Leer Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) Capítulo 192 online gratis en español
🏴 Grupo: Segador✍️ Traducción: Segador
En realidad, a pesar de las apariencias, Karnak y sus compañeros no habían recuperado completamente sus fuerzas. Si lo hubieran hecho, no habría sido solo Karnak reincorporándose a la lucha. Todos los demás también lo habrían hecho. Pero los demás aún recuperaban el aliento en las grietas del acantilado.
Sin embargo, Redentor de la Nigromancia era un hechizo que simplemente permitía deslizar la cuchara en una comida preparada. La técnica era intrincada y muy refinada, lo que dificultaba lanzarla, pero no requería mucho maná.
Puede que todavía me falte fuerza para luchar de verdad, pero no puedo dejar pasar esta oportunidad de oro.
Con un leve gesto de la mano, Karnak ordenó: "Id adelante, mis sirvientes"
Un coro de lamentos resonó mientras los Atwalads cargaban hacia Maloka. Theoderic también envió al espectro que tenía bajo su control, uniéndose al asalto.
Mientras tanto, seguía lanzando miradas furtivas hacia Karnak. Por muchas veces que lo vea, es realmente increíble.
Redentor de la Nigromancia era un hechizo que desafiaba la comprensión. No fue especialmente difícil de aprender. De hecho, cualquiera podría entenderlo con suficiente esfuerzo. ¿Pero dominar su ejecución? Eso era un enigma.
Usarlo repetidamente no mejoraba la destreza, ni un mago más hábil controlaba necesariamente a más no-muertos. Por mucho que Theoderic entrenara, nunca había podido dominar a más de una criatura no-muerta. Sin embargo, uno de sus aprendices logró en una ocasión controlar a diez zombis.
Aun así, no es que la habilidad fuera del todo insignificante. Sus aprendices solo podían tomar el control de no-muertos menores. Theoderic, como mago del octavo círculo, podía arrebatar el control incluso a un demonio de alto nivel. Y aun así, no podía controlar a más de un zombi a la vez. Fuerte o débil, su límite seguía siendo una sola entidad.
Debería aprovechar esta oportunidad para preguntarle personalmente a Karnak.
Mientras tanto, Maloka temblaba de rabia. "¡M-Malditos desgraciados!"
Los Atwalads que había invocado con tanto esfuerzo ahora le atacaban desde todos los lados. No podía permitirse quedarse de brazos cruzados, así que puso toda su fuerza en aniquilar a los espectros. El problema era que cada uno de sus hechizos daba en el blanco sin falta.
Karnak no estaba haciendo que los Atwalad evadieran la situación. ¿Por qué? Porque si perdía el control sobre ellos, tendría que enfrentarse él mismo a los espectros.
"Adelante. Pelea con todo lo que tengas"
Estaba usando las propias manos de su enemigo para deshacerse de los espectros mientras drenaba poco a poco la fuerza de Maloka. Era evidente que pretendía ganar sin mover un dedo.
¡Pero no puedo hacer nada al respecto!
Maloka no tuvo más remedio que seguir destruyendo a los espectros implacables. Al final, todos los Atwalad fueron aniquilados. La magia de Maloka era indudablemente poderosa. El precio por eliminar a los Atwalads, sin embargo, fue un severo agotamiento de su maná ya menguante.
Alius y Erantel intercambiaron una conversación relajada.
"Así que todos los espectros se han ido"
"Gracias a eso, hemos recuperado el aliento"
Retrocediendo un paso, Karnak se burló. "Qué trágico. Eso debe de ser frustrante"
La desesperación de ver cómo una torre cuidadosamente construida se derrumba era la misma tanto para los vivos como para los muertos.
"¡M-Maldito mocoso!" Maloka apretó los dientes mientras fulminaba con la mirada a Karnak, que ahora se dirigía hacia el acantilado.
No deseaba nada más que agarrar a ese joven presumido de pelo negro y destrozarlo. Pero la situación no lo permitía.
"¡Ahora, guarda tu maná, Sir Karnak!" Erantel dio un paso adelante, bloqueando el paso del archilich con su espada impregnada de aura. "¡Nosotros nos encargaremos del golpe final!"
Un arco violeta de energía cortó el aire en un amplio arco. Maloka invocó la oscuridad en respuesta. Gracias a la interferencia de Karnak, la mayor parte de su maná ya estaba agotada. Ahora, solo podía defenderse con la poca energía nigromántica que le quedaba.
"¡Venid adelante, centinelas del abismo!"
Desató un hechizo de nigromancia, Bestias Sombrías. Filamentos de niebla oscura se alzaron mientras se formaban bestias espectrales, sus garras afiladas cortando el aire.
