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Leer La Verdad Del Universo (Novela) Capítulo 5 online gratis en español

Sede CAS, Sexto piso Clanc. El sonido de la puerta abriéndose resonó minutos después y Frey salió de la habitación. Su expresión seguía siendo fría y tranquila, pero algo había cambiado. Una ligera tensión se había instalado en sus ojos. Caminó de vuelta hacia el ascensor. La puerta detrás de él se cerró silenciosamente. Bip. Bip. Frey se detuvo. Sacó su comunicador. La referencia que aparecía en la pantalla era: AC A1. Tiny… Una pequeña sonrisa apareció en su rostro antes de responder. —¿Qué ocurre, Tiny? —…Es que ya estuve vigilando al… objetivo un rato en la sede, pero como ya está adentro me es muy difícil seguirla sin ser detectado. Además… Frey suspiró—¿Además? ¿Qué? ¿Ahora qué hiciste? ¿Te volviste a caer de un techo acaso? —… Frey parpadeó—¿Es en serio, Tiny? Agh… ya olvídalo. Con que no le hayas caído a alguien encima, todo está bien. —… —…¿Tiny? —A ver, no le caí a nadie encima, pero… —¿Pero? —cuestionó Frey —N-no, nada. No tiene importancia. Ya me encargué de todo eso. Te llamaba por otra cosa… Frey volvió a suspirar—Entonces, ¿para qué me llamaste? —Es que es una conocida mía. Yo ya la había recomendado en el área de reclutamiento… así que me reconocería si me viera directamente. —…¿Y por qué no me dijiste nada desde el principio?—permaneció en silencio antes de responder. —Porque… o sea, sí te llamé, pero no respondiste… —Está bien, está bien. No tienes por qué preocuparte, Tiny. Ya puedes volver a tu casa. Sé que has estado trabajando desde anoche y estarás cansado. Tiny permaneció en silencio. —Yo me encargo de ella. —…Ah. —¿Qué? —Nada. Está bien. Gracias, Frey. Supongo que nos vemos mañana. —Sí. Hasta luego, Tiny. Descansa. Bip. Frey permaneció quieto un momento. Después levantó lentamente la mirada. —…Solo uno más.—murmuró. … Sede CAS, Segundo piso. Veinte minutos antes. Las puertas del ascensor se abrieron. Tokio salió lentamente. El segundo piso era bastante diferente a la recepción. Había personas caminando constantemente por los pasillos. Algunos llevaban documentos, otros hablaban entre ellos y varios entraban y salían de oficinas. Por un momento, Tokio simplemente se quedó observando. Bueno… definitivamente esto parece una empresa normal. Comenzó a caminar y entonces lo vio. Un hombre con un uniforme negro se encontraba al fondo del pasillo. Ella se detuvo. Por un instante sus miradas parecieron encontrarse, y entonces… Desapareció. Tokio parpadeó y volvió a mirar. El pasillo estaba vacío. —¿Eh? —Se quedó quieta. Miró hacia ambos lados. Nada. ¿Qué…? Una persona pasó junto a ella y Tokio automáticamente se hizo a un lado—Ah, disculp… Sus ojos parecieron nublarse. Parpadeó nuevamente unos momentos después volviendo en sí. Espera… ¿qué estaba haciendo? Miró alrededor. El área de reclutamiento. Cierto… Suspiró. Definitivamente necesito dormir mejor. —Disculpe.—preguntó a un humano que pasaba por allí. El hombre mayor se detuvo. —¿Sí? —¿Sabe dónde está el área de reclutamiento? El trabajador señaló hacia uno de los pasillos. —Sigue derecho, gira dos veces a la izquierda y una a la derecha, al fondo lo encontrarás. —Muchas gracias. —De nada. Tokio comenzó a caminar. Cinco minutos después… Este lugar es un maldito laberinto. Había pasado por demasiados pasillos, demasiadas puertas, demasiadas oficinas. Finalmente llegó frente a una puerta. Observó la pequeña placa. Reclutamiento. —Por fin. Abrió la puerta y se detuvo. El lugar era una oficina normal. Demasiado normal. Había