arrow_back

Leer Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela) Capítulo 118 online gratis en español

🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
"¡Charon!" gritó Zeros frenéticamente. Incluso Shinba, que estaba cerca, mostraba una expresión sombría. "¡Como era de esperar de Sir Héctor...!" "¡Increíble! ¡Está dominando completamente a Charon!" El grupo de Héctor vitoreó admirado. Por fin, habían asestado un golpe de verdad a ese arrogante bastardo. Sin embargo, Charon permaneció impasible ante el cambio de atmósfera. Con calma, sacó su daga de repuesto y volvió a atacar sin dudarlo. ¡Kakakang! Tras solo unos pocos intercambios más, Charon se vio obligado a admitir internamente: me están presionando. La realización apenas minó su orgullo. La daga no era su arma principal, y el combate cuerpo a cuerpo nunca había sido su especialidad. Charon podía manejar muchas armas con considerable destreza, pero su verdadera fortaleza era el arco, y su estilo se centraba en la caza, no en la confrontación directa. Dicho esto, la cueva estaba lejos de ser un campo de batalla ideal. Incluso un novato podía notar que era un lugar terrible para el tiro con arco. Atraer a Héctor aquí le había salido fatal. Si hubiera tenido una ballesta, la situación podría haber sido diferente, pero no estaba preparado para eso. ¿Entonces debería fingir que esta confrontación nunca ocurrió? ¿Reiniciar la situación por completo? Si reavivaba un enfrentamiento a gran escala entre sus grupos y alargaba la pelea hasta que regresara el Maestro de las Cuevas, Héctor no tendría más remedio que aceptar la propuesta anterior de Charon. Charon sabía que Héctor se preocupaba más por sus compañeros de lo que aparentaba. Recurrir a tales tácticas sería cobarde, pero Charon no sentía ninguna vergüenza especial. ¿Qué peso tenía siquiera un acuerdo verbal? Y, sin embargo, por alguna razón, un impulso feroz y desconocido se agitaba en su interior, aplastar a Héctor por completo, aquí y ahora. "Interesante", murmuró Charon. "En ese caso, a partir de ahora—" En ese momento, ocurrió lo impensable. Un estruendo ensordecedor, como si el cielo mismo se hubiera destrozado, resonó por la cueva. El techo comenzó a derrumbarse, haciendo que piedras rotas cayeran como granizo. Algunos fragmentos eran tan masivos que solo podían llamarse rocas. Charon no tuvo más remedio que centrarse por completo en la evasión. Tras esquivar por poco los escombros que caían, tosió con fuerza, con la garganta ardiendo por el polvo que ahora ahogaba el aire. ¿Pero qué demonios—? A través del polvo persistente, vio una figura enorme enderezando la espalda. El monstruo era tan grande que Charon tuvo que inclinar la cabeza para ver su rostro. Piel pálida asomaba bajo la tela raída, y en su mano llevaba un garrote de madera del tamaño de un árbol gigante. ¡El Maestro de las Cuevas! ¿De verdad había destrozado el techo para entrar? Sonaba una locura, pero dada la fuerza bruta del monstruo, era posible. Charon examinó rápidamente su entorno. El polvo había remodelado el interior de la cueva, y ya no podía ver a los discípulos héroes que habían estado a cierta distancia. ¿Habían sido aplastados hasta morir? Lo dudaba. La situación era caótica, pero no eran tan torpes como para morir tan fácilmente. Lo más probable es que los escombros le bloquearan la vista. El verdadero problema era el enorme montón de escombros que ahora bloqueaba la salida. "¡Muévete!" El grito repentino sacudió a Charon de vuelta en sí. Instintivamente, se lanzó hacia un lado. Un enorme garrote de madera golpeó el suelo donde él acababa de estar, destrozando el suelo rocoso como si fuera de cristal. El poder destructivo del monstruo seguía siendo escalofriante. A primera vista, algo en ello le resultaba extraño. Charon ya había luchado antes contra el Maestro de las Cuevas, pero ahora parecía aún más agresivo de lo que recordaba. Charon la estudió un momento y pronto comprendió por qué. Está herido. La sangre manchaba su robusto cuerpo y su respiración era entrecortada. Claramente había sufrido heridas graves. Si era así, quizá su llegada repentina no había sido intencionada. Había corrido de vuelta a su guarida como si huyera de algo. Pero, ¿Qué demonios podría haberlo herido? "Charon" Héctor se acercó entre el polvo. "¿Qué pasa?" preguntó Charon. "El techo se ha derrumbado. La entrada de la cueva está bloqueada. No sé si mi grupo está vivo o muerto, y