿Quieres que vaya a buscarte? ¿Te has vuelto loco? “La letra irregular en el reverso del historial médico le provocó una extraña sensación. Se encontraba en la primera planta del hospital, de pie en medio del pasillo.
Aunque las corrientes de aire habían cesado, las puertas, entreabiertas, se movían de un lado a otro, crujiendo ruidosamente. Lluvia de polvo caía del viejo techo, y de vez en cuando se filtraba en sus oídos el roce del papel contra el suelo. Estando solo en esa situación pasada la medianoche, sería mentira decir que no tenía miedo.
Tijeras sujetó con fuerza las tijeras en su mano y se obligó a parecer lo más impasible posible. “¿Cuándo me pusieron esto en la espalda?
Al volverse, Tijeras examinó las pocas habitaciones de enfermos por las que acababa de pasar. “La persona que está detrás de esta broma debe estar dentro de una de las habitaciones por las que acabo de pasar”.
Tenía mucho miedo, pero el miedo aún no había anulado su racionalidad ni su cordura. Se repetía constantemente que en ese momento interpretaba el papel de un asesino a sangre fría y desquiciado, y que debía mantener la calma a toda costa.
Cuanto más débil parezca, más me acosarán los fantasmas, así que no puedo parecer débil, no puedo mostrar ningún rastro de miedo.
Dobló cuidadosamente el historial médico y lo guardó en el bolsillo. Con unas tijeras, abrió con cuidado la puerta entreabierta más cercana. Dentro de la habitación, la sábana estaba hecha jirones y el colchón volcado a un lado; parecía como si la cama hubiera sido el hogar de una bestia salvaje a la que había que confinar.
“¿Esto es un hospital o algún tipo de manicomio?”. Tijeras no entró en la habitación del enfermo y solo la observó desde el otro lado del umbral. La cama no era grande, y el único lugar donde alguien podía esconderse era debajo de la cama o dentro de la cómoda.
“El responsable de la broma no está aquí. “Podía ver claramente el espacio bajo la cama, y las puertas de la cómoda estaban abiertas. Estaba vacía por dentro; se habían llevado todo. “Debería estar en las otras habitaciones de enfermos.
Por dentro, su corazón latía con fuerza, pero no lo demostraba su expresión. Con las extremidades entumecidas por el frío, Tijeras salió de la habitación y se dirigió a la otra habitación de enfermos.
“Esta está vacía, tampoco hay nadie aquí… “Tijeras se movió rápidamente por las habitaciones hasta que llegó a la habitación del enfermo que estaba más cerca de la entrada del hospital.
“Tras entrar en el hospital, fui directo al pasillo. Desde entonces, solo he pasado por estas pocas habitaciones de enfermos. Como todas las demás estaban vacías, entonces debe estar escondido en esta última”. La mano que sostenía las tijeras sudaba profusamente mientras empujaba lentamente la puerta de la habitación. Un fuerte olor penetrante, una mezcla de sangre y desinfectante, emanaba del interior.
“¿Alguien ha muerto aquí antes?”. La escena de la habitación lo dejó helado y negó con la cabeza. La sábana ensangrentada había sido metida a toda prisa bajo la cama, y de la ventana, protegida con rejas antirrobo, colgaba la bata de un paciente, llena de agujeros. Una larga peluca estaba sobre la cómoda, y lo más escalofriante era que, en la pared blanca como la nieve, alguien o algo había escrito con sangre fresca: “¿Adivina dónde estoy?”.
Tras comparar la caligrafía, notó que la mano que había escrito el mensaje con sangre en la pared y la que había anotado el mensaje en el reverso del historial médico eran diferentes. Este descubrimiento inquietó aún más a Tijeras. “¿Hay más de una 'persona' jugando al escondite en este hospital?”
Sintió un impulso irrefrenable de darse la vuelta y huir. Se retiró de la habitación del enfermo, con la intención de abandonar el hospital y mantenerse alejado de él temporalmente. “El lugar más peligroso es el más seguro. En teoría es cierto, pero es muy difícil llevarlo a la práctica”.
Al regresar a la entrada del hospital, la expresión de Tijeras cambió por completo. ¡Alguien había cerrado con llave la enorme puerta de hierro del hospital sin que él se diera cuenta!
“¿Qué hago ahora?” Tijeras estaba presa del pánico por su impotencia. Se mordió los labios, y eso le abrió la herida en la cara. El dolor le ayudó a concentrarse y calmarse. “Debería ir a buscar alguna ventana abierta”.
Cuando revisaba las habitaciones de los enfermos en la primera planta, confirmó que todas las ventanas tenían rejas antirrobo, así que solo podía confiar en la segunda planta. “He entrenado muchísimo para este día. La lesión no debería ser grave si salto desde la segunda planta, pero no puedo decir lo mismo si salto desde la tercera. El riesgo sería demasiado alto”.
