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Leer La voluntad de sobrevivir de un villano (Novela) Capítulo 26 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Dos horas antes, a las siete de la tarde, Sylvia había dado un paseo en coche, llevando un cuaderno, flores y un bolígrafo. Estaba de mal humor. Se sentó tranquilamente en el asiento trasero, refunfuñando para sí misma en silencio. ¿Cómo podía asignar tantas tareas tan a la ligera? Aunque venía con una nota que decía que completar dos de tres es aceptable y no requiere un alto nivel de competencia, seguía siendo poco razonable, incluso para un curso de cinco créditos-. "Hemos llegado", dijo el conductor. Perdida en sus pensamientos sobre las tareas, Sylvia sólo se dio cuenta de que habían llegado cuando el coche se detuvo. Se bajó en silencio, sintiendo el aire fresco del atardecer. El sol poniente proyectaba un tono rosado sobre el horizonte, complementando a la perfección la serena atmósfera. Sylvia caminaba con las flores en una mano. Sus pulcros zapatos chasqueaban en el sendero hasta que llegó a una lápida adornada con flores. Cielia de Elemin Iliade Amada esposa del orgulloso mago Glitheon, y madre de la querida hija Sylvia. Allí descansaba su madre, que había querido ser enterrada en su ciudad natal. Sylvia se había trasladado a la capital para estar cerca de ella. "Estoy aquí, mamá", dijo Sylvia, arrodillándose para colocar las flores. "Mi hermano ha hecho hoy un examen de aptitud". Su padre se había vuelto a casar hacía cinco años, y ahora ella tenía un hermano menor que ya tenía cuatro años. "No tiene talento para la magia. Parece una patata. Una patata entera. A lo mejor es que está poco desarrollado, o tal vez nació falto de algo", murmuró Sylvia en voz baja. El profesor Deculein es horrible. Actúa como si su clase fuera la única a la que voy". No recordaba la voz de su madre y la tristeza se había desvanecido. Sin embargo, una vez al mes, durante estas visitas irregulares, Sylvia se encontraba hablando. Hoy eran las abrumadoras tareas de Deculein las que la traían aquí, pero fuera cual fuera el motivo, compartir sus pensamientos en la tumba siempre le alegraba el corazón. "... Ahora me voy. Cuídate", dijo Sylvia, poniéndose en pie y dándose la vuelta sin vacilar cuando empezaron a dolerle las rodillas. Cuando estaba a punto de salir del cementerio, se fijó en alguien que antes había empeorado su humor, alguien a quien no esperaba ver en aquel lugar: Deculein. Se quedó en silencio, mirando una lápida. Cerca, un hermoso caballero de pelo blanco y armadura ligera le observaba desde la distancia. Parecía que no habían venido juntos; la mujer vigilaba la espalda de Deculein, pasando desapercibida para él. Deculein se quedó mirando la lápida, contemplando en silencio el nombre grabado en ella y los recuerdos que guardaba. Tras un largo rato, se arrodilló y tocó suavemente la lápida, con los ojos vacíos bajo el reflejo de la luz de la luna. Empezaron a brotar lágrimas. Sylvia, sorprendida por esta rara muestra de emoción, pisó accidentalmente una hoja, revelando su presencia con un suave crujido. Deculein, sobresaltado por el ruido, se levantó bruscamente y la miró con los ojos enrojecidos y llenos de lágrimas. "... Tú." "No intentaba espiar", respondió Sylvia con calma, como de costumbre. Instintivamente miró hacia el lugar donde había estado el caballero, pero la mujer ya se había ido. Deculein siguió su mirada y preguntó: "¿Había alguien más?". "No", respondió Sylvia, negando con la cabeza. No le gustaba revelar secretos. Deculein cerró los ojos y respiró hondo. Sylvia temía que la regañara, pero en lugar de eso, parecía agradecido. Sus emociones se habían agitado y la interrupción le había ayudado a escapar de la abrumadora avalancha. No había previsto verse tan completamente superado por sus sentimientos. "Está