Leer Memorama: La Vida en el Barandal (Novela) Capítulo 9 online gratis en español
🏴 Grupo: luzzypilgrimm✍️ Traducción: luzzypilgrimm
¿Cómo pude fallar?.
¿Cómo pude fallar en algo tan... Simple?.
Me llamo Roy Elric, de cuarenta y dos años, descendiente de un linaje muy poderoso a nivel mundial, soy el cuarto y ultimo hijo de Osric y Aurora Elric.
Desde pequeño fui alguien muy reservado, se me obligó estudiar para convertirme en alguien con un poder político grande.
No precisamente para volverme alguien que sepa contar todas las monedas de oro del Rey, no. Era más como; Estudiar para volverme alguien que sepa en donde clavar la espada para una muerte inmediata.
Mis tres hermanos se llevaron la buena parte, ellos eran muy inteligentes, perfectos para la diplomacia sin necesidad de violencia.
Yo no era precisamente brillante o algo parecido, era más fuerte y tenia más resistencia que todos ellos blandiendo la espada.
La fuerza en mi familia no era precisamente lo que se requería para ser estimado en una familia proveniente de la realeza.
Estudié el combate cuerpo a cuerpo de pies a cabeza, entrenaba como nadie, si nadie iba a hacer nada por mi, debía demostrar que puedo hacer todo por los demás.
Eventualmente crecí, me habia convertido en alguien despiadado, era veloz, fuerte, tenia destreza, tenia físico, ya cumplía con uno de los requisitos de mi familia, necesitaba ser celado, envidiado, tener pretendientes.
A mis dieciséis años terminé mis estudios bases y sin perder tiempo, mis padres movieron los hilos para entrar en la Universidad de Magia.
No se dejen llevar por su nombre, funciona como cualquier otra Universidad, donde se enseña cualquier tipo de materia y demás.
Entre para terminar de consolidar mis estudios como espadachín.
En la universidad estos estudios son llevados más a cabo a través de practicas.
Era imparable, por mucho tiempo, nunca hubo alguien que pudiera ganarme, era lo que necesitaba.
Si tenia algún rasguño, podría ser castigado por mis Padres, necesitaba ser el ejemplo perfecto.
Aún recuerdo aquellas noches donde moría de hambre porque Mamá decía.
"¡Necesito que adelgaces más, vas a empezar a engordar como un marrano!".
Debía ser el estándar de lo invencible, de lo apuesto, de lo que debía ser el hombre perfecto.
Debía ser así si ni siquiera iba a saber como sumar seis más... ¿Seis?.
Al terminar mis estudios ya habia recibido un titulo de muchos privilegios.
"Guerrero Estelar de rango Virtuoso del Reino de Perzaveil".
Fui alabado, halagado, envidiado, festejado, ¡Llamado, felicitado, insultado, odiado!.
Perdón.
Mis Padres solo me miraron con la mínima expresión de aprobación que podían tener.
Ya no importaba, me habia perdido de muchas cosas por prestarle atención a la aprobación que necesitaba de ellos.
Una vez más, mis Padres movieron sus hilos para conseguirme un trabajo en la realeza y esta vez, dieron en el clavo.
Fui contratado para ser el Maestro y Guardaespaldas del joven Príncipe Abel.
Para ese momento mi señor tenía aproximadamente unos cinco o seis años, tenía un cabello largo de un fuerte color azul celeste, pero en la raíz de su cabello había color negro, era raro. Además de que apenas estaba empezando sus estudios.
El era un niño muy alegre, con muchísima energía y ganas de aprender, era un joven superdotado en muchos aspectos.
Cooperaba mucho para su aprendizaje con la espada, aunque al principio era bastante torpe.
Mi paga por enseñarle a mi señor era una jugosa cantidad de cien Monedas de Oro a la semana, sin contar los días libres de cada semana (Cinco días de laburo y tres de descanso).
Se podía pensar que es algo exagerado para un trabajo tan "simple", pero en realidad los días se veían así.