Sin embargo, Erantel permaneció impasible. Después de todo, era el comandante de la Orden del Rey. "¡He luchado contra criaturas así más veces de las que puedo contar!"
Su espada, imbuida de aura, sorteó los ataques con precisión. En cuestión de segundos, las bestias sombrías se desvanecieron en la nada.
Aprovechando la oportunidad, Alius comenzó su oración. "¡Hatoba, con tu luz, limpia a este ser miserable!"
Un resplandor brillante iluminaba los acantilados. Ondas doradas de energía divina se lanzaron hacia adelante, envolviendo a Maloka. Llamas estallaron por todo el cuerpo del archilich.
Maloka luchó por restaurar su cuerpo derretido, obligándolo a sanarse solo. Mientras lo hacía, su visión vio a Theoderic preparando su carta ganadora.
"El fundamento de toda creación se somete a la voluntad..." Lanzó la varita al aire y cruzó las manos. "En nombre de la gran providencia, seré yo quien orquestará el mundo"
La varita flotante se fijó en su objetivo, formando un círculo mágico carmesí. Simultáneamente, círculos mágicos azules y blancos se materializaron alrededor de las manos de Theoderic.
"¡Rasga, congela y quema! ¡Condena de la Desolación!"
Los círculos mágicos de tres capas se activaron al unísono, desatando un torrente de escarcha, vendavales y fuego a la vez. La escarcha se extendía por el suelo, congelando todo a su paso. La tormenta violenta atravesó la barrera del lich y la destrozó.
La mandíbula esquelética de Maloka castañeteaba sin parar. "¡N-No...!"
Y entonces llegó el infierno. Fue una devastadora oleada de destrucción que atravesó su cuerpo espectral, atravesando su caja torácica ahora expuesta.
"¡Aaaaargh!" La explosión ahogó incluso su grito mientras enviaba temblores por los acantilados.
\*\*\*
El humo se elevaba denso en el aire más allá del enorme cráter.
Entrecerrando los ojos, Theoderic miró a través de la neblina que se desvanecía. "¿Lo hemos conseguido?"
Alius negó con la cabeza. "Todavía no"
Como inquisidor de primer nivel, aún podía percibir la presencia de la esencia del archilich. Era tenue y parpadeante, como si estuviera a punto de desaparecer, pero presente al fin y al cabo.
Erantel, espada en mano, habló. "Ten cuidado, Lord Theoderic. No querrás que te pillen desprevenido, ¿verdad?"
"Lo sé"
Ya estaba preparando otro hechizo para seguir adelante. Erantel también permaneció en máxima alerta, asegurándose de que Theoderic estuviera cubierto en caso de contraataque. Lanzarse a ciegas sin asegurar la visibilidad podría ser un error fatal. Todos sabían que no debían dar ninguna oportunidad a su enemigo.
Esperaron a que el humo se disipara, con la mirada fija más allá de la zona de la explosión.
En lo más profundo de la explosión persistente, Maloka permaneció atónito, incrédulo. ¿Yo...? Yo… ¿Caí en una trampa tan patética...?
Estaba furioso consigo mismo más que con otra cosa. Incluso antes del retroceso del tiempo, siempre había sido propenso a caer en tales artimañas, especialmente a manos de Lapicel, el Rey Marcial de Cyphras. Pero en aquel entonces, el Gran Dios de la Muerte, Tesranach, siempre le había salvado.
Qué vergüenza... Un suspiro amargo se le escapó. ¿Debo confiar en su poder una vez más...?
Poco a poco, Maloka metió la mano en su pecho. Sus dedos huesudos se deslizaron entre sus costillas, las yemas temblando al hacerlo. Esto era algo que nunca debía tocar. No le pertenecía. Peor aún, si algo salía mal, traería consecuencias catastróficas para sus planes futuros.
Pero no tenía elección. Si caía aquí, no sería solo un revés. Sería el colapso total de todo.
"Perdóname... mi amo" Su voz temblaba mientras retiraba la mano.
El aire tembló con un estremecimiento ensordecedor.
Theoderic, que estaba preparando su siguiente hechizo, palideció como la muerte. "¿Qué...?!"
Desde el borde de la muerte, una fuerza abrumadora estalló del cuerpo de Maloka. Erantel y Alius, al percibir el cambio abrupto, endurecieron inmediatamente sus posturas.
¿Qué es esto?
¿De dónde viene este poder?
Maloka clavó su bastón dorado firmemente en el suelo. "Este necio sirviente ha cometido un grave pecado sin permiso..."
Una llamarada carmesí estalló en sus cuencas vacías. Una tormenta pura de maná estalló de todo su ser. "¡Con sus cabezas, buscaré su perdón!"
