arrow_back

Leer La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 277 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
'Gaia debe haberle dicho que interviniera si Tifón resultaba demasiado para manejarlo.' “De acuerdo” dijo Emma con cautela”. Entre los dos deberíamos poder contener a Tifón hasta que lleguen los refuerzos... "No necesito refuerzos." Thanatos la interrumpió, desenvainando una espada negra que irradiaba un aura misteriosa y consumidora. En el momento en que cortó, una ola de destrucción se extendió hacia afuera. Los secuaces de Tifón, que casi habían alcanzado la posición de los Despertadores, fueron atravesados de un solo golpe. Un momento de silencio atónito envolvió el campo de batalla. “Todos, retírense” ordenó Tánatos. Su voz era tan fría y afilada como su espada. "Gaia me ha enviado para lidiar con Tifón." Antes de que alguien pudiera reaccionar, levantó su espada nuevamente y la blandió hacia abajo. La enorme fuerza del ataque destruyó todo a su paso, abriendo una ruta directa al núcleo de Tifón. Mientras caminaba hacia adelante, uno de los despertadores susurró temblorosamente: "E-esa espada negra... ¿no es la que Sir Apolo nos dijo que tuviéramos cuidado?" El corazón de Emma dio un vuelco. Su mirada se dirigió al arma que sostenía Thanatos, pero antes de que pudiera estudiarla más, él se había ido, desapareciendo en la bruma del campo de batalla. ¡Maldita sea, cómo pude ser tan estúpida! ¡Si se llama Tánatos, claro que es él!” murmuró Emma en voz baja. De repente, el suelo bajo sus pies retumbó violentamente. Todas las cabezas se giraron hacia la fuente de los temblores y vieron a Tánatos lanzado al aire. El polvo y los escombros se esparcieron por el aire creando una neblina humeante. Antes de que Thanatos pudiera tomar represalias, un tornado ardiente lo envolvió. Se elevó en espiral como una columna de fuego y quemó el aire a su alrededor. "¡Por fin estás aquí!" rugió una voz resonante. De pie en la fuente de las llamas estaba Oni, el Soberano de las Llamas, uno de los sirvientes directos de Tifón. Sus ojos fundidos brillaron con deleite malicioso mientras apuntaba con una mano con garras a Thanatos. "¡El Maestro nos ha ordenado que te matemos con especial atención!" "Siempre es divertido oír a un monstruo llamar a otro monstruo 'amo'". La voz de Thanatos resonó desde el interior del vórtice ardiente, tranquila pero llena de desdén. Un instante después, el tornado ardiente se fracturó. En las llamas ardientes aparecieron grietas uniformes. Se dividieron en innumerables pedazos, como si fueran cortados por una espada invisible. Las llamas dispersas se disiparon en brasas moribundas, revelando a Thanatos de pie sobre una enorme sombra invocada con la forma de un pájaro, con las alas abiertas mientras flotaba en el cielo cubierto de cenizas. “No hables en lenguaje humano” dijo con frialdad, con la mirada fija en Oni”. Es repugnante. Oni se estremeció. Una gota de sudor rodó por su sien mientras procesaba lo que acababa de suceder. Sus llamas” llamas que ningún despertador común podría soportar” habían sido cortadas sin esfuerzo. Los penetrantes ojos de Thanatos se dirigieron brevemente a los otros dos Soberanos que acechaban en las sombras. Estaban esperando el momento perfecto para atacar. "No es a mí a quien deberías temer", dijo, y su voz cortó el aire como una navaja. El suelo volvió a temblar, esta vez más violentamente, como si respondiera a sus palabras. Los soberanos se tensaron. Los temblores, que habían descartado como efectos secundarios del aura abrumadora de Tifón, ahora se sentían… diferentes. No fueron causados por Tifón. Fue algo más. Algo peligroso. "Es él." La región norte de la Expansión Salvaje se derrumbó sobre sí misma. La tierra se derrumbó como si fuera devorada por una fuerza invisible. Un grito agudo y escalofriante resonó en el campo de batalla. Y entonces surgió. Un gusano monstruoso, más grande que un edificio de quince pisos y diez veces más ancho, surgió del suelo derrumbado. Su cuerpo segmentado brillaba con un brillo antinatural, y sus fauces circulares estaban bordeadas de miles de dientes afilados que brillaban como cuchillos ensangrentados. El aire se llenó del aura sedienta de sangre del gusano, sofocando a todos los que estaban cerca. La criatura dejó escapar otro grito ensordecedor antes de abalanzarse sobre el grupo de monstruos más cercano. Sus movimientos colosales aplastaron el bosque y las bestias debajo de él, dejando un camino de destrucción absoluta a su