Leer Maldito Renacer (Novela) Capítulo 516 online gratis en español
🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
Eugene y Molon habían cambiado el lugar de su combate hacía meses.
No era que hubieran dejado de controlar su fuerza. No. Al contrario, ambos se habían acostumbrado a desatar todo su poder sin destruir su entorno. Podían concentrarse solo el uno en el otro.
Justo cuando Eugene se había familiarizado con la fuerza y el estilo de combate de Molon, Molon había completado la rehabilitación de un poder que no había usado en siglos. Había recuperado un sentido de combate que había olvidado hacía tiempo.
Raguyaran.
Era el fin del mundo, una tierra de la nada. A lo lejos se veía un mar en calma, pero ningún sonido de olas llegaba a los oídos. No se encontraba ningún ser vivo en esta tierra vacía entre montañas y mar.
—Lo soy. —Molón agarró su hacha con ambas manos mientras pensaba.
Eugene permanecía a cierta distancia. Su mano derecha aferraba la empuñadura de la Espada Sagrada, y su postura era relajada y aparentemente natural. Sin embargo, no reflejaba su arrogancia. Esa compostura y tranquilidad eran precursoras de innumerables posibilidades. Le permitieron a Eugene actuar y responder al instante.
"Ya no podré vencer a Hamel", reconoció Molon con calma.
Lo sabía desde hacía tiempo. Había llegado a esta inevitable conclusión hacía medio año, cuando la espada de Eugene atravesó su hacha por primera vez.
A partir de ese momento, las innumerables posibilidades dentro de Eugene habían superado el poder que Molon había alcanzado.
Los dos habían entrenado diariamente durante medio año.
Molon no sentía que se hubiera vuelto especialmente fuerte. Para él, ese medio año fue como una especie de rehabilitación.
Su mejor momento había sido hacía ciento cincuenta años, en los albores de su misión, y en los años transcurridos desde entonces se había desvanecido. Su mirada seguía siendo aguda, pero la locura había embotado todo sentido de la batalla.
Sin embargo, se había sobrepuesto a la locura y entrenó con Eugene. Se había esforzado por recuperar lo perdido. Había revitalizado sus sentidos embotados. Los resultados fueron satisfactorios, pero aun así, no se había vuelto más fuerte que en su mejor momento.
¿Y qué hay de Eugene? Mientras Molon había recuperado lo perdido, Eugene había ganado mucho más de lo que ya poseía.
Ser más fuerte que ayer. Era una frase que podía sonar a broma, pero Molon sabía muy bien que no era una simple frase. De hecho, lo experimentaba en carne propia a diario.
Era lo mismo incluso ahora. Habían entrenado ayer. Pero ¿era la figura que tenía ante él realmente el Hamel de ayer? Molon no pudo evitar sonreír sin querer.
Tenías que ser tú.
Hamel era la reencarnación de un antiguo dios de la guerra. Ese era su destino.
Pero esa era simplemente una vida pasada de la que no era consciente. Quizás Vermouth había elegido a Hamel porque era una existencia predestinada, pero Molon creía que la singularidad de Hamel residía más en su naturaleza que en su vida pasada.
Se exigió hasta la crueldad. Nunca descuidó ni un solo instante del entrenamiento. No le amedrentaba el dolor de un cuerpo destrozado, y nunca se conformó con lo que tenía, sino que persiguió incansablemente alcanzar el siguiente nivel.
Hamel era una de esas personas.
"Me alegro de tenerte como camarada."
Molon levantó su hacha.
"Me alegro de no haberme vuelto loco antes de reunirnos".
Él sinceramente lo creía.
Durante los seis meses de entrenamiento, Molon se sintió agradecido de haber ayudado a Hamel. Le complacía poder hacerlo. Si hubiera perdido la cabeza por completo, si se hubiera deshecho tanto que ni siquiera pudiera empuñar su hacha, no habría podido acompañar a Hamel en la vida y la muerte como deseaba.
—Hamel —gritó Molon, recorriendo con la mirada el hacha en alto hasta encontrarse con la de Eugene—. Nunca lo has dado todo en estos seis meses, ¿verdad?
En términos de victorias, Molon mantuvo el liderazgo.
Era inevitable. En sus duelos, Eugene se había impuesto muchas restricciones.
