Leer Mi Casa de los Horrores (Novela) Capítulo 582 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
“¡Tengo tanta hambre que quiero comérmelo a él, comérmelos a todos! Para que se conviertan en mi estómago, en mi alimento.” El hombre alzó la vista al cielo, observando los ojos rojo sangre que se escondían tras la sombra. “Tú también me estás mirando, ¿verdad? Deja de esconderte, ya te he visto. Estás a su alrededor, observando mi cuerpo. Quieres comerme. Todos quieren comerme, ¿por qué no lo hacen? ¿De qué tienen miedo? ¡Vengan, vengan a comerme! ¡Vengan!”
Su voz se elevó y el grito del hombre llenó la calle. No le temía a nada, como si no conociera el miedo. En la calle teñida de rojo, la sangre goteaba sobre el suelo enrojecido.
En el callejón cubierto de carne putrefacta y musgo, ocultos en las tuberías subacuáticas que brillaban con ojos rojos, en la sombra que la luz no alcanzaba, emergían muchos objetos extraños con rostros aterradores. Ya no se les podía describir con los simples términos “aterradores” u “horribles”. Tampoco eran sangrientos. Habían trascendido el asesinato o la masacre; eran algo más. No eran humanos, ni podían haberlo sido. Debían ser criaturas nativas del mundo tras la puerta.
Eran los habitantes de esta pesadilla. Consumían energía negativa y sobrevivían gracias a las emociones negativas de los humanos. No tenían una forma fija y, a diferencia de los hombres, sus extremidades podían retorcerse en ángulos imposibles. Si hubiera que describirlos, eran como cuerpos atrapados en un accidente automovilístico y arrastrados kilómetros por las llantas. No se les podía llamar humanos, o mejor dicho, habían adquirido forma humana al consumir demasiadas emociones negativas de los humanos. Habían adquirido conciencia humana y un apetito por ese delicioso objeto llamado ser humano.
“Me has estado esperando. Has preparado esto durante mucho tiempo. Esta noche me servirás en la mesa y me convertirás en tu plato principal. Vi los utensilios que preparaste y vi la codicia en tus ojos. Vi cómo tragabas saliva y vi cómo temblaba tu nuez de Adán de excitación”, gritó el hombre con furia. No intentó huir ni escapar, sino que permaneció allí, permitiendo que todo aquello lo envolviera.
“¿Crees que tendré miedo? “El hombre abrazó la cabeza de su amante y, por un momento, su expresión se suavizó.
Me gusta esta sensación; amo la muerte y admiro la locura. Una vida miserable, consumida por los gritos, los alaridos y el llanto. Cuando uno está vivo, nunca tiene el valor de expresar su verdadera opinión, pero aquí puedo hacer lo que quiera. Ya no hay necesidad de esconderme. Ya no hay necesidad de esconderme. Puedo jugar con los miembros de humanos vivos. Puedo abrir mi cráneo para mirar dentro de mi alma. Puedo regalarme a mí mismo mi antiguo yo.
“Mucha gente piensa que me he vuelto loco, pero ¿cuál es la diferencia entre su locura y la mía? Una vez fui médico, pero un médico que ni siquiera puede salvarse a sí mismo, así que ¿qué sentido tenía ser médico?”
La cabeza que sostenía en la palma de su mano descendió lentamente. Los ojos del hombre estaban llenos de sangre. Miró a los monstruos que se acercaban, y la sonrisa en su rostro ya no pudo ocultarse. Sus labios se entreabrieron, y la carne en las comisuras se separó para revelar una sonrisa aterradora.
“Ahora soy un sibarita. Mi mayor afición es comer, comer todo lo que veo y engullir cada delicioso manjar.” Una carcajada escalofriante brotó de la garganta del hombre. Estaba rodeado de monstruos, pero no entró en pánico, como si no fuera él quien estuviera rodeado.
