Leer Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela) Capítulo 184 online gratis en español
🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
El estudiante que primero vio al soldado acorazado presenció lo que parecía un milagro. Una espada enorme atravesó la pared, deteniéndose a solo una mano de distancia de su ojo.
Jadeó.
¿Fue realmente un milagro? No exactamente. La espada penetró el grueso edificio, pero no se detuvo contra la pared. En cambio, se detuvo en el aire.
N-No... No se había detenido del todo. Grietas se extendieron por el aire como telarañas, revelando una fina membrana azulada. Esta barrera translúcida fue lo que bloqueó el ataque.
El estudiante percibió un maná profundo dentro de esa barrera protectora, como nunca antes había experimentado en su vida.
Solo una persona en este edificio podía controlar maná de esta magnitud.
"¿Decano Alderson?"
\*\*\*
Alderson estaba en la azotea del Edificio de Investigación 12, plenamente consciente del caos que se desarrollaba en su interior: la línea de defensa que se retiraba constantemente, estudiantes enloquecidos, discípulos héroes exhaustos y el poder de la familia imperial estallando en un momento desesperado.
El despertar de Glenn ofreció un atisbo de esperanza, pero solo no pudo resolver la crisis fundamental.
Aunque Alderson conocía cada detalle de esta situación tan grave, se contuvo ante la acción inmediata. La verdadera amenaza persistía arriba: los 250 soldados blindados que él mismo había creado.
Alderson Marbour sentía una rara admiración por el Rey de Platino y los Caballeros Blancos. Tales sentimientos eran inusuales en un mago, lo que llevó a que los otros Archimagos de los Siete Colores a menudo lo etiquetaran como excéntrico.
Entre los magos, siete de cada diez veneraban al Rey Mágico, mientras que los tres restantes preferían al Rey Sin Nombre. Sin embargo, el mayor respeto de Alderson se lo atribuía al Rey de Platino por una razón inesperada: había fundado la Academia del Cartel, convirtiéndose en su primer decano.
Los registros muestran que, tras la fundación de la academia por parte del Rey de Platino, más de la mitad de los Caballeros Blancos ocuparon cargos allí: algunos como profesores, otros como instructores o guardias, y unos pocos fueron admitidos como estudiantes.
Era un hecho extraño.
El Rey de Platino gobernó antes de que el Rey Sin Nombre uniera el continente, durante su era más caótica y peligrosa. Naturalmente, los Caballeros Blancos sirvieron como la espada del Rey de Platino, luchando en las batallas más feroces de la historia y abatiendo a innumerables enemigos.
En ese momento, el reino que formaba la fundación del Imperio Sin Nombre se llamaba Atan. Los Caballeros Blancos no eran menos que segadores para sus enemigos en aquellos días.
Entonces, ¿Por qué, tras el fin de la guerra, no siguieron carreras que estuvieran a la altura de sus talentos?
Los estudiosos lo atribuyeron a la lealtad de los Caballeros Blancos. Aunque el Rey de Platino había dejado el trono, el viejo dicho seguía siendo cierto: una vez señor, siempre señor. Su devoción reflejaba el verdadero espíritu de vasallos leales que juraron servir hasta la muerte.
En el imperio actual, el término Caballeros Blancos se había convertido en sinónimo de caballeros ejemplares.
Sin embargo, Alderson sabía que el vínculo entre el Rey de Platino y los Caballeros Blancos era mucho menos formal. Se decía que su relación era sorprendentemente cercana.
El Rey de Platino poseía una naturaleza audaz y generosa, y los Caballeros Blancos que le siguieron compartían ese espíritu. Pocas personas sabían que la mayoría de los Caballeros Blancos no provenían de familias nobles. Entre sus filas se encontraban plebeyos, nobles e incluso prisioneros del corredor de la muerte. Naturalmente, sus lazos con el rey desafiaban la jerarquía simple.
De hecho, los registros almacenados en el palacio imperial revelaban conversaciones que recordaban a las de un líder bandido de montaña y sus alegres compañeros. Esto explicaba por qué muchos dudaban de los relatos históricos sobre el Rey de Platino, a pesar de haber visto los propios registros.
No era extraño que no fueran necesariamente nobles, pero sí era inusual que los caballeros llamaran Hermano a su rey.
