Leer La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 559 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
“¿Estás seguro de que es el Ser Querido del Espacio?” preguntó Neo.
"Sí."
"¿Cuántos seres queridos de un mismo elemento pueden estar presentes al mismo tiempo?"
"No lo sé, pero nunca he oído hablar de que haya dos o más Seres Queridos de un Elemento juntos."
Neo frunció el ceño.
Su mirada se desvió hacia el holograma en el cielo que mostraba la ejecución del líder de los Soles Olvidados, que resultó ser el Ser Amado del Espacio.
“¡Viejo Espacio!” gritó. “¿Es ese el ser querido que querías que salvara?
En efecto, es él.
Las motas de luz plateadas se materializaron alrededor de Neo.
Yaleth se sorprendió al sentir el repentino aumento de Elementales Espaciales, sin embargo no podía oírlos hablar ya que estaban usando Intención 'dirigida', que enviaba la voz solo a su objetivo.
Una expresión sombría se dibujó en el rostro de Yaleth.
La aparición de los Elementales Espaciales cuando el Ser Querido del Espacio estaba siendo ejecutado no era precisamente una buena señal.
Neo no lo consoló. Él tampoco estaba de buen humor.
“¿Podré rescatar a ese tipo?”, pensó. “Este planeta entero debe tener muchísimas defensas hoy en día para asegurar que la ejecución se lleve a cabo sin problemas”.
Neo respiró hondo.
Por más que lo intentara, no veía ninguna manera de tener éxito.
Pero…
'El espacio me salvó cuando estuve en peligro.'
'No puedo simplemente echarme atrás ahora que me toca cumplir mi parte del trato.'
Invocó a Obitus y estaba a punto de dar un paso cuando, de repente, los Elementales del Espacio hablaron.
¿Qué estás haciendo?
Voy a rescatar al ser querido
Suspiro….
Neo escuchó a la Muerte, a la Sagrada, a la Vida y a muchos otros Elementales suspirar junto con el Espacio.
Los Elementales Espaciales volvieron a suspirar mientras continuaba.
Pensábamos que habías aprendido algo de las experiencias anteriores, pero tal vez fue nuestra vanidad esperar que ya no fueras imprudente.
Los Elementales Espaciales miraron fijamente a Neo.
Dime, Hargraves. ¿Cómo pensabas salvar a mi ser querido en este estado?
Eso no importa. Lo que importa es que di mi palabra.
Suspiro.
Neo juraría que los Elementales Espaciales le estaban negando con la cabeza.
No somos despiadados, Hargraves. Jamás te pediríamos que salvaras a nuestro ser querido en una situación en la que te fuera imposible.
Ahora mismo no tienes que hacer nada. Alguien más lo rescatará. Necesito que lo ayudes más tarde.
Dicho esto, los Elementales desaparecieron.
Neo oyó un sonido a través del holograma proveniente del alienígena que estaba detrás del Ser Querido del Espacio.
El alienígena, Zara'tel, era alto, de complexión casi insectoide, pero a la vez regio.
Sus extremidades alargadas estaban blindadas con relucientes placas exoesqueletales que centelleaban como obsidiana pulida.
Su rostro era estrecho y triangular, con seis pequeños ojos dispuestos en dos filas ordenadas, cada uno brillando tenuemente de color violeta.
Tatuajes bioluminiscentes palpitaban sobre su piel quitinosa, brillando al unísono con su voz.
“¡Pueblo mío!” tronó la voz de Zara'tel, con una cadencia de otro mundo. “¡La guerra termina hoy! ¡Ante vosotros se alza un hereje que ha desafiado repetidamente los Principios Sagrados del Acuerdo Celestial! ¡Hoy, le hacemos justicia y la honramos!
Las palabras resonaron como campanas por toda la ciudad, amplificadas por una magia o tecnología desconocida.
La multitud estalló en vítores.
