Leer La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 740 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
“¡¿Qué?!” Félix giró en su silla con los ojos muy abiertos. “¿Ya casi estás en el nivel 5? ¡No tiene sentido! ¡Yo solo soy nivel veintidós! ¿Cómo es que vas tan adelantado?
“Cálmate” dijo Percival con una risita.
Pero Felix continuó, alzando los brazos. “No me digas que me calme. ¿Cómo puedes estar tan eufórica? He estado trabajando sin parar. No he conseguido nada a cambio, y tú ya casi alcanzas el ascenso a Quinta Clase. ¡Esto es una locura!”.
Incluso mientras se quejaba, una leve sonrisa se dibujaba en sus labios.
La risa de Percival se hizo más profunda, divertido por su mezcla de indignación y envidia.
Arthur, que escuchaba débilmente a través de los altavoces de la sala de entrenamiento, negó con la cabeza.
No le sorprendió.
Felix siempre tenía energía de sobra, incluso cuando estaba frustrada.
Para ella, el progreso siempre había sido lento.
Incluso con un arma del alma, le había costado quince mil años abrirse paso hasta la Etapa 2 antes de que Neo le mostrara otro camino.
Percival, en cambio, se había alzado como una tormenta.
Su capacidad para ver el tapiz del Destino con todo lujo de detalles significaba que se le abrían oportunidades como puertas que esperaban ser cruzadas.
Había alcanzado la Etapa 5 en lo que pareció un abrir y cerrar de ojos.
Pero entonces, de repente, se detuvo.
Ya no podía subir más alto.
Fue extraño.
Era como si le faltara algo fundamental.
Como si le faltara una parte de su propio cuerpo, y hasta que no la recuperara, no podría hacerse más fuerte.
Percival había intentado encontrar una manera de hacerse más fuerte, pero no había solución.
“Es tu habilidad para leer el destino, ¿verdad? Eso es lo que has estado usando para salir adelante, ¿cierto?” Felix se inclinó hacia adelante en su silla, entrecerrando los ojos. “Ayúdame también, papá.
Los labios de Percival se crisparon ante su actitud desvergonzada.
“Si me ayudas, te erigiré altares” dijo Félix, juntando las palmas de las manos en señal de falsa oración. “Me aseguraré de que todos mis descendientes te recen. Vamos, padre Percival, no abandones a tu hija.
Se frotó la frente, dándose cuenta demasiado tarde de por qué Arthur se había escabullido con la excusa del entrenamiento.
Tratar con Felix cuando estaba así requería una paciencia que nadie tenía.
“Está bien, está bien” dijo Percival, interrumpiéndola antes de que pudiera continuar con su actuación.
Félix sonrió, satisfecha con su pequeña victoria.
El barco los transportó sin problemas durante el último tramo.
Horas más tarde, el emplazamiento de Carrera Blanca apareció a la vista.
Un planeta gigantesco giraba envuelto en un denso humo púrpura, y su atmósfera estaba repleta de relámpagos rojos que surcaban el cielo como venas.
Parecía inestable y peligroso.
Arthur salió de la sala de entrenamiento, Amelia salió de sus aposentos y los cuatro se reunieron en la sala central.
La nave descendió hacia la superficie, sus escudos ondulando al atravesar el humo.
“Últimas comprobaciones” dijo Percival. “Recuerden, los elementales que hay aquí están corrompidos. Usen el hechizo de supresión que nos dio Neo en cuanto salgamos.
Arthur asintió.
Amelia murmuró el hechizo en voz baja.
Félix le dio una palmada en el pecho con seguridad, aunque en sus ojos se podía apreciar un atisbo de nerviosismo.
La nave aterrizó con un silbido de presión.
Las puertas se abrieron y los cuatro salieron a la bruma.
Inmediatamente, los elementales enloquecidos se abalanzaron sobre ellos, extraños susurros intentando penetrar en su piel.
Pero el hechizo se desvaneció, impidiéndoles el paso.
Percival miró a su grupo uno por uno.
“Prepárense para luchar en cualquier momento. El Supremo del Vacío es nuestra mayor preocupación, pero eso no significa que el resto de este lugar sea seguro. Cualquier cosa aquí podría matarnos. Manténganse alerta. Especialmente tú, Félix. Tu defensa es…”
Nunca terminó la frase.
Algo cayó del cielo.
Llegó con tal velocidad que ni siquiera los instintos de Arthur pudieron seguirle el rastro.
En un instante, Félix sonreía mientras escuchaba la conferencia de Percival, y al siguiente, un impacto devastador hizo añicos el suelo.
Polvo y relámpagos estallaron hacia afuera.
