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Leer Kuranmūnsutā (Novela) Capítulo 72 online gratis en español

🏴 Grupo: Aki Yai✍️ Traducción: Aki Yai
Takama no Hara – Parte I … Las escalera de Ame no Ukihashi, frente a los ojos de Arata y de Amaya quien la acompañaba, era algo increíble para ellos. Esto era algo que no podían negar, las estructuras de los dioses son mágicos y magníficos sin ninguna duda. Con un ancho de unos noventa y nueve metros, las escalera eran inmensas, pero lo único que les asombraba, era que por cada paso que daba en todo momento las escaleras anteriores desaparecen sin dejar rastro y solo dejando un suave difuminado de que hay había un escalón de la escalera. Y mirando al frente, un vacío profundo de un azul cielo hermoso. Las escalera desapareció después de mostrar solo nueve escalones. Sin mencionar que a los lados de las escaleras se encontraba algunas estatuas con alas de pájaros que parecía que los mirara en todo momento. Pero solo era en vez en cuando, apareciendo gran variedad de cosas raras. Incluso vieron árboles tan grande como una montaña, y criaturas inmensas como un ave del grande una ballena, pero luego desapareció en la nada como si fuera libre y nadie la molestara. Solo se vio un pequeño rastro de una llama azul leve. ―Casi hemos llegado―dijo Arata tomando a Amaya de las manos. Ella solo asintio y siguio al lado de Arata. Los dos tenían que subir al mismo tiempo cada escalón o sino las escaleras se estabilizará y la escalera desaparecería y quedaría en el vacío, en este espacio de la tierra o en el espacio de los dominios divinos, solo tendrían que contar con suerte, para uno poder volar, ya que caería a una gran altura. El tiempo pasó, transcurrió alrededor de más de una hora subiendo los escalones. La presión del dominio divino no le afectó a Arata, pero si le afecto a Amaya, quien ya estaba respirando pesadamente y estaba un poco sudorosa. a esta altura de la escalera. Era de esperarse, los mortales no tenían la capacidad de subir a los dominios divinos, solo Arata y su familia quienes habían venido de un universo superior al que estaba, podía soportar la presión que traía estar en el dominio divino. ―¿Puedes soportarlo?―preguntó Arata. ―Sí, creo que mi cuerpo lo esta soportando―respondió Amaya, sintiéndose un poco avergonzada dijo―. Siento tocarlo con las manos así de sudorosa y hacer que se preocupe por mi. ―Esta bien, eres la que está pendiente de mí en todo momento, por lo que sí estoy preocupado por tí es lo normal, ¿No?―dijo Arata. ―Gracias―respondió Amaya a las palabras de Arata. ―Sigamos, ya estamos cerca―dijo Arata al final. Los dos siguieron avanzando. Otra hora había pasado y sintieron que el tiempo era bastante desde que había entrado en este lugar, pero lo que no sabían es que estás escalera cumplían unos de los requisitos más misterioso del universo, y era el tiempo. A pesar de haber estado en las escaleras por más de dos a tres horas, en la tierra y en el dominio divino, solo pasaría alrededor de dos a tres minutos, por lo tanto, estar en las escalera era prácticamente estar en un tiempo aparte solo para ella, de esta manera llegar a los dominios divinos pensaría que era muy largo, pero solo era una ilusión de la misma Ame no Ukihashi. Pero solo era eso, después de caminar por cuatro horas, se podía ver como unas paredes que se extendía de lado a lado con una altura de más de trescientos metros con un reluciente y pulida superficie de color blanco lechoso, y frente a ellos se encontraba unas puertas de oro establecida de manera imponente. Al ver esto, los ojos de Arata no solo vieron la puerta, sino los seres que estaban ahí. Fue cuando un fuerte grito vino de unos de los integrantes del grupo de diez personas hablo. ―¡Los dominios divinos de Amaterasu-sama están cerrado en estos momentos!―grito a Arata y Amaya quien ya estaba pisando los dominios divinos y la escalera donde estaban fue desapareciendo después de cumplir su trabajo. ―¡Vuelvan de donde vinieron!