Leer Me convertí en el Papa, ¿y ahora qué? (Novela) Capítulo 470 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
¿Cuánto tiempo había pasado? No había forma de saberlo, pues sus ojos habían permanecido cerrados todo el tiempo. Constantemente desangrado, no podía hacer nada. No sentía nada, ni dolor ni miedo. Esperando la muerte, permaneció inmóvil.
"¡Déjame ir! ¡Por favor!"
Pero, una vez más, se despertó de su profundo y mortal sueño al oír la voz aguda y estridente que gritaba a su izquierda, demasiado cerca de sus oídos. Llorando y suplicando constantemente, solo para apagarse por unos minutos.
Miró hacia el estridente sonido con la vista borrosa. Observó la silueta de una niña pequeña, también atada con un mástil clavado en el suelo. Pero a diferencia de él, no la estaban desangrando, solo estaba atada. Aun así, podía ver la leve rojez de la sangre en ella.
Al instante siguiente, los caníbales, sentados cerca de ellos y supuestamente vigilando, captaron su atención. Sylvester comprendió perfectamente su conversación.
"¿Por qué el jefe no hace nada? Esos malditos Observadores de la Luna son una molestia. Siempre nos están vigilando", dijo el caníbal con un casco hecho con una calavera de caballo.
El otro caníbal no tenía nada en la cabeza, salvo unas ampollas gigantes y podridas. "Solo quedan dos, ¿para qué molestarse?"
Son aterradores y hablan con los Gusanos Dragón. ¿No es una amenaza lo suficientemente grande? Deberíamos cazarlos y acabar con su especie para siempre. El primer caníbal se estremeció al pensarlo.
"Los ancianos son quienes deben decidir, no nosotros. Por fin tenemos una fuente inagotable de sangre nutritiva de este hombre, así que disfruta del momento", señaló el segundo caníbal a Sylvester. "Pase lo que pase, sigue sanando y dándonos más sangre. Incluso yo tendré la oportunidad de beberla mañana".
"¡Qué suerte! Lo tendré en cinco días. Mientras que esos ancianos lo prueban a diario. Esto no es justo. Nosotros luchamos y morimos en la batalla mientras ellos estaban aquí sentados. Pero ellos se benefician." Se quejó el primer caníbal.
¡Shhh! ¿Estás loco? No digas eso si quieres vivir. Por eso odio trabajar con novatos. Ahora cállate y vigila. Si esa chica vuelve a llorar, déjala inconsciente. —ordenó el segundo caníbal, furioso.
"No la necesitamos bien, sólo viva para el sacrificio a Jasaka".
—¡No! ¡Por favor ... no me mates! —gritó la niña aterrorizada.
Sylvester la observó atentamente mientras su visión se aclaraba. Parecía tener ocho o nueve años como mucho, con cabello oscuro y ceniciento y piel blanca. Parecía llevar ropa normal, pero estaba manchada de sangre.
La niña vio a Silvestre y le suplicó: "¡Por favor, haz algo! Tú puedes con todo, lo sé ... Te vi tantas veces en sueños".
Los ojos de Sylvester se abrieron de par en par al oír sus palabras. Los recuerdos se refrescaron, y Sylvester sintió que su cerebro volvía a activarse. «E-Ella ... ¡Es la chica de mi visión, la princesa del Reino del Dolor!»
"Te reconozco... calvo y aterrador", gritó.
Sylvester, sin embargo, dejó de mirarla y cerró los ojos. No le quedaban fuerzas, ni una pierna para mover. No podía hacer nada, no podía ayudar.
"Tanto correr, pelear, maquinar ... Ya he tenido suficiente por dos vidas ... Lo intenté ... De verdad que lo intenté ... Ahora ... estoy ... cansado", murmuró en voz baja y derrotada.
Sus hombros nunca se habían sentido tan caídos y pesados. Su cabeza permanecía gacha, mirando la tierra, pues así había sido su vida todo este tiempo. Cada vez que buscaba la paz, le traía caos, y buscar el amor le traía agonía.
"¿Para qué seguir viviendo? ¿Qué hay que ganar?"
Poco a poco, sus ojos se volvieron pesados y se cerraron de nuevo. Con la sangre drenándose constantemente, lo que le causaba una deficiencia permanente de solárium, no le quedaba energía en el cuerpo, ni siquiera la suficiente para mantenerse despierto.
