Leer Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) Capítulo 68 online gratis en español
🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
Había pasado una semana desde que perdieron al príncipe Lloyd. Sebastian, que había estado sintiendo como si su fuerza vital se estuviera agotando día a día, finalmente recibió la noticia que había estado esperando desesperadamente.
"¿Has encontrado al príncipe?"
Un hombre que coincidía con la descripción de Alford había sido visto cerca de la calle Dalain, ubicada en el oeste de la capital.
"Calle Dalain... eso está cerca del vizcondado de Lontium".
El vizcondado había sido partidario del Principe Lloyd durante mucho tiempo.
"¿Ha hecho contacto con ellos?"
El subordinado que entregaba el informe negó con la cabeza. "No lo parece".
El príncipe había estado deambulando por los callejones con un atuendo de vagabundo raído, acechando cerca de la finca del vizconde, aparentemente esperando la oportunidad adecuada.
Eso tenía sentido. Lloyd no revelaría imprudentemente su identidad solo para arriesgarse a ser asesinado por sus propios subordinados. Sebastian podía razonar tanto, y no había forma de que el propio príncipe Lloyd no considerara tales peligros. Habiendo vivido una vida plagada de planes y conspiraciones desde su nacimiento, la precaución de Lloyd era natural. De todos modos, fue un alivio. Todavía tenían la oportunidad de recuperarse de este fracaso.
"Envía el Cuerpo de la Llama Carmesí".
El Cuerpo de la Llama Carmesí no eran caballeros, pero en ciertas situaciones, eran igual de formidables. Los caballeros eran guerreros vestidos con armaduras, montados a caballo, que luchaban en campos de batalla abiertos. Pero no todos los conflictos ocurrieron en el campo de batalla.
Para tareas como secuestros, confinamientos, asesinatos de personas clave o combates urbanos a pequeña escala, había muchos luchadores incluso más efectivos que los caballeros. Por ejemplo, aventureros o ladrones de los gremios de callejones.
Durante más de una década de intensas luchas de poder, el príncipe Alford había confiado en fuerzas tan poco convencionales como en sus caballeros. Era por eso que había entrenado en secreto al Cuerpo de la Llama Carmesí, una guardia real encubierta que operaba como sus manos y pies. No había mejor equipo para asegurar silenciosamente el cuerpo del príncipe Alford sin causar un alboroto.
Por primera vez en días, una sonrisa de alivio se extendió por el rostro de Sebastian. "Por fin, podemos traer de vuelta al príncipe".
\*\*\*
La noche cayó sobre la calle Dalain, arrojando una densa oscuridad sobre sus callejones. Veinte hombres se movieron silenciosamente por el camino desierto. Exteriormente, parecían ciudadanos comunes, pero cada uno estaba armado hasta los dientes debajo de su atuendo sencillo.
Caminando naturalmente por la calle, uno de los hombres preguntó: "¿Realmente se supone que debemos hacer esto?"
El Cuerpo de la Llama Carmesí estaba acostumbrado a manejar todo tipo de misiones encubiertas. Algunas de esas misiones habían sido imposibles de entender, pero las llevaron a cabo a pesar de todo. Aun así, algo sobre esta misión se sintió particularmente extraño.
"El príncipe Alford ha sido envenenado o afligido mágicamente, lo que lo hace irracional. Puede percibir incluso al Cuerpo de la Llama Carmesí como enemigos. Tu único objetivo es asegurarlo. Las lesiones o pérdidas de extremidades son aceptables, siempre que se mantenga con vida".
"¿Se nos permite lastimar al príncipe?"
"Incluso si no está en su sano juicio, eso parece..."
El hombre que los dirigía, una figura delgada de unos veinte años, respondió secamente. Era Bellat, comandante del Cuerpo de la Llama Carmesí. "Mientras no muera ni pierda una extremidad, la magia divina lo restaurará por completo. No lo dañará permanentemente".
A pesar de su explicación, sus subordinados todavía parecían incómodos. Bellat sintió una punzada de incomodidad.
Esto es complicado.
Como comandante, Bellat estaba al tanto de la verdad: el príncipe Alford y el príncipe Lloyd habían intercambiado cuerpos, y todo esto era parte del plan de Alford. Pero no podía revelar esa verdad a sus subordinados. Por lo tanto, se quedaron con estas órdenes extrañas y contradictorias.
Tratando de redirigir la conversación, Bellat preguntó: "¿Cuál es la ubicación actual del príncipe?"
Un explorador que acababa de regresar respondió: "En algún lugar de ese callejón. Ya hemos sellado las salidas, así que no escapará".
"¿Nadie más está con él?"
"No que yo pueda decir".
"Manténgase alerta a pesar de todo".
Habían pasado unos días desde su fuga. Incluso si no se hubiera puesto en contacto con sus seguidores originales, podría haber encontrado nuevos aliados.
