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Leer La Sombra Sin Dios (Novela) Capítulo 38 online gratis en español

Un día se sentía como tres semanas. El cansancio en Elior era más que evidente… pero no había tiempo para descanso. Necesitaba cumplir con sus objetivos. Necesitaba volver a Geheris y ver que Lia estuviera sana y salva. Aquel pensamiento era lo único que lo mantenía fuera de la completa locura. Luego de cuatro días caminando casi sin parar hacia el norte, se detuvo en seco, cayendo de rodillas. Su respiración era agitada. Bajó la mirada… sus manos estaban cubiertas de sangre seca y cicatrices. Volvió a mirar al frente… y suspiró, levantándose poco a poco. —Espero que esté bien… que todos estén bien… —susurró en voz baja. Un pitido insoportable resonaba en ambos oídos. La falta de energía no permitía que sus sombras curaran sus tímpanos, casi destrozados por los graznidos de aquellas aves. —Debo seguir… debo seguir… debo seguir… —se repetía, con la mirada baja. Soltó un suspiro. —¿Seguir… a dónde…? Se detuvo unos segundos. Sacudió la cabeza, intentando volver en sí. —Cierto… Lia… Bajó aún más la mirada. Cada vez más abrumado —¿Qué estará haciendo… ella y Aramis…? Quiero estar con ellos… Su voz no mostraba tristeza alguna. Su rostro… estaba completamente vacío. Se colocó la capucha, ocultando su expresión bajo la oscuridad, y siguió caminando hacia el norte. Finalmente, encontró un lugar donde podía descansar un poco. Se escuchaba agua corriendo. Elior caminó rápidamente hacia aquel sonido… casi desesperado. Se arrodilló frente al lago y comenzó a beber sin detenerse. Si esos animales pueden beber… yo también… No se detuvo. Luego, se lanzó completamente al agua, hundiéndose. Salió unos segundos después, respirando con más calma… ligeramente aliviado. Pero necesitaba comida con urgencia. No tardó nada en encontrarla. Una especie de lobos… con cuernos en espiral que casi alcanzaban sus colmillos. Sus ojos blancos se clavaron en él.Protegíendo lo que estaban devorando. Pero en el momento en que Elior salió de la oscuridad de los árboles… Todo cambió. El pelaje negro de los lobos se erizó como espinas. Mostraron los colmillos… bajaron la cabeza… Y huyeron. Sin dudarlo. La presencia de Elior era abismal. Para aquellos animales, capaces de percibir cada presencia en ese lugar… no había nada comparable a él. Elior no reaccionó. Solo miró al animal muerto en el suelo. Luego avanzó. Sin pudor alguno, lo tomó y comenzó a arrastrarlo, dejando un rastro de sangre entre las piedras hasta su pequeño campamento. Sin detenerse, arrancó la piel del animal… y lo acercó al fuego. Esperó. El tiempo suficiente. Se quedó mirando la fogata… en silencio. Entonces_…_ La amarra de su cabello se rompió. Su pelo cayó sobre su rostro.mostrando su imagen demacrada. —Ah… mierda… —murmuró, llevándose las manos a los oídos. El pitido volvió. Más fuerte. —Ya estoy cansado de esta mierda… Apretó los dientes. Contuvo la respiración. —¡¡A LA MIERDA TODO!! Una onda expansiva estalló desde su cuerpo, apagando el fuego y lanzando todo a su alrededor. Su rabia creció aún más. Apretó los puños…Y comenzó a golpear las rocas. Una y otra vez. Destruyéndolas. Destrozándose con ellas sus nudillos. La sangre corrió. Pero no se detuvo.Hasta que no pudo más. Sin fuerza…Cayó al suelo.Sus manos temblaban… destruidas. Su sombra no regeneraba nada. El dolor era real. Intenso. Crudo. Su respiración era agitada y luego quebrada. Sentía ganas de llorar… Pero ninguna lágrima salió. Estaba desesperado, así que,lentamente, se recostó sobre las piedras… encogiendo su cuerpo en posición fetal. Abrumado. Vacío. Roto. Y aun con el dolor…A los pocos minutos… Se quedó dormido. Las horas pasaban. “Debo protegerlos…” “¡Soy humano y moriré siendo uno!” Esas palabras resonaban en la mente de Elior mientras dormía. Estaba en un sueño profundo… por primera vez en mucho tiempo. Elior estaba de pie. Sus dos dagas… cubiertas de sangre. La sangre goteaba lentamente desde sus hojas, cayendo al vacío. Frente a él… Aetheris. La ciudad se derrumbaba en pedazos. —No… todos deben morir… —dijo, con una sonrisa maquiavélica. Todo en su mente era un remolino de oraciones sin sentido… Voces… Fragmentos…Hasta que se encontró con unos ojos blancos. Sus propios ojos y con ellos una sonrisa ,maquiavélica. Y despertó. Se incorporó de golpe, llevándose la mano al pecho. Su corazón latía descontrolado. Intentó recuperar el aliento poco a poco. —¿Qué mierda era