escritorios, algunos archivadores y varias sillas. Frunció ligeramente el ceño. ¿Eso es todo? Entonces… Pa. Pa. Dos sonidos se escucharon desde el fondo de la habitación. Tokio dio un pequeño salto—¡¿Qué rayos!? —¡Mierda! —una voz respondió desde algún lugar. Tokio caminó lentamente hacia el origen del sonido. Al escritorio del fondo. Detrás de él se encontraba un joven demonio. Su piel era rojiza y sus orejas puntiagudas sobresalían ligeramente entre su cabello. Estaba completamente concentrado en su teléfono y en la pantalla aparecía un videojuego. Tokio lo reconoció inmediatamente. Sus ojos se iluminaron—¿Estás jugando a Guerras de Ceniza? Él joven respondió sin levantar la mirada. —Sí, aunque esta misión es una basura porque los enemigos aparecen de la nada y además si eliges la ruta de—se congeló. Ella parpadeó. El demonio bajó el teléfono y giró lentamente su cabeza. Un gafete colgaba de su cuello. Jhon. Ella lo saludó—Hola. Él joven abrió los ojos de par en par. —AAAAAAAAH. La silla se fue hacia atrás. ¡PUM! Tokio se quedó completamente quieta. —¿Estás bien? —preguntó después de unos momentos. Unos segundos después apareció lentamente por detrás del escritorio. —¿Quién eres? —Tokio. —¿Qué haces aquí? —Vine al área de reclutamiento. Jhon miró alrededor. Después volvió a mirarla. —¿Y… puedo ayudarte en algo? —Quiero obtener información para convertirme en Imitadora.—sonrió ligeramente Jhon parpadeó. Ella comenzó a sentirse incómoda. —…¿Me equivoqué de lugar? —miró alrededor. Debí haberlo sabido. Esto parece cualquier oficina normal. —No, no. Este es el lugar correcto. —¿Entonces? —ella lo miró extrañada. Jhon se acomodó nuevamente en su silla. —Solo me sorprendió. —¿Por qué? —Porque eres la segunda persona en los últimos diez días que viene aquí. Tokio frunció el ceño. —¿La segunda? —Sí. Una extraña sensación recorrió su cuerpo. Era como una pequeña advertencia. Como si algo dentro de ella le dijera que prestara atención. Tokio giró la cabeza hacia la puerta. Por un instante… Creyó ver una figura. Tokio entrecerró los ojos pero no había nadie. ¿Otra vez? —¿Hola? —él llamo su atención. Tokio volvió a la realidad. —Ah. Perdón. —¿Estás bien? —Sí. Creo. Jhon la observó durante unos segundos. —Bueno… ¿tienes una cita? —En la recepción me dijeron que habían avisado aquí sobre mí. O eso creo. Jhon se giró hacia su computadora. —Veamos. Sus dedos comenzaron a moverse rápidamente sobre el teclado. Tokio observó la habitación. Jhon permaneció en silencio. Después de unos segundos… —Ah. —¿Qué? —Sí, aquí está. Tokio levantó las cejas. —¿De verdad? —Sí. —Seguramente escuché la notificación y la acepté sin revisar.—sonrió nerviosamente. Ella lo observó con una expresión divertida Vaya, qué profesional… —Eso explica muchas cosas. —Oye, tienes una cara muy expresiva ¿sabes?—la miró con los ojos entrecerrados. Tokio se sobresaltó. —¿Qué? —Nada. Jhon volvió a mirar la computadora. Hubo un pequeño silencio y entonces él habló. —Antes de continuar… Su tono había cambiado. —¿Podrías guardar… “esto” entre nosotros? Tokio levantó una ceja. —¿El videojuego? —Sí. —Depende—sonrió. Él suspiró—No suelo tener mucho trabajo... Tokio esperó. —En realidad, casi nadie viene aquí. Su tono comenzó a volverse más serio. —Aunque convertirse en Imitador puede darte poder, influencia, dinero o cualquier otra cosa… la mayoría de la gente no quiere hacerlo. Ella permaneció en silencio. Jhon bajó ligeramente la voz y continuó. —La mortalidad es demasiado alta. Tokio sintió que su sonrisa desaparecía. —… —La mayoría de los Imitadores no dura más de un año. Silencio. Jhon