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Leer Kuranmūnsutā (Novela) Capítulo 31 online gratis en español

🏴 Grupo: Aki Yai✍️ Traducción: Aki Yai
CAPÍTULO 8: UN PROBLEMA VIENE EN CAMINO PARTE 3 William y compañía no sabía cómo responder a las palabras que había soltado ahora Emilia, pero era claro una cosa, era claro que era lo que tenía que evitar en estos momentos. Tenían que escapar o prevenir morir. Sus vidas estaban en peligros, no podían subestimar a los oponentes, la vida de ellos estaba en peligro, pero sobre todo para los millones de personas estaban en peligro. La destrucción de la tierra y todo lo que estaba en él, estaba en peligro. ―Envía un mensaje al rey de los Sacha, y dile que la tierra está en peligro y nosotros también―dijo William a su hermana en voz baja. Esther, toco su collar, y arranco un pedazo de este, luego la abrazo con ambas manos y seguido de eso realizo un canto. Y como si nada, esa parte salió disparada a la velocidad de la luz. ―Has pedido ayuda ¿no?—dijo Emilia analizando la situación―. Bueno no importa. Andrew oni-sama, es mejor dormirlos para que no sufran, ya que soy muy amable cuando voy a matar a alguien para nuestro beneficio. Andrew respondió asintiendo con la cabeza. Andrew estiro su brazo, y sin realizar ningún tipo de canto y nada por el estilo, salieron las cintas. Parecía que estas cintas eran característicos de estas personas. Pero… De un color negro como las alas de un cuervo, como lo profundo de un pozo sin fin, como el de un agujero negro, o como el cielo sin las estrellas. Era un negro que pondría a uno en duda si realmente eso era “negro” o tenía otro nombre para representar a este “negro”. Estas cuatros cintas salieron del aire, cuatro en total. Estaban adornado por figuras como si fuera blanco, no, era más bien como si su textura fuera diamante, era cristalizado estos adornos en la cinta. Estas cuatro cintas se movieron a una velocidad casi imperceptible para el ojo humano, pero aun así William, Esther, Matthew, Alexandra, lo esquivaron. ―Parece que son más peligroso de lo que aparentan―dijo William. ―Hermano, no creo que podremos salir de esta―dijo Esther, era claro que sus ojos estaban llorosos. ―Parece que este es nuestro fin―dijo Matthew. ―Creo, creo. Que esta vez no tenemos oportunidad. Apenas llevamos cinco años haciendo esto y esta era la segunda vez que realizamos este trabajo, parece que quedara incompleto—dijo Alexandra. ―Lo siento chicos, pero parece que nuestros poderes no funcionaran con ellos, ya hemos gastado todo nuestro poder recuperando unas de las gemas―dijo William―. El rey de los Sacha, encontrara la forma de buscar a otro sucesor. ―Al menos me alegro, que tras nuestra muerte, todo los que nos conocieron se olvidara de nosotros. No quedaran lastimados, pero me preocupan aquellos con lo que nos estaba ayudando. ―dijo Esther. Se produjo un silencio profundo, solo se podía escuchar el sonido del viento y del mar. ―William te amo―dijo Alexandra. Salió esas palabras de la nada, quedaron confundidos, pero sabían de qué se trataba esto. Eran sus últimas palabras. ―Yo también te amo Alexandra―dijo William diciéndole también sus sentimientos. ―Matthew, aunque no lo creas yo te amo, te lo iba a decir después de esto pero parece que no llegaremos a tener una relación larga, lo siento―dijo Esther. Matthew negó con la cabeza. ―Yo también te iba a decir que me gustaba después de esto, estaba asustado por cómo iba a ser tu respuesta―sonrió―. Yo también te amo Esther. Se habían dicho sus sentimientos antes de la hora de morir, sus sentimientos, amor puro estaba alrededor de ellos y lo tenía en sus corazones, como podía vivir en estos momentos, que no podía estar con la pareja que amaba por mucho más tiempo. Lloraron. Ellos sabían muy bien sus límites, sus