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Leer Mago Supremo (Novela) Capítulo 3872 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El tiempo que sus asociados dedicaron a reunir los recursos que el Viajero necesitaba para aplicar su investigación a sí mismo. Quienes estaban al servicio de Raum conocían bien su trabajo y lo desempeñaban con destreza. Tras recopilar los historiales clínicos de los pacientes, no se apresuraban a seleccionar a los sujetos de prueba. Los agentes de Raum seguían a sus objetivos desde la distancia y esperaban el momento oportuno. Cuando se alejaban de la multitud, un simple hechizo de silencio, seguido de magia oscura, bastaba para eliminar a un número limitado de testigos. Así fue como Aryk de Dekari pasó de orinar en su rincón seguro del callejón de Vemena a estar tendido en un tembloroso suelo de madera con un fuerte dolor de cabeza. Cuando abrió los ojos por primera vez, pensó que solo había sido una pesadilla. Todo estaba oscuro y no recordaba nada coherente después de haber ido a hacer sus necesidades. «No debería comer tanto en el día del pastel de carne», murmuró para sí mismo. «La comida está rica, pero una vez que llega a mi estómago...» La primera señal de que no estaba soñando ni en su escondite fue la fría sensación del metal en sus pies y las manos atadas a su espalda. Cualquier esperanza de que se tratara solo de parálisis del sueño se desvaneció cuando las ataduras le cortaron la piel. ¿Esposas de metal? El miedo lo despertó por completo, haciendo más evidente el dolor punzante en su cabeza. «Los raritos de los barrios bajos usan cuerdas. Solo las pandillas y la policía pueden permitirse el metal. Algún pervertido rico debe haberlos contratado para...» La segunda pista fue el olor. Aryk no estaba solo en el vagón sellado, y ninguno de sus ocupantes se había bañado en meses. Algunos incluso se habían ensuciado durante el secuestro, lo que hacía que el hedor fuera tan penetrante que le empañaba los ojos a Aryk. «Los pervertidos no secuestran gente en masa, pero no pasa nada. Todavía tengo mi arma secreta». Movió las manos lenta y cuidadosamente para alcanzar el afilado trozo de cristal que guardaba en su zapato derecho, envuelto con esmero en el trapo más grueso que pudo encontrar. «Estoy jodido». El trapo con el trozo de cristal había desaparecido, al igual que el clavo largo que tenía clavado en la manga derecha. Aryk intentó hablar, con la esperanza de que alguien entre los prisioneros hubiera visto u oído lo suficiente como para comprender lo que les iba a suceder. No le salió ni una palabra. En el espacio cerrado del vagón reinaba el silencio. De no ser por las vibraciones que recorrían la madera, el joven no se habría dado cuenta de que se movían. Aryk gritó con todas sus fuerzas, pero una vez más, la voz le falló. Pateó y golpeó el suelo para armar un alboroto y alertar a cualquiera que estuviera cerca del carruaje, pero solo obtuvo dolor como recompensa. Las cadenas no tintinearon y los golpes no produjeron ningún sonido. Aryk gritó, pataleó y golpeó sus esposas contra la madera hasta que le sangraron las muñecas, pero el carruaje permaneció en silencio. Comenzó a llorar de desesperación, sintiendo cómo la oscuridad a su alrededor lo oprimía como si estuviera enterrado vivo en un ataúd gigante. No importaba cuántas personas estuvieran atrapadas con él, era como si estuviera solo. Los prisioneros no podían hablar ni comunicarse de ninguna manera. El hedor era la única prueba de que había alguien con Aryk, y para cuando terminó de llorar, ya se había acostumbrado al olor. Para colmo, era imposible medir el paso del tiempo en el vagón. El silencio y el miedo se convirtieron en segundos, y los minutos en horas. El carruaje se detenía de vez en cuando, y cuando eso sucedía, Aryk contenía la respiración y esperaba a que se abriera una puerta. Cuando el carruaje reanudó la marcha, Aryk suspiró aliviado, pero unos segundos después se