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Leer Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela) Capítulo 174 online gratis en español

🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
La muñeca apilable, antes demonio, reconocía lo tenaz que era esa criatura. Ese pequeño cuerpo irradiaba fuerza, resistencia y vitalidad pura. Mir yacía aplastada bajo él, aparentemente inconsciente. Sus ojos se habían vuelto hacia atrás, mostrando solo blanco. La sangre se derramaba por el suelo y su cuerpo parecía maltrecho y destrozado. ¿Cuántos huesos se habían hecho añicos a lo largo de su estructura? Cualquier persona corriente habría muerto en el acto, pero Mir seguía aferrándose a la vida. A ojos de la muñeca, no era suficiente. Esta criatura necesitaba ser completamente eliminada. Saltó al aire y volvió a caer sobre el cuerpo de Mir. Un solo golpe fue insuficiente, así que impactó dos, tres, luego cuatro veces. El suelo bajo ellos se dobló, crujiendo bajo el asalto. Si el espacio bajo el pasillo hubiera sido hueco, se habría derrumbado por completo. La muñeca sabía que el suelo bajo el pasillo era en su mayoría tierra compactada, diseñada para resistir su embate sin ceder. Por fin, cuando la muñeca gigante confirmó que la pequeña y problemática criatura se había quedado completamente en silencio, dirigió su atención hacia adelante. Cuatro más permanecían en ese piso e intentó acercarse al enemigo más cercano. \*\*\* Los Campos de Nieve del Norte eran el hogar de los Gigantes de Hielo. Para Mir, su tierra natal apenas guardaba recuerdos felices. "¡Eh! ¡Bajita!" "No soy una bajita", gruñó Mir mientras se giraba. Entonces sus ojos se posaron en el ombligo de alguien de su edad. Una voz burlona vino desde arriba. "¡Bajita! ¿Dónde miras? ¿No sabes que tienes que mirar a la gente a los ojos cuando hablas? ¿Qué, intentando saludar a mi ombligo?" No había forma de que no lo supiera. Tenía que saberlo. Mir solía pensar que, aunque era pequeña, al menos su mente era más aguda que la de ese estúpido bastardo. Aun así, se negaba a mirar hacia arriba. Levantar la cabeza para encontrarse con su mirada heriría su orgullo. En cambio, miró obstinadamente el aire vacío. "¿Tienes algo que decirme?" "Anteayer, vi al hermano de Rakita. ¡Ya es más grande que tú! ¡Y solo tiene cuatro años!" Mir permaneció en silencio. "¡Eh! ¡Bajita! ¡Qué vergüenza! ¡Hasta el jefe querría tirar a alguien como tú al lago helado!" "Cállate" "¿Qué has dicho? No te oigo porque tienes el tamaño de una rata" "¡Cállate—!" La voz de Mir se hizo de repente alta. Mientras el otro gigante de su edad se estremecía y se tapaba los oídos, Mir salió corriendo hacia casa. "¡Padre!" Se apresuró a buscar a su padre, el jefe de la Tribu de Lobo de Escarcha y su mayor guerrero. "¿Hm? ¡Mi orgullosa hija! ¿Qué pasa?" preguntó. "¿P-Por qué soy tan pequeña?" Su padre vaciló un momento. Mir le miró con lágrimas corriendo por su rostro. Su orgulloso padre, que era más grande que la mayoría de los gigantes, se sentía hoy irrazonablemente distante. "Padre, ¿Soy realmente tu hija?" "¡Por supuesto! ¡Eres mi única hija!" "¿Entonces por qué soy tan pequeña?" "Bueno, como he dicho, el crecimiento varía de persona a persona. Así que algún día, tú también—" "¡Algún día, algún día, algún día! ¿Cuándo llegará ese día? ¡Ya tengo doce años...!" Lloró Mir, tirando de su pelo. "¡Hoy me han molestado! ¡Ayer también me han molestado! ¡Probablemente mañana también me hagan bromas!" Su padre tarareó suavemente. "He oído que Larunda ya lidera su propia manada en las cacerías. Anteayer, le vi atrapar cinco jabalíes de hielo más grandes que yo. Y yo solo estaba pescando por un agujero en el hielo... A este ritmo, nunca seré un guerrero. Seré una vergüenza para la Tribu del Lobo de Escarcha... y para ti, padre..." Su padre la miró hacia abajo y luego levantó a su única hija en brazos. Mir parpadeó, confundida. "Ven conmigo un momento" "¿Padre?" Sin decir palabra, subió a Mir al hombro y salió fuera. Mir recordó de repente las palabras burlonas de Larunda. "¡Hasta el jefe debe querer arrojar a alguien como tú al lago helado!" Un escalofrío recorrió su pequeño cuerpo. ¿Va a abandonarme por fin? El miedo se apoderó de Mir, pero no se atrevió a hablar. El rostro severo de su padre parecía más duro de lo habitual, una expresión más aterradora que cualquier cosa que hubiera visto