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Leer Mi Casa de los Horrores (Novela) Capítulo 302 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Como la anciana estaba ingresada en el hospital recibiendo tratamiento, alquiló la habitación entera al agente. El agente, que tendría unos treinta años, no era de la zona y, siguiendo las normas de la empresa, vestía a diario una camisa blanca de vestir. Era educado y amable. Sin embargo, tras esa fachada se escondía un hombre destrozado. Era un hombre desafortunado. Hiciera lo que hiciera, siempre fracasaba por alguna razón. Además, le sucedían cosas extrañas, como pesadillas recurrentes en las que su esposa aparecía descuartizada y metida en cajones. Estas pesadillas lo atormentaban toda la noche, y al despertar por la mañana se daba cuenta de que ni siquiera tenía novia. Cuando salió de casa, hacía sol, pero en cuanto puso un pie fuera, empezó a llover a cántaros. Su camisa se empapó y decidió parar en la tienda de la esquina a desayunar. Después del desayuno, se dio cuenta de que había dejado la cartera en casa. Esto significaba que no podía llamar a un taxi. Fue andando a la empresa y su jefe le regañó por llegar tarde. Perdió al cliente por llegar tarde a la cita, y cuando regresó a casa, descubrió que un ladrón había entrado a robar. Un día así de trágico era algo cotidiano para aquel hombre. Sin embargo, comparado con todo aquello, lo verdaderamente desesperante fue darse cuenta de que su propia casa estaba embrujada. Se quedó solo en la vieja casa, y siempre que quería relajarse por la noche viendo la televisión, antes del remate del chiste, alguien se reía a sus espaldas. Había muchas cosas parecidas. En medio de la ducha, alguien le pasaba el champú, y cuando se quedaba sin papel higiénico en el retrete, el papel aparecía solo. Antes era un escéptico convencido, pero las muchas experiencias vividas en la casa transformaron su visión del mundo. Para demostrar que no padecía ninguna enfermedad mental, compró una cámara y empezó a grabar su hogar. Una semana después, se dio cuenta de que, efectivamente, había un fantasma en la casa, ¡y se escondía en los cajones! El agente usó tablones de madera para sellar todos los cajones y cómodas, y el fantasma dejó de aparecer. Sin embargo, su mala suerte pareció empeorar. Aproximadamente un mes después, lo despidieron de su trabajo y, de camino a casa, murió en un accidente automovilístico. Tras su muerte, el agente comprendió que un fantasma maligno lo había estado siguiendo y que eran los espíritus de la casa quienes lo habían ayudado. Después de sellar los cajones y las cómodas, el fantasma maligno dejó de verse afectado por los espíritus y, finalmente, acabó con la vida del agente. La protagonista del cuarto relato era la anciana casera. Todos los inquilinos que alquilaban su casa habían muerto en accidentes. La culpa la atormentaba, pensando que todo era culpa suya. Poco a poco, la mente de la anciana se fue distorsionando. Tenía la sensación de que su propio hijo y los dos inquilinos no habían salido de la habitación y se habían quedado para acompañarla. Preguntó a los vecinos, pero quienes conocían el pasado de la casa la evitaban. La consideraban una mujer trágica. Algunos incluso se mudaron, como si la anciana fuera a maldecirlos. Los inquilinos del edificio fueron disminuyendo poco a poco, y la anciana se fue encerrando en sí misma. Poco a poco, comenzaron a circular rumores de que el antiguo barrio estaba embrujado, y se señaló a la anciana como la fuente de estas historias. Todos la evitaban y nadie quería tener nada que ver con ella. Esto continuó durante mucho tiempo hasta que la anciana se encontró con un artista pobre bajo el puente. El rostro del hombre estaba herido, como si acabara de salir de una pelea. La anciana se apiadó de él y le pidió que dibujara un retrato de su hijo fallecido. Al principio, solo quería encontrar una excusa para darle dinero al artista para que pudiera comer, pero el retrato final no solo se parecía a su hijo; logró capturar su presencia, su aura y su mirada. La anciana atesoró el retrato y lo colgó en su casa. Para su sorpresa, al día siguiente alguien vino a preguntarle por el alquiler, y el nuevo inquilino resultó ser el artista. El artista se sorprendió al descubrir que la casera era la anciana. Recorrió la antigua zona residencial y encontró la habitación más barata. La vida se forjó a base de muchas coincidencias. El artista encontró a su primer admirador, y la anciana encontró a alguien que no le temía y deseaba conversar con ella. El artista se convirtió en el