Leer La Sombra Sin Dios (Novela) Capítulo 34 online gratis en español
Seraphine fue la última en ingresar a la nueva reunión de emergencia. El ambiente en la sala era sofocante; los rostros de todos reflejaban enojo, tensión… y una decisión ya tomada.
Aquello le cayó como anillo al dedo al viejo jefe del concejo.
—Ya que estamos todos, comenzaremos —dijo con voz firme—. No hay más tiempo que perder, así que seré breve con el motivo de esta reunión. Hemos dejado avanzar demasiado esta situación, y solo ha traído caos tanto en Aetheris como en Geheris.
El silencio se volvió pesado.
—El chico llamado Elior Blackwood será sentenciado por esta corte de forma anómala. Entiendo que muchos estarán en desacuerdo, pero primero debemos velar por la tranquilidad de los mundos… y ese chico representa un peligro.
Aquellos dichos cayeron como un golpe seco.
Aurora, Midas y Seraphine permanecían de pie, escuchando. Sabían que, dijeran lo que dijeran, no cambiaría nada.
El corazón de Seraphine latía desbocado. La ansiedad la devoraba por dentro; el sudor corría por sus manos, frías e inestables.
—La decisión se basará en si el chico será sellado o… —el jefe hizo una pausa— será sacado de la vida terrenal.
Algunos suspiraron aliviados. Otros fruncieron el ceño. Era una medida extrema.
De pronto, uno de los miembros del jurado se levantó de golpe.
—¿Quieren asesinar a un chico? ¿Por qué? ¿Porque desconocen su poder? ¡No pueden olvidar que, a pesar de todo, es una creación de nuestro Señor!
Las miradas de desprecio no tardaron en llegar. La sala se dividía en dos: unos exigían su muerte, otros preferían sellarlo.
—¡Entiende que el chico es una amenaza para todos! —gritó alguien desde el lado opuesto.
Las discusiones estallaron por toda la sala.
El jefe golpeó su bastón contra el suelo.
—¡Silencio!
El murmullo se apagó de inmediato.
—Entiendo todos sus puntos de vista, pero no hay otra alternativa. Elior Blackwood será sellado.
La decisión estaba tomada.
Los dientes del jefe crujían mientras apretaba los puños. Entonces, una voz firme rompió el silencio.
—¿Cómo es eso posible? —preguntó Midas, clavando la mirada en él—. Se suponía que esto sería una votación. ¿Desde cuándo tomas decisiones por tu cuenta?
—¡Insolente! —gritaron los cercanos al jefe.
Pero otros comenzaron a apoyarlo.
—No apoyo tu decisión —continuó Midas—. Es un chico que quizás obtuvo poderes que nunca quiso. ¿Van a sellarlo por eso en vez de ayudarlo? ¿Guiarlo? ¿A qué se debe realmente este miedo?
Se acercó al centro de la sala. Seraphine y Aurora lo miraban, sorprendidas. Jamás imaginaron a alguien tan recto como Midas enfrentándose así a un rango superior.
—No debo darte explicaciones —replicó el jefe—. Tú limítate a entrenar a los jóvenes.
—Ese es mi deber —respondió Midas—, enseñar. Como lo hizo una vez mi maestro, Kael. Y lo he cumplido durante años. Así que no se confunda. El concejo fue creado para decidir temas delicados de forma democrática. ¿Qué cambió ahora?
El enojo del jefe era evidente.
—¡Midas! Estás cruzando la línea.
—El concejo ya tomó su decisión —dijo finalmente el jefe—. Todos a mi mano derecha votaron antes de esta reunión.
Midas suspiró.
—No es la primera vez que haces esto a espaldas del pueblo de Aetheris…
Desabrochó el amuleto que sujetaba su capa y armadura. Todos lo observaron en silencio.