En cualquier caso, tras su abdicación, el Rey de Platino disolvió a los Caballeros Blancos y les concedió la libertad. Quienes le siguieron a la academia eligieron hacer de ella su hogar por voluntad propia.
De alguna manera, Alderson sentía que entendía por qué. Debieron de darse cuenta de las alegrías de enseñar.
También le sorprendía a veces que un mago tan egoísta y defectuoso como él se hubiera convertido en decano de una academia.
Pensó: Una persona nacida virtuosa, que nunca ha cometido un error grave ni probado el fracaso, debe ser un ser humano extraordinario, digno de admiración y emulación.
Sin embargo, Alderson no creía que tal persona fuera un verdadero maestro. Era un prejuicio, pero entendía que había una diferencia entre quienes habían probado el fracaso y quienes no.
Esta diferencia no tenía nada que ver con talento ni con pasión. Al final, todo se resumía en sinceridad. Quienes habían soportado dificultades enseñaban con urgencia y desesperación, esperando que sus alumnos evitaran los mismos errores tontos. Quizá esa era la esencia misma de la verdadera enseñanza. Alderson estaba seguro de que el Rey de Platino y los Caballeros Blancos habían sentido lo mismo.
La guerra y la matanza carcomían el corazón humano, incluso cuando se libraban por el bien de la nación. Matar, ser herido, recibir tratamiento, enfrentarse a la muerte, matar de nuevo, los Caballeros Blancos habían vivido así en el campo de batalla durante al menos veinte años.
Se decía que a menudo hacían bromas autocríticas como: "¿No deberíamos cambiar nuestro nombre a los Caballeros Rojos?"
¿Qué transformación tuvo lugar en sus corazones una vez que se jubilaron y se convirtieron en profesores en la academia?
Alderson se rió en voz baja, imaginando aquellos días que nunca había presenciado en primera persona. Para antiguos caballeros acostumbrados a la armadura, un traje debía de resultar incómodo y rígido. Sus cuerpos debieron resistirse a la ropa que no les quedaba bien, y sus alumnos debieron de señalarles a menudo mientras luchaban por reaprender habilidades en la vida adulta solo para enseñar.
Con los años, profundas arrugas se les habían marcado en el rostro. Cuando ni los estudiantes ni los caballeros encontraron extraño llamarles profesores, y los caballeros ya no rechazaron el título, quizás entonces, por primera vez en sus vidas, los Caballeros Blancos finalmente encontraron la paz.
"Sir Darun", murmuró Alderson en voz baja.
Sir Darun Swhite era el soldado armado que acababa de lanzar su espada y el único que llevaba una capa, era el comandante de los Caballeros Blancos.
Honestamente, Alderson aún dudaba en hacerles daño.
¿Era porque él mismo había creado a estos soldados blindados? ¿O porque aún les respetaba? Ninguna explicación capturaba toda la verdad.
Alderson se conocía de memoria los nombres de los 250 Caballeros Blancos. Había recogido todas las armas que empuñaban y equipado personalmente a los soldados. El esfuerzo costó una fortuna y requirió un trabajo inmenso, pero lo logró.
Para Alderson, cada soldado acorazado era un tesoro nacional. Destruirlos sería como profanar un patrimonio cultural invaluable. Lo más doloroso de todo era saber que este desastre había surgido de sus propios errores y negligencia.
Los ojos de las tropas acorazadas brillaron al mismo tiempo. Doscientas cincuenta pares fijadas en Alderson a la vez.
"El ataque ha fracasado"
"Analizando la causa"
"Análisis completado"
"Gran Magia: Muro de Platino confirmado. Causa: Alderson Marbour"
"A partir de ahora, Alderson Marbour es el objetivo de máxima prioridad"
Con voz mecánica, todos los miembros de los Caballeros Blancos volaron de nuevo en el aire y adoptaron la misma posición.
Arin soltó un suspiro suave.
Al igual que Darun antes, los soldados acorazados flotaban muy alto, listos para desatar sus armas.
La escena se sentía irreal. Por un momento, Arin olvidó que intentaban matarla. El cielo carmesí detrás de ellos proyectaba un aura sagrada.
