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Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 1 online gratis en español
El callejón olía a humedad y a metal viejo. La luz apenas se filtraba desde arriba, una línea débil entre dos edificios altos, lo justo para ver las grietas en las paredes, los charcos turbios en el suelo, y la basura apelmazada contra las esquinas.
Sevrin estaba ahí.
De pie. Respirando lento.
El cabello oscuro le caía desordenado sobre la frente. Las ojeras bajo sus ojos no eran de esa noche: hablaban de semanas enteras durmiendo mal. No era alto, pero años de entrenamiento se le notaban en la forma de parar. Relajado. Listo para moverse en cualquier momento.
Frente a él, tres personas.
Uniformes oscuros, guantes ligeros, pantalones resistentes con correas laterales donde solían colgar fundas vacías. En el pecho, un emblema metálico que Sevrin conocía demasiado bien: un ojo estilizado dentro de un escudo roto.
El uniforme del instituto.
No eran desconocidos. Bueno. Dos de ellos no.
El de la izquierda era Renn. Cara redonda, cejas gruesas, la nariz ligeramente torcida de cuando Sevrin se la había roto el año pasado. El de la derecha, Joren, más delgado, más nervioso, siempre moviendo los dedos como si estuviera contando algo que nadie más veía.
Los había golpeado antes. Los volvería a golpear.
Pero el del centro...
Sevrin entrecerró los ojos. El uniforme era el mismo. El emblema, igual. Pero la cara no le decía nada.
Y vaya cara.
No era feo. Eso lo notó de inmediato, aunque le molestara admitirlo. Mandíbula bien definida, pómulos altos, el uniforme ajustado a los hombros y al pecho. Este tipo entrenaba. Y no era de los que levantan pesas solo para verse bien en el espejo.
Pero lo que realmente llamó la atención de Sevrin no fue el físico.
Fue la mirada.
El tipo miraba a Renn y Joren como si fueran muebles. Como si estar en su misma presencia fuera un favor que él les hacía. No había crueldad en esa mirada. No hacía falta. Era algo peor: indiferencia absoluta.
Cuando sus ojos se posaron en Sevrin, la expresión no cambió mucho. Solo se intensificó. Como si hubiera pasado de mirar basura a mirar algo que, tal vez, valía la pena examinar un poco más de cerca.
Este se cree superior, pensó Sevrin. Y no era una impresión. Era un hecho. Lo irradiaba desde cada poro: en la forma de mantener los hombros hacia atrás, en la manera de respirar lento como si tuviera todo el tiempo del mundo, en esa media sonrisa que no llegaba a los ojos.
—No tienes que hacerlo más difícil —dijo el tipo. Voz plana, tranquila. Como si estuviera haciendo un comentario sobre el clima.
Sevrin lo miró fijamente. El silencio se alargó unos segundos.
—¿Y tú quién mierda eres?
El tipo levantó una ceja. Esa media sonrisa no desapareció, pero algo en sus ojos cambió. Se volvió más afilado.
Renn, aún tambaleándose por el golpe que Sevrin le había dado antes, abrió la boca.
—Él es Kaelan—
No terminó la frase.
El del centro se giró hacia él con una lentitud que resultaba más aterradora que cualquier movimiento rápido. Su palma impactó directo en la mejilla de Renn con un sonido seco y húmedo a la vez. La cabeza de Renn giró violentamente hacia un lado. Escupió sangre.
—A mí me preguntaron —dijo Kaelan.
Se agachó lentamente, hasta quedar a la altura de Renn. Su sonrisa era ancha, cruel, disfrutando cada segundo. Pero sus ojos no sonreían. Sus ojos eran hielo.
—Cuando diga que me presentes, te lo haré saber. Mientras no lo haga, no lo debes hacer. ¿Me entiendes?
Renn asintió, temblando.
—Si lo vuelves a intentar, te rompo todos los huesos. Uno por uno. ¿Queda claro?
—S-sí.
Kaelan se incorporó, enderezó los hombros y se giró hacia Sevrin como si nada hubiera pasado.
—Ustedes dos. Atrás. Muévanse.
