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Leer La Madre Noche (Novela) Capítulo 1 online gratis en español
Una cálida mano rozó la mejilla de Emma un par de ocasiones; la melodiosa voz de Anne llamó su nombre varias veces. Su ceño se frunció en protesta, antes de que comenzara a estirarse perezosamente.
La choza estaba medianamente iluminada por un pequeño fuego. Peleando la batalla de su vida, una gallina revoloteaba alrededor de la escoba de Anne, quien intentaba expulsarla de la casa.
─Buenos días ─murmuró Emma sutilmente, pero la mujer frente a ella estaba demasiado ocupada en su pequeña riña con el animal.
No fue hasta que la joven comenzó a vestirse que Anne se percató de que por fin se había levantado.
El cuello de Emma se curvaba ligeramente hacia adelante, manteniendo la parte superior de su cabeza a tan sólo unos cuantos centímetros del desplomado tejado. Era incómodo caminar así. Y Anne, quien medía alrededor de una palma más que ella, tenía que flexionar las rodillas para mantenerse de pie, y encontraba incluso más difícil el moverse dentro de la casa.
Antes de dejar caer la túnica usada, Emma se giró lentamente. Sus manos se apresuraron a deslizar la prenda limpia sobre su cuerpo. La falda vino después. Entonces, miró sobre su hombro, sus dedos aún ajustaban la pretina cuando ella confirmó que Anne la observaba atentamente.
─Ya es muy corta −indicó Anne con la barbilla, en dirección a la falda de la joven.
La falda le llegaba casi a media pantorrilla, cosa que a Emma no le molestaba en lo absoluto, aunque al ver que a Anne la prenda la cubría hasta los tobillos supo exactamente que algo se haría al respecto.
─Necesitaré añadir más tela ─murmuró Anne para sí misma. A Emma, se le dibujó una pequeña sonrisa.
La gallina por fin había decidido que ese no era su hogar, y había salido caminando por su cuenta, erguida, dirigiéndose a la casa de Agatha, que se encontraba unos cuantos pasos más adelante.
−Agua −añadió Anne−. ¿Podrías traer un poco? −el rostro de Emma se iluminó inmediatamente, a lo que Anne sacudió la cabeza− no del arroyo, Emma. Sólo ve al pozo de la iglesia.
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La capa de piel de Anne era aún muy larga para ella; el cuero de quatthorn la mantenía caliente, se decía que podría mantener a alguien con vida incluso en las nevadas más intensas, pero era pesado. Muy pesado.
A cada paso la cubeta se balanceaba, y el borde de la capa producía un húmedo susurro contra la nieve, borrando las huellas de sus pasos, dejando sólo un amplio rastro detrás.
A las orillas del pueblo, antes de doblar al este, siguiendo el sendero a los cultivos, Emma pasó de largo la casa del pastor. Al menos al inicio. Un sonido húmedo e insistente atrajo su atención desde el interior.
Primero, Emma rodeó aquella vivienda sin ventanas. A lo lejos, unos veinte metros más al sur, el cobertizo de madera donde las ovejas dormían estaba abierto. Ningún animal en el interior. Probablemente William había llevado al rebaño al claro junto al río.
Emma miró sobre su hombro, hacia la cabaña del pastor de la que emanaban ruidos extraños.
“Entonces, ¿quién está allí dentro?”
Dejando la cubeta sobre la nieve y usando sus manos para recoger la cola de la capa, levantó el borde para que dejara de arrastrar sobre la nieve.
Comenzó a moverse lentamente con pasos ligeros y conteniendo la respiración para sobrellevar la incomodidad que le producía ese aroma.
Separando la piel de la carne, el cuchillo de Erenet se abría paso bajo el cuero de una oveja.
Muerte.
La escena frente a ella hizo que la ligereza en su estómago se disipara.
Tras la primera impresión, continuó observando los movimientos de Erenet fijamente.
Tal era la concentración del viejo que no se percató de que estaba siendo observado; los movimientos de su antebrazo eran firmes mientras la muñeca se deslizaba suavemente, separando la piel de la grasa y el músculo.
Observar la maestría con la que el hombre manejaba al animal le pareció impresionante. Ni siquiera Cale, el esposo de Anne y un cazador experimentado, lograba manejar el cuchillo con tal destreza.
Al intentar acercarse un poco más, accidentalmente golpeó con el pie una cubeta junto al umbral.
Su cuerpo dejó de moverse por un momento. Sus ojos fijos en la cubeta a sus pies. Su boca ligeramente abierta.
Al levantar la mirada, pudo ver que la postura de Erenet permanecía firme, los ojos del viejo se mantuvieron fijos en el animal frente a él, y su temblorosa mano parecía ganar estabilidad justo antes de deslizar el cuchillo nuevamente.
“Parece que sí se está quedando sordo”.
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Los campos se encontraban casi vacíos esa mañana. El viento había dañado un par de cercas a inicios del otoño, pero por entonces la siembra del centeno había mantenido ocupados a los adultos, por lo que ahora, que parecía hacer un buen día, un par de hombres se encontraban reparándolas.
Ovejas buscaban alimento cerca del sendero, compartiendo los restos de algunas frutas caídas con pequeñas aves que se acercaban a picotear. Otras cuantas permanecían en el claro, acompañando al pastor. Rascando en la nieve con sus pezuñas.
Sin embargo, mientras más se acercaba Emma mayor tiempo pasaba entre uno de sus pasos y el siguiente.
Algo estaba mal: la mirada de William se perdía entre los árboles al otro lado del riachuelo; su cuerpo, rígido cual estatua, parecía haberse congelado en el lugar.
La nieve y algunas hierbas de un verde pálido eran aplastadas deliberadamente bajo sus botas, produciendo más ruido del habitual. Dos o tres animales la vieron acercarse, uno incluso baló en reconocimiento. William no reaccionó en absoluto.
“Si tan sólo pudiera ver su rostro antes de acercarme más.”
Detrás de William, tan sólo a un brazo de distancia, las piernas de Emma se detuvieron por completo. Sus ojos permanecían clavados en la nuca del hombre, mientras su mano se extendía hacia adelante.
Unos cuantos centímetros más habrían bastado para que sus dedos tocaran el hombro derecho del pastor, pero éste se dio la vuelta de golpe.
Un agudo grito escapó de ambas bocas. La humedad de las nieve empapó la capa de Anne cuando Emma cayó hacia atrás sobre su espalda debido al sobresalto.
─¡Dios bendito! ─exclamó William, asustado. Su mano se aferraba al mango del pequeño cuchillo que llevaba en el cinturón. Su rostro había perdido color, y permaneció así unos segundos más antes de volver a su tonalidad natural al darse cuenta de que se trataba de una niña; de Emma.
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Estás leyendo el capítulo 1 de La Madre Noche (Novela), un novela. Cuándo el invierno llega, las noches se vuelven más oscuras, y las criaturas que acechan en las penumbras salen a cazar. Los dioses antiguos pueden ser la salvación de muchos o la perdición de otros, todo dependerá de… Este capítulo tiene publicado el 21 de septiembre de 2026. La Madre Noche (Novela) tiene 2 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.