poderes, tenían claro que sus poderes no podría servir para estas personas. Era la primera vez presenciar el tipo de poder que sus enemigos habían hecho. Sus ataques eran de largo alcance, y sus poderes eran de corto alcance, y como se veía eran más fuertes. No había oportunidad, habían llegado a esa conclusión. ―Parecen que han dicho sus últimas palabras―dijo Emilia―. Hermano, ahora si te puedes poner serio. Pero… Esther era la maga del grupo, conocía un hechizo de largo alcance, su mejor carta de juego. ―[Que los cielos y más allá escuchen mis palabras, hagan que el agua tome forma y avancen hacia mis enemigos] [Lanzas del destino] Seguido de eso, varios círculos aparecieron alrededor de Emilia y Andrew, ellos no se movieron. ―[Activado] Los círculos mágicos comenzaron a dar vueltas muy rápido, y seguido de eso, salieron. Las lanzas de varios resplandores, eran de metal, negro, plateado, dorados, azules, salían sin limites algunos. Iban directo hacia Emilia y Andrew. Tsk Se quejó Emilia por esto. Clang Clang Clang Clang Clang Clang Clang Clang Clang Clang Clang Clang Clang Clang El sonido del metal entre chocándose entre sí, se podía oír resonar por todos lados, el causante de esto, Andrew. Las lanzas habían quedado incrustada en el suelo, y seguido de estos desaparecieron en partículas por todas partes en el aire. Los cuatros pensaron, que estaban acabados. En eso la velocidad de la cinta negra salió diez veces más rápido de lo que estaba anteriormente, cada una de la cinta voló para cada uno, no tuvieron la oportunidad de escapar. Estaban atrapados por la muerte. Agarrados por la cabeza estaban suspendido en el aire. En eso la cinta emitió un aura blanca. Los cuerpos resistiéndose de cada uno de los Sachas en esos momentos menguaron y quedaron flácidos, no habían muertos, solo estaban durmiendo. ―Ahora es mi turno―dijo Emilia Emilia avanzando hacia donde estaban ellos, junto con su hermano Andrew. Alrededor de Emilia, se estaba formando como una especie de ondulaciones a su alrededor, cuatro en total, como si una gota de agua callera al agua misma y formara estas ondulaciones. Las ondulaciones seguían, hasta que Emilia paro y dijo las siguientes palabras. ―Su trabajos han sido esplendidos, pero para realizar nuestra meta y ayudar a nuestro amigo a realizar esa meta que él quiere lograr esto es necesario. Que sus muertes sean recordadas como aquellos que lucharon por el bienestar del mundo, los Sachas, los buscadores que mantiene la vida en cada planeta. Sean ustedes pasando a una mejor vida tras su muerte. Después de pronunciar esas palabras, donde estaban las ondulaciones de agua salieron las cintas, de un color azul claro, era claro que estas cintas parecieran como si estuviera andando por el agua, porque gotas de agua salían de estas cintas, estaban mojadas. En eso, salió disparada las cintas, iban directo hacia el corazón de cada uno. La sangre solo caía al suelo arenoso de las playas de la isla de la Bermudas. Luego de eso, las cintas negras de Andrew emitieron un brillo leve negro, y seguido de eso, las cintas envolvieron los cuerpos de cada uno. Habían quedados como las momias. Pasaron varios segundos. Luego de eso, había partículas blancas filtrándose entre las cintas negras que estaban envueltas en William, Esther, Alexandra, Matthew. Al ver esto Andrew enseguida los desenvolvió, pero lo que había salido de esto, no fueron los cuerpos de cada uno de ellos, si no partículas blancas elevándose en el aire. Era como la tierra del desierto que se eleva y se mantiene en el aire por un momento así estaban estas partículas blancas. Luego de eso, como si alguien los llamaras siguieron elevándose por el aire. Ellos se estaban entremezclando por el rojizo del atardecer en ese momento, no había duda. Esta lucha no fue una lucha. No