Dio un paso adelante. Luego otro. Sus pies se deslizaron sobre el pavimento con una seguridad que bordeaba lo teatral. Se detuvo a unos dos metros de Sevrin, en el centro del callejón, como si ese espacio le perteneciera por derecho.
—Me llamo Kaelan Vex —dijo, articulando cada sílaba como si estuviera pronunciando una sentencia—. Quizás no hayas oído mi nombre todavía. Pero lo oirás.
Sus ojos recorrieron a Sevrin de arriba abajo, evaluando, midiendo.
—No soy como esos dos. Ellos pelean porque tienen que hacerlo, porque les da miedo decir que no. Yo peleo porque soy bueno en esto. Porque nací para esto.
Sevrin no respondió. No movió un músculo. Pero por dentro, algo se ajustó. Como una pieza de engranaje que encaja en su sitio.
No ha venido a pelear, pensó. Ha venido a presentarse.
Eso lo decía todo.Un tipo que necesita anunciarse antes de atacar. Un tipo que necesita que el otro sepa quién lo va a golpear. Quizá, en el fondo, solo necesitaba asegurarse de que alguien recordara su nombre.
Sevrin había conocido a muchos como él. Ninguno había durado.
—Así que eso soy —continuó Kaelan, la voz más íntima ahora, más peligrosa—. Kaelan Vex. El que va a estar por encima de todos. Y tú... tú eres solo el primero de muchos.
Hizo una pausa. Esperó. Probablemente esperaba una reacción. Miedo. Respeto. Algo.
—¿Terminaste con el discurso? —preguntó Sevrin, con la misma voz plana con la que pediría la hora.
La sonrisa de Kaelan se congeló por un instante. Luego se ensanchó.
—Me dijeron que eras bueno. Quería comprobarlo yo mismo.
No atacó. Levantó una mano e hizo un gesto. Una orden silenciosa.
Renn y Joren se lanzaron a la vez.
Renn fue primero, un puñetazo directo, bien plantado. Sevrin giró apenas el torso y contestó bajo las costillas. El golpe sonó húmedo. Renn se dobló hacia adelante, cayendo de rodillas. Joren vino por abajo, buscando la rodilla; Sevrin la levantó a tiempo y lo mandó contra la pared. El impacto resonó en el callejón, mezclándose con un chapoteo cuando Joren cayó sobre un charco.
—No te muevas, quédate ahí —dijo Kaelan.
Renn intentó incorporarse otra vez, terco, la nariz sangrando, el labio partido, pero con una chispa estúpida de orgullo empujándolo a levantarse.
—Yo... yo puedo... —murmuró, empujando con los brazos temblorosos.
Kaelan se movió antes de que llegara a ponerse de pie del todo. Su pie impactó directo en el costado de Renn con toda la fuerza de su pierna. El aire abandonó los pulmones de Renn en un grito ahogado, y rodó por el suelo mojado, retorciéndose.
—Te dije que no te muevas —dijo, casi para sí mismo.
Se giró hacia Joren, paralizado de miedo.
—Tú también. Largo.
Joren no necesitó que se lo repitieran. Se arrastró hacia un lado, pegándose a la pared, llevándose las manos a las costillas donde Sevrin lo había golpeado. No miraba a nadie. Solo quería desaparecer, ser invisible.
Ahora solo existía Sevrin.
—Ya viste lo que les pasa a los que me fallan. Ahora verás lo que pasa con los que se interponen en mi camino.
Atacó.
Y Sevrin entendió al primer golpe por qué estaba tan seguro de sí mismo.
El puño le rozó la mejilla; lo bloqueó con el antebrazo, pero el impacto le sacudió el brazo entero. El segundo golpe llegó directo al estómago. Escupió saliva. El dolor fue real, agudo.
Duele.
Eso significaba que sabía pelear de verdad. No solo entrenado. Experimentado.
Kaelan entró con el hombro, buscando romperle el ritmo. Sevrin retrocedió, la espalda tocó la pared. El frío del muro se filtró a través de la chaqueta.