"Y si Su Alteza tiene aliados, mátalos de inmediato. Probablemente sean ellos los que lo envenenaron".
Los hombres vacilaron, desconcertados.
"¿No los necesitaríamos vivos para descubrir quién está detrás de esto?"
Era un punto válido. En circunstancias normales, Bellat habría estado completamente de acuerdo.
Mentir hace que todo sea mucho más difícil.
En situaciones como esta, la mejor táctica era afirmar el dominio.
"¡Deja de pensar demasiado y sigue las órdenes! ¡Por eso estamos aquí!"
Por fin, el Cuerpo de la Llama Carmesí se movió sin más quejas. Se dispersaron, deslizándose por los callejones para acercarse a su objetivo. Al verlos irse, Bellat frunció el ceño.
¿Por qué el príncipe Alford tuvo que alinearse con los cultistas...?
\*\*\*
Encontrar al príncipe resultó ser más fácil de lo esperado. Después de dispersarse en pequeños grupos, dos miembros del Cuerpo de la Llama Carmesí vieron a un hombre vestido con harapos parado en una esquina. Dejando a un lado su aspecto andrajoso, no había duda de que era el príncipe Alford.
Uno de los miembros habló con cautela: "Hemos venido a acompañarlo, Su Alteza".
El hombre los miró con desinterés y luego preguntó: "¿Acaso me parezco al príncipe Alford?"
Los rostros de los soldados se endurecieron.
Así que es cierto...
Su mente se ha visto afectada.
Este no era el Alford que conocían. Su tono, sus débiles expresiones, incluso el brillo agudo en sus ojos era completamente diferente. Uno de los hombres adoptó una postura de combate antes de responder con cuidado.
"Si te resistes, tenemos órdenes de tomarte por la fuerza".
"Esto es por su propio bien, Su Alteza. Por favor, perdónanos".
El príncipe sonrió levemente.
"Adelante."
"…¿Qué?"
"Adelante, inténtalo".
Fue entonces.
Un escalofrío repentino barrió el aire. Una corriente fría se deslizó por sus espaldas, enviando un escalofrío instintivo a través de ellos.
¿Qué fue eso?
Era fácil descartarlo como una brisa nocturna pasajera, pero algo primitivo les advirtió lo contrario. Momentos después, un sonido extraño y espantoso resonó detrás del príncipe, cuando una figura pálida y translúcida apareció a la vista.
Sssssshhhh...
Dos rayas de oscuridad se fusionaron en espíritus malignos malévolos, deslizándose por el aire como sombras hechas carne. Los ojos de los soldados se abrieron de par en par con terror.
"¡Qué diablos—!"
"¿¡Qué es eso!?"
Antes de que pudieran reaccionar, los espíritus se adelantaron y los envolvieron.
El callejón que alguna vez fue tranquilo pronto se llenó de gritos horribles.
"¡Aaaaahhh!"
"¡No!"
\*\*\*
La oscuridad se extendió por las callejuelas y los espíritus malignos corrieron desenfrenados.
"¡Aaaaahhh!"
"¡Un monstruo!"
No importa qué tan lejos corrieran, fue inútil. Las paredes se abrieron y soltaron zarcillos retorcidos. El suelo se agrietó y arrojó cadáveres como fuentes. Ni siquiera el aire era un refugio. Cada respiración llevaba un miasma sofocante, congelando sus pulmones y quemando sus ojos.
"¡Grraaagh...!"
"Ugh... no...!"
De los veinte miembros del Cuerpo de la Llama Carmesí que habían entrado en el callejón, ninguno se salvó. Uno por uno, sucumbieron. Incluso Bellat, el comandante del cuerpo, no fue una excepción.
Uuuurgh...
Uhhhhh...
Los zombis emergieron en masa, gimiendo y arrastrándose hacia adelante a través de los estrechos callejones. Atrapados entre los muertos vivientes que avanzaban, Bellat y sus dos subordinados restantes se pusieron visiblemente más pálidos.
"¡Comandante!", gritó uno de ellos desesperadamente.
"¿Qué hacemos?"
Bellat no tenía respuestas. Todo su entrenamiento, toda su experiencia, todo había sido contra adversarios humanos.
Sus enemigos sangraban cuando eran golpeados, caían cuando eran atravesados y morían cuando eran abrumados.
Pero, ¿Qué se suponía que debía hacer contra los cadáveres que se movían sin vida? ¿Contra espectros informes que cazaban a los vivos?
"¿Qué es esto...?"
A medida que la horda de zombis se acercaba, Bellat sintió una desesperación aplastante.
¿Por qué hay un nigromante con el príncipe?
Un lamentable grito de agonía atravesó el cielo nocturno.
"¡Aaaaargh!"
\*\*\*
Hace dos días, Karnak había planteado una pregunta.
"¿Cómo podemos obligar a los cultistas aliados con el príncipe Alford a salir a la luz?"