puso tenso. Tenía sed y hambre, y la idea de morir de inanición en el silencio maloliente del carruaje le aterraba más que cualquier cosa que pudiera esperarle en su destino. Aryk tenía tanta sed y estaba tan exhausto que perdía y recuperaba la consciencia muchas veces durante sus viajes, despertando sin tener idea de cuánto tiempo había pasado desde que se había quedado dormido. "Fuera." Una voz distante despertó a Aryk de uno de esos letargos, y cuando el joven giró la cabeza para mirar a su captor, una luz blanca lo cegó. Unas manos rudas alzaron a Aryk, lo colocaron sobre un hombro como si no pesara nada y se lo llevaron. El joven pronto recuperó la vista lo suficiente como para darse cuenta de que incluso los hombres y mujeres adultos eran transportados de la misma manera. Aryk abrió la boca para hablar. Para implorar clemencia y un poco de agua, pero su voz permaneció sellada. Luego, luchó por liberarse, mordiendo y pateando a su captor con todas las fuerzas que pudo reunir a pesar de su incómoda posición. Si el hombre notó los intentos de Aryk por lastimarlo, no dio ninguna señal de ello. Su agarre era de acero y sus pasos pesados, como si cargara un peso muerto. "Adelante." Un estruendo metálico a lo lejos alertó al joven de que se abría la puerta de una celda. Antes de que pudiera comprender lo que estaba sucediendo, el hombre le quitó las cadenas a Aryk y lo arrojó por los aires. Aryk gritó, y esta vez su voz salió, y fue ensordecedora. El sonido lo tomó por sorpresa; tras el prolongado silencio, fue tan doloroso que lo dejó mudo a pesar del miedo al aterrizaje. Un aterrizaje tan suave y delicado como una pluma. —¿Qué? —dijo Aryk, y enseguida se tapó los oídos con las manos, molesto por su propia voz. Observó con incredulidad cómo el suelo se acercaba lentamente, sintiéndose tan ligero que habría intentado nadar si hubiera sabido cómo. Al llegar al suave heno que cubría el suelo, Aryk recuperó la compostura y contempló su nuevo hogar. Era una gran habitación de piedra, de unos cuatro metros de ancho y diez metros de largo. La única entrada y salida era la puerta metálica por la que había entrado sin miramientos. La luz provenía de una esfera brillante incrustada en el techo, y al igual que en el vagón, no estaba solo. Hombres, mujeres y niños, de entre treinta y diez años, se sentaban lo más lejos posible de sus compañeros de celda. No había niños pequeños ni ancianos. Algunos prisioneros habían perdido un brazo o una pierna, pero por lo demás parecían gozar de buena salud. Todos estaban aterrorizados y no se fiaban de nadie, temían que les volvieran a golpear en la cabeza en cuanto se dieran la vuelta. Cada recién llegado gritaba igual que Aryk, pero los sonidos se volvieron menos estridentes a medida que se acostumbraba a oír de nuevo. Cuando arrojaron a la última persona a la celda, Aryk contó diecinueve desconocidos, para un total de veinte prisioneros. Todos se mantenían pegados a la pared, temerosos tanto de sus compañeros de prisión como de sus guardias. "Manos contra la pared", dijo un hombre de aproximadamente 1,65 metros (5'5") de altura, con fríos ojos marrones y una barba bien cuidada. Nadie se opuso a la orden, pero tampoco nadie la acató, demasiado temerosos de ofrecer sus espaldas. —Dije: «Manos contra la pared». —Repitió el hombre—. Tienes tres segundos. El hombre contó en voz alta, y cuando llegó a la marca de tres, extendió la mano con los dedos abiertos.
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Mago Supremo (Novela) Capítulo 3872

Estás leyendo el capítulo 3872 de Mago Supremo (Novela), un novela. Derek McCoy era un hombre que desde su juventud tuvo que enfrentarse a muchas adversidades. A menudo obligado a conformarse con sobrevivir en lugar de vivir, finalmente había encontrado su lugar en el mundo, hasta que… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Mago Supremo (Novela) tiene 4064 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.