jamás. Aunque me desechen... No puedo evitarlo... Soy así de pequeña. Antes de entender la palabra resignación, Mir ya sentía su peso. Quizá caer en el lago helado era el destino que merecía. Al menos así no molestaría más a su padre. El pensamiento no le trajo alivio; las lágrimas se deslizaron silenciosamente por sus ojos abiertos. "Mir, puedes abrir los ojos" "¿Eh? Espera..." El aire frío del norte le mordía la piel. Sus lágrimas se congelaron al caer, dificultándole abrir los ojos. Su padre presionó sus grandes dedos suavemente contra su cabeza. Aunque ásperas, sus manos eran cálidas. A Mir le encantaba la sensación de su toque. Le entristecía pensar que sería la última vez que lo sentiría. Se secó las comisuras de los ojos. "Padre... ¿Qué hay bajo el lago helado?" "¿Qué? Deja de decir tonterías y mira esto" Mir jadeó y abrió los ojos. Su boca se abrió de asombro. "Vaya..." Delante de ella se extendía una vasta extensión de nieve y un lago pálido de hielo. Más allá se alzaban montañas elevadas cubiertas de nieve. "Mira bien esa montaña" Mir cerró los ojos brevemente y luego los abrió de nuevo. A mitad de la pendiente nevada, una gran roca llamó su atención. No, era demasiado enorme y grotesca para ser solo una roca. "¿Conoces la leyenda del gigante que una vez sostuvo el cielo?" "¿Sí?" "Esa es nuestra gran antepasada, Ymir", dijo su padre, señalando la roca. Sus ojos se abrieron de par en par. Por supuesto que conocía a Ymir, el Gigante de Hielo. Todos los gigantes la conocían. ¿Pero esta roca del tamaño de una montaña era Ymir? "Para ser exactos, son los restos y la tumba de Ymir, el Gigante de Hielo" "¿P-Por qué está en un sitio así?" "Esa montaña nevada es la más grande y alta de todas las cumbres del norte. Está entre las montañas más altas del continente. Un día, un terremoto masivo y sin precedentes sacudió el norte. Incontables montañas colapsaron y la tierra se partió. Se perdieron muchas vidas del norte, incluidos nuestros Gigantes de Hielo", dijo su padre, mirando el lago helado. "Ese lago helado se formó entonces" "Ya veo..." susurró. "La montaña nevada más alta se mantuvo firme, pero el terremoto desencadenó una avalancha tremenda. No una avalancha cualquiera, fue una catástrofe de una escala inimaginable. Según los registros de nuestros antepasados, fue una destrucción total. Si no se hubiera detenido, la ventisca habría acabado con toda la vida en el norte" Los ojos de Mir se nublaron. Extrañamente, una visión que nunca había visto antes apareció en su mente: una avalancha descendiendo por la montaña nevada más grande del mundo, como si el cielo mismo se estuviera derrumbando. Nubes fracturadas caían en olas interminables. "Todos los gigantes sintieron desesperación. Olas de nieve caían desde las altas cumbres. Incluso para los gigantes, parecía que el cielo se caía. Todos los gigantes son buenos guerreros, pero nadie tiene la fuerza para enfrentarse a la naturaleza. Incluso los ancianos aceptaron la destrucción como destino. Entonces Ymir dio un paso adelante" A partir de ese momento, el corazón de Mir se aceleró. "Ymir salió corriendo solo, estirando los brazos para atrapar la avalancha con su cuerpo. Soportó el frío intenso que ni siquiera los Gigantes de Hielo podían soportar, y el peso aplastante de la nieve que ninguna fortaleza podía contener. Era una visión mítica: el gran Gigante de Hielo detuvo físicamente una montaña derrumbada" La chica llamada Ymir preguntó: "¿Cómo consiguió hacer eso?" "Porque todos creían en Ymir. Confiaban en que él los salvaría" "¿No es demasiada presión?" soltó ella. Su padre se rió. "No lo creo. Ymir debió de estar feliz. El momento más valioso en la vida de un guerrero llega cuando le devolvemos esa confianza" Su padre volvió a acariciar la cabeza de Mir. "Ymir, el gran ancestro, el Gigante de Hielo que detuvo la avalancha de destrucción, murió congelado de pie. Bajo la cima nevada más alta, dejó un legado magnífico que perdurará miles, incluso decenas de miles, de años" Su mirada volvió a la montaña nevada. "Te encontré bajo esa misma montaña. Pero eres mi única hija. Incluso cuando eras más pequeña, te habría visto como una fuente de orgullo, nunca de vergüenza" "¿De verdad?" "Por supuesto. De hecho, creo que podrías ser el legítimo sucesor de la línea de sangre de Ymir" "¿Sucesor?" repitió. "Eso significa aquel que continúa con su