Sujetando la bolsa, Tijeras saltó escaleras arriba hasta el segundo piso.
Para entonces, ya había descartado por completo la idea de jugar al escondite. Claro que, nunca había tenido intención de jugar con fantasmas. Subiendo las escaleras de tres en tres, al doblar la esquina, divisó de reojo un par de pies grises. Los pies estaban un poco por encima de su cabeza. Instintivamente alzó la vista y vio un par de piernas cenicientas, pero cuando volvió a mirar hacia arriba, ya habían desaparecido.
“¡¿Qué demonios?!” La “sorpresa” fue tan repentina que le hizo flaquear las piernas a Tijeras. No esperaba que aquello estuviera tan cerca. De hecho, solo los separaban unos pocos pasos. “Estaba justo aquí. ¡Quizás me ha estado observando desde algún rincón escondido!”
Al llegar al rellano en medio de la escalera, Tijeras dudó si debía seguir subiendo. Ya lo había visto bien antes; aquello, en efecto, lo estaba esperando arriba.
“Todas las ventanas de las habitaciones de enfermos de la primera planta están cerradas con rejas antirrobo. No hay manera de que pueda escapar por ellas. Así que, la única forma de salir de este lugar maldito es por las ventanas de la segunda planta.”
Sin otra opción, Tijeras se obligó a subir las escaleras.
Por favor, no vuelva a aparecer.
Recitando una oración silenciosa, Tijeras corrió hacia la primera habitación a su izquierda. Empujó la puerta con esperanza, pero esta se desvaneció al mirar hacia la ventana. Trozos de ropa desgarrada estaban atrapados en la reja antirrobo.
“¿Incluso las ventanas del segundo piso están instaladas con la misma malla?”
Con los labios resecos, el corazón de Tijeras se consumía lentamente de desesperación. Caminó hacia la ventana y extendió la mano para sacudir bruscamente la telaraña. La telaraña metálica le cortó los dedos, y el dolor que le produjo fue tan real, pero la niebla de sangre justo afuera de la ventana parecía tan irreal.
Si esto es una pesadilla, espero poder despertar pronto.
La cinta antirrobo estaba bien sujeta, así que era imposible abrirla sin herramientas. Tijeras soltó sus manos y se preparó para salir. Pero al llegar a la puerta, unos pasos resonaron por el pasillo de seguridad, provenientes del otro extremo. Parecía que la gente corría.
Parece que vienen hacia acá, ¡y son muchísimos!
Sin dudarlo, Tijeras cerró la puerta con llave. Se colocó detrás de ella, con la esperanza de observar la situación a través de la mirilla. Los pasos se acercaban cada vez más. Tijeras pudo ver varias sombras que se movían rápidamente por el pasillo, aparentemente dirigiéndose hacia él.
¡No puedo permitir que me descubran! ¡Si me quedo encerrada en esta habitación, todo ha terminado para mí!
Las sombras estaban increíblemente cerca de él. Tijeras escudriñó la habitación a sus espaldas y, finalmente, tomó su bolso para esconderse dentro de la cómoda. El hospital era privado y sus instalaciones eran distintas a las de un gran hospital público. El espacio dentro de la cómoda estaba dividido en dos por una tabla de madera, y tras retirar la partición, la cómoda era lo suficientemente grande como para que una persona pudiera esconderse dentro.
Los pasos se acercaron desde lejos antes de desaparecer por completo fuera de la habitación del enfermo.
¿Se han detenido frente a la puerta? ¿Será porque me han descubierto?
Tijeras pensó que no era prudente marcharse, no fuera a ser capturado por esas cosas una vez que se mostrara, así que decidió permanecer escondido dentro de la cómoda.
¡Al escondite, al escondite! Ni siquiera los he encontrado todavía, ¿por qué han venido a buscarme ya? ¿Será porque han detectado mi intención de escapar?
Controlando el ritmo de su respiración, Tijeras adoptó una postura más cómoda, pero al ajustarse, sus zapatos chocaron con algo. Se le heló el corazón y un sudor frío le recorrió la frente. Tijeras se obligó a mantener la calma mientras buscaba su teléfono en el bolsillo.
Al encender el teléfono, la pantalla mostraba la foto de dos jóvenes frente a la entrada de un orfanato. Uno de ellos tenía perilla, era muy alto y musculoso, mientras que el otro era idéntico a Tijeras. En ese momento, parecía bastante tímido ante la cámara. Al tomar la foto, levantó las manos como si intentara protegerse el rostro.