Cuatro de la mañana, emprender camino a Perzaveil para a las seis acompañar al joven amo a la escuela, estando allá a las siete, generalmente solía esperarlo o acompañarlo en sus prácticas en el patio central de la escuela.
Llegado el mediodía regresábamos a su hogar, donde a partir de la una hasta las tres empezaría a enseñarle teóricamente sobre las técnicas del combate cuerpo a cuerpo y durante otras tres horas; Práctica pura.
A las seis y media era cuando usualmente regresaba a mi hogar en Leiroth, llegando a tiempo para prepararle la cena a toda mi familia, podría decirse que tenia, o tengo, buena mano para la cocina.
Finalmente el día terminaba cuando dejaba todas mis armas limpias y terminaba de planificar la clase del día siguiente del joven amo.
Durante muchos años esta fue la rutina, era algo tediosa, pero con dicha cantidad de dinero podía estar satisfecho, era un buen trabajo y mis Padres fueron quienes me movieron hasta ahi, así que no podía decir algo de que ellos no les gustaba lo que hacía.
Lo mejor de todo era ver el progreso que estaba teniendo el príncipe.
Su torpeza ciertamente lo volvía un enemigo peligroso, era impredecible, fácilmente podrías distraerte con sus chistes sobre su ego o el tuyo, podía ganarte sin si quiera moverse, solo usando su ingenio, era increíble.
Además de que el príncipe poseía una cualidad que lo distinguía mucho, el era muy veloz, esto se veía a los entrenamientos que teníamos.
A diferencia de mi, el joven amo siempre utilizo armas ligeras y era bastante delgado y ligero, a pesar de ser delgado, yo tenia más fuerza para usar armas más pesadas, así mi combate era frenético, pero más lento, mientras que el era todo lo perfecto en una pelea.
Era veloz como un relámpago, sus cortes eran perfectos y precisos, era una versión mejorada de mi, más humana, a pesar de que ambos estuviésemos hechos de carne y hueso.
Al terminar la escuela y ser el Príncipe se le dio la oportunidad de elegir entre estudiar el combate cuerpo a cuerpo en la Universidad de Magia o obtener su titulo de una vez.
Sonará algo corrupto, pero esto se debe a que durante todos estos años le he enseñado todo lo que aprendí ahí, Abel estaba más capacitado que cualquier recién graduado de allí, así que con el respaldo de mi "titulo" se le dio a elegir dicho privilegio.
Su respuesta fue obtener el titulo de una vez, Abel era muy perezoso entonces era obvio que esa seria su respuesta.
Técnicamente Abel y yo ya estábamos al mismo nivel, pero no, obviamente no, por eso aún era su guardaespaldas, además de que porque ya no tuviera que enseñarle a Abel no me redujo mi paga, de hecho fue aumentada, supongo que por el hecho de que ahora defendía al Príncipe con un titulo más importante.
Recuerdo que en este momento todo lo hacia por inercia, no era consciente de nada, entonces, Abel me sacó de mi burbuja.
"Señor Roy, ¿Recuerda cuando me empezó a entrenar? ¿¡Cuanto cree que he mejorado!?".
Recién habia caído en cuenta de que para este momento de mi vida, habia pasado alrededor de once años junto a este niño que en ese momento, se graduaba por adelantado gracias a mi.
Ambos estando en el mismo nivel se nos empezaron a encomendar misiones del ejercito a nosotros, por nuestra eficacia.
Realmente no tengo quejas, Abel siempre acataba ordenes, además de que teníamos una gran sinergia.
En una de esas misiones se nos encargo ir a un remoto pueblo a unas cuantas horas de Leiroth, donde según estaba ocurriendo algún tipo de mercado ilegal de esclavos.
Nos fuimos por la mañana apenas el sol salió, eran dos horas de Perzaveil a Leiroth y cuatro hacia aquel pueblo, así que teníamos que tener paciencia y estomago con nuestros caballos.