mucho menos el tuyo. No morirán fácilmente, pero no podemos esperar que cooperen pronto", dijo Héctor. "¿Y bien?" "La única salida que veo es el agujero que esta cosa rompió en el techo. ¿Pero de verdad crees que se quedará ahí parado mientras salimos?" "Ve al grano", replicó Charon. "¿Qué tal si trabajamos juntos, solo hasta que derribemos esa cosa?" Las cejas de Charon se movieron ante la sugerencia. Héctor suspiró y añadió: "Es el único plan que se me ocurre ahora mismo. ¿A menos que tengas una idea mejor?" Charon analizó la situación un momento, luego suspiró con él. "No" "Bien. No tenemos tiempo que perder, así que seré breve. Yo lo distraeré. Apuntas a sus puntos débiles con tus flechas", indicó Héctor. Un rugido ensordecedor resonó por la cueva derrumbada, sacudiendo fragmentos de piedra que caían de las paredes. Mientras Charon se tapaba instintivamente los oídos, Héctor cargó solo contra el Maestro de las Cuevas. ¿En qué demonios está pensando? Charon miró incrédulo la espalda de Héctor alejándose. Su movilidad era suficiente para correr mientras Héctor ganaba tiempo. De hecho, escapar tenía más sentido. Ya sabía que el Maestro de las Cuevas era un enemigo aterrador. Perfecto. Lucha contra ese monstruo. Ya me habré ido cuando te aplasten. O al menos, eso era lo que debería haber hecho. En cambio, Charon observó cómo Héctor cargaba de frente contra el Maestro de las Cavernas. El monstruo medía casi diez metros de altura, pero Héctor no dudó, ni siquiera miró atrás. Era como si no hubiera considerado la posibilidad de que Charon pudiera abandonarle. Qué tipo tan ridículo. ¿Cuándo había habido confianza entre ellos? "Maldita sea" Charon arrancó el arco largo de su espalda y apuntó al Maestro de las Cuevas. Ya sabía que la piel de la criatura podía resistir la mayoría de los ataques, y su fuerza bruta era monstruosa: podía arrancar un árbol de la tierra con sus propias manos. Mientras tanto, sus movimientos eran lentos, pero sus ataques explosivos distaban mucho de ser lentos. Por ello, Charon sabía que no podía cazarlo con su fuerza y equipo actuales. Ahora mismo, no es una cacería. Es una lucha por sobrevivir. ¿Dónde están sus puntos vitales? Al tirar de la cuerda del arco, los ojos de Charon brillaron en oro. Había activado la Bendición de la Mirada Penetrante. La última vez que usó esta bendición, no encontró ninguna debilidad, pero el Maestro de las Cuevas era diferente ahora. Un aura carmesí estalló alrededor de su cuerpo. ¿La cara? No. ¿El cuello? Parecía que tenía una herida cerca de la garganta, pero aunque fuera así, este monstruo era ridículamente duro. Uno de los fundamentos de la caza era calcular la pérdida de sangre. Dado el tamaño del monstruo y cuánto había sangrado ya, debería haber muerto hace mucho. Sin embargo, seguía blandiendo su enorme garrote con una velocidad y fuerza aterradoras. Aun así, a diferencia de antes, Charon ahora podía ver una oportunidad. Era la prueba de que valía la pena intentarlo. Soltó la cuerda tensa del arco. La flecha salió disparada hacia adelante, rodeada de un leve brillo. En pleno vuelo, su velocidad explotó, acelerando más allá de lo físicamente posible. Era antinatural, pero esto era la gracia y bendición de un dios. Charon había imbuido la flecha con dos bendiciones. La primera, Bendición Arrojadiza, aumentaba drásticamente la velocidad y fuerza de cualquier proyectil. La segunda fue— Una explosión resonó, y Héctor se estremeció sorprendido. En el momento del impacto, la flecha detonó. ¿Había explosivos pegados a él? La suposición de Héctor era errónea. Charon había activado la Bendición de la Explosión, que desencadenó una detonación retardada al contacto. Honestamente, no combina bien con la Bendición Arrojadiza, pensó Charon. Cuanto mayor es el retraso, más fuerte es la explosión, pero las flechas acertan casi al instante. Aun así, Charon priorizó la fuerza bruta para este ataque. La flecha impactó limpiamente en el punto vital del Maestro de la Cueva, y sus golpes furiosos se detuvieron abruptamente por primera vez. Héctor reconoció instintivamente que era su primera y última oportunidad. Saltó en cuanto el Maestro de la Cueva cayó de rodillas. Con casi diez metros de altura, un solo salto no bastaría. Aterrizando sobre su enorme rodilla, Héctor corrió por su cuerpo con una velocidad feroz, acortando la distancia hasta su garganta en un instante. El cuello es demasiado grueso. Parecía imposible