Nunca había usado Eclipse. Ni siquiera había usado Ignición, y mucho menos Prominencia. Ni siquiera había desenvainado su Espada de Luz Lunar, ni había empuñado ninguna otra arma. En todos sus combates con Molon, Eugene solo había usado la Espada Sagrada, la Fórmula de la Llama Blanca y la Espada Vacía.
"Así es", asintió Eugene en señal de acuerdo.
La razón por la que no había usado esas técnicas era simple. Lo que Eugene quería de sus combates con Molon era despertar y controlar conscientemente la divinidad que poseía y la intuición de Agaroth.
Para lograrlo, decidió entrenar repetidamente y bordear la línea entre la vida y la muerte.
Si hubiera usado Prominencia o Ignición, ese tipo de sparring habría sido imposible.
La Ignición obligó a Eugene a enfrentarse en combates breves y decisivos. Aunque el rechazo a su uso había disminuido a medida que avanzaba en la competencia con la Fórmula de la Llama Blanca y mejoraba su cuerpo y su núcleo, usar la Ignición, incluso una sola vez, significaba días de recuperación.
Prominencia no tenía el mismo retroceso que Ignición. Pero al activarse, amplificaba la potencia de fuego de Eugene, algo que no deseaba. Eugene no tenía intención de enfrentarse a Molon en combates de fuerza y poder. Su objetivo era desviar y contrarrestar la fuerza de Molon con algo más que fuerza bruta.
—Hamel —Molón se detuvo, con una sonrisa pícara dibujándose en su rostro—. Yo también necesito la derrota.
Después de escuchar sus palabras
Eugene no respondió, simplemente miró fijamente a Molon. No necesitó preguntar qué quería decir Molon con eso... soltó una risita.
Fracaso.
Eugene había sufrido la derrota a manos de Molon muchas veces. Incluso durante la Marcha de los Caballeros, a pesar de sus excusas, el hecho era que había sido derrotado por Molon. Además, las derrotas sufridas en los últimos seis meses eran incontables.
Las lecciones de cada derrota, la constatación de sus defectos, los aportes que hizo a sí mismo.
Él los entendió y los estableció en su corazón.
No respondió a las palabras de Molon. No era necesario. En ese momento, Eugene se concentraba en cumplir las expectativas de Molon. En silencio, envainó la Espada Sagrada y la guardó en su capa.
Colocando su mano derecha sobre su pecho izquierdo, permaneció en equilibrio.
Kristina dejó escapar un largo suspiro mientras lo observaba desde la distancia y dijo: "Es la primera vez desde que derrotó al Rey Demonio de la Furia".
[Pensar que logró contenerse durante medio año. Debió de querer usarlo cada vez que Molon lo dejaba medio muerto], se quejó Anís para sus adentros.
Kristina escuchó mientras iniciaba la magia sagrada. Ocho alas se desplegaron tras ella y una luz radiante se extendió bajo sus pies.
Manos, dijo Kristina.
A su orden, Raimira sujetó firmemente la túnica de Kristina por el lado izquierdo, y Mer tomó su mano derecha. Raimira asintió con una sonrisa tímida al oír el susurro.
—Sí. Mer consideró inevitable tomar la mano de Kristina. Necesitaba tomar la mano de alguien, y con Lady Sienna ausente, la mano de la Santa era la única opción que le quedaba.
Si los dos santos hubieran sido rencorosos, ella nunca habría consentido esta intimidad. Pero considerando su amabilidad diaria al cepillarla, ayudarla a vestirse e incluso bañarse juntos, era natural corresponderles el favor.
La obediencia de Mer era una cosa, pero Raimira llevaba mucho tiempo dedicándose a los dos Santos. Estaba aún más inclinada.
«Madre», gritó Raimira en su mente.
Algún día reivindicaría ese título con valentía. Raimira se entretuvo con la idea mientras se aferraba a la túnica de Kristina. Kristina extendió la palma de su mano izquierda, marcada con los estigmas, y erigió una barrera.
La creación de la barrera y la activación de Ignición por parte de Eugene ocurrieron casi simultáneamente.
¡Buuuuu!
Una tormenta de llamas negras se alzó alrededor de Eugene. Se arremolinaba en una espiral creciente. Las llamas no eran solo negras; en su interior brillaban innumerables destellos, dando la impresión de que una galaxia entera giraba alrededor de Eugene.
El universo.
