Leer La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 736 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Punto de vista de Rhaegor-Kul (Comandante Supremo de la Alianza)
Los pasos de Rhaegor-Kul resonaron como truenos sobre la piedra pulida de la ciudadela de la Alianza.
Cada paso era tan pesado que el suelo parecía crujir bajo sus pies.
Su mente no estaba en el camino que recorría, sino en las palabras que su vicecomandante le había dirigido antes.
“¿Es hijo de la Muerte Primigenia, eh?” murmuró Rhaegor-Kul entre dientes, sintiendo el peso de la afirmación como una maldición.
El solo nombre de Prime Death bastaba para hacer dudar al Supremo más audaz.
Ese ser siempre había existido como una guadaña de muerte sobre el cosmos, inmóvil, silencioso y, sin embargo, imposible de olvidar.
Todos comprendían que, mientras no se cometiera ningún pecado grave, la Muerte Primigenia permanecería dormida.
Esa verdad fue la única fortuna para la Alianza y sus líderes.
Porque si la Muerte Primigenia hubiera decidido alguna vez vengarse por el bien de su hijo...
Rhaegor-Kul flexionó sus enormes manos, provocando que el aire crujiera a su alrededor.
"Quizás la Alianza ni siquiera estaría en pie ahora mismo", admitió con tristeza.
Forzó su atención a cambiar de enfoque.
La muerte primordial no era el único asunto en el que había que pensar.
““Rompecielos”, murmuró, entrecerrando los ojos. “Ese hombre es peligroso. ¿Cómo llegó tan rápido a la Etapa 6?”
Solo pensarlo me enloquecía.
Ya fueran Supremos o mortales, todos comprendían lo difícil que se suponía que debía ser el salto de la Etapa 5 a la Etapa 6.
Algunos pasaron eras enteras luchando por alcanzar esa etapa, pero el Rompecielos se abrió paso a una velocidad sobrenatural.
Rhaegor-Kul consideró brevemente la comparación.
"¿Es él un Dios Divino del Reino como el Dios Máquina?"
La idea fue descartada de inmediato.
Los Rompecielos no podían convertirse en Dioses de la Divinidad del Reino.
Su fundamento mismo era diferente.
El Comandante Supremo exhaló pesadamente, negando con la cabeza. Aquella respuesta solo dejaba más preguntas sin respuesta.
Cuando finalmente entró en el palacio, los sirvientes y ayudantes se inclinaron rápidamente, apartándose a toda prisa mientras la figura gigante pasaba junto a ellos.
Su secretaria se acercó; era una mujer delgada, de ojos penetrantes y manos firmes.
Llevaba una tableta llena de documentos, recitando ya su horario.
"Comandante Supremo, la agenda de hoy incluye tres consejos militares, dos sesiones informativas estratégicas y conversaciones privadas con siete representantes. También hay una lista de peticionarios que solicitan audiencia. La mayoría son señores menores o investigadores, pero la lista es larga."
Ella le mostró la pantalla digital, con nombres que se desplazábamos hacia abajo en texto brillante.
La mirada de Rhaegor-Kul los recorrió rápidamente, pero sus ojos se congelaron al posarse en la última entrada: la de menor prioridad.
“Lee este en voz alta” ordenó con voz retumbante.
La secretaria parpadeó y luego leyó el nombre en voz baja.
Rhaegor-Kul frunció el ceño.
Su mirada se agudizó de una manera que hizo que la mujer vacilara, solo un poco.
“Este hombre tiene una existencia especial” dijo con tono solemne. “Solo aquellos en la Etapa 6 o superior pueden percibirlo. ¿Entiendes lo que eso significa?
Sus labios se entreabrieron, pero al principio no salieron palabras.
Cuando logró hablar, su voz temblaba, algo que intentó disimular. "¿Es... es un poderoso solitario?"
“Sí” confirmó Rhaegor-Kul. “Solo la gente de la era de la creación del universo maneja técnicas como esta. Llámenlo. Primero me reuniré con él.
