arrow_back

Leer La Bruja del Milenio (Novela) Capítulo 137 online gratis en español

🏴 Grupo: Nishino✍️ Traducción: Nishino
Yvette tenía muchas expectativas sobre el contenido del cuaderno de Abel. Podía tratarse de conocimientos sobre runas, o tal vez de ingeniería tecnomágica. El progreso de su aprendizaje podría ser bastante avanzado, pero tampoco era imposible que fuera muy básico. Quizás incluso hubiera garabatos que dibujaba cuando se aburría, tal como solía hacer a veces mientras estudiaba. ¡Pero lo que nunca esperó fue que lo que se presentara ante sus ojos fuera en realidad literatura erótica, y para colmo, literatura erótica protagonizada por ella! ¿Acaso esto tenía sentido? ¿Acaso esto estaba bien? Mi querida sirvienta, ¿no eres acaso una Aberración? ¿Cómo puedes estar tan ostentosamente reprimida? ¿O es este el gran regalo que preparaste especialmente para mí después de mi letargo de un siglo? Tras varios minutos de silencio, Yvette, inexpresiva, dejó el cuaderno. Luego miró la montaña de notas y hojas de manuscritos apiladas a su alrededor, e instantáneamente un terrible pensamiento surgió en su mente. No podía ser todo de esta clase, ¿verdad? Imposible, absolutamente imposible, ¿no? Tantos cuadernos; si no fueran libros, sino cuadernos o manuscritos, habría decenas de millones de palabras en total. ¿Quién podría estar tan ociosa como para entretenerse escribiendo tanto aquí? Pero... Tras un momento de vacilación, solo por si acaso, Yvette abrió otro cuaderno cercano, decidiendo realizar unas rápidas comprobaciones al azar. Entonces, al igual que antes, tras mirar durante unos segundos, confirmó que este era en efecto el mismo tipo de material. Luego vino el segundo, el tercero... Pronto, la luz de la magia de viento resplandeció. Un viento feroz barrió la habitación, cuaderno tras cuaderno, página tras página de manuscrito, como si fueran arrastrados hacia un vórtice invisible. Giraron y se abrieron a su alrededor, revelando por completo las escenas indecentes de sus páginas. Era como si todos los aspectos más oscuros, patológicos y perversos del alma humana se hubieran mezclado, evolucionando en una tormenta mental; de esas que podían corromper directamente la memoria de uno con solo mirarla. Y Yvette, como una tasadora novata de literatura erótica, se sintió como un pequeño bote en una noche de tormenta, luchando entre olas hechas de un sinfín de contenidos obscenos. Con el más mínimo descuido, sería tragada por la abrumadora marea de inmundicia erótica, cayendo así en el abismo para nunca más volver. Mientras tanto, al otro lado de la habitación de ambiente cálido, Abel, que acababa de disfrutar de un dulce sueño, descubrió que la sonrisa de su rostro había desaparecido en algún momento. Sus largas pestañas temblaban continuamente, pareciendo a punto de abrirse, pero cada vez que estaba a punto de hacerlo, percibía instintivamente el peligro y volvía a cerrarlas con timidez. Y así, la habitación quedó en silencio, completamente desprovista de sonido. Incluso el chisporroteo de la leña al arder había desaparecido. Solo quedaba el urgente crujido del viento pasando las páginas, como un toque de difuntos. … Decenas de minutos después. El resplandor de la chimenea parpadeaba, proyectando luces y sombras cálidas sobre el suelo de la sala de estar, que estaba cubierto con una alfombra gruesa. Abel temblaba, postrada junto al sofá en una pose de "dogeza"1 sumamente estándar, con la frente casi tocando el pelo de la alfombra. Su largo cabello negro como la tinta se extendía desordenado, cubriendo la mayor parte de su hermoso, aunque pálido rostro. Al otro lado, Yvette se recostaba en el sofá, observándola sin expresión alguna, sin pronunciar una sola palabra, tan fría e indiferente como un iceberg flotando en las corrientes del Mar del Norte. Esto duró más de diez minutos, hasta que mucho más tarde, Abel, cuyos nervios empezaban a destrozarse, levantó la cabeza con cautela. Una sonrisa congraciadora apareció en su hermoso rostro mientras decía: "Esto... ama... felicidades por su despertar...” "¿No vas a