legado" Sucesor, sucesor, sucesor... A Mir le gustó el sonido de la palabra, repitiéndola en voz baja en su mente. Su tierra natal le guardaba pocos buenos recuerdos, casi ninguno, de hecho. Sin embargo, algunos existían, y este era uno de ellos. En un día inusualmente tranquilo, de pie ante el lago helado y la imponente montaña nevada, la voz de su padre resonaba claramente en sus oídos. "El gigante que bloqueó el cielo que caía. El gran gigante que nos impidió abandonar nuestro hogar. Era como el mayor Titán, aquel que una vez sostuvo el cielo en la antigua leyenda... Desde ese día, los gigantes empezaron a llamar a Ymir por otro nombre" \*\*\* Mir abrió los ojos. Su visión se nubló y sus pensamientos se sentían aún más dispersos. Aun así, una idea se aferraba a su mente con un agarre implacable. La confianza debe ser devuelta. Ese era el propósito de una guerrera. Solo cumpliéndolo podía pertenecer verdaderamente a la Tribu de Lobo de Escarcha, sentirse orgullosa del nombre de Gigante y, sobre todo, ser llamada Mir. Hasta ahora, la vida nunca le había dado esa oportunidad. "¿Tú? Deja de bromear..." Por lo tanto, Charon Woodjack no se había equivocado. Incluso Mir encontraba sus propias acciones frustrantes y algo tontas. Nadie creía en ella, ni siquiera ella misma. Y sin confianza, no había nada que pagar. Así era la vida. "Posees la mayor fuerza física bruta..." "Cuando eso ocurre, lo único en lo que puedes confiar es en tu propio cuerpo..." "Pequeño no significa débil.... Préstame tu fuerza. Te necesito" Esa persona había notado que Mir había estado entrenando de forma constante. Había sido reconocida y finalmente escuchó las palabras que tanto había deseado. Se lo pagaré. Si es así, está bien romperse. Está bien desmoronarse. Mientras pueda mantenerme en pie ahora, puedo morir después. Una guerrera devolvía la confianza. Esto era lo que le habían enseñado y el camino que eligió seguir. "¿Conoces... la leyenda del gigante que una vez sostuvo el cielo?" Cuando la voz amortiguada de Mir resonó, la muñeca se lanzó de nuevo. Más allá de su sorpresa al ver que Mir seguía viva, la muñeca era un arma de masacre y se movía con precisión letal para silenciar a su enemigo. La muñeca gigante cayó sin piedad hacia Mir, que apenas había logrado incorporarse. Otro impacto ensordecedor sacudió el suelo. Sin embargo, esta diminuta criatura resultó más fuerte de lo esperado. La muñeca calculó en silencio. Si cuatro o cinco golpes no eran suficientes, entonces golpearía diez o veinte veces. Aplastaría la pequeña figura tan completamente que su forma desaparecería. Si ya no podía funcionar como un ser vivo, por muy tenaz que fuera su espíritu, ya no se movería. Justo cuando la muñeca intentó atacar de nuevo, de repente se dio cuenta de que su cuerpo no se movía. Sentía como si estuviera firmemente arraigada en el suelo. La impresión de la muñeca era errónea. La que estaba firmemente plantada no era la muñeca, sino Mir. Sus pequeños pero gruesos dedos la sujetaban con una fuerza antinatural, atravesando la suela de la muñeca y enganchándose como garras. "Yo..." La voz vino de algún lugar bajo la muñeca, baja y tensa. Mir se levantó, soportando el peso de un cuerpo decenas de veces su tamaño solo por pura fuerza física. "La hija del jefe de la Tribu de Lobo de Escarcha..." Enderezó las rodillas. "Descendiente del gran Gigante de Hielo, Ymir..." Su columna se erguió. "El legítimo sucesor del Atlas de los Titanes" Soportó la carga. Hace mucho tiempo, su mayor antepasado sostuvo el cielo derrumbado y evitó la destrucción. Nunca podría igualar sus hazañas legendarias, pero al menos mantendría su legado. "Con mi pequeño cuerpo y mi gran orgullo, te lo juro..." La sangre pintó su sonrisa. "No vas a pasar de largo"
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Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela) Capítulo 174

Estás leyendo el capítulo 174 de Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela), un novela. Luan Badniker, el hijo menor de una de las Grandes Familias. Sin embargo... ¿Su número de bendiciones fue cero? El fracaso del Señor de Sangre de Hierro. El perdedor de los Badnikers. Buscó un lugar para morir para… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Segador. Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela) tiene 204 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.