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Leer La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 466 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La conciencia de Neo se agitó. Abrió los ojos de golpe cuando un dolor agudo le recorrió cada fibra del cuerpo. Su respiración era entrecortada y superficial. Su visión se nubló al observar su entorno. Estaba tendido sobre piedras ásperas e irregulares. El olor a tierra húmeda y algo ligeramente metálico le llenaba las fosas nasales. Una caverna. Una enorme. El techo irregular y dentado se alzaba a cientos de metros de altura. Unos tenues hongos bioluminiscentes se aferraban a su superficie. 'Dónde estoy-' Un chillido agudo e inhumano interrumpió sus pensamientos. Neo aguzó sus sentidos y lo vio. Una criatura se abalanzó sobre él con ocho patas que se deslizaban ágilmente sobre la piedra. Su quitina y sus tendones se unieron en una mezcla grotesca. Su cuerpo estaba cubierto por una armadura gruesa y segmentada, oscura y brillante, como obsidiana pulida. Ocho ojos carmesí brillaron con una inteligencia inquietante, fijos en él. Sus mandíbulas se contrajeron, chasqueando como si saborearan el aire, y el veneno goteaba de los colmillos curvos que sobresalían de sus grotescas fauces. Neo apretó los dientes e intentó incorporarse. Le temblaban los brazos, le flaqueaban las piernas. Se desplomó sobre la fría piedra. Su cuerpo estaba destrozado. La batalla contra el Tártaro lo había llevado al límite. Había consumido hasta el último vestigio de su Energía, incluso la Energía Mundial Condensada que servía de base a su forma física. Sus huesos, sus órganos, su sangre... todo estaba formado a partir de la Energía Mundial, y ahora, la mayor parte había desaparecido. Tuvo suerte de que su cuerpo no se hubiera destrozado por completo, pero no podía luchar en su estado actual. El monstruo se acercaba. Neo apretó los puños. Podía quedarse quieto. Dejar que la bestia lo devorara, que quedara satisfecha y que dejara en paz lo que quedara de él. Sería fácil. Podría revivir después. Era inmortal. Pero la rabia fría y hirviente que llevaba dentro se lo impedía. Tártaro. Odiaba ese nombre. Se odiaba aún más a sí mismo. Su debilidad, su fracaso. La perdió. Porque era débil. La furia abrumadora burbujeaba dentro de su cráneo, gritando por ser liberada. Necesitaba algo que matar. Un dolor agudo le estalló en los brazos cuando volvió a incorporarse. Grietas se abrían en su piel como porcelana hecha añicos. Un dolor punzante le estalló en la mente, pero obligó a su cuerpo a moverse. La araña se abalanzó. Sus monstruosas extremidades se movían borrosamente por el aire. Manejo de la espada divina Octava postura: Kami no Shinpan. La hoja informe desgarró la piel quitinosa de la bestia con un corte limpio e implacable. La sangre brotó en un arco cuando el cuerpo de la criatura se partió en dos, y sus mitades se desplomaron sin vida sobre el suelo. Neo exhaló bruscamente. El dolor era insoportable, pero apenas lo reconocía. Su ira lo mantenía en movimiento. Tal como había presentido, la caverna tenía más de ellos. Los hermanos del monstruo emergieron de las sombras. Algunas de ellas eran más grandes, cinco veces el tamaño de la primera, y más fuertes. Sus cuerpos blindados resplandecían con tenues venas rojas que palpitaban bajo la superficie, como si lava fundida fluyera a través de ellos. De sus mandíbulas goteaba una sustancia espesa y corrosiva que siseaba al penetrar en la piedra bajo ellas. Sus extremidades eran más afiladas y más largas. Neo no estaba centrado en ellos. Su mente seguía reproduciendo la escena una y otra vez. Su sonrisa, sus ojos serenos y sus últimas palabras. Palabras que había intentado decir, pero no pudo. Ahora, estaban perdidos para siempre. El monstruo más cercano se abalanzó