“Me has estado cuidando durante tanto tiempo... es hora de que yo te cuide a ti. “Tijeras suspiró profundamente y subió el brillo de la pantalla del teléfono al máximo. Luego, la iluminó bajo sus pies.
Lo que sus zapatos rozaron fue la bata de un paciente, y asomando por debajo de la ropa había un diario. Fue gracias a que Tijeras había leído el diario de su hermano mayor que decidió tomar el último autobús de la línea 104 para ir a la ciudad de Li Wan. Ahora que se había topado con otro diario durante su viaje, lo recogió sin dudarlo y comenzó a hojearlo.
“¿Liu Feiming? ¿Ese es el nombre del dueño del diario?”
Mientras hojeaba el diario, notó una ranura entre las páginas que contenía el historial médico. El nombre del paciente era, en efecto, Liu Feiming, y según su diagnóstico, tenía ambas piernas fracturadas debido a una caída desde una gran altura.
¿Por qué siento que está narrando mi futuro? La única solución para escapar de este lugar embrujado es saltar desde el tercer piso.
Con una marcada ansiedad, Tijeras comenzó a leer el contenido del diario.
1 de junio: ¡En cuanto salga del hospital, saldaré mi deuda con ese cojo! ¡Aunque cojee, sigue siendo un canalla! ¡Llevo años trabajando en su equipo! ¿Pretendía que me callara con unos cientos de yuanes después de que me cayera del tercer piso, me lesionara gravemente y perdiera el conocimiento? ¡Ni hablar! ¡Esto no se va a quedar así!
2 de junio: Debido a la lesión en los nervios y los huesos, tendré que permanecer en este hospital al menos cien días. Me pregunto cuándo podré salir de aquí. Es tan aburrido estar aquí. Me pregunto cómo estarán mis familiares. Espero que mi amigo, el hermano Lee, no les haya contado sobre mi lesión. No quiero preocuparme por mí.
3 de junio: ¿Por qué siento que las enfermeras me evitan a propósito? Se van en cuanto terminan de cambiarme el gotero. Es como si fuera una especie de dios maligno. ¿Será porque desprecian a los pobres? Se arrepentirán cuando me haga rico.
4 de junio: ¡Ay, Dios mío, qué aburrimiento! No hay ni una sola persona con quien hablar. Los médicos y enfermeras han dejado de venir. ¿No decían que les faltaban camas libres? Hay una cama libre justo al lado, pero dejan a los pacientes en el pasillo en vez de ponerlos a mi lado y que compartan la habitación conmigo. ¿Qué clase de discriminación es esta? ¡Qué gentuza!
6 de junio: ¿Qué le pasa al paciente de la habitación de al lado? ¿Cómo piensa dormir si sigue haciendo tanto ruido toda la noche? El servicio en este viejo hospital es pésimo. Pienso escribir una carta anónima a los responsables para denunciarlos.
7 de junio: A las 2 de la madrugada, el paciente de la habitación de al lado volvió a comportarse de forma extraña. Me pregunto si habrán internado a un enfermo mental en la habitación contigua. ¿Si no, por qué se oirían golpes contra la pared?
8 de junio: Esta noche perdí la paciencia y les grité a los pacientes de la habitación de al lado. Pensé que me responderían con un buen grito, pero son unos cobardes. Ni siquiera dijeron una palabra. La verdad es que agradecí la distracción. Después de tantos días de aburrimiento extremo, gritar fue un alivio.
9 de junio: Esta mañana, al despertar, encontré a un niño junto a mi cama. Me asusté bastante. Al preguntarle, me di cuenta de que era el hijo del paciente de la habitación contigua. Sus padres son muy valientes al permitir que un niño tan pequeño ande suelto por ahí. Aunque, pensándolo bien, el niño es muy mono y no le tiene miedo a los extraños. Llevo aquí mucho tiempo y esta es la primera vez que alguien se acerca a hablar conmigo por iniciativa propia.
10 de junio: Me hice amigo del chico, y era más listo de lo que parecía. Para evitar que las enfermeras lo descubrieran, siempre que alguien estaba a punto de entrar en la habitación, se escondía, y hasta ahora no lo habían descubierto.
13 de junio: Ya me he familiarizado completamente con el niño. Le gusta jugar al escondite y viene a visitarme en mitad de la noche. ¿No es sorprendente que alguien como yo sea tan querido por los niños? Le prometí que en cuanto pueda levantarme de la cama, jugaremos al escondite dentro del hospital. Por cierto, los padres del niño deben de ser buenas personas; al menos no parecen mirarme con desdén como las enfermeras y los médicos del hospital. Me pregunto qué enfermedad tendrán para seguir hospitalizados después de tantos días.