"¿Sabe algo de lo que nos encontraremos allá Señor Roy?" -Preguntaba el joven amo-.
"La verdad no tengo ni la mas remota idea, espero solo podamos acabar rápido".
Abel miro al cielo, el cual estaba empezando a tornarse de gris por una aparente lluvia que se aproximaba.
\-Suspiro- "No creo que esté trabajo sea de tratarse con prisa está vez Señor Roy, creo que está vez podemos sacar más provecho si examinamos el problema con más detenimiento" -Dijo Abel-.
"¿A qué te refieres Joven Amo?".
"Pues, tengo un plan..." -Dijo el príncipe, orgulloso-.
"Tenemos que llegar y examinar el problema de cerca sin decir que venimos del ejército real, en cualquier caso de emergencia somos más que capaces de defendernos".
Realmente no entendía el punto de hacer las cosas así, digo, el resultado sería el mismo, ¿No?.
El joven Amo entendió mi expresión de indiferencia hacia su plan, así que explico.
"Piénselo, si entramos con nuestras armaduras que nos distingan como "Los perros del ejército" huirán de alguna manera por algún lado, en vez si entramos como compradores" -Dijo ajustando su capa para tapar la armadura- "Quizá piensen que vamos por la mercancía especial... ¿Comprende?".
Esa capacidad de pensar definitivamente no se la había enseñado yo.
"Si lo dices así, si te entiendo Joven Amo, me parece buena idea".
"¡Obvio que lo es, soy un genio!" -Exclamo felizmente el príncipe -.
Al llegar a Leiroth hicimos una parada breve para el almuerzo en una taberna cercana y cambiarnos para aplicar el plan del Joven Amo.
En los carteles de recompensas del tablón de anuncios había uno que asociamos con nuestra misión.
"Se busca: La familia de la consejera real, Laselen Aministía, se encuentra desaparecida desde hace más de una semana-"
El cartel continuaba con algunas palabras de la consejera elfo, dando también el precio de la recompensa, cosa que para empezar no nos interesaba mucho, podría decir que Abel estaba más emocionado por su plan que por la recompensa.
Luego de una energética comida, partimos sin perder tiempo, nos veíamos como totales compradores, podría decirse que nos veíamos hasta algo enfermos, en el mal sentido.
Ropas rasgadas, miradas profundas, éramos asquerosos, así que funcionaba.
El camino hacia el pueblo era tedioso, se notaba que era un pueblo en la nada cuando el camino de cemento era cambiado por simple tierra, la cual se iba a convertir en barro gracias a la lluvia.
Por suerte, la lluvia se desato cuando llegamos al pueblo.
El pueblo es conocido como "El fuerte de Nessa", Diosa de la Fertilidad y la Cosecha, muchas de las verduras y frutas que hay en Leiroth son enviadas de aquí, dicen que todas estas están bendecidas por la Diosa, historias y mitos.
Al cruzar, inmediatamente las miradas entre las personas se cruzaron con miedo.
El príncipe, muy metido en su papel alzó su mirada y antes de decir una palabra las personas señalaron la casa más grande del pueblo.
Al llegar hasta allí un hombre muy alto, pero bastante torpe nos habló.
"Bienvenidos, ¿Quiénes son ustedes?".
Habíamos sido muy estúpidos, no nos hicimos nombres falsos para una misión de anonimato, como pudi-.
"Rei y Elgar Desmond, venimos por... usted sabe..." -Dijo el Príncipe-.
El hombre se rasco la cabeza confundido.
"No vienen del ejército, ¿Cierto?".
El Joven Amo alzó su mirada fría fingida y dijo.
"Amigo, he estado con esos asquerosos más tiempo de lo que te puedes imaginar y créeme que si fuésemos del ejército, ustedes... Bueno...".
"¡Está bien, Está bien!, les creo, pasen" -Dijo el hombre asustado-.
Al entrar a la casa se podía sentir un aroma muy fuerte, probablemente era Polvo de Efieo, bastante fuerte para dormir personas la verdad.