La ignición reveló el universo que albergaba Eugene. Parecía que el universo podría expandirse y extenderse eternamente. Sin embargo, dejó de expandirse después de cierto punto, y con un crujido, un rayo comenzó a atravesar las estrellas. El universo se condensó alrededor de Eugene. Un vendaval azotó la tierra sin viento.
—Dios mío —dijo Kristina sorprendida.
La simple consecuencia del poder destrozó la barrera de Kristina. Parpadeó con incredulidad incluso cuando la ráfaga de viento la empujó hacia atrás.
"Esta señora lo ve con sus propios ojos, pero no puede comprenderlo", comentó Raimira.
Había transformado sus brazos en los de un dragón por temor al contragolpe. Se estremeció. Incluso siendo una cría de dragón, Raimira se sintió abrumada por la fuerza absurdamente inmensa que emanaba de Eugene.
—Aún —murmuró Mer sin darse cuenta, tras el brazo del dragón que usaba como tapadera—. Es hermoso.
Las nebulosas se elevaban hacia el cielo.
Al igual que la Fórmula de la Llama Blanca y la Ignición, la Prominencia también se transformó. Aunque la forma de las alas permaneció igual, ya no parecían una llama.
Molon también observaba a Eugene con ojos vacíos.
El universo de Eugene se expandió con la activación de la Ignición. Sin darse cuenta, Molon concentró su fuerza en la mano que sostenía su hacha. Mientras el universo se condensaba y alas de nebulosas se alzaban tras Eugene.
"Jajaja..." Molon rió mientras miraba el suelo debajo de él.
Podía ver las marcas de sus pies. Había rastros de su retroceso. Ahora notaba la considerable distancia que los separaba. ¿Cuándo fue la última vez que se había retirado instintivamente tras sentir semejante crisis?
Hubo un choque de tonos alienígenas. Un negro feroz lo devoraba todo mientras el carmesí corría como sangre por las venas. Eugene desenvainó su espada divina del pecho, una fusión de ambos colores.
"No usaré la Espada de Luz Lunar", dijo Eugene.
Un brillo resplandecía en sus ojos dorados mientras la divinidad y la intuición impregnaban sus pensamientos. Sostenía la Espada Divina de Agaroth. Aunque Eugene Lionheart era cada vez más venerado a medida que el Héroe y su poder divino crecían, aún era incapaz de blandir la Espada Divina repetidamente.
—Esa espada es peligrosa en muchos sentidos. Pero no te sientas menospreciado, Molon —continuó Eugene.
Sin embargo, el mero acto de sacar la Espada Divina amplificó la divinidad de Eugene.
"Esta es, sin duda, mi máxima fuerza", aseguró a Molon.
Había desatado Ignición y aumentado su potencia de fuego con Prominencia. Y ahora, había desenvainado la Espada Divina, un arma que apenas podía blandir más de unas pocas veces.
"Jajajaja." Molon rió a pesar de tener las palmas empapadas de sudor. "No tengo confianza", murmuró mientras frotaba el mango de su hacha.
Era la primera vez que veía la espada, pero podía sentir lo que era.
Era el símbolo mismo del Dios de la Guerra, el arma que había aniquilado a numerosos Reyes Demonios en una era pasada, ahora destruida. Era la espada que se había enfrentado al Rey Demonio de la Destrucción.
"¿Debería llamar a esto un honor?", preguntó Molon. Rió entre dientes mientras levantaba el hacha por encima de la cabeza.
¡Craaackkkk...!
El espacio alrededor de Molon se hinchó y se comprimió al instante. El área alrededor del hacha crujió y luego comenzó a ondularse. Pronto, delgadas fracturas se extendieron como telarañas.
"Es bueno que no estemos dentro de la barrera", pensó Molon.
No importaba cuán potente fuera la magia de Vermouth o cuán perfecta fuera la barrera, si dos poderes de una magnitud tan anormal chocaran, la barrera podría muy bien romperse.
O más bien, debería haber sido una preocupación acerca del propio mundo independiente.
Molon nunca había medido el alcance total de su poder. Con mera fuerza bruta, podía desestabilizar y desmoronar los ejes del espacio. Podía anular y destruir las leyes que se aplicaban naturalmente a este mundo con simple fuerza.
Nunca había tenido que emplear toda su fuerza para lograr tales hazañas. Simplemente ocurría cuando él lo deseaba.