14 de junio: Esta noche falleció un paciente con cáncer en la habitación 305. Muchos médicos y enfermeras iban y venían. Pero, curiosamente, noté que seguían evitando mi habitación cuando tenían que bajar. Preferían dar un rodeo en esta emergencia y se negaban a pasar por delante de mi habitación. ¿Será porque estoy en alguna lista negra?
15 de junio: ¡Por fin llegó el día de quitarme la escayola! Y yo que pensaba que el médico se había olvidado de mí. Hoy hace viento, así que creo que me quedaré en casa.
15 de junio: Algo no anda bien esta noche. ¿Por qué sigo oyendo un ruido familiar que viene de la casa de al lado? La voz se parece a la del anciano que murió ayer. Le pregunté al niño, pero no quiso decirme nada. Solo quería que jugara al escondite con él por la noche. Si lo encuentro, me dirá la respuesta. Todavía me estoy recuperando de las piernas, y si salgo por la noche, seguro que les doy un buen susto a las enfermeras de turno.
16 de junio: ¡Dios mío, ¿qué me está pasando?! Hoy me desperté temprano y salí con la muleta. Cuando quise ir a visitar a mi vecino, me di cuenta de que estaba en la primera habitación de enfermos a la izquierda de la escalera. ¡Más allá de mi habitación estaba el almacén, y no había ninguna otra habitación de enfermos! Pero podía oír la conversación todas las noches, ¡y a ese chico! ¡Maldita sea! Ahora entiendo por qué los médicos y enfermeras se negaban a acercarse a mi habitación.
16 de junio: El médico no me dejó irme. Al fin y al cabo, todavía les debo un montón en facturas médicas. ¡No puedo confiar en ninguno de mis amigos! Me da igual, tengo que irme de aquí mañana, pero el mayor problema es... ¿cómo voy a sobrevivir esta noche? ¿Volverá a aparecer ese chico?
17 de junio: ¡De ninguna manera! Tengo que irme, tengo que marcharme. Anoche, el niño volvió y me pidió que jugara al escondite con él. Se quedó en mi habitación corriendo por todas partes. ¿Me he vuelto loca? ¿Por qué le prometí jugar con él antes? No puedo quedarme aquí más tiempo. Aunque el hospital me prohíba irme, encontraré la manera de escapar. Si me quedo aquí un minuto más, acabarán matándome.
17 de junio: ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¡Creo que al final he perdido la cabeza! Esta tarde, cuando quería irme, estaba en lo alto de las escaleras y de repente sentí que había alguien detrás de mí. Me giré y vi al niño. Me preguntó adónde iba y me exigió saber por qué no había jugado al escondite con él.
18 de junio: Ninguno de mis compañeros me ha devuelto las llamadas y el líder ya ha escapado. El hospital se niega a darme de alta y las facturas médicas se acumulan. ¡Aunque sobreviva, la deuda me aplastará hasta la muerte! Sin embargo, ya no me importa; escapar de este lugar debe ser mi máxima prioridad.
“18 de junio: Mientras bajaba corriendo las escaleras, alguien me empujó por detrás y me rompí las piernas otra vez. Los médicos dijeron que, según las cámaras de vigilancia, me tiré por las escaleras yo sola, ¡pero yo vi con mis propios ojos que fue el chico quien me empujó! No quería que me fuera; digo la verdad, pero ¿por qué nadie me cree?”
...
1 de julio: Esta debería ser la última entrada de mi diario. Tengo las dos piernas rotas, me han dejado ciego de tanto pincharme los ojos, me arde la garganta por el ácido y tengo los dedos doblados; ya no puedo huir de aquí. Sé que el chico se queda conmigo. No hay ninguna enfermería al lado de la mía. Están todos dentro de esta habitación conmigo. Los he encontrado, pero eso significa que ya nunca podré irme.
Al leer la última página, Tijeras sintió un escalofrío. “¿No hay una enfermería al lado? ¿Están todos dentro de esta habitación?”
Un escalofrío le recorrió la espalda. Tijeras se negó a permanecer ni un segundo más en la habitación y empujó la puerta para abrirla.
Tras salir corriendo del tocador, Tijeras miró hacia la puerta que tenía al lado, y su cerebro se quedó en blanco al instante.
En el cristal de la puerta, muchos rostros humanos pálidos miraban hacia adentro. “Los hemos encontrado”.

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Estás leyendo el capítulo 637 de Mi Casa de los Horrores (Novela), un novela. El coche fúnebre con ese extraño olor se detuvo lentamente ante la entrada. Se oía el sonido de guijarros rebotando en el techo. Se oían pasos en el pasillo y parecía que alguien estaba serrando en la habitación de al… Este capítulo tiene publicado el 17 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Mi Casa de los Horrores (Novela) tiene 1090 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.