Leer Mago Supremo (Novela) Capítulo 41 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Más tarde, ese día, cuando Solus regresó con la identidad del culpable, una muestra del veneno y el nuevo chisme divertido como premios, ella esperaba que Lith estuviera emocionado o al menos aliviado.
En cambio, estaba meditabundo, con la misma cara de enojo que tenía cuando se vio obligado a pasar tiempo de calidad con Trion.
¿Por qué estás tan triste? Ya lo hicimos, podemos sacarla cuando queramos. Sonríe un poco.
"Realmente sonreiría si lográramos encontrarla en el primer o quizás quinto intento.
A menos que las matemáticas se hayan convertido en una opinión la última vez que dormí, registrar trece habitaciones de dieciocho significa que has registrado a treinta y nueve personas, más de dos tercios de los miembros del personal.
En este punto, también podemos revisar a los cinco restantes para verificar si tiene cómplices. Sin mencionar que esta criada ni siquiera estaba en mi lista; la esposa psicópata me habría superado de no ser por tu nueva habilidad.
Lith comenzó a caminar de un lado a otro, mientras su mente analizaba las opciones que tenía a su disposición.
“Eres un auténtico aguafiestas, ¿sabes? “dijo Solus con pucheros.
Lo siento, hiciste un gran trabajo, pero ponte en mi lugar. Primero, nos llevó tanto tiempo encontrarla que estoy bastante seguro de que la Condesa ya se dio cuenta de que algo anda mal. El Conde y sus herederos han sido envenenados a diario, pero están perfectamente bien.
Es seguro asumir que pronto recurrirá a un enfoque más directo. Necesitamos actuar rápido, antes de que su peón huya de la escena.
En segundo lugar, y lo más importante, ¡este nuevo chisme que me trajiste es una pesadilla! Claro, es pura diversión, hasta que te das cuenta de que si el rumor llega a oídos de la Condesa, puede que incluso lo crea.
Y aunque no me importa ser un blanco, ¡no se puede decir lo mismo de mi madre! Debemos resolver esto rápido e intentar conseguir todas las pruebas posibles, para que quien esté a cargo del proceso de anulación se vea obligado a apresurarse.
Entonces, podré pedirle al Conde que traiga a mi familia aquí cuanto antes. Cuando esos idiotas parlanchines vean que soy la viva imagen de mi padre, ese estúpido rumor se desvanecerá. Solo entonces podré concentrarme de nuevo en proteger al Conde.
“Bueno, sí “dijo Solus encogiéndose de hombros”. Pero te olvidas del lado positivo. Si la Condesa se cree este rumor, se enfadará muchísimo. Y cuando se enfada, comete errores muy estúpidos. Siempre tan pesimista. Y hasta te atreves a preguntarte por qué te ves fatal en el espejo.
Desde que Solus empezó a seguir a los sospechosos, Lith tampoco se había quedado de brazos cruzados. Para aprovechar lo que ella encontrara, necesitaba una excusa plausible.
En momentos aleatorios durante el día, fingía ir a investigar por su cuenta, dejando a los tres nobles con los guardias, mientras que en realidad él siempre permanecía en las cercanías, listo para intervenir si surgiera la necesidad.
Además, le había pedido al Conde que le diera un recorrido por su biblioteca mágica, teniendo la oportunidad de tomar prestados algunos libros de nivel cuatro y guardarlos dentro de Soluspedia.
Incluso cuando estaban separados, Lith aún podía acceder a ambos almacenamientos dimensionales, solo le tomaría un poco de esfuerzo operarlos.
Esto le permitió ampliar aún más sus conocimientos sobre las posibilidades de la magia y le dio varias ideas nuevas.
Al día siguiente, después de que Solus identificara al menos a uno de los agentes de la Condesa, Lith comenzó a preparar los pasos finales para su nuevo plan, mientras Solus registraba las siete habitaciones restantes.
Resultó que se equivocaron de cálculo, ya que tanto el mayordomo como el jefe de cocina tenían sus habitaciones privadas, debido a su estatus y antigüedad. Su tarea se agilizó y facilitó al no tener que seguir a un objetivo durante todo un día.
Solus podría entrar y buscar pruebas en cuanto no hubiera moros en la costa. Por parte de Lith, las cosas eran un poco más complicadas. Primero, tenía que identificar el veneno de la muestra que Solus trajo. Era un líquido incoloro e inodoro.
Se puso una gotita en el dedo y otra en la lengua, sin tragarla. Sabía dulce y ácido a la vez.