“Ha llegado mi momento favorito; es hora de alimentar. Sí, con mi situación actual, ¿sería más apropiado llamarlo hora de comer o hora de alimentarse? Da igual, es lo mismo. Al final, se convertirán en parte de mi cuerpo”. Las palabras del hombre rezumaban locura, pero tenía derecho a decir esas cosas porque su poder había alcanzado un nivel increíblemente aterrador. Mientras divagaba para sí mismo, la sangre seguía goteando de su abrigo rojo sangre.
De su espalda brotaban multitud de cadenas gigantescas y gruesas, formadas por multitud de vasos sanguíneos, como si fuera un monstruo con múltiples colas. La sangre se congeló y su aspecto era sospechosamente similar al del monstruo esculpido en el inodoro de la Casa Embrujada de Chen Ge.
“En el mundo existe un opuesto para todo, pero los humanos somos la única excepción. He estado tratando de averiguar cuál es el opuesto del hombre. Una vez pensé que la respuesta eran los fantasmas, pero después de convertirme yo mismo en un fantasma, me di cuenta de que el opuesto del hombre no son los fantasmas, ¡sino Dios! ¡Dios, que lo gobierna todo!”
Las enormes cadenas recorrían toda la calle. Al contacto con ellas, los monstruos explotaban al instante. Las cadenas eran como serpientes con voluntad propia, que se clavaban en los cuerpos de sus víctimas y se deslizaban hasta sus corazones para succionar sus nutrientes. Los gritos resonaban por toda la calle. Los cuerpos de los monstruos se desinflaban a una velocidad increíble.
El hombre se rió al oír los gritos. Se rió y se rió, y sus labios se abrieron hasta llegar a sus orejas. Se rió y se rió hasta llorar.
Pero el hombre no pareció darse cuenta. Siguió riendo como si todo el dolor, todo el arrepentimiento, pudieran liberarse de los ecos de su risa enloquecida.
“¡No es suficiente, nunca será suficiente! ¡Aún no estoy satisfecho! ¡Tengo tanta hambre que necesito consumirlo todo! ¡Necesito comerme a todo aquel que quiera comerme!” La risa seguía resonando en su garganta mientras la sangre le corría por los labios.
Nadie sabía qué le había ocurrido al hombre. Nadie sabía qué lo había llevado a ese estado. Sin embargo, había algo seguro: seguía vivo y se mantenía con vida mediante ese método sumamente enloquecedor y perturbador.
La sangre le tiñó los dientes de rojo, y arrastró tras de sí a los innumerables monstruos. Las cadenas atravesaban sus cuerpos. Los arrastró y corrió calle abajo. En la esquina, había un edificio quemado.
El edificio tenía unos diez pisos. A través de la ventana rota, se veía una puerta en una de las habitaciones que no era de color rojo sangre. La mitad era roja y la otra mitad de un marrón normal. En esta ciudad roja sangre, aparte del negro, que representaba la decadencia; el rojo, que representaba la violencia; y el gris, que representaba la desesperación, no había otros colores.
“Justo detrás de esa puerta, percibo un olor muy familiar. ¡Es tan delicioso! ¡Tengo que comérmelo! Morderé su cráneo poco a poco, chuparé su médula ósea y masticaré sus huesos. ¡Sí, será mi mejor comida!”
El hombre arrastró a los monstruos tras él y se detuvo frente al edificio incendiado. Alzó la vista y, en el último piso, vio a un hombre envuelto en ropas rojas. El hombre lo miró fijamente y también lo observaba con atención, al igual que al hombre de la bata de médico.

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Estás leyendo el capítulo 582 de Mi Casa de los Horrores (Novela), un novela. El coche fúnebre con ese extraño olor se detuvo lentamente ante la entrada. Se oía el sonido de guijarros rebotando en el techo. Se oían pasos en el pasillo y parecía que alguien estaba serrando en la habitación de al… Este capítulo tiene publicado el 6 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Mi Casa de los Horrores (Novela) tiene 1150 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.