"Además", dijo Molon.
Crack, crujido, craaackkk.
Sus venas se hinchaban visiblemente. Su cabello ondeaba como llamas. Bajó la postura, mostrando los dientes apretados. Luego dijo: «Es un acto necesario».
Si nunca antes había medido toda su fuerza, ahora era el momento de ejercerla. De enfrentarse, y si no lograba aspirar...
Esto es lo que quiero', afirmó Molon en su mente.
¡Kwoooong!
Molon dio un paso adelante.
Para ellos, en ese momento, la distancia no significaba nada. Con un solo paso al frente, Molon bajó su hacha.
Fue un golpe que resistió con todas sus fuerzas. Y no había preparado nada más. No necesitaba preocuparse por lo que vendría después, ya que su golpe estaba destinado a ser fatal. Si este golpe no era suficiente, solo podía significar una cosa.
"¿Es así?", pensó Eugene.
Observó cómo su Espada Divina, una mezcla de negro envolvente y rojo sangre, era envuelta por la luz del hachazo de Molon. La espada era maravillosa por sí misma. Sin embargo, no era la única. La espada estaba potenciada por las llamas de la Fórmula de la Llama Blanca, o mejor dicho, del universo.
Era enorme.
En ese fugaz instante, Molon se dio cuenta de su propia pequeñez. Nunca se había considerado pequeño. En su mundo, siempre había sido más grande que la mayoría: su estatura, su fuerza e incluso el hacha que empuñaba. Todo en Molon Ruhr era monumental.
Pero ahora no. Frente al universo invasor, se sentía claramente minúsculo. Curiosamente, o quizá cómicamente, esta revelación no le disgustó. No lo humilló.
Él estaba contento.
Tras presenciar tal grandeza, Molon pudo vislumbrar su siguiente paso. Su actual disminución, su derrota, le permitían aspirar a ser más grande y más fuerte en el futuro.
"Jajajaja." Molon rió con ganas antes de dejar el hacha a un lado.
No fue como la última vez. No se cortó, ni se le rompió el mango del hacha, y no sufrió ninguna lesión.
"He perdido, en efecto", admitió Molon.
Pero no pudo empujar más el hacha. La Espada Divina no había atravesado el arma de Molon ni su carne, pero había vencido su voluntad.
"¿Estás satisfecho?" preguntó Eugene.
Eugene dejó la Espada Divina mientras luchaba por recuperar el aliento. Con una sonrisa, Molon clavó su hacha en el suelo.
"Aprendí que no soy fuerte", dijo Molon.
"Eres fuerte", replicó Eugene.
—No soy más fuerte que tú, Hamel —admitió Molon.
Molon levantó las manos, vacías del hacha, y dijo: «Sabiendo que soy débil, no puedo conformarme con mi situación actual. No volveré a empuñar este hacha hasta que me haya superado a mí mismo».
La ignición cesó y la Prominencia se desvaneció. El universo vacilante se replegó en llamas negras y se dispersó. Eugene luchó contra el impulso de desplomarse mientras se concentraba en controlar su respiración.
"Me siento como si me estuviera muriendo con solo un momento de uso", pensó Eugene con tristeza.
Pensó que el retroceso había disminuido, pero parecía estar equivocado. ¿Se debía a que el poder que ejercía había aumentado aún más? Molon se mantuvo firme tras ceder. Pero a pesar de ser el vencedor, Eugene vacilaba. Le costaba mantener la expresión y la postura.
—Lo prometo... no, lo juro. —Molon se acercó a Eugene y le ofreció un apretón de manos—. Me volveré más fuerte que ahora.
"Por supuesto que deberías", respondió Eugene.
Logró esbozar una sonrisa y agarró la mano de Molon.
El agarre de retorno fue tan firme que tuvo que apretar los dientes para sofocar un grito de dolor.

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Maldito Renacer (Novela) Capítulo 516
Estás leyendo el capítulo 516 de Maldito Renacer (Novela), un novela. El guerrero Hamel se embarcó en una aventura con sus compañeros para derrotar a los Reyes Demonios, pero después de morir justo antes de la batalla final con los Reyes Demonios... "Waaah". _'¡Qué carajo!'_ Se reencarnó… Este capítulo tiene publicado el 27 de junio de 2026, Traducido por el grupo Segador. Maldito Renacer (Novela) tiene 677 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.