La única seguridad no era aquel hombre alto, adentro habían dos sujetos más.
Uno parecía ser un orco de piedra, tenía un gran mazo extirpado por grandes rocas incrustadas.
Al otro extremo había un Gnomo, tenía muchos años sin ver uno, tenía una barba poco aseada y un bastón muy feo.
En medio de la sala había una gran mesa, dónde unos ojos rojos aguardaban.
Si ninguna pizca de miedo avanzamos hasta aquella mesa.
"Bienvenidos, ¿Qué se les ofrece?" -Gruño la voz-.
Mire al príncipe para que me dejara tomar el mando está vez, accediendo y continuando así la conversación.
"Vinimos a ver el catálogo, tenemos interés en lo que ustedes tienen aquí".
Los ojos se levantaron, dándonos así una idea de que era esa cosa.
Nuestra suposición fue confirmada antes de que nosotros mismo lo hiciéramos, aquella figura se movió hacia la poca luz que había en el lugar revelando así una gran figura de orejas puntiagudas y piel oscura.
Era un elfo oscuro, bastante imponente a decir verdad.
Cuentan las leyendas que estos elfos son el resultado maligno de una rama de los elfos que fue corrompida por el maná enfermo hace muchísimos años.
"Síganme" -Dijo elegantemente-.
El orco y el gnomo nos siguieron el paso, supongo que escoltando a aquel elfo.
Bajamos por un sótano que tenía unas profundas escaleras en espiral, hasta que llegamos.
El olor era terrible, podía oler de todo tipo de cosas aquí.
Era un pasillo similar al de una cárcel digamos que habían cinco "Jaulas" a lo largo del pasillo de ambos lados, diez prisioneros listos para ser vendidos.
Algo curioso era que habían muchas razas, pero había un pequeño grupo de tres elfos en especial, que parecía estar aquí en las peores condiciones.
"Hay mucho por elegir y, ustedes se ven exquisitos...".
Abel miraba todo el lugar algo asqueado, no asustado.
Verán, habían diez prisioneros, tres eran elfos (la probable familia de la consejera real), dos hembras y un varón, habían dos Enanos, uno de cada sexo, había un humano bastante desnutrido, tres semi-demonios, todas hembras y por último, lo que parecía ser un vampiro bastante asustado.
Había una gran variedad de razas para elegir, esto era enfermizo.
Para este momento no sabía cómo continuar el plan, voltee nuevamente a seguirle el paso al Elfo junto al Príncipe.
"Esto es lo mejor que tengo para ustedes, mis señores" -Señalando el grupo de elfos-.
En este grupo todos estaban adormecidos, malheridos, débiles.
Le dije al príncipe que por seguridad entrara el primero a la jaula mientras yo conversaba con el Elfo.
Entre risas el Elfo preguntó.
"Ustedes se ven jugosos, díganme, ¿De donde vienen mis queridos amigos?".
"Venimos de Yahlmir, veníamos a Leiroth de visita y hemos escuchado de aquí, así que pensamos que nos vendría bien alguien que, bueno, usted sabe" -Respondí-.
En eso el orco interrumpió.
"Tu si sabes de lo bueno amigo" -Palmeando mi hombro- "La mayor de ellas sabe cómo hacer el trabajo bien" -Sacudiendo su miembro viril de forma sarcástica-.
Yo que no soy muy inteligente pude darme cuenta de las cosas que sucedían ahí.
Las risas en ese momento cesaron, el Elfo hizo una última pregunta.
"Oigan, muchas gracias por venir, ustedes realmente deben valer mucho dinero".
El príncipe volteo gentilmente con un toque de miedo.
"¿Que dices?, ningún inmigrante de Yahlmir vale mucho dinero" -Respondí sereno-.
"Eso es obvio, pero ustedes...".
El Orco y el Gnomo se acercaron con armas en mano.