hubo nada de acción, había dejado un mal sabor de boca. Dos gemas habían caído a la arena, Emilia y Andrew las vieron. Estas gemas, eran del tamaño de una bola golf, con un leve brillo, uno de color morado y el otro azul, se partieron. Como podían morir sin poner tanta resistencia, habían decidido que no serían oponentes para estas personas. Desde un principio sabían que estaban acabados. ―Hemos terminado nuestra tarea―dijo Emilia―. Bueno, solo falta que los otros terminen con el tiempo y cumplan con su deber―dijo Emilia y emitió un suspiro de aburrimiento―Haaaaa, ya quiero tocarles las tetas de la hermana de mi amigo. Andrew no dijo nada a los deseo de su hermana menor. ―Ya terminamos, habrán el portal―dijo Emilia. Seguido de eso se le apareció un agujero negro en frente de ellos, hasta que tomo el tamaño necesario para que ellos dos entraran. Ellos se dirigieron para entrar. ―Fue una buena vista del mar, ¿no?—dijo Emilia. ―Sí―fue la única palabra que pronuncio Andrew. Y así finalmente, habían pasado el portal negro que de un momento a otro se cerró. Hasta ahí había acabado la vida de aquellos que mantenían la vitalidad de la tierra. ¿Quién seria los próximos buscadores, o Sachas de la tierra? Era un claro misterio que no se podía responder todavía. * * * Desierto de Colorado – Estados Unidos Planeta Tierra Universo 12508 El desierto árido de Colorado, las grandes extensiones de tierra, sin casi de vida. El sol estaba a mitad del oeste, faltaba un tiempo más necesario para que este se ocultara. Un cielo azul despejado, pero desde el este se podía apreciar muchas nubes negras que avecinaba una tormenta, una cuantas nubes solitaria estaban por este lado. El viento, daba la sensación de refrescarte, pero no era así. El viento traía consigo la arena, estaba pegaba en la piel como si fueran mosquitos en su total apogeo. Se escuchaba el sonido de personas luchando entre sí. Clang Clang Bam Bam Buum Buum ―¡HAAAAAAA! ―¡HAAAAAA! ―¡GRRRRR! Y como si hubieran salido de la nada, las naves que parecían no ser de este mundo estaban yendo hacia ese lugar donde se oían los gritos, las espadas, las explosiones, y los rugidos de grandes animales. Estaban en esta parte de la tierra en una batalla. A varios metros más, se podían ver personas luchando. Personas que utilizaban armas, como espadas, lanzas, kunais, etc. ¿armas ninjas, o también armas blancas? Lo raro de esto era su forma. Su apariencia era cristalino de un blanco puro, como si estuviera hecho de hielo con diamantes, era hermoso ver este contraste con la arena del desierto. Se podían notar los haces de luces cuando blandían las armas. Había un total de doce personas que vestían diferentes, parecían ser los buenos. Se podía también notar que estaba protegiendo una especie de anillo de unos tres metros de radio, era como si estuviera creado por piedras entre una mezcla de zafiro y diamante puro, emitiendo unos destellos de un color puro de sangre. Cuando note esto, el centro de este anillo se estaba convirtiendo en un tornado allí mismo, estaba entremezclado de agua y viento, ¿Cómo podría ser esto posible? Los enemigos con los que estaban luchando, sus trajes eran negros con capuchas que tapaban su cabeza, algunos no lo traían puesto, llevaban unas mascaras puestas de cueros que le tapaban la mitad del rostro, eran los enemigos que tenían las naves súper tecnológicas. Sus armas eran de fuego, pero también llevaban armas blancas*. *Nota: las armas Blancas, son aquellas armas que son corto punzante, o tiene un borde afilado. ―¡Adam, el portal está listo!