—Desde hoy —continuó— dejo de ser maestro de los jóvenes. Renuncio y declaro mi retiro como arcángel. Aetheris ha cambiado… y no volveré mientras gente como tú esté al mando. Geheris será mi hogar, como lo fue para mi maestro Kael.
Lanzó su armadura y armas frente al jefe.
—Seguiré su camino.
Seraphine quiso hablar, pero su cuerpo no respondía.
—Midas… —susurró el jefe.
—¡Midas! —gritó—. Si cruzas esa puerta, no serás bienvenido nunca más en Aetheris.
—No te preocupes —respondió él sin voltearse—. Volveré cuando tú ya no estés.
—¡Guardias! ¡Arréstenlo!
Los guardias se lanzaron al instante, espadas en mano.
Todo ocurrió en un parpadeo.
En apenas 2,3 segundos, Midas desarmó e inutilizó a cinco guardias usando solo dos dedos. El tiempo pareció ralentizarse.
Tomó una de las espadas que caían del aire y la clavó con fuerza en el suelo.
Antes de irse, lanzó una mirada despiadada al concejo.
Nadie entendía lo que acababa de pasar.
Cuando se cerraron las puertas, la presión aumentó aún más.
—Como ya fue dicho —continuó el jefe—, Elior será sellado por el bien de todos los dominios.
—¿Y cómo planeas hacerlo? —intervino Aurora—. Tus guardias no pudieron detener a Midas, y acabas de perder a uno de tus mejores arcángeles.
El viejo sonrió.
—No te preocupes. Ya tengo un equipo listo.
—Naor— susurro.
Las puertas se abrieron de par en par.
Cinco ángeles entraron, liderados por Naor, uno de los mejores estudiantes, a la par de Seraphine. No poseía un poder especial, pero sí un talento excepcional para adaptarse en segundos y habilidades excepcionales en combate.
Caminó al centro con evidente narcisismo, moviendo lentamente su largo cabello gris, símbolo —según las profecías— de guerreros destinados a la grandeza.
—Ellos se encargarán de capturar y retener a Elior Blackwood —dijo el jefe—. Luego, nosotros lo sellaremos.
—Jefe —susurró Naor—. Me gustaría que Seraphine se uniera a mi equipo.Con su poder sería más fácil capturar al objetivo.
Los ojos de Seraphine se abrieron de par en par.
—Perfecto —respondió el jefe—. Seraphine, acércate.
—No lo haré.
El silencio fue absoluto.
—No seré parte de algo así. No hubo votación. Por ende.No me uniré a su equipo.
Naor se giró hacia ella.
—¿Eres una traidora como nuestro ex maestro?
—Cuida tus palabras —respondió Seraphine, dando un paso al frente.
—Estarás en mi equipo quieras o no.
—¿Seguro? —preguntó ella, con la ira brillando en sus ojos.
Las luces temblaron. El viento se concentró alrededor de Naor, tan denso que era imposible respirar.
Naor sonrió… y con un solo movimiento rompió la presión.
—¡Basta! —ordenó Aurora—. Naor, vuelve a tu lugar. Seraphine, tú también.
Seraphine apoyó la mano en una silla antes de salir de la sala del concejo. La silla comenzó a deshacerse lentamente.
Naor miraba la silla detenidamente, hasta que comprendió que, de haberla tocado, habría salido herido.
Seraphine, rápidamente voló hasta su departamento en Geheris encerrándose en él. La rabia la consumía.
—¿Qué es lo que haré…? —susurró, arrodillándose.
Apretó su dientes, y cargó su cuerpo con fuerza, liberándose de él una concentración ligera de poder que sacó todo a su alrededor volando un par de centímetros.
Su celular vibró.
—¡Seraaaaa! —gritó Hina al otro lado—. ¿Sigues con tu madre?
—Hina… —respondió ella, ocultando su voz temblorosa.
—¿Estás lista para un viaje?
—¿Un viaje?
—Sí. Estoy en casa de mi abuela. Ven si quieres… me haces falta.
Seraphine sonrió débilmente.