¿Qué demonios? ¿Un veneno con sabor a pizza de piña? ¡Qué asco! Y yo que esperaba haber dejado esa porquería en la Tierra.
Mientras el estómago se le revolvía con esos horribles recuerdos, las zonas donde había esparcido el veneno se entumecieron. Al cabo de un rato, se enrojecieron e hincharon. Como respirar le costaba cada vez más, Lith neutralizó el veneno de inmediato, antes de buscarlo en los libros del Conde que guardaba en la Soluspedia.
Afortunadamente, en este mundo no deberían existir venenos sintéticos aparte de los mágicos. No debería ser difícil encontrar el adecuado.
Resultó ser un extracto de un tipo raro de fruta parecida a la mora, que solía crecer en pantanos. Las moras blancas, más conocidas como moras de la perdición, en su estado natural simplemente tenían un olor dulce y un sabor repugnante, pero su jugo, si se destilaba y condensaba adecuadamente, era altamente tóxico.
Los síntomas de baja dosis coincidían con la historia del Conde, al igual que los efectos que Lith había experimentado encajaban con la descripción de su forma concentrada.
En ese momento, la cuestión final residía en encontrar la manera de obtener una confesión completa sin destruir la buena imagen que el Conde Lark tenía de él. A Lith no se le escapó el disgusto que el Conde había mostrado ante la mención de las torturas.
A Lith no le interesaban las artes, pero por la forma en que el Conde lo había pintado, estaba claro que en su mente el joven mágico era valiente y justo, en lugar de un conspirador de sangre fría con una inclinación a infligir dolor.
Esto es una tontería. No solo tengo que salvarlo, sino que también tengo que hacerlo de una forma que le guste. Tener un buen hombre como apoyo es a la vez una bendición y una maldición. Necesito ser creativo.
Habiéndose quedado casi sin opciones, Lith necesitaba sacar libros que nunca pensó que pudieran serle de alguna utilidad, antes de ir a ver al Conde y explicarle el único plan lo suficientemente loco como para tener alguna posibilidad.
* * *
Unos días después, Lynna Crestwick estaba al límite de sus fuerzas. La condesa estaba harta de sus fracasos y le había dicho claramente que o se ponía manos a la obra o salía corriendo para salvar su vida.
¡Esa zorra desagradecida! Después de tantos años de servicio leal, siempre cubriéndose las espaldas, incluso ofreciéndose a deshacerse de su marido irresponsable, ¿así es como me lo paga? Ahora entiendo por qué la muy cabrona quiere deshacerse de ella.
Haré un último intento antes de salir de aquí. Estoy harto de estar entre la espada y la pared, siempre con las espaldas cubiertas. Si ni siquiera esto funciona, escaparé al imperio de las Gorgonas. Allí debería estar a salvo.
No tenía ni idea de qué podría haber salido mal. Antes de que lo despidieran, Genon le había dicho que el beso de la baya fatal era un veneno poderoso que incluso a él le costaría desintoxicar. ¿Podría el Conde tener una constitución inhumana a pesar de estar tan delgado?
Durante su turno en la cocina, esperó a que los platos quedaran desatendidos antes de añadir dos cucharadas de veneno al plato del Conde. Era imposible pasarlo por alto, pues hasta las servilletas tenían las iniciales bordadas.
Esa dosis sería suficiente para matar a una docena de hombres, pero estaba cansada de aumentar lentamente la cantidad, día tras día, esperando que algo sucediera.
Unas horas después, por fin lo logró. Tras tomar la sopa, el Conde empezó a tener dificultad para respirar; su lengua se hinchaba como una esponja.
Ni el supuesto mocoso mago ni Pontus, que en el ejército había sido médico de campaña, pudieron ayudarlo. ¡El bastardo finalmente estaba muerto!
Lynna, al igual que sus compañeros de trabajo, empezó a sollozar desconsoladamente. Pero mientras ellos lloraban, ella lloraba de alegría. Ahora estaba a salvo, y con la suma acordada con la condesa, por fin podría hacer realidad el sueño de su vida.
Ella ya no necesitaba trabajar duro para nadie más, era su turno de vivir en una hermosa casa, rodeada de sirvientes.
Por supuesto, primero tenía que esperar a que concluyera la investigación.
Jadon, el nuevo conde, impuso la ley marcial, prohibiendo a cualquiera salir de casa sin su permiso. Lynna no tenía nada que temer, pensó.