bien. Volvamos", dijo Deculein, dándose la vuelta y caminando en dirección contraria a la entrada. Sylvia dudó, pero le siguió. "Por favor, no me castigues", dijo Sylvia nerviosa, sin recibir respuesta. Deculein continuó caminando, adentrándolos más en el cementerio, lo que hizo que Sylvia se sintiera cada vez más incómoda. "No le contaré a nadie lo que he visto hoy", promete, aún en silencio. ¿Debería huir ahora? ¿Y si me castiga más tarde? ¿Podría utilizar este incidente personal como excusa para disciplinarme? pensó Silvia, con la mente a mil por hora. "Sylvia", habló por fin Deculein, deteniéndose mientras miraba a su alrededor, al suelo y al cielo. "¿Sí?" "... ¿Dónde estamos?", preguntó, con la voz teñida de confusión. Sylvia parpadeó, dándose cuenta de su desorientación y, probablemente, de la vergüenza que le producía que le vieran llorando. "La salida está en la dirección opuesta." "... Ya veo. Muéstrame el camino." Se dieron la vuelta para marcharse, pero no pudieron dar un solo paso. Una figura encapuchada, que no había estado allí momentos antes, bloqueaba ahora el estrecho camino forestal que salía del cementerio. El desconocido, claramente amenazador, les obstruía el paso. "¿Quién es usted?" preguntó Deculein, mirándole con ojos cansados. La figura no respondió. Deculein utilizó una ráfaga de viento para revelar el rostro del hombre. Cuando sus rasgos quedaron al descubierto, Sylvia se puso tensa. El pelo largo, la cicatriz cerca del ojo, la mirada depredadora y la mandíbula afilada coincidían con la descripción de los carteles de búsqueda. Era Lokhak, el infame asesino de magos. "Sylvia". "¿Sí?" Deculein observó a Lokhak a través de su atributo Destino de Villano, percatándose de la ominosa aura roja que lo rodeaba, indicativa de su intención asesina. "Deberías huir. Aunque vuelvas por donde vinimos, puedes encontrar una salida", dijo Deculein, dando un paso adelante y colocando a Sylvia detrás de él. Preguntó en voz baja: "¿De verdad?". "Sí. No puedes enfrentarte a él". Deculein sabía que un mago corriente no tendría ninguna oportunidad contra Lokhak. Su atributo único, Anulación Mágica, era devastador en cualquier situación. Inutilizaba toda la magia a su alrededor, e incluso neutralizaba los hechizos lanzados desde fuera de su alcance. El precio de este poder abrumador era la pérdida de su propio maná. "Sylvia, vete ahora." Sylvia no respondió y Deculein enarcó una ceja, frustrado. "Deja de ser terco y vete". Pero no hubo respuesta. Deculein apretó los dientes. "Sylvia, sólo serías un estorbo. No hagas ninguna tontería..." Se volvió para gritar, pero se detuvo al darse cuenta de que Sylvia ya se había marchado, corriendo con sus dinámicos tacones y perdiendo rápidamente el sonido de sus pasos. Desde luego, eso era mejor que su holgazanería y su estorbo. Deculein soltó una carcajada amarga y se volvió hacia Lokhak, que no tenía intención de dejar escapar a Sylvia. Lokhak sostenía una daga, un arma ominosa de calidad Rara. Deculein, que seguía de pie, se puso tranquilamente los guantes, se ajustó el cuello y se alisó el traje. "... No puedes usar la magia contra mí", se mofó Lokhak. "Puedo manejaros sin magia", dijo Deculein, con tono frío. La sien de Lokhak se crispó. Torció la boca en una mueca de desprecio, y luego cargó, manteniendo la daga baja detrás de él. Deculein permaneció inmóvil, como invitando a Lokhak a acercarse, sin mostrar signos de defensa o preparación. Lokhak pensó: "Los magos son siempre tan arrogantes y altivos. Confían en sus trucos mágicos, olvidando su propia fragilidad. Se engañan a sí mismos pensando que son superiores y clasifican a la gente en jerarquías. Cuando se dan cuenta de que su magia es inútil en mi presencia, se desesperan, pierden la confianza y el orgullo, lloran y suplican por sus vidas. Este maldito profesor no es diferente. De hecho, es