—No suena mal… la verdad necesito cambiar de aire.
—Entonces ven. Hablaremos de miles de cosas, para ponernos al día.
—Está bien, Hina. Envíame los detalles.
—¡Eres la mejor! ¡Nos vemos! ¡Nos vemos! ¡Nos vemooooos!.
Con aquella llamada e invitación, Seraphine tuvo el escape perfecto.
Quizás el viaje la ayudaría a concentrarse… a pensar con claridad qué hacer y sobre todo qué camino tomar.
Se sentó en la cama, mirando la maleta y las cosas listas, esperando el mensaje de Hina.
No tardó en llegar.
—Tomaré el avión… o vuelo hasta allá… —se susurraba a sí misma.
Mejor compraré el boleto.
Se levantó del piso.
—No tengo energía para volar más…
Su mente seguía atrapada en la decisión del concejo.
Mientras tanto, la reunión en Aetheris había terminado.
Naor y su equipo salían de la sala.
—Naor… —susurró el jefe.
Naor se detuvo de inmediato y pidió a su grupo que lo esperara en la sala contigua para idealizar el plan. Sus compañeros asintieron y se marcharon.
Se acercó al jefe.
—Dígame. ¿En qué puedo ayudar?
—Llevamos tiempo ideando esto —continuó el jefe—, pero el chico es más fuerte ahora. Debes preparar bien a tu equipo. Neutralícenlo lo más rápido posible.
—Sí, señor. Barajaré todas las opciones… pero tengo algunas inquietudes.
—Dímelas.
Naor sostuvo la mirada.
—Según tengo entendido, nadie sabe dónde está. Ni siquiera Seraphine puede localizarlo. Nuestros rastreadores tampoco han podido hacerlo. ¿Cómo lo encontraremos?
El jefe quedó pensativo.
—Si la muerte lo tiene… debemos encontrar la forma de sacarlo de donde esté ahora.
Naor frunció el ceño.
—Tiene un gran apego a los humanos —continuó el viejo.
Naor no entendía a qué se refería.
—Bien… lo que haremos es lo siguiente…
Mientras escuchaba el plan, el rostro de Naor se endureció. Una mueca de desagrado cruzó su expresión.
—Pero, señor… no podemos hacer eso.
—¿Cómo has dicho, Naor? —preguntó el viejo, desafiante.
Naor tragó amargura.
—No he dicho nada. Lo lamento.
No puedo hacer eso…
No podemos hacer eso…
La frase se repetía en su mente mientras escuchaba cada detalle.
—Te informaré cuando esté todo listo. Prepara tu equipo.
Naor no respondió. Observó cómo el viejo se alejaba.
—Tss… —chasqueó con frustración.
Se dio media vuelta y regresó con su equipo.
Al entrar en la sala, todos lo miraron. La frustración se notaba a kilómetros.
—Naor… ¿estás bien? ¿Qué sucedió? —preguntó Mia, la segunda al mando.
Su uso del arco era abismal. Nadie en Aetheris podía compararse a ella. A su corta edad, vencía a guerreros con siglos de experiencia. Además, su capacidad para planear con precisión era excepcional.
Naor alzó la mirada para encontrarse con aquellos ojos celestes como el cielo y la piel pálida como la nieve. Si había alguien que podía tranquilizarlo, era ella.
—Nada.
—Naor, ya hablamos de esto —dijo Mia mientras se recogía su cabello castaño oscuro con un broche en forma de flecha—. Si no me dices lo que sucede, no puedo ajustar el plan. No podemos omitir información.
—Los dejamos solos un momento —dijeron los demás—. Iremos por algunos artefactos.
—Está bien —respondió Naor.
Se levantó y se quitó la armadura, quedando solo con su ropa de combate.
—Ven aquí —ordenó Mia.
Naor obedeció sin objeción y se sentó frente a ella, dándole la espalda.