Mientras la niña se enfurruñaba en silencio, Sylvester perdió el conocimiento.
Sin embargo, esta vez, el sueño no sería común. Había pasado suficiente tiempo, e incluso los cielos, que lo veían todo en silencio, se negaban a permanecer inmóviles. Cada ser humano tenía un propósito para el cual nació, y sin cumplirlo, no podía morir, pues su destino era completarlo.
En la oscura consciencia de Sylvester, apareció una chispa de luz, primero calentándolo, luego quemándolo. Su mente agobiada se volvió cautelosa y miró a su alrededor en sueños. Una visión que ya había visto apareció ante él, dejándolo perplejo.
Justo frente a él apareció un hombre colosal sentado en un trono. Vestía una extraña túnica blanca que parecía una nube, y su rostro no era visible, pues el enorme halo brillante tras su cabeza parecía un sol auténtico, proyectando una sombra sobre su cabeza.
¡Patético! ¡Fuerte de cuerpo, pero débil de mente! ¡Un cobarde sin carácter que teme usar la bendición que le otorgué!
"¿S-Solis?", murmuró Sylvester, pero al instante siguiente, perdió la cabeza por la ira. "Déjame morir... Acepté mi fin en mi vida anterior, y lo acepto ahora".
La figura brillante del gigante rugió en respuesta, su voz contenía un poder sin precedentes para Sylvester. Un aura tan densa que incluso respirar le resultaba imposible. Ni siquiera un hombre como el Papa se acercaba a ese nivel de poder.
"MATAD a cuantos debáis, herid a cuantos necesitéis. Completad vuestro viaje y tendréis paz eterna."
Sylvester cayó de bruces, pero sus ojos permanecieron fijos en la entidad que tenía delante. Su propia voz estalló de ira e impotencia ante el ser abrumador y desconcertante. "¿Por qué? ¡Me están estrangulando lentamente... matando cualquier rastro de mi humanidad! ¿Por qué?"
"¡Tonto, imbécil!" El gigantesco gigante se levantó de su trono y se acercó a Sylvester. Su halo irradiaba una luz cegadora y abrasadora que le quemó la piel. "No naciste para ser humano. Eres una herramienta para un propósito mayor. ¡Deja de ser débil! ¡Levántate y enciéndete con mi fuego que te atraviesa! ¡Incinera a los paganos, a los oponentes, a los impostores!
"Tu camino pasa por su mar de sangre."
Sylvester negó con la cabeza, derrotado. "¿Dónde termina esto? ¿No soy más que un esclavo?"
Eres esclavo, no de mí, sino del destino . Todos lo somos. Levántate, Sylvester Maximilian . Retira ese velo, pues nunca fuiste un hombre gentil. Desata tu crueldad, revela tus colmillos y quema a todos los que se te opongan. Usa todo el poder y la magia con los que te he bendecido y asciende a la cima. Solo entonces se revelará tu verdadero destino.
"¿Y si me niego?", gruñó Sylvester como una bestia furiosa. "¿Y si me resisto?"
¡Jajaja! El gigante rió y regresó a su trono. El destino es un ciclo sin fin, Sylvester. Cumplirás tu destino ahora, mañana o más tarde. No hay escapatoria.
—Entonces, al menos dime qué deseas de mí —preguntó Sylvester, esta vez con voz tranquila, al darse cuenta de que no había salida. Estaba atrapado a menos que hiciera lo que se le pedía.
¡Bzzzz … !
De repente, todo a su vista empezó a arder. También sintió dolor al quemarse la piel. La figura del hombre empezó a convertirse en cenizas, pero con cada instante que pasaba, brillaba con más intensidad.
Tu camino está pavimentado; tu destino está grabado. Es tu mente la que está esclavizada a la debilidad. Simplemente camina y arde, pues para eso fuiste creado. Adiós , Silvestre Maximiliano. Que quemes el reino con tu llama ardiente.
¡Boom!
El ser gigante explotó en una ráfaga deslumbrante y ardiente. La visión de Sylvester se llenó de luz, y antes de darse cuenta, se encontró despierto y contemplando el campamento caníbal. El sol se ponía, y el campamento, que parecía una aldea, bullía de actividad.
La niña de antes estaba ahora atada aún más cerca del centro de la hoguera. Estaba cubierta de una especie de pintura carmesí por todo el cuerpo y luego cubierta de arena fina. Se enfurruñó en silencio, desesperanzada e impotente, resignada a su destino.