la miró directamente. Esta vez no había nerviosismo. Solo seriedad. —Sabiendo eso… Se inclinó ligeramente hacia ella. —¿Todavía quieres convertirte en Imitadora? Tokio dudó. Por primera vez. Su mente recordó las palabras de Tiny. Tal vez la muerte no sea lo peor que te puede pasar. Recordó su casa, el orfanato, el Barrio Sangre. La vida que había llevado hasta ahora. Después levantó la mirada. —No tengo mucho que perder de todos modos. Jhon permaneció observándola, analizándola. Una expresión extraña apareció en su rostro. Comprensión. No felicidad, no aprobación. Solo comprensión. —…Entiendo. Volvió hacia la computadora. Después de unos minutos tomó una tableta. —Aquí está el contrato. Tokio la recibió. —Si estás de acuerdo con las condiciones, puedes firmarlo. Tokio comenzó a leer y era sorprendentemente simple. El pago era bueno. Demasiado bueno. Las condiciones laborales parecían bastante normales a excepción del horario. Hasta que llegó a una sección. Sus ojos se detuvieron. En caso de fallecimiento durante el servicio, CAS se compromete a proporcionar apoyo económico y protección a los familiares registrados del agente. \_Tokio se quedó mirando esa frase. No tengo familia. ¿A quién le darían ese dinero? ¿A Tiny?\*\*\_.\*\* Continuó leyendo. El periodo de entrenamiento será pagado incluso en casa de rescisión de contrato… ¿Qué se supone que significa esto? Después de unos minutos ella preguntó sin apartar la vista. —Y, ¿Una vez firmada ya sería parte de la empresa? —Claro. Bueno, no realmente, lo serás oficialmente cuando pases el periodo de entrenamiento o prueba, como quieras llamarlo. Tokio se quedó observando un momentos más el contrato antes de… firmar. Le devolvió la tableta. Él revisó la firma mientras asentía. —Bien. —¿Eso es todo? —Sí, por ahora. Se levantó de su silla y le señalo a la pared contraria del escritorio. —Pasa a la sala de al lado. Te darán más información. Tokio comenzó a caminar pero antes de salir, Jhon habló. —Tokio. —¿Sí? —ella volteó. Dudó unos segundos antes de decir: —Espero que no te arrepientas. Ella se quedó unos momentos antes de sonreír débilmente. —Yo también. … La siguiente habitación era ligeramente más grande. Había varias cajas, documentos y dispositivos organizados cuidadosamente. Una mujer humana se encontraba revisando unas facturas. Al escuchar la puerta, levantó la mirada. —¿Sí? —Me dijeron que viniera aquí. —Ah. La mujer dejó los documentos. —Entonces tú eres la nueva—extendió una mano y continuó. —Soy Cynthia. —Tokio—estrecho su mano tras dudar un segundo. —Encantada. Cynthia comenzó a caminar por la habitación. —Yo me encargo principalmente de los materiales utilizados por los Imitadores. Facturas, comprobantes de gastos, equipamiento perdido… —¿Equipamiento perdido? —Créeme, pasa más de lo que debería. Tokio sonrió un poco. Entonces… Bip. Bip. El comunicador de Cynthia comenzó a sonar. Ella miró la pantalla. Su expresión cambió al responder. —¿Qué pasó ahora? Tokio no podía escuchar lo que decían del otro lado pero pudo suponer que no era nada bueno debido al ceño fruncido de Cynthia —¿Cómo que cayó encima del puesto?… No, no quiero saber cómo llegó al techo… ¡eso no mejora absolutamente nada! Tokio simplemente se quedó quieta intentando aguantar la risa. Cynthia continuó hablando durante unos segundos más. Finalmente… —Está bien. Envíen la factura. Yo me encargo. Bip. Guardó el comunicador. —¿Todo bien?