Leer La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 733 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Antes de que el orador pudiera siquiera terminar de mirar a su alrededor, una pared de la cámara se derrumbó.
La piedra y la aleación estallaron hacia afuera, el humo se elevó en volutas y el fuego de la explosión lamió el aire.
Los escombros rodaron por el suelo pulido mientras toda la cámara temblaba.
Los dioses no entraron en pánico.
Sus miradas se volvieron al unísono hacia la nueva figura que caminaba a través del muro en ruinas.
Un ser humano.
De baja estatura en comparación con ellos, de cabello negro y con penetrantes ojos rojos que brillaban en la bruma.
Algunos dioses estiraron el cuello para mirar más allá de él, hacia el corredor que había más allá.
Sin guardias. Sin soldados.
Las decenas de personas que habían estado allí destinadas se habían marchado.
La voz tranquila del hombre se escuchó a través del humo.
"No te preocupes. Están vivos. Técnicamente, al menos. Ahora bien, ¿deberíamos hablar del Rompecielos Muerte Sin Nombre?"
Las auras de los dioses estallaron instantáneamente, emanando de ellas un poder que se desprendió en ondas que agrietaron el suelo y distorsionaron el aire.
A ninguno de ellos les gustó su tono arrogante.
Sin embargo, ninguno de ellos se movió.
El hombre siguió caminando hacia adelante.
Sus pasos eran firmes y pausados.
“Ver la calma que mantienen a pesar de la furia que emana de sus auras... me recuerda a los perros de mi mundo natal”, dijo. “Hay un dicho que afirma que el perro que más ladra rara vez deja huella”.
"No es la primera vez que lo veo en la vida real, pero admito que no esperaba que los líderes de la Alianza demostraran la veracidad del dicho: 'Mucho ruido y pocas nueces'."
¡Qué descaro!
Uno de los dioses rugió y se puso de pie.
Parecía un oso enorme con alas que brillaban negras y violetas, y un pelaje con vetas de patrones púrpura que palpitaban débilmente.
Su voz resonó en la sala.
Desconocía el significado de la frase que pronunció el humano, pero pudo comprender el desprecio en su tono.
Pero antes de que pudiera dar un paso al frente, otra voz interrumpió la conversación.
"¡Silencio!"
Era el subcomandante.
Su cuerpo, parecido al de una medusa, flotaba ligeramente por encima de su asiento, con tentáculos que colgaban como estandartes translúcidos.
Su ojo dorado brillaba.
Su grito paralizó al dios oso en pleno movimiento.
El dios se giró, confundido y furioso, dispuesto a preguntar por qué lo retenían.
Entonces lo vio.
El temblor en el cuerpo del vicecomandante.
Miedo.
El ojo dorado del vicecomandante revelaba verdades de la existencia misma, capaz de vislumbrar lo que yacía bajo la superficie de cualquiera a quien mirara.
Y temblaba tras contemplar la existencia de aquel ser humano.
La comprensión se extendió como una onda expansiva por toda la sala.
"Parece que solo unos pocos me reconocen. Soy la Muerte Sin Nombre Rompecielos."
La sala quedó en silencio.
Alguien por fin encontró su voz.
"¿Tú... cómo es que ya estás en la Etapa 6? Hace solo un año estabas en la Etapa 5."
En el instante en que pronunció esas palabras, todos los dioses presentes en la sala se movieron al unísono.
El poder se desató, las técnicas divinas se manifestaron y los ataques cayeron sobre Muerte Sin Nombre desde todos los frentes.
Luz, fuego, piedra y esencia divina llenaban la cámara.
El impacto de uno solo de esos ataques podría borrar incontables mundos de Fase 5, y ahora todos cayeron juntos.
Había que borrarlo.
Alguien que podía alcanzar la Etapa 6 en un año era un enemigo demasiado peligroso como para dejarlo con vida.
Pero antes de que pudieran alcanzarlo, el tiempo cambió.
Todo se ralentizó.
Cuchillas de luz se congelaron en el aire, fuego divino permaneció inmóvil, lanzas de piedra bloqueadas en su lugar.
Docenas de dioses de nivel 6, cada uno lo suficientemente fuerte como para aplastar a innumerables ejércitos, se encontraron incapaces de moverse.
La Muerte Sin Nombre siguió avanzando como si nada hubiera cambiado.
Finalmente se detuvo en el asiento más alto y se giró, mirando a todos con calma.
“¿Sabías” dijo” que el nombre del anterior Supremo de las Sombras del Eón es ■?
La palabra que siguió no pudo oírse.
Era como si el universo mismo se hubiera tragado el sonido.
Pero lo que dijo desencadenó algo.
El espacio se fracturó. Una tormenta arrasó la cámara. La realidad misma gritó.
Los cuerpos de los dioses comenzaron a temblar al desestabilizarse su existencia.
Grietas desgarraron sus formas divinas, desangrando energía.
La mismísima Muerte sin Nombre se estaba desmoronando, pero no vaciló.
A través de las grietas surgió un fuego, un fuego que ardía sin color, devorando todo lo que tocaba.