"El Príncipe de Perzaveil, Abel Dephnoor y su Maestro Guardaespaldas, Roy Elric, ustedes si que son un filete sabroso para el dinero".
Sin romper la calma continúe.
"Amigo, debes estar equivocado, como seríamos tales personas, ¿Nosotros?, por favor, mira nuestras ropas".
"Creo que eres muy estúpido para ser un Elric, Roy" -Respondió el Elfo-.
El Gnomo alzó su horrible palo y conjuro un hechizo.
Ciertas partes de la habitación empezaron a brillar, en eso, la capucha que cubría la cabeza de Abel se volvió transparente, revelando el excéntrico color de cabello del Príncipe.
"Se dice que los Dephnoor de una generación entera se tiñeron el cabello a base de magia en señal de una bendición divina, son patéticos, ¿No crees?".
Habíamos sido encerrados en la ratonera, sin salida.
Vi rápidamente como la reja de la jaula donde había entrado el joven Amo iba a bajar con fuerza para encerrarlo allí.
¡Sas!, corte rápidamente y precisamente el metal de la jaula a la mitad.
"¡Atraparlos, rápido!" -Ordeno el Elfo-.
Rápidamente salte sobre el Orco cuya integridad física era lo suficientemente estable para saltar sobre ella.
Salté sobre el Orco del que evadí un agarre con precisión, dándole así un momento de distracción que el príncipe aprovecharía sin ningún tipo de problema.
El Príncipe rápidamente se escabulló debajo de sus piernas, dando paso directo al Gnomo, el cual fue tomado con sorpresa.
Un ataque directo le cortó la horrible Barba el Gnomo, estando distraído el príncipe pateó su palo con fuerza, arrebatándole de las manos aquel objeto.
Una segunda patada fue directa contra su cara, cayendo desmayado al instante.
El gruñido del Orco interrumpió la breve victoria, alzando su mazo para estamparlo en la cabeza del Príncipe.
Rápidamente corrí hacia el, pero fui jalado de mi capa por el Elfo, quien me alzó de ella misma.
Jaló con mucha fuerza hacia atrás de el, estrellándome contra la pared.
El príncipe rápidamente esquivo el ataque, agarro con fuerza al Gnomo y lo lanzó con fuerza hacia el ataque del Orco.
El golpe mandó a aquel Gnomo bajo tierra.
Ferozmente, el Elfo levanto su mano y el aire transmuto una espada horrible y oxidada, perfecta para una muerte dolorosa.
Hizo una estocada directa hacia mi rostro, hábilmente la desvíe con mi propia espada y de un salto me levanté.
La espada del Elfo habia caído al suelo, al lado de la jaula.
Enseguida me levanté y en un abrir y cerrar de ojos le clave mi espada en su abdomen.
El Elfo aún sonriendo me escupió en la cara su oscura sangre, cegándome.
Aún así había sabía por donde moverme, ya tenía ubicado a mi enemigo y todo lo que me rodeaba.
El Elfo volvió a tomarme de mi capa en un movimiento muy rápido, empezó a jalarme con fuerza por todas las direcciones, esta vez, cargó la fuerza suficiente para que me doliera su siguiente acción.
¡¡¡POOOF!!!.
Me había estrellado brutalmente contra el suelo.
Hasta su sangre fue sacudida de mi rostro gracias a toda la fuerza que uso.
El Elfo levantó mi cabeza del hueco que habia hecho en el suelo.
"Por favor, ¿No eras más duro, Roy Elric, acaso es tu primera pelea?".
Obviamente no lo era, simplemente, era más fuerte que yo.
Podía escuchar como al Príncipe le estaba costando un poco su batalla.
En eso, una voz interrumpió nuestra conversación.
"Déjalo ir..." -Empuñando la espada oxidada del Elfo-.
Era la otra hembra del grupo de los Elfos, en su mirada habia determinación.
El Elfo solo se levanto alzándome de mi cabeza, ensangrentada.
