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Leer La Bruja del Milenio (Novela) Capítulo 129 online gratis en español

🏴 Grupo: Nishino✍️ Traducción: Nishino
El viento frío levantó polvo, golpeando el pálido y pequeño rostro de Liana, pero ella permaneció completamente ajena a esto. Al ver al colosal Dragón de Hueso, tan vasto como un acorazado, rasgar el cielo nocturno y descender, sintió que su mente se quedaba completamente en blanco en un instante. Solo pudo quedarse sentada estupefacta en el suelo, hasta ser tragada por esa inmensa sombra. Había escuchado a Cero describir a los Dragones de Hueso, sabiendo que eran uno de los secretos centrales de la Secta del Espíritu Santo. No eran meras invocaciones de no muertos como los esqueletos, sino verdaderos seres mágicos que poseían su propia voluntad e inteligencia. Se rumoreaba que estas eran máquinas de guerra que solo se situaban por detrás de un portaaviones aéreo en el mundo entero. La Secta del Espíritu Santo poseía no más de cuatro de ellos, y cada uno tenía que ser refinado a partir de fósiles genuinos de dragones antiguos. Su fuerza esquelética era tan formidable que podían resistir impactos directos de supermisiles sin un solo rasguño, y algunos incluso podían desatar una magia innata incomprensible para los humanos. ¿Cómo podía un monstruo semejante aparecer aquí? Un momento después, batiendo sus alas, el Dragón de Hueso aterrizó. Con un control exquisito sobre su poder, se asentó silenciosamente en el centro del claro, pareciendo tan ligero como una pluma. Solo entonces Liana notó que dos hombres de mediana edad, ataviados con túnicas sacerdotales, estaban de pie sobre el cráneo del Dragón de Hueso. ¡Pero este era un Dragón de Hueso de la Secta del Espíritu Santo, uno de los símbolos técnicos de la nigromancia! ¿Quién tenía el derecho de estar encima de un monstruo así? "Yo soy 'Will Leopold', el Sumo Sacerdote del Demonio de los Cadáveres del Culto del Espíritu Santo", declaró uno de los dos hombres. Su rostro era bastante cuadrado y su expresión indiferente, lo que le otorgaba un aura distante que alejaba a los demás a mil millas. Sin darles a Liana o a Cero la oportunidad de hablar, se volvió de inmediato hacia el debilitado Sacerdote de la reencarnación, Ducha Bessemer, y preguntó con frialdad: "¿Cómo terminaste en este estado?” "Sumo Sacerdote, yo... fui descuidado... lo lamento de verdad...", tartamudeó Ducha Bessemer, lleno de pavor. El Sumo Sacerdote del Demonio de los Cadáveres lo miró con indiferencia, y luego su mirada regresó a las dos niñas ante él. Pero al pasar sobre Cero, dejó escapar un sorprendido "¿Hm?" y dijo: "¿Una construcción mecánica con un espíritu? ¿Podría ser una IA despertada?” .”..Pensar que existe tal coincidencia, nuestra suerte no es mala en absoluto", comentó el Sumo Sacerdote del Fuego del Alma, mirando hacia allí también. Las IA despertadas que recibían un espíritu gracias al programa 'Ladrón del Fuego' eran extremadamente raras, ya que eran expertas en ocultarse y resultaban difíciles de descubrir. Sin embargo, en el campo de la investigación de la nigromancia, estas IA despertadas eran increíblemente importantes. Al estudiar cómo lograban albergar un espíritu dentro de materiales aislantes, la Secta del Espíritu Santo tenía una alta probabilidad de encontrar nuevas direcciones tecnológicas para las futuras ciencias nigrománticas. Con este pensamiento, las sonrisas florecieron en los rostros de ambos Sacerdotes, luciendo bastante espeluznantes bajo la tenue luz de la luna. No hicieron ningún esfuerzo por ocultar su conversación, pues con dos Sacerdotes presentes en persona y un Dragón de Hueso a su mando, era difícil imaginar que una misión así pudiera llegar a fallar. Pero entonces, una voz clara y decidida resonó, atrayendo la atención de todos. "Yo iré con ustedes, pero deben liberar a Yvette y a Luciérnaga.” El Sumo Sacerdote del Demonio de los Cadáveres bajó la cabeza, viendo que la niña rubia con el nombre