Leer Mago Supremo (Novela) Capítulo 96 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Tras la magia dimensional, llegó la hora de las clases de especialización. El curso del profesor Nalear se suspendió forzosamente. El número de estudiantes que requerían una segunda evaluación había superado con creces las expectativas; un día no había sido suficiente.
Phloria tuvo el resto de la mañana libre, mientras que Lith y los demás asistieron a la clase de Maestro Sanador. Una vez en el hospital de la academia, los estudiantes descubrieron que el profesor Vastor había organizado un pequeño refrigerio antes de comenzar oficialmente el nuevo trimestre.
La clase había bajado de treinta y cuatro a veintiocho estudiantes, y algunos de ellos apenas habían obtenido una C. Entre los que habían perdido a un amigo y los que estaban aterrorizados ante la idea de sufrir el mismo destino, muy pocos estaban de humor para celebrar.
Sin embargo, Vastor no parecía darse cuenta, y aunque se suponía que las boletas de calificaciones eran un secreto, no era difícil adivinar las calificaciones según cómo trataba a los diferentes estudiantes. Dedicó mucha atención a Quylla y Lith, despertando la envidia de muchos.
Aquellos a quienes, como el Profesor Rudd, les inspiraban prejuicios contra los linajes de los plebeyos, habrían dado lo que fuera por tener la oportunidad de darles una lección.
Sin embargo, eran muy conscientes de que, debido a las papeletas, lo mejor que podían hacer era ser degradados de magos fracasados a expulsados. Sin mencionar que, en lugar de ser reprendido, Vastor había recibido un premio por golpear a estudiantes indisciplinados durante el examen simulado.
Sigan esforzándose, queridos alumnos. Y recuerden lo que les dije al principio de nuestras clases. Después del segundo trimestre, la clase se reducirá a la mitad. Tendremos suerte si veinte de ustedes logran graduarse como sanadores.
Por la forma en que miraba a los estudiantes enojados, se dio cuenta de que le había cogido el gusto.
Durante la lección, el grupo de Lith finalmente tuvo la oportunidad de tomar la iniciativa en procedimientos delicados como la reconstrucción de miembros y órganos perdidos.
Anteriormente, los equipos de tres hombres, uno responsable de la regeneración y el otro de mantener estables los signos vitales del paciente, estaban compuestos por dos profesores y un solo estudiante.
Ahora el equilibrio había cambiado y sólo quedaba un profesor en cada equipo.
Cuando Quylla y Lith no estaban a cargo de uno de los equipos, el profesor Vastor siempre los ponía como segundos al mando, listos para hacerse cargo del procedimiento en caso de que algo saliera mal.
A Lith le tomó un poco de paciencia comprender todas las peculiaridades y riesgos de regenerar una extremidad perdida. El hechizo de nivel cuatro no se podía controlar simplemente bombeando maná sin pensar, o cualquiera podría haberlo hecho, incluso sin una especialización.
Todo el proceso giraba en torno a un delicado equilibrio entre los dos grupos de sanadores, con el paciente como eje central. El mago que dirigía la regeneración debía mantener el hechizo activo, mientras le daba tiempo al cuerpo del paciente para rejuvenecerse.
Con intervalos demasiado cortos entre pulsos de maná, se perdería gran parte de su efectividad, lo que alargaría y dificultaría el procedimiento. Además, sometería al paciente a un gran estrés, con el riesgo de que la nueva extremidad resultara defectuosa.
Era necesario dar tiempo al equipo de apoyo vital para que reintegrara la vitalidad perdida del paciente durante el proceso, sobrecargando su metabolismo lo menos posible. El segundo equipo actuaba como vía intravenosa de fuerza vital, pero la velocidad de goteo debía ajustarse manualmente según las circunstancias.
Si se acelera demasiado, se pierde energía, lo que solo da al paciente una sensación de euforia. Si se ralentiza demasiado, el drenaje masivo causado por la regeneración podría matarlo o incapacitarlo permanentemente.
Los equipos tuvieron que coordinarse entre sí, el primero enviando pulsos de maná lo suficientemente espaciados para permitir que la infusión de fuerza vital fuera efectiva, el segundo ajustando el flujo cuando fuera necesario, para evitar que el hechizo regenerativo fuera interrumpido por una pausa demasiado prolongada.
Lith y Quylla dominaron rápidamente ambos roles, recibiendo numerosos elogios del personal médico y treinta puntos del profesor Vastor. Eran los únicos que, a pesar de perder ocasionalmente el control del hechizo, lograban arreglar las cosas por sí solos, sin necesidad de que un profesor tomara el control.