Cuando lanzaron espadas, lanzas, hachas y mazas al unísono, Arin ni siquiera pudo gritar.
La frase castigo divino cruzó fugazmente por su mente. Si la desesperación tomara forma, carente de esperanza o voluntad, sería así.
Alderson vertió toda la onza de maná que pudo invocar en su gran hechizo. Las armas de los Caballeros Blancos azotaban el Muro de Platino con una fuerza implacable. Por un momento, todo el Otro Mundo tembló.
Alderson soltó un rugido mientras se asimilaba profundamente con su hechizo para aumentar aún más su defensa. En ese momento, el Muro de Platino se había convertido en su propio cuerpo. La lluvia implacable de armas chocó contra él, golpeando su cuerpo.
Tosió con fuerza mientras su cuerpo envejecido protestaba. Incapaz de soportar la presión, cayó de rodillas bajo el peso aplastante.
"¡Decano Alderson!" Arin se lanzó hacia adelante, pero negó con la cabeza con calma para detenerla.
La visión se le nubló y los ojos le ardieron. Las venas de sus ojos amenazaban con estallar. La sangre le subió por la garganta, un efecto secundario de lanzar magia con un cuerpo debilitado. Lo aceptó sin quejarse.
Alderson tragó de nuevo la sangre que le subía y rió amargamente. Cientos de armas permanecían bloqueadas por la barrera. El Muro de Platino había resistido mucho mejor de lo esperado, pero ahora había llegado a su límite.
"De verdad... No sé quién los hizo... Son molestamente poderosos..." bromeó débilmente.
No hubo respuesta por su parte.
"No debes hacer esto. ¿Me oyen, Caballeros Blancos? Quería que fueras el escudo que guarda la academia. Un deseo contradictorio. Siempre soñé con que protegieras a los estudiantes, pero nunca deseé una situación así. Un escudo es más valioso cuando permanece sin usar..."
Su rostro arrugado se torció de angustia. De repente, las emociones le sobrepasaron. "Esto... es demasiado. No puedo creer que estés atacando a quienes se supone que debes proteger... Lo sé. Todo es por mi descuido. No eres culpable de nada"
El Muro de Platino parpadeó como si estuviera a punto de desaparecer.
¿Cuánto más podría aguantar? Alderson se atrevió a esperar un minuto más. Solo habían pasado cinco minutos desde que se enfrentó por primera vez a los Caballeros Blancos. Se concentró en el Muro de Platino, incapaz incluso de verter maná en sus piedras mágicas.
Un minuto para que el Muro de Platino se derrumbe, pensó Alderson.
¿Podría detener todos los movimientos de las tropas blindadas en un minuto?
No. El Archimago se dio cuenta de que era imposible. Había sido imposible desde el principio. Nunca hubo otra manera.
Las tropas blindadas en el cielo se detuvieron.
¿Se dieron cuenta? Es demasiado tarde. De repente, maná púrpura se extendió desde Alderson y envolvió el cuerpo de cada soldado armado.
"Vaya" Arin jadeó asombrada.
La visión del maná intangible fluyendo como hilos y atando a cientos de soldados armados era tan onírica que le hizo olvidar la cruda realidad.
Pero, ¿Qué va a hacer el decano en este estado?
Solo un Archimago podría intentar tal hazaña, pero esto por sí solo no neutralizaría a los soldados acorazados. Estaba claro que estaba gastando un maná tremendo. En su estado actual, ¿Cuánto tiempo podría mantener esto?
De hecho, no hacía falta mantenerlo mucho tiempo. Diez segundos serían suficientes.
Los ojos de Alderson brillaron intensamente. Orden de emergencia: Bloqueo de vírus.
Era la orden de autodestrucción.
Alderson apretó los ojos con fuerza. "Descansa en paz"

Continúa leyendo
Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela)
Capítulo 185
Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela) Capítulo 184
Estás leyendo el capítulo 184 de Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela), un novela. Luan Badniker, el hijo menor de una de las Grandes Familias. Sin embargo... ¿Su número de bendiciones fue cero? El fracaso del Señor de Sangre de Hierro. El perdedor de los Badnikers. Buscó un lugar para morir para… Este capítulo tiene publicado el 2 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Segador. Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela) tiene 204 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.