esa ciudad en llamas…? —murmuró. Nunca había visto una ciudad así en Geheris… —Ahg… mi cabeza… Llevó una mano a su frente. El dolor era punzante. Aquella versión de sí mismo… había logrado aterrizarlo. —Me estoy volviendo loco… llevo demasiado tiempo solo… quizá esto está afectando mi mente… Guardó silencio unos segundos. —Aunque bueno… —añadió en voz baja— la inestabilidad siempre ha sido parte de mí… casi como si fuera mi segundo nombre… Se levantó del suelo. Un ligero mareo lo obligó a afirmarse de una piedra. Recordó lo ocurrido horas antes. Miró sus manos. Las heridas… ya estaban sanas. No se sentía tan cansado. Pero sí… hambriento. Toda esa mañana la pasó cazando. Animales pequeños, parecidos a conejos… pero extremadamente agresivos. Al mediodía ya tenía comida suficiente para varios días. La carne se secaba cerca del fuego. —Debo seguir al norte… —dijo, mirando su mapa improvisado. Mientras caminaba, dibujaba cada detalle del entorno. Plantas… árboles… cualquier cosa que pudiera servir. Pero mientras más avanzaba… Más oscuro se volvía el purgatorio. Un lugar donde la poca luz apenas lograba tocar el suelo. Elior se adentró en un bosque frondoso. Árboles de más de catorce metros de altura. Arbustos densos, llenos de pequeñas espinas que dificultaban la visión. Algo en ese lugar… Lo incomodaba. Su cuerpo reaccionó al instante. Alerta. No pensaba permitir que lo tomaran por sorpresa otra vez. Pero no había nada. Solo árboles. Silencio. Hasta que— Se giró bruscamente. —¿Qué carajo fue eso…? Miró a su alrededor. —Juré haber visto algo… Una rama crujió a su espalda. Se volteó otra vez. Y entonces… Lo vio. Una figura. Humana… o eso parecía. —¿Me estaré volviendo loco…? Su respiración se volvió pesada. Su mente comenzó a llenarse de pensamientos negativos. “¿Qué hace un extraño aquí…?” La voz se repetía una y otra vez en su cabeza. Pero no había nadie. —Deberías rendirte… —Tu objetivo es tu perdición… —No estás luchando… solo estás tardando en caer… Elior apretó los dientes. —Debo volver con Lia… El pensamiento apareció de forma extraña. Casi… forzada. —Hina… ¿cómo estará ella…? —Es mejor que la abandone… Su mente se llenaba de pensamientos sin control y demasiado rápido. Algo en ese bosque… Estaba jugando con su cabeza. —Deberías rendirte… —Ríndete… Elior cerró los ojos. Un instante. Necesitaba encontrar la fuente. Sus sentidos se agudizaron al máximo. encontrando la fuente de todo, rápidamente lanzó su daga. La hoja de la daga se incrustó en uno de los árboles. Un grito agudo rasgó el aire. —Ahhg— Elior avanzó sin dudar. Pero al acercarse… Algo no encajaba. La figura… parecía humana. Pero se desvanecía a medida que se acercaba. Su verdadero aspecto se reveló. Su rostro… Cubierto de ojos rojos y negros. Un pequeño cuerno torcido. Piel plagada de pequeñas bocas. El ser lo miraba con odio. Pero en el momento en que percibió a Elior… Se paralizó. En su mente… Había visto algo escalofriante. Y dejó de gruñir. —No me gusta que se metan en mi cabeza… —susurró Elior, apretando su daga. El ser abrió la boca. Intentó hablar. Pero Elior no lo dejó. Cortó su garganta sin pensarlo. No dejaría vivos a esos seres. Podían ser peligrosos… O eso se repetía a sí mismo. Observó el cuerpo inerte de aquel ser en el suelo. Analizando cada detalle. El rostro. La piel. —Puede camuflarse… —anotó en su papel. Guardó silencio un segundo. —¿Y puede meterse en mis pensamientos…? Eso quedó como una simple incógnita. Se incorporó. Y siguió caminando. Sabía que no importaba si mataba a uno. Esos pensamientos… Seguían ahí. acechándolo por todos lados. Quizá ese bosque…Era su territorio, aunque no parecían fuertes. El no saber cuántos había podía jugar en su contra. Elior aceleró el paso. Tenía que salir de ese bosque. Aún no sabía cómo… pero tuvo que correr. Aquellos pensamientos habían logrado que su cuerpo estuviera más alerta. —Ya… Elior, por favor… ya ríndete… Esa voz… Era la de Hina. Elior sintió la ansiedad recorrer su cuerpo. Corrió. Sin detenerse. Hasta llegar al centro del bosque. Un espacio vacío. Los árboles formaban un círculo perfecto a su alrededor. Las voces… Se intensificaron. —Hermano… por favor, ven con nosotros… aquí descansarás… Elior giraba sobre sí mismo, mirando en todas direcciones. No sabía hacia dónde correr. —Hijo… Es hora de rendirse, es fue suficiente. —Puedes descansar… —¡¡YA BASTA!!