Una colosal oleada de maná se extendió por los acantilados, derramándose más allá del río y el bosque, sacudiendo el propio cielo.
\*\*\*
Una luz blanca brillante se extendió por el cielo nocturno, quemando la oscuridad.
"Caigan, perros de la diosa"
El resplandor radiante se transformó en una tormenta de energía mágica, barriendo hacia los sacerdotes. Erantel, Theoderic y Alius intentaron contrarrestar el asalto, pero fue inútil. La presión abrumadora no solo envolvió a los sacerdotes. También los destrozó, consumiendo todo a su paso.
"¡Uf!"
"¡Gah!"
Los guerreros que se habían mantenido firmes hasta ahora fueron arrojados como hojas caídas en un vendaval otoñal. En un instante, su formación colapsó y la intrincada magia divina que había unido su sagrada radiancia comenzó a deshacerse.
Maloka aprovechó la abertura, alzando su bastón hacia el cielo. "Colapsar. Hundirse. Perecer"
Cuatro rayos de luz se elevaron por encima del dosel del bosque antes de estrellarse sobre los pilares que formaban la barrera.
Con una serie de explosiones ensordecedoras, los cuatro pilares se rompieron a la vez, haciendo que incontables fragmentos de luz divina se dispersaran como brasas al viento. Los sacerdotes caídos dejaron escapar gemidos lejanos.
"Aah..."
"La luz de la diosa..."
La gran y multicapa barrera sagrada que habían preparado con tanto esmero había sido completamente aniquilada. Ahora, no quedaba nada que suprimiera al monstruo que tenían delante.
Una risa baja y hueca escapó de Maloka. "Por fin puedo respirar libremente"
El núcleo espectral dentro de su pecho latía con un resplandor blanco. El poder pulsante no era el poder de la muerte ni la energía nigromántica. Era maná puro. De un ser de oscuridad impía, brotó la magia más inmaculada.
"Pensar que me obligarías a tal blasfemia..."
Docenas de círculos mágicos se materializaron alrededor de Maloka. Llamas de destrucción flotaban en el aire, y ondas de energía pulsaban sin fin desde la punta de su bastón.
"¡Nunca te perdonaré!"
Cada círculo mágico estalló a la vez, y una lluvia de tormentas de fuego y relámpagos estalló en todas direcciones. El terreno estaba partido en pedazos. Sus restos destrozados fueron atrapados en violentas tempestades y arrojados al cielo. Ante tal devastación abrumadora, los simples mortales no eran más que hojas atrapadas en una tormenta furiosa.
"¡H-Hatoba, por favor...!"
Erantel apretó los dientes, blandiendo su hoja impregnada de aura para atravesar los rayos entrantes. "Maldita sea, ¿Estuvo ocultando su fuerza todo este tiempo?"
No, esto no tenía sentido. La propia supervivencia de Maloka había estado en peligro. ¿Qué razón podría haber tenido para ocultar tal poder en esa situación?
Algo no cuadra.
Si realmente se hubiera estado conteniendo, debería haber mostrado toda su fuerza hace tiempo. Y, sin embargo, el archilich ante ellos irradiaba indudablemente una fuerza inmensa.
La voz escalofriante de Maloka resonó por el campo de batalla. "¡Prueba el poder de la destrucción que me fue otorgado!"
Hojas de magia de viento se extendieron por el campo de batalla, barriendo en todas direcciones. El suelo se desgarraba, enviando nubes de polvo al aire.
Con la espada lista, Serati se volvió urgentemente hacia Karnak. "¿Qué demonios está pasando, Lord Karnak?"
Varos, Leven y los demás también le miraron. Salieron corriendo de su escondite frenéticamente con las armas en mano. La batalla había cambiado tanto que ya no había tiempo para descansar en el refugio del acantilado.
La expresión de Karnak se endureció al responder. "No lo sé"
No era una actuación. Realmente no tenía ni idea. Miró con furia a su antiguo subordinado mientras desataba una insondable oleada de maná. El antiguo Monarca de la Muerte frunció el ceño.
¿De dónde demonios sacó de repente tanto poder? Maloka nunca tuvo ese tipo de habilidad.

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Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) Capítulo 192
Estás leyendo el capítulo 192 de Karnat, Monarca De La Muerte (Novela), un novela. Yo era el gobernante de la muerte. Sin embargo, me llevó un siglo comprender una verdad: para vivir verdaderamente como humano, jamás puedes intentar gobernar tales cosas Este capítulo tiene publicado el 8 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Segador. Karnat, Monarca De La Muerte (Novela) tiene 422 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.