"¿Que te pasa idiota?, ¿Acaso quieres que le suceda lo mismo que a tu hermana?" -Gruño el Elfo-.
La chica reitero.
"Dije, que lo dejaras ir, ¿N-No entiendes?".
El Elfo parecía estar molesto gracias a las palabras de la chica, así que me soltó de la cabeza.
Caí de rodillas, incapaz de moverme.
El Elfo se acerco imponentemente a la chica.
"Para ser un Elfo Oscuro, eres demasiado estúpido" -Dijo la chica-.
El Elfo solo sonrió gentilmente y, ¡Sas!, tomó la espada con su mano, cortándose y empezando un derrame de sangre proveniente de su mano.
La mirada de la chica se tornó tensa, entrecerrando los ojos con algo de miedo, pero seguía mirando al imponente Elfo.
"Eres una Perra de Mierda, cuando todos mueran aquí, olvídate de que te venderemos" -Apretó con más fuerza- "Nos quedaremos contigo para hacerte todo lo que le hacíamos a tu hermana y, ¿sabes que será lo peor...?, Que-".
Una espada atravesó el cuello del Elfo.
El Elfo lentamente alzó su mirada, borboteando sangre de su boca.
Abel, habia acabado con el Orco y había lanzado su espada tan rápida y precisamente como un proyectil mágico.
El Elfo, cayo inmediatamente muerto al suelo.
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El ejercito llegó al final del día, llevándose a todos los prisioneros y aquellos enemigos a los que nos enfrentamos, habían dejado inconsciente ya a el gigante que custodiaba la entrada.
Ya saliendo unos sanadores nos atendieron, Abel estaba casi intacto, así que pidió que me atendieran a mi.
Mientras recitaban sus conjuros de sanación escuche una voz conocida, era la de la consejera Laselen, habia venido al lugar tan pronto como se entero que su familia habia sido liberada.
"Señor Roy, muchísimas gracias... ¡Usted es un her-".
"No es cierto, a mi me humillaron brutalmente en esa pelea, agradézcale al príncipe mejor" -Interrumpí-.
Laselen quedo algo desconcertada, pero hizo un pequeña reverencia y fue con el príncipe.
En eso, una de las prisioneras, la chica elfo de antes se dirigió hacia mi.
"Oye, disculpa, eh... La espada, desapareció... ¿Es normal?, ¿No me voy a enfermar o algo?" -Preguntó gentilmente-.
"No te preocupes, era una espada creada del Maná enfermo, este no se transmite así, así que puedes estar tranquila Señorita..." -Dije buscando un nombre por el cual llamarle-.
"Sylvalis, mi nombre es Sylvalis Aministía y, no me digas señorita, te salvé la vida, ¿Recuerdas?".
Me sonrojé un poco, lo que decía no era ni tan cierto, ni tan mentira.
Reí nerviosamente.
"Bueno Sylvalis, t-talvez deberías agradecerle al príncipe quien fue el que nos salvó en realidad" -Repliqué-.
Sylvalis enrollo un mechón de su cabello en su dedo, dándole vueltas.
"Uhm, claro, bueno, en realidad creo que, luchaste muy bien, eres bastante hábil y déjame adivinar, eres tu quien le enseño a ese niño todo lo que sabe, ¿No?" -Dijo mirando las nubes-.
Eso era algo que habia pasado por alto, no fue una derrota con todas las de la ley, mi discípulo habia barrido el lugar entero con esos maniáticos y eso, se lo enseñe yo.
"Tienes razón, muchísimas gracias". -Dije-.
Las puntiagudas orejas de Sylvalis se sacudieron suavemente.
Laselen volvió conmigo, uniéndose a la conversación.
"Oh Roy, con que ya conoces a mi hija Sylvalis, está estudiando para en el futuro tener una posición política, ¡Como tu!" -Dijo Laselen-.
"¿Como yo?, Yo simplemente soy el ex-maestro de Abel" -Respondí-.