—¿Eso es todo? —dijo Kaelan. Y su tono no era burlón. Era decepción—. Pensé que me darías más guerra.
Pelea como si ya hubiera ganado, pensó Sevrin. Como si fuera superior a todo esto. Pero ha cometido un error.
Un golpe cruzado le cayó en los antebrazos como un mazo. Kaelan se acercó, su sombra cayendo sobre Sevrin.
—Ya entendí —dijo, casi aburrido—. No eres especial. Solo otro tipo que aguanta golpes.
Esa es tu ventaja, pensó Sevrin. Nunca has perdido. No sabes lo que duele de verdad.
Kaelan se lanzó otra vez: golpe alto, gancho al hígado. Una combinación limpia, de manual.
Sevrin esperó.
El gancho nunca llegó porque Sevrin giró sobre la planta del pie justo antes del impacto, usando el impulso para rotar el cuerpo entero. No fue bonito. Fue instintivo. Sucio.
Y golpeó.
Justo donde el diafragma se encuentra con el esternón. El tipo de golpe que aprendes en los callejones, no en un gimnasio.
El aire abandonó los pulmones de Kaelan con un sonido húmedo. Se dobló. Por un segundo, la arrogancia desapareció, sustituida por algo que Sevrin nunca había visto en él: vulnerabilidad.
Otro golpe, directo a la mandíbula. La sangre voló desde su labio partido. Kaelan cayó de espaldas.
Silencio.
Sevrin exhaló, cansado, vacío. El sudor le enfriaba la nuca. Se giró para irse.
Pero entonces escuchó un ruido. Un movimiento.
Kaelan se estaba levantando. Torpe, tambaleante, la sangre cayéndole por la barbilla, un pómulo hinchándose, el ojo izquierdo medio cerrado. Pero sus ojos seguían ardiendo.
—Tú... —escupió, la palabra cargada de veneno—. Mira lo que le hiciste a mi hermosa cara. ¿Sabes cuánto tiempo me toma mantenerme así? ¿Sabes el dinero que gasto en mi piel?
Se limpió la boca con el dorso de la mano, manchándose de rojo.
—Te voy a matar. Nadie le hace esto a mi cara. Nadie. Voy a romperte cada hueso de tu maldito cuerpo. Alguien como tú no me va a ganar. ¡Yo soy Kaelan Vex! ¡Yo nací para esto! ¡Tú no eres nada!
Se lanzó. No fue un ataque pensado. No hubo técnica. Fue un animal herido arrojándose contra su depredador.
Sevrin lo vio venir y sintió algo. No miedo. No lástima.
Cansancio. Un cansancio profundo, de huesos, de alma.
Un paso al lado. Un giro de cadera. Su puño viajó en un arco corto, directo a la sien de Kaelan.
No hizo falta que fuera fuerte. Kaelan ya estaba al límite.
Por un segundo eterno, sus miradas se cruzaron. Sevrin vio la rabia apagándose, la arrogancia derrumbándose, algo rompiéndose detrás de esos ojos que antes miraban a todos como inferiores.
Kaelan cayó. De rodillas primero. Luego de lado. Su cuerpo golpeó el suelo mojado con un sonido sordo, definitivo. El agua sucia salpicó las paredes.
No se movió.
Renn y Joren observaban desde la pared, petrificados. Ninguno de los dos respiraba.
Sevrin se quedó mirando el cuerpo inmóvil de Kaelan Vex. Esa cara que antes era perfecta, ahora estaba destrozada.
No sintió orgullo. No sintió satisfacción. Solo ese vacío.
Exhaló. Largo. Hondo.
Ajustó su chaqueta gris oscura —el uniforme del instituto, con el emblema desgastado en la manga— y salió del callejón sin mirar atrás.
Pero la imagen de Kaelan cayendo, la expresión en sus ojos justo antes de perder el conocimiento, se quedó grabada en su cabeza.
No era odio lo que había visto en esa última mirada.
Era obsesión.

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La Forma de un Monstruo (Novela)
Capítulo 2
La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 1
Estás leyendo el capítulo 1 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 16 de septiembre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.