darme una explicación?", preguntó Yvette con voz queda. En realidad, Yvette no estaba enojada; solo se había quedado un poco sin palabras. Si la protagonista de esta literatura erótica no hubiera sido ella, incluso habría sentido admiración por Abel. Ser capaz de entretenerse escribiendo tanto a solas ya no era un simple caso de represión ostentosa, sino el descenso al mundo mortal de una estrella del porno nata, de esas capaces de impulsar la industria por sí solas. Sin embargo, tenía que fingir enojo; esto formaba parte del arte de dirigir a los subordinados. Era exactamente igual que una maestra de primaria o secundaria, que debe mostrarse feroz para mantener a raya a los alumnos. Si les muestras una buena cara, se te suben a la cabeza. "Esto... ama... ama, yo... solo me confundí por un momento, sé que me equivoqué, nunca más volveré a escribir semejantes tonterías, bueeee—" Abel dejó escapar un quejido similar al de un cachorro herido. Su tono sonaba lloroso, aunque no lograba exprimir ni una sola lágrima de las comisuras de sus ojos por más que lo intentara. Se arrepintió diciendo: "Ama, me equivoqué. Por favor, teniendo en cuenta que la he custodiado durante un siglo, no los destruya, ¿sí? Haré lo que sea...” Yvette guardó silencio por un momento, al ver que Abel estaba casi consumida por la ansiedad. Solo entonces dijo, sin expresión alguna: "Guarda esas cosas, que no te vea escribiendo esta clase de...” Tras reflexionar un instante, corrigió sus palabras y suspiró: "Al menos, no me incluyas a mí en ellas.” "¡Guau! ¡Ama, la amo!” Abel respiró aliviada y dijo con alegría, sintiéndose incluso un poco conmovida. ¡El ama es realmente demasiado buena! ¡Incluso no destruyó su arduo trabajo y hasta le permitió continuar con esta "carrera"! ¡Verdaderamente, solo un ama así es digna de su lealtad! Ignorando la mirada de Abel, tan sincera que resultaba casi empalagosa, Yvette no tardó en preguntar de nuevo: "¿De verdad me custodiaste durante cien años?” Esta era la pregunta que más le importaba, principalmente porque este comportamiento de verdad no encajaba con el perfil de Abel que tenía en su mente. ¿Cómo podría este sujeto tenerle alguna lealtad? Lujuria, tal vez, pero no lealtad. Sin embargo, esto por sí solo no debería ser suficiente para que esta pequeña chica araña montara guardia aquí durante cien años sin marcharse. "¡Es verdad!” Abel exclamó de inmediato, fingiendo indignación. Pero tras un momento de vacilación, al mirar a los ojos de su ama, se volvió honesta y añadió: "Quería regresar a la isla para visitarla, pero me topé con una batalla y mi vehículo se dañó... No tuve opción...” Así que es por eso. Se vio obligada a quedarse en la isla. Eso tiene sentido entonces... En efecto, mi juicio sobre las personas siempre es acertado... Yvette quedó satisfecha. Le dijo a Abel que ordenara rápidamente las cosas de la habitación, mientras ella se daba la vuelta y salía. Los campos de hierbas medicinales de la mansión seguían tal como estaban. Todo tipo de dispositivos de control ambiental funcionaban de manera sistemática. De vez en cuando, pasaban esqueletos para comprobar si la temperatura, la humedad y otros ajustes eran los correctos. Miró a su alrededor, confirmando que los ingredientes alquímicos de aquí estaban bastante maduros. Sin embargo, no los cosechó todos a la vez. En su lugar, permitió que estas plantas de ciclo largo continuaran creciendo allí. Luego, solo seleccionó una pequeña porción, devorándolas y deconstruyéndolas con sus zarcillos grisáceos, para ingresarlas en su base de datos. De esta manera, si realmente no hubiera otra opción en el futuro, podría usar la mímica para replicarlas directamente ya preparadas. El único inconveniente era el alto consumo, en su mayoría en unidades de "miles", y algunas incluso en "decenas de miles.” Aunque su Magia de Aberración total era de poco más de doscientas mil unidades, después de devorar estas hierbas, le quedaba aún menos, solo un poco más de cien mil. A menos que fuera absolutamente necesario, definitivamente no la usaría. Después, dio un paseo por