la personificación de un mago. Su miserable vida, tan predecible como la puesta de sol y la salida de la luna, merece acabar. Confiado en su ventaja, Lokhak blandió su daga contra Deculein. Para su sorpresa, una fuerza invisible le lanzó hacia atrás, haciéndole rodar por el suelo. Se levantó y miró a Deculein, que no se había movido ni un milímetro. Tosiendo sangre, Lokhak se limpió la boca y se mofó: "Así que escondías un arma en el bolsillo". Lokhak se abalanzó de nuevo, amagando con su daga para probar las defensas de Deculein. Deculein le propinó una patada en la nariz que le hizo retroceder. "... Lokhak", dijo Deculein, su voz inquietantemente calmada y su mirada fría. "¿Cuánto te duele?" Realmente quería entenderlo. La calidad del maná iba más allá de los hechizos y afectaba también a los atributos humanos. Su atributo único, Iron Man, probablemente aumentaba su eficacia física y su poder destructivo incluso sin magia. Por lo tanto, simplemente sentía curiosidad. "No me hagas pedírtelo dos veces". Lokhak, tapándose la nariz sangrante, miró fijamente a Deculein. "¿Cuánto duele?" Deculein lo miró desde lejos con una mirada altiva y desdeñosa que hizo que Lokhak hirviera de rabia. "Contéstame". En lugar de responder, Lokhak se dio la vuelta y echó a correr. De repente, fue levantado del suelo y se golpeó la cabeza contra el suelo con un sonoro golpe. Aturdido, miró a los fríos ojos azules de Deculein, que se cernía sobre él como un demonio. "Contéstame, ahora mismo". Lokhak se levantó de su posición, una daga brotó de la suela de su zapato y apuntó al cuello de Deculein. Deculein retrocedió sin esfuerzo, moviéndose con la gracia de un vals. Lokhak se puso en pie tambaleándose, concediendo a regañadientes: "... Lo admito". Lokhak admitió que Deculein no se parecía a ningún otro mago al que se hubiera enfrentado. Era fuerte. Sin embargo, Lokhak sabía que aún tenía una forma de matarlo. En su dominio, no podía manifestarse la magia, un principio que no se explicaba fácilmente por la magia, sino que estaba impulsado por el odio puro. Dentro de este reino, Lokhak era el único que tenía la ventaja de dar ese paso crítico adicional. Lokhak miró fijamente a Deculein. Aunque la postura de Deculein parecía llena de debilidades, Lokhak sabía por experiencia que era una trampa. A una trampa había que responder con otra trampa. Lokhak cargó de nuevo, acortando rápidamente la distancia. Mientras Lokhak se agachaba, Deculein empujó su puño hacia delante. Esta vez, Lokhak lo entendió claramente: no era un arma contundente, sino un puño. En ese momento, las piernas de Lokhak volvieron a moverse. Fue sólo un paso, pero bastó para marcar la diferencia entre la vida y la muerte. El inconfundible sonido de la daga rebanando la carne hizo sonreír a Lokhak, seguro de su victoria. Sin embargo, su sonrisa se desvaneció rápidamente cuando Deculein, con la daga incrustada en el costado, le miró con calma. "Interesante jugada", musitó Deculein, aparentemente calculando algo. Lokhak retorció la daga, provocando un breve parpadeo de dolor en el rostro de Deculein, que éste suprimió rápidamente. "Si esto es todo lo que tienes, puedo soportarlo", dijo Deculein mientras golpeaba la frente de Lokhak con el codo y le asestaba un fuerte puñetazo en la mandíbula, haciéndole caer. Sonó como el crujido de una sandía aplastada por un puño desnudo. Deculein se acercó al tendido Lokhak, dando un paso deliberado, y le dijo: "Lokhak, déjame preguntarte una última vez. ¿Cuánto cuesta...?" Lokhak, escupiendo sangre, gruñó: "... Loco bastardo, es como ser golpeado por un mazo. ¡¿Ahora estás satisfecho?!" Deculein asintió, con la mirada fija en Lokhak, y preguntó: "Una pregunta más. ¿Por qué mataste magos?" La furia de Lokhak se encendió y exclamó: "¡Los magos están malditos! ¡Traidores a Dios! La Isla Flotante, Berhert, la Torre