―gritó una voz femenina que vino volando de los cielos, de la parte de arriba de la pared. Arata solo quedo mirándolos a ellos y luego miró a los alrededores. Unos valles exuberante de color verde, el pasto que se movía conforme a los vientos, grandes llanura que ahora se veían detrás de ellos después de desaparecer las escaleras, pero solo se limitaba a unos cuantos kilómetros y después aparecería un mar de nubes marcando el final del dominio de Amaterasu, pero el dominio de Amaterasu era el triple de grande que el continente Europeo. La razón del porqué tan grande el territorio de Amaterasu, se debe a la extinción de otros dioses, así aprovechando e invadiendo esos dominios. Ya que también, los dominios tendrían la forma del país al que pertenecían en la tierra, pero era el doble o casi el triple del grande que el de la tierra, habiendo excepciones. ―He venido por los problemas causado en los dominios divino de Amaterasu, los cielos están oscuros y mi hermana fue invocada por alguien de los dominios divinos… ―¡No tienes el derecho de saber eso mortal!―grito el mismo hombre que llevaba puesto unas túnicas ajustadas de color blanco y un cabello negro largo hasta los hombros. Su rostro era un poco afeminado pero feroz. El hombre ya estaba desenfundando su espada cuando la mujer que vino de los cielos aterrizó al lado del hombre. ―Ignorante, crees que simples mortales podrían llegar a los cielos así como si nada―dijo la mujer con desdén al hombre arrogante. ―Y-yo…―el hombre quedó sin palabras. La mujer con bellos cabellos finos dorados y un mechón de ella de color blanco, llevaba puesto una armadura plateada y traía en sus manos una alabarda. Su rostro refinado y sus ojos dorados con los labios un poco pálido miró a Arata de abajo hacia arriba, dijo. ―Lo siento, pero en estos momentos no podemos recibir a personas de afuera―dijo la mujer sin ser amable o arrogante. ―La luna cubrió al sol en todo Japón, se lo que quieres decir al no dejar pasar a nadie más. Amaterasu tiene que estar en problemas para que eso pase, y no hubiera llegado solo por ella. Pero llegué porque mi hermana junto con una futura compañera mía, han sido invocados a este dominio divino. Solo quiero traer a mi hermana y compañera. La mujer oyó lo que dijo Arata y con una mirada indiferente miro a la mujer que estaba al lado de él. Pensando que la apariencia era casi igual a la ella, ¿porque estaría con un joven un poco más del promedio? ―Como dije… ―Como dije también, reportarle a tu mayor que el joven maestro, Hiromi Arata, ha venido a ser una visita―dijo Arata al final después de interrumpir a la mujer. El hombre afeminado viendo como el mortal interrumpió a una de las mujeres bella que él admira, se enfureció y sacó su arma para a atacar a Arata. ―Te enseñaré… Pero fue lo único que dijo, ya que en ese momento actuó de inmediatamente Amaya. Invocando su arumamu, el suave arco reluciente de un brillo blanco apareció y disparó de inmediato. La flecha de blanca de energía salió a la velocidad del sonido y se estrelló en el pecho del hombre, este no lo pudo esquivar a tiempo. Pero la flecha no lo hirió, sólo se estrelló en el pecho, provocando que la luz se dispersa y se convirtiera en cuerdas de luz blanca, la cual se lanzaron hacia las manos y los pies, con una fuerza increíble, las cuerdas de luces blanca, provocó al hombre quedar amarrado y puesto de rodilla en el suelo. Una cuerda blanca se enlazó en la frente y alzó su cabeza a la fuerza para que mirara a Arata. Amaya solo vio al hombre de manera fría. ―¡Tu! ¿Como te atreves a hacerle esto a unos de los servidores de los dioses más importante de la tierra? ¡Estás cortejando la muerte!