Cuando se disipó el humo, Félix ya no estaba.
Su cuerpo quedó desplomado bajo el pie de una figura oscura, aplastado como una lata de conserva.
¡Felix! gritó Amelia, corriendo hacia adelante.
La mano de Arturo voló hacia su espada.
El rostro de Percival se contrajo con alarma, sus sentidos agudizados mientras intentaba comprender cómo el ataque se le había escapado.
No había sentido nada, no había visto nada.
Amelia se abalanzó sobre el cuerpo destrozado de Felix, con las manos brillando débilmente.
Si la tocaba a tiempo, podría reanimarla.
Pero la figura que había aplastado a Félix se movió más rápido.
Unas alas enormes y escamosas se abrieron tras él, y la ráfaga que generaron los lanzó a los tres hacia atrás.
“La maté porque era insoportable. No creerás que la dejaría volver ahora, ¿verdad?” Su voz era áspera, chirriante, como metal arrastrado contra piedra.
Arthur se estabilizó, con la espada en alto.
Amelia gruñó, intentando incorporarse de nuevo.
Los ojos de Percival brillaron con furia e incredulidad.
Antes de que pudieran reaccionar, la figura se movió de nuevo.
Las alas del dragón humanoide estaban extendidas. Sus cuernos se curvaban desde su cráneo y de sus garras goteaba una energía púrpura que ardía con un poder esotérico.
De un solo golpe, esa energía se lanzó hacia adelante en forma de garras colosales.
Fue demasiado rápido. Demasiado fuerte.
Los tres no pudieron llegar a tiempo.
Pero antes de que golpeara, la niebla a su alrededor se espesó.
Se condensó en una figura humanoide que extendió su brazo con fuerza, esparciendo las garras púrpuras como cristales rotos.
“Laplace” dijo la masa de elementos enloquecidos. “¿Por qué anda por ahí un lagarto inmundo como tú?
“Vacío, por fin nos volvemos a encontrar” dijo con desdén el dragón-humano.
Sus garras se tensaron, sus alas se agitaron con agresividad.
El Supremo del Vacío no lo estaba mirando.
Su mirada ardiente se dirigió hacia arriba, donde otras tres figuras de dragones flotaban en la bruma del cielo.
Su presencia distorsionaba el mundo que les rodeaba.
“Están usando una habilidad problemática” murmuró Vacío.
Luego miró a Arthur, Amelia y Percival. "¿Están bien? Si lo están, prepárense. No tengo tiempo para protegerlos ni para jugar con ustedes. Tendrán que valerse por sí mismos a partir de ahora."
Arthur apretó con más fuerza su espada.
Amelia se tambaleó.
Le zumbaba la cabeza por la presión.
Una presencia, vasta e imponente, la envolvió.
Su voz temblaba al hablar.
"La Suprema dice... que los Dragones Ancestrales no deberían estar aquí. Pregunta cómo llegaron."
La mirada de Vacío brilló con sorpresa. "¿Tú... cómo puedes oírla?"
“Es su ser querido” dijo Laplace, sonriendo con una retorcida satisfacción. Sus ojos ardían de venganza. “Con ustedes dos aquí, por fin me vengaré.
Los ojos de Amelia se desviaron.
Sus ojos, de un rojo sangre, parpadearon hasta convertirse en un azul brillante.
"¡Laplace!"
La presencia de la Suprema del Agua emanaba de ella.
Una ola de poder surgió de ella, brotando en un torrente que partió el humo.
Laplace se rió.
El sonido era ensordecedor, hacía temblar el aire e incluso la estructura del mundo que los rodeaba.
Abrió los brazos de par en par, dando la bienvenida a la furia que se dirigía hacia él.
En ese momento, Arthur supo que las cosas se habían descontrolado y ya no podían manejarlas.
"Amelia, cálmate..."
Antes de que pudiera terminar de hablar, Amelia atacó a Laplace.
Sus movimientos estaban impulsados por un odio intenso.
Laplace abrió la palma de su mano hacia ella, manifestando una pared transparente de color púrpura que bloqueó su ataque.
"Pareces enfadada, oh Suprema del Agua. Pensar que te apoderarías de tu Ser Amado…"
"Cállate, Laplace. No sé cómo has llegado aquí, pero voy a matarte."

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Estás leyendo el capítulo 740 de La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela), un novela. Un personaje sin nombre que nunca apareció en la novela. Un extra. Neo se convirtió en ese personaje extra.... Transmigrar a la novela y obtener el linaje de Hades, el dios de la muerte, se suponía que era lo mejor que… Este capítulo tiene publicado el 20 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) tiene 839 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.