"¿Y que más quieres?, Si lo dices así suena muy simple; ¡Eres el guardaespaldas del futuro Rey, Abel Dephnoor!" -Dijo Laselen-.
Puse mi mano en el cuello de la vergüenza.
"Además, eres todo un fortachón y políticamente hablando... seria perfecto que fueses el esposo de mi Hija..." -Replico Laselen-.
La reacción de Sylvalis y yo fue sincronizada, y eso que sin estar preparada desde antes.
Nos sonrojamos y volteamos nuestras caras.
Convenientemente de la presión volteamos al mismo lado, mirándonos a los ojos.
Más avergonzados, miramos hacia otro lado.
Laselen solo se río.
Luego de eso, escuche unas pesadas botas mojadas acercarse, era Abel.
"Señor Roy, Señora Laselen, deberían ver esto".
Seguimos a Abel, yo llevando la delantera junto a el.
"¿Porque tan serio Abel?" -Pregunté-.
Abel se seco el sudor de su frente y dijo.
"La otra Elfo, la hija mayor de la consejera esta en muy mal estado..." -Respondió-.
Cuando llegamos a la escena, estaba la mujer en una cama de hojas improvisada por los sanadores, el niño que estaba encerrado con ellas estaba llorando a su lado, la situación era precaria.
Al parecer Laselen ya estaba al tanto de esta situación y fue con nosotros para distraerse.
Uno de los sanadores informó.
"Sus órganos internos están muy dañados, todo apunta a múltiples intentos de, violación, algunos actos de agresión física y hasta se podría decir que, intentos de... Matar algo dentro de ella, como... Un bebé...".
Todo esto en casi un mes era inaudito, era, horrible.
La mirada de la mujer era una de decepción, odio, resentimiento, No quería ni hablar.
Esto me llevo a pensar en lo fuerte que es Sylvalis, tal vez ella también podría estar lastimada, pero prefería darle prioridad a que atendieran a su hermana.
Mire a Laselen guardando silencio, su cara era una de miedo y angustia, pero al lado de ella, la de Sylvalis...
Era una mezcla de rabia, resentimiento, la sangre seca que manchaba su cabello blanco intensifica sin querer este evidente sentimiento.
El joven amo ingenuo preguntó.
"¿S-Se podrá recuperar?" -Dijo mareado-.
En anteriores misiones y batallas era costumbre ver gente muerta o muy herida, pero este no era el caso, la mujer estaba casi intacta por fuera, solo algunos moretones y cortes por el cuerpo.
Mientras que ahora sabíamos que el verdadero daño estaba, adentro de ella y, en su mente.
Con esto, podía entender la confusión del príncipe, la mujer parecía estar más muerta en vida que cualquier otra persona herida de muerte que hayamos visto antes.
En eso Laselen se me acercó.
"Roy Elric, ¿Puedes aceptar un trabajo junto a tu compañero, el Príncipe Abel?".
"Adelante Señora Laselen" -Dije ajustándome los guanteletes-.
"Encuentra a todos aquellos que se han llevado una persona de aquí, de esta "Venta de esclavos" -Dijo Laselen, poniendo sus manos en su cintura-. "Esas personas tienen familia y si aún están vivas, merecen regresar con sus seres queridos".
Sylvalis agregó.
"Roy, por favor, estas personas no solo estaban "vendiendo esclavos", hay algo más oscuro detrás de todo esto, te lo ruego...".
Miré al príncipe, que volteó a mirar a la mujer cuyo niño que lloraba por ella se le habia quedado seco de tanto llorar.
El joven amo asintió con la cabeza.
Laselen nos dijo que ella se encargara de buscar las ubicaciones de quienes fueron los posibles compradores, al día siguiente nos debíamos reportar con ella temprano en el castillo real de Leiroth.
El regresó a Perzaveil fue algo apagado e incomodo, de las pocas misiones que llevaba el príncipe, esta le habia dado un duro golpe de realidad a el.