sobre él. Se hizo a un lado y blandió su espada en un brutal arco. Su golpe encontró resistencia. El exoesqueleto de este era más grueso. Su hoja se clavó en la madera pero no la atravesó de inmediato. Con un gruñido, aplicó más fuerza al corte, clavando su espada a través de músculo y hueso. La araña chilló al desplomarse su cuerpo. Pero otro ya se cernía sobre él. Una pierna del tamaño de una lanza se estrelló contra su costado. Los huesos crujieron. Neo tropezó, logrando apenas girar el cuerpo para evitar un segundo golpe. Su cuerpo gritaba en protesta, pero él no dejó de moverse. Uno vino por detrás. Giró sobre sí mismo, haciendo girar la hoja con un agarre invertido y empujándola hacia atrás. Un alarido de agonía estalló cuando dio en el blanco, atravesando uno de los ojos brillantes del monstruo. Otro saltó desde arriba. Rodó hacia adelante, evitando por poco ser aplastado. Su pie resbaló en la piedra lisa, pero logró estabilizarse justo a tiempo para recibir la siguiente embestida. Su espada danzó por el aire, cortando la quitina, cercenando miembros, labrándose la carne. Su cuerpo se fracturó aún más, incapaz de soportar la tensión. Su piel se rasgó como una máscara hecha añicos, dejando al descubierto la carne viva y expuesta. Cada movimiento le provocaba una nueva agonía que le desgarraba el cuerpo. Necesitaba el dolor. Le ayudaba a ignorar sus pensamientos. ¿Por qué siempre era él el que sobrevivía? ¿Por qué tenía que ver morir a sus seres queridos una y otra vez? Neo no intentó usar una imitación del Río del Tiempo. Había transcurrido demasiado tiempo, y los Elementales del Tiempo no le permitirían regresar. Le tenían antipatía desde que desvió a Daniel, su ser querido, y ahora había cometido un delito mucho peor. Forzó una línea temporal artificial a hacerse realidad. No una, sino dos veces. Un dolor punzante le atravesó la cabeza. Le arrancó la pierna del monstruo de su pecho y le devolvió el favor. Otra bestia cayó. Luego otra. Sus cuerpos se amontonaban a su alrededor, y la sangre espesa se acumulaba bajo sus pies. El hedor a muerte llenaba la caverna. Pero seguían llegando. Sus movimientos se ralentizaron. Su respiración se volvió entrecortada. Sus brazos temblaban de puro agotamiento. Y aun así, siguió luchando. Pasaron horas antes de que finalmente cayera. Pero ningún monstruo aprovechó la oportunidad. No estaban vivos para hacerlo. Todos estaban muertos. Neo yacía allí, entre montañas de cadáveres. Se mordió los labios y se cubrió los ojos. La ausencia de dolor y de batalla obligó a sus pensamientos a moverse. ¿Cómo iba a encontrar su reencarnación en el cosmos infinito? ¿Y si se había reencarnado en el pasado? Si eso ocurriera, jamás podría encontrarla. ¿Y si nunca volviera a verla? La idea le heló el corazón. Sus uñas se clavaron en su palma. No debió haberle propuesto matrimonio. Debió haber mantenido su corazón cerrado y fingir indiferencia ante sus emociones. Quizás así no se sentiría destrozado tras presenciar su muerte. Un Vacío abismal se instaló en su rostro. ¿Qué clase de hombre era? Ni siquiera pudo proteger a la mujer que amaba. Sus pensamientos se detuvieron en seco. Ouroboros. El hechizo del Tiempo Mundial grabado en su espalda.
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La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 466

Estás leyendo el capítulo 466 de La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela), un novela. Un personaje sin nombre que nunca apareció en la novela. Un extra. Neo se convirtió en ese personaje extra.... Transmigrar a la novela y obtener el linaje de Hades, el dios de la muerte, se suponía que era lo mejor que… Este capítulo tiene publicado el 20 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) tiene 839 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.