nuevo inquilino de la casa. La anciana aceptó el alquiler de forma simbólica. Trataba al artista como a un hijo, y lo que más le gustaba era hablar de sus sueños y anhelos. Un mes después, la anciana descubrió algo extraño en el artista. Conversaba con sus dibujos y, todas las noches a medianoche, se oían ruidos extraños provenientes de su habitación. Al tercer mes, la anciana, movida por su curiosidad, se coló en la habitación del artista cuando este no estaba. Finalmente, dentro del cajón del artista, encontró un cómic casero, hecho a partir de un cuaderno de bocetos. Tenía cuatro historias. El estilo de dibujo inquietante y las historias de miedo dieron vida a los personajes, y el detalle más sorprendente fue que las tres primeras historias encajaban a la perfección con el hijo de la anciana, el profesor de inglés y el agente inmobiliario. Cuanto más leía, más miedo sentía. Entonces llegó al cuarto relato. Para su sorpresa, ella era la protagonista, y la historia narraba los sucesos posteriores a su encuentro con el artista. El cuarto relato terminaba ahí, y era el último. El quinto relato fue muy corto; parecía más bien un epílogo. El protagonista era un dibujante de cómics. No tenía una apariencia extraordinaria. Era un hombre normal de mediana edad. El cómic describía su vida cotidiana. Se despertaba a las 5:20 de la mañana y se animaba a sí mismo frente al espejo. Luego se ponía a trabajar. Trabajaba hasta las 8:20. Preparaba su borrador y acudía personalmente a la editorial local de Jiujiang para recomendar su historia al editor. Por desgracia, un mes de duro trabajo se esfumó en menos de quince minutos. Salió de la oficina como un muerto viviente. Con el borrador en la mano, se sentó junto a la carretera. Observó los coches que pasaban a toda velocidad y solo regresó a casa cuando ya había oscurecido. Caminó a través de la bulliciosa ciudad y entró por la oscura escalera. Empujó la puerta de la habitación 304. La luz cálida bañaba su cuerpo. La casera le preparó la cena y le comentó que había visto el cuadro que había dibujado esa mañana. Le dijo que era una obra maestra. El artista no recordaba cuántas veces lo habían rechazado ya. Se disculpó con la anciana y prometió no volver a tocar un pincel. Se encerró en su habitación y cerró la puerta con llave. Abrazando sus rodillas, se acurrucó en un rincón. Miró el cajón lleno de cartas de rechazo y hundió la cara en el pecho. Había vuelto a fracasar. Arrugó el guion rechazado hasta convertirlo en una bola y lo tiró a la basura. No paraba de quejarse, diciendo que no tenía talento, y decidió abandonarlo todo. Prefería tirarse del edificio antes que volver a dibujar. Habló solo hasta medianoche, y el cansado artista se quedó dormido en la esterilla. Las luces de la habitación parpadearon antes de apagarse por completo. La corriente de aire en el cubo de basura flotó sola y se aplanó. Se colocó con cuidado en la caja debajo de la estantería y la mesa se ordenó cuidadosamente. La última viñeta del cómic era en blanco y negro. En la pequeña habitación, el artista ya dormía, pero varias “personas” flotaban a su alrededor. El primero era un hombre delgado; con su mano derecha, la única que le quedaba, cubrió al artista con una manta, quejándose de lo preocupante que era. A su lado había una mujer cuyo cuerpo parecía a punto de desplomarse. Su bello rostro estaba contraído por un profundo ceño fruncido. Con cuidado, unía con cinta adhesiva los borradores rotos. Al otro lado de la mesa había un hombre con camisa negra. Estaba usando un bolígrafo para corregir y editar el borrador del dibujante de cómics. La noche transcurrió sin pena ni gloria. A las 5:20 de la mañana siguiente, el despertador sonó puntualmente y el dibujante de cómics despertó de su sueño. Apagó la alarma y se miró al espejo. Sonrió y se animó a sí mismo con su charla motivacional diaria: “¡Un nuevo día ha comenzado! ¡Da lo mejor de ti! Al menos estás vivo. ¡Un día lo lograrás!”.
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Mi Casa de los Horrores (Novela) Capítulo 302

Estás leyendo el capítulo 302 de Mi Casa de los Horrores (Novela), un novela. El coche fúnebre con ese extraño olor se detuvo lentamente ante la entrada. Se oía el sonido de guijarros rebotando en el techo. Se oían pasos en el pasillo y parecía que alguien estaba serrando en la habitación de al… Este capítulo tiene publicado el 21 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Mi Casa de los Horrores (Novela) tiene 1150 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.

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