En el caso de Lith, lo hizo a propósito. Gracias a la Vigorización, pudo tener plena conciencia del estado del paciente.
Lith podía entender con una mirada cuando era necesaria más fuerza vital o no, instruyendo al otro equipo a acelerar o disminuir la velocidad, y cronometrar los pulsos regenerativos para que el siguiente llegara solo cuando el anterior ya estuviera perdiendo efectividad.
Aún así, tuvo que cometer errores; lograr la perfección desde el primer día hubiera sido demasiado llamativo.
Incluso con la ayuda de la magia verdadera, la tarea le afectó gravemente tanto mental como físicamente. El estrés de manejar una vida humana suponía una enorme presión para todos; los pacientes eran personas reales y ya no eran muñecos de prueba.
Debido a la larga fase preoperatoria, los estudiantes se vieron obligados a pasar tiempo con ellos durante el semestre anterior para conversar y conocerlos personalmente. Era imposible considerar sus vidas solo como un número en su relación éxito/fracaso.
Y mientras Lith usaba Vigorización, los demás sólo podían confiar en su sensibilidad mágica, escuchando el pulso de los pacientes y vigilando su complexión y dolor.
Fue algo increíblemente difícil, Lith no tenía idea de cómo otros podían lograrlo.
Lo más aterrador era que, a pesar de todo, Quylla estaba a solo unos pasos de él. Incluso con magia falsa, absorbía como una esponja todas las ideas y sugerencias del profesor Vastor, logrando conectar con cada paciente.
Lith jamás habría sido capaz de hacer eso, al menos no tan rápido. Aprendió con la experiencia, poco a poco con cada procedimiento, usando la Vigorización como guía ante cualquier duda.
Cuanto más tiempo pasaban juntos, más consciente era él de que era solo cuestión de tiempo antes de que ella se revelara como un genio. Su núcleo de maná ya estaba a la par del de Lith.
- "Solo puedo felicitarme por haberla cuidado durante todo este tiempo. Si alguna vez surge la necesidad, puede convertirse en un recurso invaluable.
Si ella realmente es una sanadora de clase S, me liberará de todas las atenciones innecesarias, evitando que un simple talento de clase A como yo se sienta presionado.
Además, no es como si pudiera amenazar mi puesto. Con mis conocimientos de bioquímica, biología y anatomía, siempre seré el mejor en el campo teórico.
¿Quién hubiera imaginado que todos los seminarios de créditos extra para la universidad darían esos frutos?
Los demás estudiantes no sabían si reír o llorar ante su impotencia. La envidia y la vergüenza luchaban en sus corazones, como dos leones que se precipitan por un precipicio. Ganara quien ganara, el resultado sería el mismo.
Incluso Yurial y Friya sintieron un poco de celos al compararse con ellos. Pero sobre todo, estaban orgullosos y felices por sus amigos. Lith los había ayudado innumerables veces en el pasado, sin pedir nada a cambio.
Lo que había comenzado como una simple relación comercial, había evolucionado hasta convertirse en una amistad honesta.
En cuanto a Quylla, jamás podrían resentirla. Al principio, Yurial se había acercado a ella solo por curiosidad. La consideraba una mascota, alguien con talento que sería fácil de manipular debido a su ingenuidad infantil y su origen humilde.
Pero el crecimiento de Quylla como persona y maga lo había dejado atónito, lo que llevó a Yurial a abandonar sus prejuicios y aceptarla como igual. Ahora, tras tres meses juntos, se sentía profundamente avergonzado de su actitud inicial hacia ella y trataba de enmendar el error.
Friya, en cambio, prefería pensar en ella como la hermana pequeña que siempre había deseado. Quylla era honesta y tenía un gran corazón. Su amistad se había desarrollado de forma natural desde su primer encuentro, a pesar del constante acoso de los demás estudiantes.
Cuando el cuerpo de Quylla comenzó a cambiar debido al rápido crecimiento inducido por el tónico, Friya la ayudó a manejar su primer período, enseñándole todo sobre lo que significaba ser una mujer joven y dándole confianza.
Cuando Friya se topó con un obstáculo durante la especialización de Sanadora, Quylla se ofreció a ayudarla. Empezaron a estudiar juntas, y ante cualquier dificultad que Friya encontrara, Quylla siempre estuvo ahí para ella.
Nunca había hablado de sus clases particulares con nadie, ni siquiera para impresionar a Lith, por quien Friya sabía que estaba locamente enamorada. La humildad y la dulzura de Quylla la habían conmovido más allá de lo que las palabras podían expresar.