la mansión. Yvette seleccionó una parte de las hierbas maduras y las colocó en la cámara frigorífica de la propiedad. A continuación, fue a revisar a los esqueletos de IA en el área central. Gracias a la presencia de Abel, las Aberraciones de élite de Nivel 3 en la Isla de Ish no se atrevían a acercarse a Ciudad Ish. Por lo tanto, los miles de soldados esqueleto en el área central nunca habían enfrentado ningún ataque de Aberraciones particularmente amenazante a lo largo del siglo. Durante los cien años, las pérdidas no fueron significativas; solo faltaban unas pocas docenas de soldados esqueleto de manera esporádica. Los soldados esqueleto restantes, aparte de sufrir un poco de osteoporosis por la exposición a la intemperie y de tener armas rúnicas con fallas de funcionamiento, no presentaban problemas importantes. Todavía parecían activos y llenos de energía. Por cierto, los anillos tecnomágicos de Yvette habían dejado de funcionar por completo. Pero dado que todos los datos importantes habían sido transferidos a su Cerebro del Alma con anticipación, este resultado no la sorprendió ni la preocupó. El inconveniente era que el Cerebro del Alma no podía proporcionarle suficiente amplificación de poder mental para lanzar hechizos de alto nivel. Por lo tanto, su magia futura seguiría el enfoque que había escrito originalmente en su grimorio; es decir, el anidamiento de múltiples anillos y la combinación enlazada. Esto no le preocupaba especialmente. Los hechizos pequeños, siguiendo el enfoque de fuerza bruta, también podían desatar un poder inmenso. A lo sumo, la proporción de consumo de maná sería terriblemente mala, hasta el punto de que los magos de la Civilización de Origen se desmayarían con solo mirarla. Pero ahora tenía más de siete mil unidades de maná, y su presión de maná era asombrosamente alta, junto con una amplia experiencia en combate. Incluso con un montón de hechizos de baja especificación, estaba segura de que podría enfrentarse de nuevo al difunto Sumo Sacerdote del Fuego del Alma y salir victoriosa. ... Al salir del capullo blanco, tras descansar solo dos días, Yvette tuvo la idea de partir hacia el Continente Esmeralda. Recordaba que hace cien años, antes de quedarse dormida, le había dicho a Ice Rain que la esperara allí. Bueno, ahora, tras un siglo sin ver a nadie, era como haberla dejado plantada, y se preguntaba si Ice Rain, como miembro de la Raza Mecánica, podría soportarlo. Lo que la ponía aún más ansiosa era que, en cien años, Rosaline no había regresado a la isla. Esto era un asunto verdaderamente extraño. Planeaba, con la mayor velocidad posible, viajar a través del Continente Esmeralda y el Continente del Espejo de Plata, buscando cualquier rastro de su discípula mayor. Con la mente decidida, comenzó a fundir materiales, preparándose para fabricar a mano un nuevo vehículo de viaje. Pero en la tercera noche después de comenzar con tales preparativos, dentro de la tranquila mansión, en la habitación del último piso, Yvette, que estaba dibujando borradores de diseño, escuchó de repente a Abel soltar un grito de sorpresa desde el piso de abajo: "¡Ama... ama, mire rápido fuera de la ventana!” Yvette dejó su pluma y, desconcertada, empujó la ventana para abrirla. De inmediato, vio una brillante aurora extendiéndose por el distante horizonte donde el mar se encontraba con el cielo. Su luz se estaba atenuando rápidamente, pareciendo a punto de desvanecerse por completo.
La Bruja del Milenio (Novela)

Continúa leyendo

La Bruja del Milenio (Novela)

Capítulo 138

Siguiente Capítulo ›

La Bruja del Milenio (Novela) Capítulo 137

Estás leyendo el capítulo 137 de La Bruja del Milenio (Novela), un novela. Leo se encontró transportado a un páramo desolado, los restos de lo que alguna vez fue una próspera civilización mágica. Allí, se convirtió en Yvette: una bruja inmortal que no podía envejecer ni morir. Durante más de… Este capítulo tiene publicado el 14 de julio de 2026, Traducido por el grupo Nishino. La Bruja del Milenio (Novela) tiene 308 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.