Los dioses retrocedieron horrorizados.
El fuego lo rozó, y la mitad de su cuerpo desapareció en un instante, dejándolo gritando de incredulidad.
Los desastres se desataron como si el cosmos mismo se hubiera vuelto contra ellos.
Los muros de la cámara se derrumbaron en la nada, engullidos por tormentas del Vacío.
Los terremotos sacudieron los cimientos mismos de la sede de la Alianza.
Olas de destrucción arrasaron el edificio, destrozando todo a su paso.
Los dioses de la Etapa 6, que podían jugar con los dioses de la Etapa 5 en su máximo esplendor como si fueran niños, fueron lanzados como muñecos de trapo.
Sus defensas se resquebrajaron, la sangre se derramó y los gritos llenaron la cámara.
En medio de todo aquello, la voz resonó de nuevo.
"Pronto vendré a por vuestras cabezas. Así que empezad a contar los días."
Entonces la explosión lo engulló todo.
Un único destello de destrucción se propagó hacia afuera, devorando la sala.
Los dioses que habían permanecido en pie durante milenios fueron arrojados al suelo como muñecos rotos, tosiendo sangre.
Sus cuerpos temblaban bajo heridas que no habían creído posibles.
Y la Muerte Sin Nombre desapareció, borrada junto con las explosiones.
Solo entonces los dioses supervivientes comprendieron la verdad.
Ni siquiera era él de verdad.
El Rompecielos al que acababan de conocer no era más que un clon.
Tras su desaparición, solo quedaron ruinas.
La cámara del consejo, bastión de la Alianza, antaño el lugar más seguro del universo, había sido destrozada por un único intruso.
...
Punto de vista de Neo
Neo tosió con fuerza y escupió sangre al suelo.
Sus rodillas tocaron el suelo mientras intentaba recuperar el aliento.
Su piel se abría centímetro a centímetro.
Fisuras brillantes recorrían su cuerpo como grietas en el cristal.
Dentro, era peor.
Su semilla de existencia palpitaba dolorosamente, siendo devorada por los bordes.
Sus núcleos parpadearon, corroídos junto con su cuerpo e incluso con su alma.
Fue como ser quemado vivo desde dentro hacia fuera mientras te ahogabas al mismo tiempo.
“Le dije que no hiciera eso” murmuró Jack desde un lado.
Tenía los brazos cruzados, pero el tono cortante de su voz no coincidía con la leve preocupación que se reflejaba en sus ojos.
Moraine se arrodilló junto a Neo.
Sus manos se apretaban contra él mientras una luz sanadora se extendía por su carne desgarrada.
No dijo nada, pero su rostro reflejaba las palabras que no pronunciaba.
Frustración, miedo, ira, incluso alivio. Todo estaba allí, arremolinándose bajo su expresión serena.
Neo se obligó a respirar.
Una y otra vez reconstruyó lo que había sido destruido, reviviéndose y recomponiéndose a sí mismo hasta que el dolor disminuyó lo suficiente como para que pudiera moverse.
Finalmente, soltó una risa temblorosa.
“Eso fue horrible” murmuró, apoyándose en el hombro de Moraine mientras se ponía de pie.
Sus labios se curvaron en una sonrisa que no llegaba a sus ojos cansados. "Aunque debo admitir que es un ataque bastante fuerte. Me pregunto si podré usarlo como arma correctamente."
“¿Usar... convertirlo en arma?” Jack frunció el ceño.
“Sí” dijo Neo con indiferencia, como si su cuerpo no siguiera temblando. “Piénsalo. ¿Te has preguntado alguna vez por qué los nombres de dioses de niveles superiores pueden matar a alguien?
"Tiene que haber una razón. Si logro descubrirla, tal vez pueda convertirla en un arma. Entonces podría matar a cualquier dios, sin importar mi rango. Igual que Félix…"
"No harás tal cosa."
La voz les golpeó con fuerza antes de que pudiera terminar.
Un peso aplastante presionaba contra la nave espacial.
El metal crujió como si manos invisibles lo apretaran desde todas las direcciones.
El espacio mismo pareció estremecerse.
La expresión de Moraine se endureció de inmediato.
Miró fijamente al Vacío.
"Voluntad Universal, ¿qué haces aquí?"
La presión aumentó.
Era como si la atmósfera misma quisiera enterrarlos vivos.
"Deberías saber por qué estoy aquí."
Si la Voluntad Universal tuviera cuerpo, ahora mismo estaría apretando los dientes.
¡Este bastardo volvió a usar el nombre del anterior Shadow Supreme de Eon!
¡Lunático!

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La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela)
Capítulo 734
La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 733
Estás leyendo el capítulo 733 de La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela), un novela. Un personaje sin nombre que nunca apareció en la novela. Un extra. Neo se convirtió en ese personaje extra.... Transmigrar a la novela y obtener el linaje de Hades, el dios de la muerte, se suponía que era lo mejor que… Este capítulo tiene publicado el 20 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) tiene 839 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.