Friya había encontrado en una desconocida algo que incluso su propia familia siempre le había negado. Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por su hermanita adoptiva.
Quylla, por su parte, agradecía que la magia de nivel cuatro fuera tan difícil. Su trabajo como sanadora, con la presión constante de tener a otro ser humano en sus manos, era lo único que le permitía descansar a su corazón rebelde.
Cuando se conocieron, Yurial era como un príncipe azul de los cuentos de hadas que leía de niña. Era noble, poderoso, rico, guapo, inteligente y gentil. Casi demasiado bueno para ser verdad.
Lith, por otro lado, había sido más bien un señor demonio. Frío, aterrador, impetuoso, hablando con todos como si fueran hormigas, fulminándolos con la mirada con ojos muertos que estremecían el alma. Pero después de los dos primeros días, algo había cambiado.
Había notado lo indiferente que era Yurial, a veces incluso olvidando su existencia. Friya era quien realmente la cuidaba, mientras que Lith era... complicado.
Cuando comenzaron las primeras clases particulares de magia, había perdido casi toda su agudeza, volviéndose más comprensivo y servicial que el propio profesor Trasque. Era el único que no la miraba fijamente por la cantidad de comida que devoraba a diario.
Al contrario, incluso la animaba a comer más y la ayudaba a mantener una dieta equilibrada. Lith siempre se preocupaba por su seguridad, animándola a recoger una papeleta e incluso defendiéndola cuando aún tenía que conseguir la suya.
En los últimos meses, cada vez que los estudiantes intentaban chocar con ella casualmente, Lith intercambiaba su lugar con Quylla. Por muy grande que fuera el otro, Lith permanecía inmóvil como una montaña, mientras que el otro caía de bruces, haciendo muecas de dolor.
Un mes después de su primer encuentro, cuando ella tuvo su primer período, él fue quien notó su angustia, aliviando el dolor con uno de sus hechizos personales y llevándola con Friya para recibir ayuda.
Como sanador, él también debía saberlo todo al respecto, pero tuvo la sensibilidad de evitar avergonzarla y dejar que otra mujer la ayudara a enfrentar esa situación incómoda.
Fue después de ese momento que algo cambió en Quylla. Cada vez que lo veía, sentía mariposas en el estómago y se le secaba la boca. Cada vez que hablaban, necesitaba mucha fuerza de voluntad para no hablar rápido ni reírse de todo lo que decía.
Con el tiempo, se había vuelto más gentil y amable, ayudándolos siempre que podía durante las lecciones privadas, respondiendo todas sus preguntas y dándoles consejos.
Empezó a admirar su actitud fría hacia los desconocidos, sin importarle en absoluto lo que pensaran o dijeran, y solo con los ojos puestos en sus amigos. Lith pronto demostró ser una persona sabia para su edad, con muchos conocimientos y anécdotas sobre casi todo.
A veces, cuando caminaban juntos, sus manos se rozaban con naturalidad. En esos momentos, le costaba mucho resistir la necesidad de tomar su mano, de sentir su calor.
Otras veces, cuando estaba sola en su habitación, su mente se volvía loca con fantasías y delirios, haciéndola sentir acalorada y confusa en los lugares más extraños. Cuando Quylla le contó eso a Friya, le dijo que era perfectamente normal, aunque se sonrojó al escuchar la pregunta.
Cuando Friya le explicó lo que significaba, Quylla pensó que se moriría de vergüenza. Por suerte, solo estaban las dos, y sabía que podía confiar en su amiga.
Con el tiempo, había aprendido a controlar sus sentimientos, sobre todo porque le daba demasiado miedo hacer algo al respecto. Salvo que, con la profesora Nalear, Lith parecía no tener ningún interés en las chicas.
Quylla era consciente de que, aunque gracias al tónico medía un metro y medio, no era nada especial. Su figura aún estaba incompleta y era muy infantil. Carecía de las curvas de Friya y del carisma innato de Phloria.
Lo único que podía hacer era mantenerse fuerte y esperar que sus sentimientos se desvanecieran.

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Mago Supremo (Novela) Capítulo 96
Estás leyendo el capítulo 96 de Mago Supremo (Novela), un novela. Derek McCoy era un hombre que desde su juventud tuvo que enfrentarse a muchas adversidades. A menudo obligado a conformarse con sobrevivir en lugar de vivir, finalmente había encontrado su lugar en el mundo, hasta que… Este capítulo tiene publicado el 4 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Mago Supremo (Novela) tiene 4104 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.