Al llegar a Perzaveil hicimos nuestros reportes de la misión y comentamos la petición de Laselen por hacer el encargo pedido, el cual se nos permitió trabajar.
Ya antes de volver a mi hogar el joven amo me detuvo para hacerme una pregunta.
"Señor Roy, ehm, recuerda que mañana tenemos que llegar a Leiroth algo temprano, ¿Cierto?".
"Cierto" -Respondí-.
"Verá, pensaba en si no era mucha molestia que como su pueblo queda más cerca de Leiroth podría irme con usted, así no tendría que ir solo hasta allá y podría irme con usted..." -Dijo Abel-.
Si el príncipe me lo pedía, quería decir que ya lo habia consultado con sus padres y ya habían accedido, así que dije que si.
Gracias a la hora, decidí comprar alago de Pan y Frutas para la cena.
Ya en mi pueblo, Abel miraba asombrado todo el lugar, era un lugar remoto, era un desvió muy escondido en el camino a Leiroth.
Al llegar a mi hogar, la voz de mi Padre irrumpió en los asombros de Abel.
"¿Por que has llegado tan tarde Roy?" -Preguntó algo enojado-.
Al voltear, mi Padre estaba sentado en la mesa.
La mirada de Abel dejo ver algo de inquietud.
Puedo entenderlo, mi Padre a pesar de su edad era una bola de masa tallada, su cabello rojo era tan largo que llegaba hasta su espalda, unos ojos afilados y una barba colorada que dejaba ver algo de descuido.
Con educación, Abel dio un paso al frente y se presento.
"Buenas Noches, soy el príncipe de Perzaveil, Abel Dephnoor y-".
"Vaya, con que tu eres aquel joven que se encargo de darle trabajo a este estúpido" -Dijo mi Padre poniéndose de pie-.
"Eh, no lo diría así, es más como-".
Mi padre reitero la interrupción.
"Mi nombre es Osric, Osric Elric, un placer, príncipe".
Abel estaba un poco confundido y desconcertado, así que rápidamente interrumpí.
"No voy a hacer comida, así que compre pan y frutas, verás si te quieres alimentar con esto".
Antes de que abriera la boca de nuevo, me dirigí a mi habitación con Abel.
Ya estando allí organice una cama improvisada en la que dormiría yo.
El príncipe después de ponerse cómodo se acostó y mirando al techo dijo.
"Señor Roy, la señorita Sylvalis dijo que, aquellas personas estaban tramando algo más grande, ¿A que cree que se refiera?" -Preguntó-.
Yo estaba metiendo algunas provisiones para el viaje de mañana, entonces le respondí.
"No lo sé, tal vez de haber sabido esto antes podríamos haber interrogado a aquel Elfo, dudo que los otros dos puedan darnos información que sirva".
El príncipe se acelero.
"¿Tendremos todo bajo control?" -Pregunto nervioso-.
"A este paso, eres tu quien nos tendrá a salvo, Abel" -Respondí, orgulloso-.
Después de esto, el príncipe me dio una sonrisa de confianza y se dio la vuelta para conciliar el sueño.
Por desgracia, nada de esto iba a ser fácil y hubiese deseado que todo saliera mejor, mucho mejor.
"Tal vez veamos más seguido a la señorita Sylvalis señor Roy, así que prepárese bien...".
Que gracioso, que gracioso Abel.

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Memorama: La Vida en el Barandal (Novela)
Capítulo 10
Memorama: La Vida en el Barandal (Novela) Capítulo 9
Estás leyendo el capítulo 9 de Memorama: La Vida en el Barandal (Novela), un novela. El Núcleo del deseo, un ente que existe desde el principio de los Tiempos que no piensa ni siente, se encarga de darle el descanso a aquellas Almas que mueren después de vivir una vida plena o simplemente mueren, pero… Este capítulo tiene publicado el 28 de octubre de 2026, Traducido por el grupo luzzypilgrimm. Memorama: La Vida en el Barandal (Novela) tiene 12 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.