paso. Los árboles se quebraron como ramitas y la tierra gimió bajo el peso de su cuerpo. La mandíbula de Emma se tensó mientras observaba cómo se desarrollaba la carnicería. "¿Qué... qué es esa cosa?", balbuceó uno de los despertadores, con la voz temblorosa de terror. Thanatos no respondió. Su mirada permaneció fija en los Soberanos, su expresión tan fría e inflexible como la espada en su mano. "Devóralos", ordenó Tánatos. El gusano abrió sus fauces abiertas, revelando miles de dientes afilados como navajas. Un sonido gutural bajo resonó desde sus profundidades cuando comenzó a inhalar. La fuerza de su succión movió el aire. Los árboles más cercanos fueron los primeros en desaparecer. Sus troncos crujieron y se astillaron cuando fueron arrancados de raíz y arrastrados hacia la boca del gusano gigante. A continuación le siguió el suelo. Grandes trozos de tierra se desmoronaron y desaparecieron en las fauces del gusano. Pero no quedó allí. La esencia misma de la Expansión Salvaje parecía haber sido consumida. El gusano comenzó a devorar el Tiempo. Los monstruos y los Soberanos se congelaron, incapaces de moverse, mientras el gusano se comía su Tiempo. Entonces ocurrió algo asombroso. Los monstruos y el bosque comenzaron a envejecer hacia atrás. Se hicieron más jóvenes. Y más joven. Y más joven. Los monstruos aullaban de agonía mientras sus formas se distorsionaban y desaparecían. Los orgullosos soberanos de Tifón no podían hacer nada. Se dieron cuenta, demasiado tarde, de la verdadera naturaleza del poder del gusano: no solo consumía materia. Devoraba su Tiempo. Sus cuerpos se estremecieron mientras el horroroso proceso continuaba. Las formas de los Soberanos se hicieron más jóvenes. Sus rasgos retrocedían con cada segundo que pasaba. Sus poderosas auras disminuyeron. Su fuerza se desvaneció a medida que se vieron obligados a retroceder a través de las arenas del tiempo. El pánico se reflejó en sus ojos, pero no podían moverse. La succión del gusano los dejó completamente paralizados. Y luego, desaparecieron. Primero, sus formas físicas se disolvieron en el vacío. Luego, su existencia misma se borró, como si nunca hubieran existido. La succión se intensificó y el bosque circundante también comenzó a desaparecer. Las hojas crecieron y se transformaron en brotes, los árboles se redujeron a retoños y, finalmente, el suelo mismo envejeció y se convirtió en un páramo estéril. Emma y los despertadores, que se encontraban lo suficientemente lejos para evitar el ataque inmediato del gusano, observaron en un silencio atónito. El aire que los rodeaba se sentía pesado, impregnado de una quietud antinatural. "¿Qué acaba de pasar?", susurró uno de los despertadores con una voz apenas audible. Los puños de Emma se apretaron mientras contemplaba la devastación. En cuestión de momentos, la exuberante extensión de la Expansión Salvaje se había reducido a un páramo desolado. La vegetación vibrante, los árboles extensos, la vida abundante: todo había sido devorado, dejando atrás solo un desierto estéril. En su centro se encontraba el núcleo de Tifón. El árbol gigante palpitaba como un corazón latente, el único remanente del otrora vasto bosque. El gusano emitió un último grito ensordecedor antes de enroscarse sobre sí mismo. Su cuerpo desapareció en la arena tan rápido como había emergido. Emma tragó saliva con fuerza. Lo que acababa de presenciar la sacudió hasta lo más profundo. "Esa cosa..." susurró. Su voz temblaba con una mezcla de miedo y asombro. "Es algo que va más allá de todo lo que hayamos enfrentado hasta ahora". Ante ellos se extendía el páramo yermo. Era un recordatorio del aterrador poder del gusano. Del aterrador poder de Tánatos. Thanatos ignoró la conmoción de los despertadores y ordenó a su sombra invocada que lo llevara al Núcleo del Tifón.
La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela)

Continúa leyendo

La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela)

Capítulo 278

Siguiente Capítulo ›

La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 277

Estás leyendo el capítulo 277 de La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela), un novela. Un personaje sin nombre que nunca apareció en la novela. Un extra. Neo se convirtió en ese personaje extra.... Transmigrar a la novela y obtener el linaje de Hades, el dios de la muerte, se suponía que era lo mejor que… Este capítulo tiene publicado el 5 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) tiene 839 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.