―gritó el hombre. Todos reaccionaron después de quedar sin palabras de lo que vieron, todos vieron a la joven mujer que atacó sin dudar aun estando en los dominios divino de un dios importante de la tierra, en pocas palabras ellos llegaron aquí para buscar la muerte. Por eso, ellos tomaron posición y se pusieron en guardias para recibir órdenes. Solo mirando lo que había sucedido, no dijo nada. La mujer de cabello dorados y blanco, miró a la mujer de cabello blanco que atacó, viendo el rostro frío que tenía y llenada de desdén hacia el hombre. Sabía que la mujer se estaba conteniendo, y se debió a que actuó para proteger al chico a su lado, ¿Quién era este chico? pensó la mujer. No estaba en la posición de líder de esta parte por nada, sabía que tenía que pensar antes de actuar, solo tenía que notificar a su superior para tomar medidas. ―Muy bien, notificare de su llegada, espere aquí―dijo la mujer―. Pero si solo es para hacernos perder el tiempo, sabrá las consecuencias. La mujer se retiró para notificar la llegada de Arata, volando por los cielos para llegar a la sima de las grandes murallas, la mujer no pudo evitar mirar hacia a abajo para ver a Arata. Pero sintió un poco de escalofrío al verlo, ver esa mirada en el rostro, un rostro frío indiferente, no expresaba ninguna presión del cielo o miedo estando en un dominio divino. Era como había dicho, ellos no son mortales normales o de los clanes que protegen la tierra. La mujer pensó en un clan, pero de inmediato negó con la cabeza, pero lo pensó otra vez, y cuando iba a pensar el nombre del clan, ya se encontraba enfrente de una estructura oriental de madera muy reluciente. Encima de la murallas, habían todo tipo de personas, mujeres y hombre, corriendo al hacer su deber, la mujer se fijó en un grupo, varios puestos de comandos estaban establecido aquí arriba de la muralla, pero el grupo puesto en este parte, se encontraba también unos de los dioses más importantes. Fijando la mirada hacia ellos, un hombre alto, con cabello negro canoso le caía por debajo de los hombros. Un cuerpo con músculos tonificados y no tan exagerados, llevaba unas túnicas de un blanco lechoso. El hombre y también conocido como una deidad, era Amida. Conocido como el salvador de la humanidad y como padre de los que quieren ingresar al dominio divino. Por lo tanto, si Arata quisiera entrar a los dominios divinos, tendría que tener el permiso de esta deidad. Amida sintió la mirada de la mujer y le habló con una pequeña sonrisa. ―Kotomi-chan, ¿Porque tienes ese rostro, sucedió algo allá abajo?―dijo Amida entregando unos rollos a un joven al lado de él y caminando hacia ella. Arrodillándose, Kotomi le hablo de lo sucedido―. Amida-sama, en las puertas divinas hay unos visitantes que quieren entrar a los dominios divinos. ―¿He? No le veo tanto problema, solo tiene que rechazarlos―dijo Amida al oír las palabras de Kotomi. ―Pero… unos de nuestro guardia atacó al no soportar la actitud del joven, pero fue derrotado con un solo movimiento. Adema… ―¿Además?―pregunto Amida para que siguiera. ―Se que sería bajo de mi parte y recibiré mi castigo, pero viendo su actitud y la forma como se comportan, me arriesgue a hacerle saber su condición―dijo Kotomi un poco nerviosa. ―¿Cual?―pregunto Amida un poco confundido. ―Su única condición fue que le notificara su nombre a mi superior, que ustedes sabrán qué hacer. No lo quise ofender por si acaso. ―¿Y cual es su nombre?―preguntó AMida un poco ansioso. ―La razón por la que vino, fue para buscar a su hermana y compañera que fue invocada por alguien del dominio divino de Amaterasu-sama, su nombre es… Hiromi Arata. El nombre me suena, pero no logro conectarlo con ninguno de los dioses de los otros lugares… por, por eso… ―¿Qué dijiste?―dijo Amida cambiando el rostro a uno preocupado. ―¿Su nombre?―preguntó Kotomi sin saber lo que le preocupaba a Amida-sama. ―Si. ―Hiromi Arata―respondió Kotomi.
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Kuranmūnsutā (Novela) Capítulo 72

Estás leyendo el capítulo 72 de Kuranmūnsutā (Novela), un novela. Hiromi Arata se le confiesa a su mejor amiga, en cambio este es rechazado por Sadashi Kyoto diciéndole “No me vuelvas a hablar. Pasa año y medio, y la historia nos traslada a la preparatoria Hiro-Yuu (Actualmente la… Este capítulo tiene publicado el 15 de noviembre de 2018, Traducido por el grupo Aki Yai. Kuranmūnsutā (Novela) tiene 89 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.