Mia ajustó su cabello con cuidado, dejándolo perfectamente amarrado. Luego apoyó las manos en su cuello y movió ligeramente su cabeza hacia atrás para que la mirara.
—Vamos… dime.
Naor suspiró, rindiéndose.
Le contó el plan del jefe.
Mia lo soltó de inmediato.
—No podemos hacer eso, Naor. Es una locura.
—Lo sé.
—Supongo que dijiste que no lo haríamos. Que buscaríamos otra forma.
Naor guardó silencio.
—No…
Mia lo miró con decepción.
Naor era el líder. Y tenía un terrible afán por seguir órdenes.
—Olvídalo —dijo Mia, tomando su arco y marchándose.
—Mia… —susurró él.
Ella se detuvo.
—Debemos entrenar. Si lo que dicen de ese chico es cierto… necesitamos esforzarnos más.
Naor asintió sin ánimos. Tomó su espada y salió tras ella.
Aetheris seguía en caos.
Aurora estaba en la casa de Midas. Él ya se había marchado.
Conversaba con sus padres, quienes tenían listo el contenedor para la flor.
—Aurora, por favor dile a Kael que tenga cuidado. No sabemos si resistirá del todo.
—Se lo diré.
Miró los ojos tristes de la mujer.
—También le diré que vea a Midas.
—No te preocupes. Estará bien.
—Te lo agradezco. Si mi hijo decidió marcharse, debe tener buenas razones —dijo el padre entrando a la habitación—. Y si lo que dicen del chico es verdad… el equipo de Naor no la tendrá fácil. Les falta experiencia. Quizás deberíamos seguir los pasos de nuestro hijo. Aetheris ya no es lo que era.
Aurora sonrió levemente.
—El extremismo que llevan es frustrante. Este no es el lugar que nuestro Padre nos dio. Aetheris perdió el rumbo hace milenios… y hoy alcanzó su quiebre máximo.
—Supongo que tienes razón.
Aurora observó el contenedor de cristal. Ligero y pesado a la vez. Frágil en apariencia.
Pero sabía que era el mejor para guardar la flor de la vida.
—Debo marcharme.
—Ve con cuidado. Y saluda a Kael.
—Lo haré. y gracias de nuevo por este gran favor.
Abrió un portal hacia Geheris.
Caminó por el bosque hasta llegar a Velmira. Los habitantes la miraban y saludaban sin saber quién era. Pero la calma que transmitía los llenaba de paz.
Era uno de sus dones.
Llegó al templo.
Kael entrenaba a Aramis y Lia.
Sus miradas se cruzaron y se entendieron sin palabras.
—Sigan ustedes —dijo Kael.
Caminó hacia Aurora.
—No traigo buenas noticias.
—¿Qué sucedió ahora?.
Ambos caminaron hasta una habitación del templo.
—Primero, toma.
Le entregó el contenedor de cristal.
—No saben si resistirá, pero confío en ellos.
Kael juntó las manos. Entre sus palmas apareció la flor flotando. La colocó dentro del contenedor.
Este se volvió más pesado y comenzó a vibrar de forma exagerada, como queriendo escapar..
—Sosténlo —dijo Aurora.
—Lo tengo…
La vibración se detuvo.
La flor flotaba dentro, iluminando todo el interior.
Kael la guardó en la repisa más segura del templo.
—Bien… —susurró—. Ahora dime qué sucedió. No tienes buena cara.

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La Sombra Sin Dios (Novela)
Capítulo 35
La Sombra Sin Dios (Novela) Capítulo 34
Estás leyendo el capítulo 34 de La Sombra Sin Dios (Novela), un novela. _Elior Blackwood_ no es un héroe. Es un joven roto por una tragedia que lo dejó sin familia, sin paz y sin un lugar al que pertenecer. Vive con la culpa, la rabia y el miedo constante de perder el control de algo que… Este capítulo tiene publicado el 14 de febrero de 2026. La Sombra Sin Dios (Novela) tiene 42 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.