de los Magos... todos están corrompidos. Sin su magia, no son más que gusanos patéticos, asesinos enloquecidos que se deleitan con la matanza. ¡Pero tú...!" Deculein escuchó en silencio mientras Lokhak luchaba por moverse, dándose cuenta de que estaba paralizado del cuello para abajo. "¿Qué clase de jodido monstruo eres..." murmuró Lokhak. Deculein consideró la posibilidad de matar a Lokhak, pero finalmente decidió no hacerlo. La intención asesina de Lokhak se había desvanecido, lo que facilitaba la superación del Destino del Villano. Y lo que es más importante, las palabras de Lokhak habían revelado algo importante a Deculein. "Ya veo, eres uno de los Scarletborn." Los ojos de Lokhak se abrieron de golpe y preguntó: "¿La familia Yukline aún recuerda al Scarletborn?". "Al menos yo sí". Los Scarletborn, nacidos en un amnios rojo sangre y de los que se rumoreaba que poseían sangre demoníaca, eran enemigos naturales de los magos. Su persecución desempeñó un papel importante en la historia del continente. La magia se creó originalmente para combatir a los demonios, lo que solidificó aún más la enemistad entre los magos y los Scarletborn. Este intenso conflicto fue un tema central en la historia del juego. "Comprendo tu sufrimiento y los años de opresión que has soportado". Los Scarletborn, que vivían ocultos, temían las represalias mágicas, un temor que se intensificó con los cambios políticos. Si el Emperador cambia en un futuro próximo, podría desencadenarse una masacre a gran escala, impulsada por la creencia de que los Scarletborn son semejantes a demonios. En realidad, esta limpieza ya se estaba llevando a cabo en silencio y en secreto. "Sin embargo, matar magos inocentes no te hace mejor que un monstruo." "... Mátame", espetó Lokhak, con resignación en la voz. "Matar a alguien como tú sólo me traería deshonor". Justo entonces, el sonido de los refuerzos que se acercaban se hizo más fuerte. Sylvia había conseguido encontrar ayuda. "¡Basta de hablar! ¡Sólo mátame!" Lokhak gritó. Sin embargo, Deculein negó con la cabeza y respondió: "Sé que los Scarletborn no son culpables". "... ¡¿Qué podría saber un mago como tú?!" dijo Lokhak, y su rabia se transformó en desesperación al darse cuenta de lo desesperado de su situación. "Soy Deculein, de la familia Yukline", dijo Deculein, mientras se alisaba las mangas desarregladas, se apretaba la corbata floja, se ajustaba el cuello y se alisaba la camisa y la chaqueta. "Heredero de la magia antigua y cazador de demonios". "Lokhak", continuó Deculein, su voz fría como un viento helado. "¿He perdido mi dignidad luchando contra ti? ¿He flaqueado ante tus provocaciones?". Lokhak, tendido en el suelo, miró a Deculein. Al ver su inquebrantable compostura, la ira de Lokhak dio paso a una profunda e inexplicable tristeza. "Puedes confiar en mí", dijo Deculein. "No sois demonios. Sois humanos". En la mente de Lokhak resonaba una sola palabra: noble. La auténtica nobleza de Deculein contrastaba con la falsa nobleza con la que Lokhak se había topado antes. La ira de Lokhak se desvaneció, dejando un vacío lleno de tristeza. Molesta por este sentimiento inoportuno, Deculein pateó la frente de Lokhak, dejándolo inconsciente justo cuando llegaba la policía. )
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La voluntad de sobrevivir de un villano (Novela) Capítulo 26

Estás leyendo el capítulo 26 de La voluntad de sobrevivir de un villano (Novela), un novela. El jefe intermedio del juego de clase AAA producido por la empresa. El villano que muere 999 de cada 1.000 veces. Deculein. Esa persona, era yo ahora. «Vas a morir en casi todas las rutas». Deculein, como todos los… Este capítulo tiene publicado el 5 de junio de 2025, Traducido por el grupo Crowli. La voluntad de sobrevivir de un villano (Novela) tiene 383 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.