Tan pronto como condimentó el plato del difunto Conde, tiró el veneno restante y lavó cuidadosamente el frasco, antes de devolverlo a la despensa de la cocina.
Durante el resto del día, registraron todas las habitaciones y cada miembro del personal tuvo que someterse a un largo interrogatorio. Cuando finalmente la dejaron salir, estaba agotada; el estrés y las emociones la habían afectado gravemente.
Además, empezaba a darse cuenta de que había matado a un hombre, y además a uno bueno. Intentó tranquilizar su conciencia pensando en su futura riqueza y felicidad, pero en cambio terminó reconsiderando todo lo que había hecho hasta entonces.
¿Y si esa zorra rompe su palabra? Al fin y al cabo, no puedo exponer su crimen. Peor aún, ¿y si mi recompensa resulta ser una puñalada por la espalda o una bebida envenenada? Ya no me necesita, solo soy un cabo suelto.
Dios mío, ¿qué he hecho? ¿De verdad he matado a un bufón inofensivo solo por un montón de oro? Las palabras “montón” y “oro” aún la tranquilizaban, así que decidió irse a la cama y olvidarse de toda esa historia.
"Lo hecho, hecho está. Todo el remordimiento del mundo no puede traer de vuelta al Conde. Que los dioses lo descansen."
El problema era que sus compañeras de piso no paraban de hablar de lo ocurrido, era la primera vez en años que ocurría un asesinato entre esas paredes.
Después de algunos gritos y discusiones, logró convencerlos de cerrar las cortinas y apagar la lámpara de aceite.
Lynna apenas había cerrado los ojos cuando el pomo de la puerta empezó a girar y traquetear, ¡alguien estaba intentando entrar!
Tan pronto como se encendió de nuevo la luz el ruido cesó.
"¿Qué fue eso?" "¡Debe ser otra de las travesuras estúpidas de Syka! ¡Es una imbécil!"
"¿Y cómo podría hacerlo si todas nuestras habitaciones están cerradas desde afuera? Ley marcial, ¿recuerdas?", señaló Lynna.
Cuando aún intentaban encontrar una explicación, de repente la habitación se volvió tan fría que podían ver sus respiraciones condensándose, la ventana de su habitación se empañó por completo.
Una de sus compañeras de piso se asustó muchísimo, golpeó la puerta y pidió ayuda, pero nadie respondió. Solo pudieron ponerse la ropa más gruesa y cubrirse con las mantas.
Entonces, la lámpara de aceite se apagó. Por mucho que lo intentaron, fue imposible volver a encenderla. El pánico se apoderó de ellos cuando la perilla volvió a vibrar, aún más fuerte que antes, mientras sus camas se sacudían como durante un terremoto.
“¡Es como en los cuentos que me contaba mi abuela cuando era pequeña! “gritó una de las criadas.
¡Un espíritu vengativo está intentando entrar!
¡Crece, Seria! ¡Los fantasmas no existen! Lynna era una mujer de acción; jamás creyó en los cuentos populares. Levantó la mesita de noche para romper con ella la ventana que se negaba a abrirse al verlo.
El difunto conde Trequill Lark estaba frente a ella, a pesar de que su habitación estaba en el primer piso. Su figura era de un blanco pálido, brillando en una luz tenue como una luciérnaga.
Sus ojos estaban completamente blancos, sin pupilas, y derramaban lágrimas de sangre. Pequeñas llamas azules brotaban de su cabello blanco como la nieve, danzando a su alrededor mientras emitía gritos de dolor.
Sus miradas estaban fijas, Lynna no podía apartar la mirada, todo su cuerpo estaba rígido y la mesita de noche aún levantada.
"¿Cómo pudiste hacerme esto?" La voz del Conde sonaba distorsionada y distante, apenas un susurro, pero pudieron oírla claramente como un grito.
Gritando de terror, las tres mujeres corrieron hacia la puerta, intentando abrirla y pidiendo ayuda. Cuando miraron hacia atrás, el Conde ya flotaba dentro, a pesar de que la ventana seguía cerrada.
Cuando extendió su mano, sintieron una sacudida que les recorrió la espalda, cayendo en un frío olvido.

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Estás leyendo el capítulo 41 de Mago Supremo (Novela), un novela. Derek McCoy era un hombre que desde su juventud tuvo que enfrentarse a muchas adversidades. A menudo obligado a conformarse con sobrevivir en lugar de vivir, finalmente había encontrado su lugar en el mundo, hasta que… Este capítulo tiene publicado el 25 de junio de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Mago Supremo (Novela) tiene 4064 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.