— Gritó. —Kael jamás me diría eso… Susurró, intentando controlarse. Pero su cuerpo… Ya no respondía igual. Sus manos y piernas estaban casi inmóviles, un cosquilleo recorriendo cada parte de él. Sin pensarlo más… Se obligó a avanzar. Recto. En algún momento terminará el bosque… —Destruye el bosque… animal… Escuchó a su lado. Aquella voz. La otra, su oscuridad. La que solo quería el control. —Te están lastimando tu corazoncito… ¿no es así, niño llorón? Pues… ¡acábalos! Elior apretó los dientes. No quería usar esa fuerza. No estaba de acuerdo con destruir todo el bosque. Pero… Estaba colapsando. Su mente no paraba. Pensamientos negativos. Voces. Todos diciéndole que se rindiera. Apretó con más fuerza. Sus ojos se iluminaron pero a la vez aquel plateado… Se oscureció. De sus pupilas negras emergieron como espinas, cubriendo el iris. Y Con un grito desesperado Elior desató una pequeña fracción de su poder. Una explosión. Arrasando con eso casi la mitad del bosque. Árboles cayendo. Tierra levantándose. Y junto a ellos… Los seres que se camuflaban. El ruido cesó. El silencio regresó. Mientras los árboles seguían cayendo… Elior respiraba agitado. Y en su rostro… Una sonrisa. Ajena a él. —¡¡Todos en esta mierda deben morir!! Caminó. Con ambas dagas en mano. Buscando. Cazando. Pero de un momento a otro se detuvo en seco. Su cuerpo… no respondía como antes. Soltó una de las dagas. Cayó al suelo. Sus ojos sangraban. La pupila volvió a su estado original, ocultando aquel diseño de espinas. —¿Qué… fue eso…? Era la primera vez… Que sentía que perdía el control absoluto. Y lo peor… Es que era consciente. Sentía la ira. La agresividad. Emergiendo desde lo más profundo. —No entiendo nada… Susurró. Sin perder tiempo, salió del bosque. Rápido. Sus ojos ardían, se limpió la sangre rápidamente. Su cuerpo seguía tenso. Pero al fin… Había salido aquellos seres…Eran horribles más aún en grupo. Sacó su papel. Dibujó el bosque. Dibujó a las criaturas. Subrayó sus habilidades. Guardó el papel. Pero todo cambió nuevamente de golpe. Reaccionó. De inmediato. Sacó su daga y atacó hacia su costado. Sintió algo. El impacto. Pero La criatura pateó su daga. Y con la otra pierna… Golpeó su rostro. Elior salió disparado y se estrelló contra varios árboles. Se levantó de inmediato. Y la vio. Una bestia. Casi tres metros de altura. Con rasgos humanos… deformados. Extremidades largas, musculosas… pero grotescas. —Hu… m… no… im… po… si… ble… Hablaba. Sin completar bien las palabras. Elior quedó inmóvil un instante. Su apariencia era intimidante… Y aterradora. La bestia lo miró… Como presa. Y lanzó su mano para atraparlo. Elior esquivó. Contraatacó. Golpeó su brazo crack… Lo rompió en dos. La bestia rugió.Un sonido exagerado. Como una alarma. Elior lo sintió. El peligro. alcanzó a girarse y ver como una lanza enorme fue directo a su cabeza. La esquivó por centímetros. Pero un corte apareció en su mejilla. Se alejó. Y entonces lo vio. Rodeado. Siete bestias.Todas iguales. Enormes. Corpulentas. Pero una destacaba.La más aterradora.Tenía cabezas de demonios colgando en su cintura. Trofeos. Había matado a varios. Y no solo eso…Los mostraba. Era la única con marcas de sangre recorriendo todo su cuerpo, formando un patrón que terminaba en su cuello. Sangre. Elior la observó con atención. Alerta. Una de las bestias devoraba el brazo de un demonio. Elior controló su respiración. Su vista fija en el líder. Las sombras emergieron. Cubrieron sus brazos. Se enderezó. Desafiante. Contra todos. Apretó el puño. —Esto se va a poner feo… Dijo, preparándose. —Te… ma… ta… ré… con… mis… ma… nos… Dijo el líder, soltando sus lanzas. Elior dejó caer sus dagas. Respondió. —De ser posible… me gustaría evitar esta pelea… Las bestias rieron. —Te comeré… y seré más fuerte… Dijo una, devorando la pierna de un demonio. Elior la miró, sorprendido. —¿Qué carajos…? ¿Se hacen más fuertes al comer otras especies…? ¿O solo seres fuertes…? No terminó de pensar. Se lanzaron. Todas. Elior estaba en el centro. Listo. Apretó su cuerpo. Tomó un respiro profundo. —Acabaré con todos ustedes… entonces.
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Estás leyendo el capítulo 38 de La Sombra Sin Dios (Novela), un novela. _Elior Blackwood_ no es un héroe. Es un joven roto por una tragedia que lo dejó sin familia, sin paz y sin un lugar al que pertenecer. Vive con la culpa, la rabia y el miedo constante de perder el control de algo que… Este capítulo tiene publicado el 21 de marzo de 2026. La Sombra Sin Dios (Novela) tiene 42 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.