en clave "Uno" ahora sostenía un arma de fuego rúnica, la cual debía de haber tomado del mecanoide cercano. Sin embargo, no había apuntado el cañón a los dos Sacerdotes sobre el Dragón de Hueso, sino más bien a su propia sien. Su pequeño rostro estaba tenso y su expresión era resuelta, mostrándose tanto aterrorizada como fuerte. El Sumo Sacerdote del Demonio de los Cadáveres entrecerró los ojos, mirando a Liana sin decir una palabra, mientras que Cero a su lado ya estaba atónita: "Liana, ¿qué estás diciendo? ¿Acaso te has vuelto loca?” Liana no le respondió a Cero. Solo miró con furia al Sumo Sacerdote del Demonio de los Cadáveres y repitió: "¡Déjenlas ir! ¡De lo contrario, dispararé!” La atmósfera en el claro de repente se sumió en el silencio, con solo el viento frío todavía barriendo a su alrededor. "Uno, deberías saber perfectamente bien que, ante un nigromante, la muerte no tiene sentido. Serás resucitada en forma de zombi, llevando todos tus secretos contigo", dijo el Sumo Sacerdote del Demonio de los Cadáveres con indiferencia, con una sonrisa burlona en el rostro. "Pero definitivamente hay una diferencia entre una yo viva y una yo zombi", replicó Liana, inquebrantable. "Pero incluso si mueres, Cero seguirá viva, y el resultado será el mismo. Aún obtendremos lo que queremos", sonrió el Sumo Sacerdote del Demonio de los Cadáveres. "Además, vivir siempre es mejor que morir. Cuando estás viva, tienes valor, y nuestro Santa Secta naturalmente te protegerá con los estándares más altos. Aparte de un poco menos de libertad, todo lo demás será bastante cómodo. ¿Qué hay de tan difícil de aceptar en eso?” Luego cambió su tono, y un brillo cruel y feroz entró en su expresión: "Pero si te suicidas, Cero y ese mecanoide aun así caerán en nuestras manos. Y debido a tus acciones, estaríamos muy enojados. ¿Adivina qué? ¿Desquitaríamos estas emociones con tus amigos?” "Después de que mueras, tus amigos vivirán cada día bajo tortura, atormentados una y otra vez. El espíritu de ese mecanoide de chatarra será extraído y tostado por el fuego del alma día tras día. En cuanto a Cero, le arrancaremos continuamente las uñas de las manos, luego las curaremos, solo para arrancárselas de nuevo, saboreando sus gritos... Y la razón por la que tendrán que soportar todo esto, la única causa, serás tú, enteramente tu culpa. Te odiarán, te odiarán por buscar solo tu propia y rápida liberación mientras los condenabas por completo...” El Sumo Sacerdote del Demonio de los Cadáveres preguntó con una amplia sonrisa: "Ahora, ¿todavía quieres matarte?” "Cómo... cómo pueden ser así...” La voz de Liana tembló, ronca de ira. Nunca se habría imaginado que un Sacerdote, reverenciado, elogiado y adorado por incontables creyentes, pudiera ser tan malvado, tan vil y desvergonzado, tan completamente carente de límites. Estaba mucho más allá de cualquier cosa que pudiera concebir. "Niña, ¿es esta la primera vez que realmente conoces este mundo?", preguntó el Sumo Sacerdote del Demonio de los Cadáveres con tono de burla. Liana se quedó en silencio. Desde que dejó la Base del Abismo, toda la oscuridad y la malicia habían sido bloqueadas por Cero. Ella había sido como cualquier otra niña común, albergando hermosas ilusiones sobre el mundo. Incluso pensó que el problema de narcolepsia de Cero era algo bueno, ya que finalmente le daba la oportunidad de desplegar sus alas y experimentar el mundo. Pero nunca esperó que su primerísimo intento, su acción de debut, le propinara un golpe tan demoledor. Bajo la luz de la luna, los altos hornos abandonados de la planta siderúrgica proyectaban sombras de un negro absoluto. De pie allí, sintió que todo a su alrededor se desvanecía. No podía ver ninguna luz, aislada e indefensa. Desde todas las direcciones, solo un frío y una asfixia interminables surgían hacia ella. Hasta que alguien la abrazó de repente, trayendo consigo una corriente cálida. Liana giró la cabeza y vio el hermoso rostro de Cero. Cero sonrió, diciendo: "Idiota, si mueres, todo se acaba. ¿Cómo pudiste tomar una decisión tan tonta?” Liana no sabía por qué Cero todavía podía sonreír en un momento así. Dijo con agravio: "¿Entonces qué puedo hacer?” "Por supuesto, primero sobrevives, y nos encargaremos de todo lo demás más tarde", dijo Cero con una amplia sonrisa. "Lo he dicho muchas veces: vivir es lo más importante. Si mueres, todo se acaba. No hay nadie en este mundo que valga la pena proteger con tu vida, hmm, ni siquiera yo.” "Incluso en un momento como este, sigues diciendo esas cosas...” Los ojos de Liana estaban rojos y parecía a punto de llorar. "No se apresuren, hablemos despacio", dijo alegremente el Sumo Sacerdote del Demonio de los Cadáveres, de pie sobre la cabeza del Dragón de Hueso. Mientras pudiera convencer a Uno de abrazar la voluntad de vivir y soltar el arma, no le importaría perder un poco de tiempo. Lo que el Sumo Sacerdote del Demonio de los Cadáveres no esperaba, sin embargo, era que su intervención en cambio había atraído la atención de Cero. Ella giró la cabeza, y la encantadora sonrisa de su rostro desapareció, reemplazada por unos ojos más fríos que un invierno en los campos de nieve. ¡Al segundo siguiente, el Sumo Sacerdote del Demonio de los Cadáveres sintió que sus pensamientos explotaban dentro de su mente! El mundo ante sus ojos se convirtió de repente en un caleidoscopio que giraba, se desgarraba y se colapsaba salvajemente. Al mismo tiempo, ¡sintió como si miles de millones de hormigas hubieran invadido de repente su cuerpo, asaltando y devorando ferozmente todo dentro de su forma de Demonio de los Cadáveres dura como el hierro! "¡Aaaaaah!” Gritó, cayendo de la cabeza del Dragón de Hueso, rodando y convulsionando salvajemente, atrayendo la atención de todos. El Sumo Sacerdote del Fuego del Alma apresuró a traer de vuelta su conciencia, a punto de preguntar, cuando notó que la apariencia del Sumo Sacerdote del Demonio de los Cadáveres se había vuelto completamente grotesca. Incontables bultos de carne de color rojo púrpura surgían y se retorcían por toda la superficie de su cuerpo, transformando su forma de un Demonio de los Cadáveres pálido y espantoso en algo más parecido a un monstruo deforme. Sus globos oculares se torcían de manera espeluznante, a veces llenos de dolor y terror, a veces en blanco y entumecidos, como si luchara con otra personalidad por el control de su cuerpo. ¿Cómo podía estar pasando esto? El Sumo Sacerdote del Fuego del Alma se quedó atónito, y luego vio de inmediato que los movimientos del Sumo Sacerdote del Demonio de los Cadáveres cesaban de repente. Él entonces, como un verdadero zombi, giró mecánicamente su cabeza 180 grados, fijando su mirada sin vida y vacía sobre él. En ese instante, las pupilas del Sumo Sacerdote del Fuego del Alma se contrajeron abruptamente. Un terror inmenso y sin precedentes se apoderó de él, lo que lo impulsó a enviar de inmediato una orden mental al Dragón de Hueso, instándolo a emprender el vuelo a la vez. Pero al mismo tiempo, el Sumo Sacerdote del Demonio de los Cadáveres, que se había transformado por completo en una Aberración, también se movió. Se agachó en el suelo como un perro de caza, y luego se impulsó con las cuatro extremidades, saltando ferozmente hacia arriba. Simultáneamente, su cabeza se abrió por la mitad, transformándose en una enorme fauces abismales alineadas con dientes serrados en espiral, y se lanzó hacia el Sumo Sacerdote del Fuego del Alma.
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Estás leyendo el capítulo 129 de La Bruja del Milenio (Novela), un novela. Leo se encontró transportado a un páramo desolado, los restos de lo que alguna vez fue una próspera civilización mágica. Allí, se convirtió en Yvette: una bruja inmortal que no podía envejecer ni morir. Durante más de… Este capítulo tiene publicado el 13 de julio de 2026, Traducido por el grupo Nishino. La Bruja del Milenio (Novela) tiene 308 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.