cortar de un solo golpe con la espada de Héctor. Normalmente, sería así. Sin embargo, el Qi de la Espada de repente brotó de la empuñadura, formando un tono azulado en la hoja. Girando la muñeca, Héctor añadió una variación única a su swing. Una extraña vibración recorrió el aire y aparecieron imágenes residuales de la espada. Esta era la Espada de Imagen Remanente de Héctor. Fue un solo golpe, pero sonaba como si el monstruo hubiera recibido múltiples golpes en rápida sucesión. Pronto, la sangre salpicó de la garganta del monstruo. ¿Lo hice? La sensación era inconfundible. No fue un corte superficial, había sentido la limpia separación de la columna cervical. "¡Idiota! ¡Muévete!" Al oír la voz de Charon, Héctor saltó del enorme cuerpo del monstruo sin dudarlo. Al mismo tiempo, sentía como si algo pesado, como una maza, le rozara el pelo. ¿Hizo el swing justo antes de morir? Si ese golpe hubiera impactado, me habría pulverizado al instante. El pensamiento le erizó los pelos. Finalmente, el Maestro de la Cueva se desplomó, levantando una nube de polvo al caer. "¿Está muerto?" Al oír la pregunta de Héctor, Charon colocó silenciosamente tres flechas y tiró la cuerda de su arco. Como por arte de magia, las tres flechas salieron disparadas simultáneamente, cada una alcanzando un punto vital diferente en el monstruo caído. Siguieron tres pequeñas explosiones. El Maestro de las Cuevas ni siquiera se inmutó. Poco a poco, su cuerpo fue envuelto en una masa de luz. Al ver eso, Charon y Héctor exhalaron, liberando la tensión que los había atrapado. Héctor miró su espada, aturdido. La Espada de Imagen Remanente que acababa de usar era mucho más poderosa de lo habitual, pero no sé cómo lo hice. Si le pidieran repetirlo ahora, Héctor dudaba que pudiera. Si consigo hacer mía esa sensación, esto podría ser la clave para el siguiente nivel. Mientras tanto, Charon mantenía la vista en el cuerpo que se desvanecía del Maestro de las Cuevas. Como era de esperar, tardó en desaparecer debido a su tamaño. De alguna manera conseguimos derribarlo. Sin embargo, algo en ella no encajaba. Si el monstruo no hubiera estado herido desde el principio, no habría tenido ninguna oportunidad. Ahora que la tormenta había pasado, la mente de Charon por fin volvió a funcionar. ¿Por qué estaba herido? La forma en que atravesó el techo de la cueva, sus movimientos de pánico, parecía desesperado, huyendo de algo aterrorizado. La mirada de Charon se desvió hacia donde el monstruo había caído por primera vez. Más allá del techo destrozado, el cielo interminable de invierno se extendía, con el sol brillando sobre sus cabezas. Por un momento, una sombra pasó sobre el sol. ¿Qué es esto—? Antes de que Charon pudiera terminar su pensamiento, un estruendo ensordecedor resonó cuando algo cayó del cielo. No, no estaba cayendo, se lanzó en picado hacia el suelo, estrellándose contra él con una fuerza increíble. Incluso Charon, que había estado mirando fijamente hacia arriba, apenas pudo verlo. "¿Pero qué demonios? ¿Por qué está muerto?" Una voz resonó, y Héctor se preguntó a sí mismo. A través del polvo persistente, vio la silueta de un discípulo héroe de cabello rubio platino familiar. "¿Luan Badniker?" exclamó Charon. "¿Eh?" Luan miró a su alrededor, aturdido. " ¿Charon?" Charon se estremeció. "Y Héctor" Incluso Héctor, que normalmente insistía en que le llamaran "Hermano Héctor", permaneció en silencio esta vez. "¿Pero qué demonios?" Luan sonrió ampliamente. "Ustedes dos están aquí también" Debería haber sido un reencuentro entrañable entre hermanos, pero Héctor, e incluso Charon, se estremecieron, retrocediendo instintivamente.
Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela)

Continúa leyendo

Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela)

Capítulo 119

Siguiente Capítulo ›

Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela) Capítulo 118

Estás leyendo el capítulo 118 de Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela), un novela. Luan Badniker, el hijo menor de una de las Grandes Familias. Sin embargo... ¿Su número de bendiciones fue cero? El fracaso del Señor de Sangre de Hierro. El perdedor de los Badnikers. Buscó un lugar para morir para… Este capítulo tiene publicado el 1 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Segador. Me Convertí En El Discípulo Más Joven Del Dios Marcial (Novela) tiene 204 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.