Una oleada de excitación eléctrica recorrió a las masas alienígenas congregadas alrededor del patíbulo de ejecución.
Eran tan diversos como las galaxias: seres escamosos con ojos fundidos, formas etéreas envueltas en gas y zarcillos parecidos a nebulosas, otros con carne parecida a la corteza y corazones de gemas brillantes.
Sus vítores resonaron como una tormenta sobre metal y piedra, con los ojos vueltos al cielo en adoración a la proclamación de Zara'tel.
Pero Neo solo sentía pavor.
“Tenemos que movernos” le dijo a Yaleth. “Teletransportémonos de vuelta rápidamente.
¿Eh? ¿Por qué tienes tanta prisa?
"Alguien vendrá a rescatar a ese tipo. Eso significa que habrá fuerza suficiente para luchar contra los soldados estacionados aquí. Habrá daños colaterales, y gente como nosotros, que solo estamos en la Fase 3, seremos los primeros en ser aplastados."
"¿Cómo lo sabes siquiera...?"
"¡Yaleth, muévete!"
El Dios Exterior se dio cuenta de que algo andaba mal al ver la expresión seria de Neo.
El propio Neo no se movía solo por las advertencias de los Elementales Espaciales.
Era por la Muerte que podía presentir.
Todos los que estuvieran a su alrededor morirían en los próximos 15 segundos.
Neo y Yaleth no fueron la excepción. Una gran cantidad de Muerte, visible solo para Neo, había descendido sobre el planeta.
"Esta plataforma es el portal de entrada al planeta. Necesitamos ir a otra..."
Una sombra se cernió sobre ellos.
Las palabras de Yaleth fueron ahogadas por la repentina aparición de un colosal buque de guerra en el cielo.
Se manifestó repentinamente mientras el propio tejido del espacio se doblaba y se rompía a su alrededor.
La nave era titánica, casi como una galaxia en movimiento, forjada con aleaciones de oro negro que resplandecían con inscripciones cósmicas.
Su parte frontal tenía forma de punta de lanza, los laterales como alas plegadas, y su superficie ardía con relámpagos silenciosos.
Docenas de torres y cañones salpicaban su casco, pero ninguno se movía.
Simplemente flotaba.
Un profundo pulso se propagó.
Los sistemas de defensa del planeta que habían comenzado a fijar el objetivo se apagaron repentinamente. Como si se hubieran extinguido velas.
Y entonces... silencio.
Se creó una ausencia de sonido imposible.
Incluso la multitud, incluso el viento, todo estaba en silencio.
La escotilla de popa del barco se abrió.
De ella surgió una figura que se detuvo al borde de la rampa. No flotó ni descendió. Simplemente los miró desde arriba.
Un hombre.
Alto. Majestuoso. Dorado.
Su cabello ondeaba tras él como la luz del sol, sus ojos como dos estrellas gemelas brillando en un cielo tranquilo e inquebrantable.
Vestía una túnica de varias capas, blanca y azul real, ribeteada en oro, con un manto celestial oscuro que le caía sobre los hombros y que parecía cosido con constelaciones.
Unos guanteletes blindados enmarcaban sus manos, y el trueno danzaba a sus pies. Cada uno de sus movimientos irradiaba control.
La expresión de Neo se ensombreció.
Nunca antes había visto a ese hombre.
Pero esa intención”
"Zeus, el asesino de dioses", susurró una voz desde el andén.
Era el Verdugo del Ser Querido del Espacio. No gritó, pero todos lo oyeron. El planeta entero pareció inclinarse hacia esa voz.
"¿Por qué has venido a mi mundo?"

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La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 559
Estás leyendo el capítulo 559 de La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela), un novela. Un personaje sin nombre que nunca apareció en la novela. Un extra. Neo se convirtió en ese personaje extra.... Transmigrar a la novela y obtener el linaje de Hades, el dios de la muerte, se suponía que era lo mejor que… Este capítulo tiene publicado el 20 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) tiene 839 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.