Primero, era necesario entender por qué permanecían ocultos. La primera razón fue el riesgo de exponer sus identidades. La segunda era que no había un adversario lo suficientemente difícil como para justificar que los cultistas, específicamente los nigromantes, intervinieran personalmente.
"En otras palabras, debemos crear una situación en la que no haya riesgo de exposición, y en la que solo los nigromantes puedan manejar el problema", explicó Karnak.
Su solución fue, en la superficie, audaz. "Hacemos uso de un nigromante".
¿Y si uno de los supuestos aliados del príncipe Lloyd fuera un nigromante? Dado que los nigromantes vivían escondidos, los cultistas de Alford no se arriesgarían a acudir a las autoridades para denunciarlos. Eso resolvió el primer problema.
Además, las fuerzas existentes de Alford tendrían dificultades para manejar a los nigromantes, nunca antes habían tratado con un oponente así. Convocar a sacerdotes o magos para hacer frente a la amenaza sería una opción, pero la situación actual era demasiado delicada para involucrar a extraños.
¿Pero si los propios cultistas intervinieran? Ya eran expertos en nigromancia y podían contrarrestarla de manera efectiva.
"Lo más importante", agregó Karnak, "Los nigromantes pueden robar el poder de los demás para fortalecer sus propias habilidades. Su codicia inevitablemente los llevará a la acción. Si no actúan, sus rivales podrían aprovechar la oportunidad".
Lloyd frunció el ceño, escéptico ante la premisa del plan. Sonaba plausible, pero solo bajo una condición.
"¿Dónde se supone que exactamente vamos a encontrar un nigromante? ¿Seguro que no tienes uno escondido con la Orden del Rey?"
"Por supuesto que no"
¿Podría la Orden del Rey estar albergando en secreto a un nigromante? Alguien con tantos principios como el comandante Erantel nunca lo permitiría.
"Pero tenemos muchos artículos confiscados de los cultistas", dijo Karnak con una sonrisa maliciosa.
No era imposible replicar horrores como zombis, espíritus malignos y barreras malditas con magia de ilusión. Por ejemplo, una marioneta animada podría parecerse a un zombi, o los espíritus elementales envueltos en ilusiones podrían aparecer como fantasmas.
Aún así, tales ilusiones no engañarían a los luchadores experimentados o nigromantes. El problema radicaba en el aura distintiva que emanaba nigromancia. Las criaturas vivientes reconocerían instintivamente la malicia y la renuencia primaria hacia la nigromancia.
"Entonces", explicó Karnak, "Usaremos las reliquias confiscadas de los cultistas para replicar la energía de la muerte y la malicia. Combina la magia de la ilusión con esos artefactos, y se verá indistinguible de la nigromancia real".
"¿Puede algo así realmente funcionar?" Preguntó Lloyd.
"Es un método que hemos estado desarrollando recientemente para engañar a otros nigromantes".
'Ah, ya veo. Dada la naturaleza del trabajo de la Orden del Rey, algo así sería necesario". Satisfecho, Lloyd asintió. "Sigamos con tu plan".
\*\*\*
Al recordar su conversación con Karnak, Lloyd miró fijamente la oscuridad del callejón. Más allá de esa oscuridad, resonaron gritos. Los espíritus malignos arrasaron y los cadáveres reanimados atacaron todo lo que encontraban a su paso.
Finalmente, los gritos cesaron. Parecía que el caos había llegado a su fin. Momentos después, una mujer pelirroja se acercó a Lloyd.
"¿Está ileso, espero, Su Alteza?"
Era Serati, miembro de la unidad de Karnak.
"Ni un pelo fuera de lugar" respondió Lloyd. "La magia de Karnak es realmente impresionante. ¿Todo salió según lo planeado?"
"Dejamos vivir a dos de ellos. Darán el testimonio que necesitamos".
Parecía que el plan había tenido éxito. Lloyd, tranquilizado, dejó escapar un suspiro de agradecimiento.
"Tengo que decir que fue increíblemente convincente. Están obligados a caer en la trampa".
La magia de Karnak había sido asombrosamente realista. Los zombis parecían zombis reales y los espíritus parecían genuinamente malvados.
"Incluso sabiendo la verdad, solo podía verlo como nigromancia real".
Serati vaciló, su expresión cambió torpemente.
"Bueno, sí, supongo..."
"¿Hm? ¿Por qué esa mirada extraña?"
"No es nada, de verdad..."

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Karnat, Monarca De La Muerte (Novela)
Capítulo 69
Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) Capítulo 68
Estás leyendo el capítulo 68 de Karnat, Monarca De La Muerte (Novela), un novela. Yo era el gobernante de la muerte. Sin embargo, me llevó un siglo comprender una verdad: para vivir verdaderamente como humano, jamás puedes intentar gobernar tales cosas Este capítulo tiene publicado el 31 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Segador. Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) tiene 421 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.