La secretaria hizo una reverencia rápidamente, moviéndose con renovada urgencia.
Rhaegor-Kul permaneció inmóvil durante un largo rato, mirando fijamente la lista que tenía delante.
No comprendía por qué un ser así vendría a él ahora.
Sin embargo, no sintió temor alguno al encontrarse con una figura tan misteriosa.
Aquellos que vivieron en la era de la creación del universo eran poderosos” inimaginablemente poderosos”, pero la era actual tampoco era débil.
El presente había forjado sus propias alturas.
El conocimiento de los antiguos había sido analizado, reformulado y mejorado.
Los conceptos y las técnicas se perfeccionaron.
La tecnología llegó más lejos que nunca.
En realidad, los dioses del mismo rango ahora eran más fuertes que los dioses del mismo rango en aquel entonces.
O al menos eso creían Rhaegor-Kul y muchos otros.
Poco después, entró con paso firme en la sala de reuniones preparada para el misterioso visitante.
Las pesadas puertas se abrieron, y tan pronto como entró, su expresión se endureció.
El aire estaba mal.
Al otro lado de la sala, había un hombre, o mejor dicho, una figura que debería haber sido un hombre.
Su cuerpo fue engullido por completo por un denso humo que se extendía.
Incluso su existencia parecía apagada y borrosa, como si el mundo mismo se negara a reconocerlo.
Pero eso no fue lo que oprimió el pecho de Rhaegor-Kul.
Otras dos presencias permanecían en la habitación.
No eran visibles, pero para alguien de su nivel, su peso era innegable.
No, querían que sintiera el peso de su existencia.
Le permitían sentirlos.
Rhaegor-Kul se irguió. Su aura se elevó ligeramente en respuesta.
Su voz era firme cuando se dirigió al hombre que humeaba.
"¿Trajiste contigo a estos distinguidos invitados?"
La figura no respondió.
En cambio, una de las presencias invisibles se rió.
Un estruendo resonó en la sala como un trueno retumbante.
¡Jajaja! ¿Ves, Bram? ¡Esta criatura sí que sabe mostrar respeto!
Otra voz, más fría y grave, resonó a continuación: “En efecto, Kram. Pensaba despedazarlo si se atrevía a hablar con insolencia. Pero como se refirió a nosotros como huéspedes distinguidos, le perdonaré la vida”.
Las dos presencias se desplazaron y, al instante siguiente, se revelaron.
Rhaegor-Kul entrecerró los ojos.
Dos dragones gigantescos se materializaron.
Sus cuerpos se estiraban de forma imposible.
El aire espacial se curvaba a su alrededor mientras comprimían sus colosales formas para caber en la habitación.
Sus escamas brillaban con un lustre opaco. Estaban desgastadas por la batalla y llenas de cicatrices. Sus alas presentaban desgarros y agujeros.
Y, sin embargo, su presencia” abrumadora, aplastante” era indiscutible.
Rhaegor-Kul rechinó los dientes. Su voz era baja y sombría.
"Dragones ancestrales..."
Él se irguió y su aura se elevó, chocando contra la de ellos.
"¿Cómo has llegado aquí?"
Apenas había terminado de hablar cuando sus auras estallaron.
La presión se expandió violentamente, estrellándose contra las paredes y el techo como tormentas invisibles.
Sus ojos brillaban como soles fundidos, la furia crecía ante lo que consideraban una insolencia.
La figura alzó una mano rápidamente. "Cálmate. Este no es el momento..."
La reacción fue inmediata.
Su furia se volvió contra él.

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Estás leyendo el capítulo 736 de La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela), un novela. Un personaje sin nombre que nunca apareció en la novela. Un extra. Neo se convirtió en ese personaje extra.... Transmigrar a la novela y obtener el linaje de Hades, el dios de la muerte, se suponía que era lo mejor que… Este capítulo tiene publicado el 20 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) tiene 839 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.