—preguntó Tokio lo más serio posible. Cynthia suspiró—El Imitador más novato causó pérdidas materiales a unos vendedores ambulantes durante una patrulla. Tokio bajó ligeramente la mirada. Tiny… Una sonrisa casi apareció en su rostro. Así que alguien realmente se cayó de ese techo. —Espero que no haya sido muy grave. —Para los vendedores sí. —dijo mientras negaba con la cabeza y caminaba hacía una pequeña habitación en una esquina. —Pero bueno. No importa. Volvió con una bolsa negra. —Toma.—se la extendió a Tokio. Ella lo recibió. —Cuídalo bien. Tokio observó la bolsa—¿Qué hay dentro? Cynthia la miró como si fuera una pregunta extraña. —Tu uniforme. Tokio se congeló. —¿Mi qué?—preguntó tras unos segundos. —Tu uniforme. —Pero…—bajó la voz a una casi inaudible—no esperaba que ya lo consiguiera… Sus pensamientos se volvieron caóticos por unos instantes antes de recordar ese día en la mañana: verse en el espejo y preguntarse a sí misma si se vería bien en un uniforme. Justo ahora ese mismo uniforme se lo acababan de dar en las manos. Ella miró la bolsa. Después a Cynthia. Después nuevamente la bolsa. —Digamos que actualmente estás en una prueba.—ella pareciera haberse dado cuenta de la situación en la que estaba Tokio y por lo mismo complemento su comentario. Tokio levantó lentamente la mirada. —¿Qué? —Esto es una prueba. Su tono era completamente natural. —Si logras superarla, te quedarás con el trabajo. Tokio sintió cómo su rostro perdía ligeramente el color. —¿Y si no? Cynthia sonrió incómodamente. —Bueno… Tokio esperó. —Te pedirán que regreses. —Eso no suena tan malo—frunció ligeramente su ceño. —Y cancelarás el contrato. —…¿Y? —Y, dependiendo de lo que hayas visto… Tokio se quedó completamente quieta. Cynthia levantó una mano. —Puede que tengamos que borrar cierta información de tu memoria. —… —… Tokio comenzó a ponerse ligeramente pálida. Cynthia le dio unas palmaditas en el hombro. —No te preocupes demasiado. —¿No… preocuparme? —Probablemente Jhon olvidó explicarte algunos pequeños detalles. No sería la primera vez. Tokio abrió lentamente los ojos. ¿M-me van a… borrar la memoria? No, no pienses ello, definitivamente serás aceptada. Agh maldito Jhon, lo mataré… Cynthia señaló hacia la puerta. —Te recomiendo ir al tercer piso. —¿P-por qué?—se escuchaba duda en su temblorosa voz. —Para hablar con alguien. Martin. Debería estar en el área de entrenamiento Tokio tragó saliva. —¿Martin? ¿Área de entrenamiento? —Si, Martin. No es difícil encontrar el lugar… y mucho menos a él, digamos que es bastante llamativo. Ya verás porque. Cynthia continuó mientras una sonrisa aparecía en su rostro. —Confía en mí. Tokio no estaba segura de que esa frase le diera tranquilidad. —…Está bien. —Buena suerte. Tokio salió de la habitación. —Gracias.—murmuró al salir. La puerta se cerró. Tokio permaneció quieta en el pasillo. Miró la bolsa y la apretó un poco más fuerte. ¿Qué demonios acaba de pasar? Comenzó a caminar hacia el ascensor. Entonces sintió algo, una sensación parecida a la que había sentido antes varias veces, pero esta vez se sentía mucho más… mundana, por decirlo de alguna manera. Miró a su alrededor, la gente caminaba a sus lados sin ninguna anormalidad aparente, aunque para ella se sintiera como estar siendo vigilada por decenas de personas. Tal vez era solo su imaginación. Pero no, pronto se dio cuenta que desearía que solo fuera su imaginación… Algunas miradas se detenían en la bolsa que llevaba consigo. Tokio sintió algo extraño en esas miradas. ¿Lástima? ¿Envidia? ¿Alegría? No podía saberlo. Solo sabía que varias personas parecían entender perfectamente lo que significaba aquella bolsa. Y cuyo significado ella todavía no conocía. Apretó el uniforme contra su cuerpo. Finalmente llegó