Sus ojos reflejaban confusión y un tenue destello de inocencia. No entendía qué estaba pasando ni por qué su vida se había vuelto tan triste y dura.
"¡Jasaka! ¡Está en llamas!"
De repente, unos caníbales corrieron hacia Sylvester. Al mismo tiempo, Sylvester notó que una extraña luz roja parpadeaba ante sus ojos. Al bajar la vista, vio llamas que lo cubrían. También sintió una extraña y suave sensación en la cabeza y notó que finos mechones dorados de cabello reaparecían en su calva.
'Yo … yo no siento dolor.'
Su mente se despejó por completo, y una extraña energía revitalizante lo consumió. Sin moverse, inconscientemente, manipuló el metal para romper las cadenas que lo ataban al mástil y luego retiró los delgados tubos metálicos que le habían estado extrayendo la sangre.
Entonces se incorporó sobre su pierna y se contempló las palmas en llamas. Era confuso, pero a la vez tranquilizador. Las palabras de Solís resonaban en su mente, gritando una y otra vez: «¡ Arde! ¡Arde! ¡Arde!».
Miró a la muchacha otra vez, sabiendo muy bien que iba a ser sacrificada en acordeón de fuego para algunos rituales caníbales como ofrenda a Jasaka, su dios.
"¡Jasaka!" Los caníbales se postraron ante Silvestre, rezando.
Sylvester recordó las escenas del campo de batalla. Rezaron al dios del fuego, y como estaba cubierto de fuego, era un dios. Pero no pudo evitar la furia que lentamente crecía en su interior. Las palabras de la Sombra de Masan antes de abandonarlo a su suerte lo petrificaron.
¿Qué le había sucedido a Félix? ¿Se le consideraba responsable de las intrigas de Masan? ¿Cuál era el estado mental de Xavia tras enterarse de su fallecimiento? Sylvester estaba más preocupado por ellos que por sí mismo.
Pero más que nada, la rabia se dirigía a su propia fragilidad. Por haber sido engañado por la Sombra de Masan, por volverse débil mental y aceptar la muerte con tanta facilidad. Por olvidar que no estaba solo en el mundo. Vivía para encontrar la paz. Vivía para Xavia ; vivía por el juramento que hizo ante la tumba de Shane.
—¿Quemarlo todo? —murmuró Solís—. ¡Que así sea!
¡Guau!
Del cuerpo de Sylvester surgieron llamas como una ráfaga de viento. Atraparon a los caníbales cercanos y los incineraron, causándoles retorcerse de agonía y terror mientras agitaban sus extremidades o caían al suelo.
¡Shhh … !
Las llamas ardientes solo se hicieron más fuertes y, a medida que la ira de Sylvester aumentaba, llegaron más lejos, incendiando el campamento.
Sin proponérselo, las palabras de un himno escaparon de sus labios. Pero, a diferencia de antes, el halo no solo era carmesí, sino que estalló en llamas , mientras su voz reverberaba en ecos.
♫ Este mundo mágico que debería ser el Jardín del Edén.
Está lleno de criaturas como tú y una miríada de paganos.
Busqué por todas partes, pero en ninguna parte encontré mi libertad.
Cada vez que mi paz es destrozada por vosotros, demonios impíos. ♫
¡ Basta! Por mi paz, ya no vagaré.
No importa el precio, oro o sangre, pagaré para conquistar.
Lo intenté, pero este mundo decidió convertirme en su monstruo.
¡Que mi luz prevalezca mientras masacro a tus generaciones! ♫
¡Boom!
Un mar interminable de llamas surgió bajo los pies de Sylvester, quemando la arena y derritiéndola hasta donde alcanzaba la vista.
Las llamas lo consumieron todo, vivo o muerto, hombre o mujer, niño o no. El tono carmesí cubrió la tierra, pues el precio de la vida era su exigencia.

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Me convertí en el Papa, ¿y ahora qué? (Novela) Capítulo 470
Estás leyendo el capítulo 470 de Me convertí en el Papa, ¿y ahora qué? (Novela), un novela. Johnathan, un anciano con un pasado extraordinario pero un final ordinario, se reencarna en un mundo de fantasía oscura lleno de magia, oscuridad y misterios envueltos. Sin embargo, cometió un grave error al tomar la… Este capítulo tiene publicado el 25 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Me convertí en el Papa, ¿y ahora qué? (Novela) tiene 597 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.