—grito el que parecía ser el líder de las doces persona, tenía el cabello negro, pero parecía como si su cabello brillara, sí, tenía hebras de cabellos que estaban hechos de diamantes, ¿Eso es algo lógico? No se podía explicar la razón de porque esta persona se le había puesto partes del cabello negro de esta forma, el llevaba una espada, con un brillo blanco, su estructura era de diamante con hielo. Su chaqueta era blanca, el brazo derecho no tenía manga y el brazo izquierdo tenía las mangas largas. En el brazo derecho, se le podía ver una especie de tatuajes que cubrían su brazo, estaba hecho de un color blanco y parecía estar realizado por diamantes también. Nota del autor: (¡En serio, toda esta hecho de metales precioso, por favor!) ―¡¿Estarán bien?!—grito el chico llamado Adam, estaba luchando con uno, solo le metió una punzada en el estómago y cayó al suelo. Con pelo corto, de un color castaño oscuro, llevaba en su mano derecha, la forma como si fuera un guante, pero las partes de los dedos, solo cubría el dedo medio hasta la mitad. La textura de este se apreciaba como el diamante, daba la sensación de ser algo valioso, pero en un análisis más amplio. Los doces individuos llevaban artilugios como si fueran diamantes. El guante, la espada, cintas para el cabello. Era uno de los que tenían alguno de ellos. ―¡No te preocupes por nosotros, el planeta tierra del universo 10573, tienes que buscar la gema ahí! ¡Cuando la cuenta llegue a cero, el portal se activara de inmediato y te traerá de vuelta! ¡Tienes que buscar la séptima gema!—hiso una pausa―¡Adam, contamos contigo para el sostenimiento del mundo y también contamos en que vengas vivo! ¡Tienes que buscar al Sacha de ese mundo, y pedirle su permiso! ¡Si no lo encuentras, actúa, yo me hare responsable! ―¡De acuerdo!—respondió Adam. ―¡Muy bien, Ahora vete, no puedo usar todo mi poder por el portal! ¡Yo los detendré a todos, luego de que pases el portal! Adam asintió, sus amigos estaban luchando con los demás, la fuerza enemigas en esos momentos eran de 60 mínimo. Los tenía que dejar atrás, tenía que buscar la gema que mantendría el mundo donde estaba viviendo a salvo. Sus amigos habían dicho que iban a estar bien, tenían que confiar en sus palabras, no podía durar más tiempo, así que el de inmediato se lanzó a correr como un rayo, su velocidad era seis veces más rápido que el corredor más rápido del mundo. Pero fue en ese preciso momento, fue en ese preciso momento cuando, una nave más grande había llegado, y de la nada desprendió una torre de luz de su parte inferior. Su luz, azul claro con blanco, estaba expulsando algo. Y de un momento a otro un monstro emergió donde la luz tocaba tierra. Una especie de quimera de 6 metros estaba avanzando a toda velocidad, era muy rápida a pesar de su tamaño, y como si fuera poco, llevaba un enemigo en la espalda con un arma de fuego como si fuera una bazuca, pero lo cargaba como una ametralladora. Pero eso no fue lo único, al ver que Adam estaba dirigiéndose al portal, la quimera saco alas de su espalda, alas parecidas a la de los murciélagos, eran más huesudas. Comenzó a volar bajo y se dirigió aún más rápido. El líder de Adam trato de detenerlo, pero el viento que iba a tope lo mando a volar hacia un lado. Adam ya estaba a punto de entrar, La quimera ya estaba prácticamente en su espalda, abrió la boca para comérselo. Pero… Bajo la atracción de las nubes del portal que iban hacia ellos… los ojos se nublaron y todo se volvió negro. Los tres ya habían entrado al portal.
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Estás leyendo el capítulo 31 de Kuranmūnsutā (Novela), un novela. Hiromi Arata se le confiesa a su mejor amiga, en cambio este es rechazado por Sadashi Kyoto diciéndole “No me vuelvas a hablar. Pasa año y medio, y la historia nos traslada a la preparatoria Hiro-Yuu (Actualmente la… Este capítulo tiene publicado el 26 de noviembre de 2017, Traducido por el grupo Aki Yai. Kuranmūnsutā (Novela) tiene 89 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.