a las puertas del ascensor y sin dudarlo entró. Cuando las puertas comenzaron a cerrarse… Tokio miró hacia atrás. A una esquina del elevador. Nada. Solo una sensación familiar la llenaba en este momento. Extraña. Las puertas terminaron de cerrarse. Tokio soltó un suspiro. Estoy paranoica. Eso es todo. El ascensor comenzó a subir. … Las puertas se abrieron en el tercer piso. Tokio salió y entonces se detuvo. Volvió a mirar al ascensor ahora en subida. La sensación se había desvanecido. Caminó lentamente hacia el área. El área de entrenamiento ocupaba una enorme parte de la planta. Imposible perderse. El problema era… ¿Qué demonios es esto? Las paredes eran enormes y robustas. Sellaban completamente el lugar. Tokio no sabía cómo explicarlo pero había algo extraño en ellas. Algo que le provocaba una sensación incómoda. El interior era un laberinto. Un lugar capaz de tragarte, de hacerte caminar durante horas, y dejarte atrapado para siempre. Tokio tragó saliva. Bueno… ¿y ahora cómo encuentro a Martin? Entonces… CRAAAAACK. Todo el laberinto se estremeció. Inconscientemente dio un paso hacía atras. Una línea apareció en una de las paredes. Después otra y otra. CRACK. CRACK. Un sonido agudo atravesó todo el piso. Y entonces… Las paredes comenzaron a caer. Pero no como concreto. Como vidrio. Miles de fragmentos parecían desmoronarse. Tokio trató de proteger su rostro. Cuando volvió a abrir los ojos… El laberinto había desaparecido sin dejar un solo rastro. Y detrás de él se revelaba un espacio muchísimo más grande de lo que parecía posible desde afuera. En el centro del lugar había un hombre. Alto. De hombros anchos. Su larga cabellera rubia parecía brillar bajo las fuertes luces del techo. Como si hubiera sentido su presencia, giró lentamente la cabeza. Tokio vio sus ojos. Uno azul. Uno verde. Parecían brillar. El hombre la observó. No. Tokio frunció ligeramente el ceño. Por un instante tuvo la impresión de que él no la estaba mirando a ella. Parecía estar observando algo detrás. El hombre asintió lentamente. Tokio volteó. —¿Qué…? Nada. No había nadie. Solo el pasillo. Esa sensación otra vez. Familiar. Definitivamente me estoy volviendo loca. Se volvió, y entonces… Una sombra gigantesca cayó sobre ella. Su cuerpo se tensó al escuchar una voz profunda y grave justo detrás suyo. —Veo que te aceptaron como Imitadora. Ella se congeló. El hombre observó la bolsa que llevaba. —Supongo que debes tener tus razones para esto… Tokio tragó saliva. La voz continuó. —Pero tengo que decirte algo, niña. Hubo un pequeño silencio. —Este trabajo puede ser la peor mierda de decisión que hayas tomado en tu vida. Tokio abrió lentamente los ojos. El hombre inclinó ligeramente la cabeza. —O la mejor.— su mirada era imposible de interpretar.—Pero, de cualquier forma…— una pequeña sonrisa apareció en su rostro.— Siempre va a ser una mierda. Tokio permaneció completamente inmóvil. El hombre extendió una mano. —Martin. Tokio miró su mano. Después levantó lentamente la mirada. …Creo que ya estoy empezando a entenderlo.
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La Verdad Del Universo (Novela) Capítulo 5

Estás leyendo el capítulo 5 de La Verdad Del Universo (Novela), un novela. En un mundo donde los demonios son una amenaza conocida y los **Imitadores** son quienes se encargan de proteger a la humanidad, Tokio nunca imaginó que una simple oferta de trabajo cambiaría su vida para siempre. A sus… Este capítulo tiene publicado el 8 de septiembre de 2026. La Verdad Del Universo (Novela) tiene 9 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.