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Leer Inmortal de las Eras (Novela) Capítulo 158 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Dentro del Reino Marcial del Imperio Inmortal se encontraba la nación de Fan. Al anochecer, los comerciantes y soldados que habían estado ocupados todo el día comenzaron a empacar, ansiosos por regresar a casa. En casa, las amorosas esposas habían preparado deliciosas comidas, y los niños esperaban el regreso de sus padres, con la esperanza de recibir pequeños regalos. Miles de luces iluminaban la ciudad, proyectando un resplandor apacible que pintaba una imagen serena y feliz. La vida aquí era sencilla: trabajo, familia, respeto a los mayores y la crianza de los hijos. Si bien era humilde, había una serena belleza en esta vida de compañía, con hijos y nietos a mi alrededor. Era una vida llena de pequeñas alegrías. Pero incluso esas vidas serenas podrían estallar como delicadas burbujas. Dentro de una modesta casa de té, una chica vestida de civil se apoyaba en el alféizar de la ventana, observando a la multitud bulliciosa. Con un puchero, se lamentaba: "¡Abuelo, extraño a Stray Dog!". El dueño de la tetería, un anciano robusto de cabello blanco como la nieve pero rostro radiante de vitalidad, rió entre dientes. "¿Lo extrañas? ¡Solo lleva desaparecido unos días!". Echó unas bayas de goji en su té. "No me importa. Yo también quiero ir al Reino Celestial", protestó la niña. "¡Tonterías! Es un caos allá arriba. Es fácil entrar, pero no tan fácil salir. Nuestro Reino Marcial es mucho más pacífico", aconsejó el anciano con sinceridad. "¿Tranquila?" La chica puso los ojos en blanco, planeando colarse en el Reino Celestial. Apoyó la barbilla en las manos y miró al cielo. "¿Eh?" Notó que, en algún momento, una sombra en forma de abanico había aparecido en lo alto, oscureciendo un tercio del cielo. La sombra parecía latir, como si algo en su interior creciera. "¿Qué es eso?" Los ciudadanos de la capital, relajándose tras el día, alzaron la vista, igualmente desconcertados por la sombra temblorosa. Curiosamente, tras unas pocas miradas, una profunda tristeza los invadió. Sintieron como si una gran tragedia les hubiera acontecido, un dolor tan intenso que les hizo llorar sin querer. La ciudad estaba sumida en un mar de angustia, aunque aparentemente nada había sucedido. Dentro de la casa de té, el corpulento anciano, que estaba preparando su té, se detuvo de repente. Una expresión de horror cruzó su rostro. "¡Pavo Real!" Rugió bajo, listo para entrar en acción. Pero desde la sombra en forma de abanico, un rayo de luz negra descendió abruptamente. ¡Whoosh! Con un sonido penetrante, el rayo negro atravesó el aire. ¡PUM! El rayo, veloz como un rayo, se precipitó en la casa de té, impactando al anciano de lleno en el pecho. Le atravesó el corazón y lo inmovilizó contra el suelo. ¡DIN, DIN, DIN! Varios rayos negros más siguieron, clavándose en la cabeza, el torso, la columna, las manos y las piernas del anciano. Al brillar, su verdadera forma se hizo evidente: ¡eran plumas negras! "Monstruo..." Con los ojos abiertos por la sorpresa y lleno de rabia y dolor, el anciano miró fijamente la sombra en el cielo. Luchó con todas sus fuerzas, mientras la sangre negra manaba de sus heridas. ¡HUM! De repente, las plumas negras se encendieron y, en un abrir y cerrar de ojos, el anciano quedó envuelto. Las llamas rugieron y, en instantes, toda la casa de té ardió, un fuego que amenazaba con consumir el cielo. "¡Corre..." Con un esfuerzo inmenso, el anciano gritó una última vez a la chica vestida de civil. Lágrimas de desafío, teñidas de sangre, brotaron de sus ojos. Luego, guardó silencio para siempre. ¡Abuelo! La niña, con los ojos abiertos y horrorizada, observó el caos que se desataba. Se desplomó en el suelo, inerte. Su abuelo había desaparecido... Su mente se quedó en blanco, y tras la conmoción inicial, sus ojos se llenaron de puro terror. "¡Monstruo! ¡Demonio..." Presa del pánico, se puso de pie de un salto y salió rodando de la casa de té, escapando por poco de las llamas negras que la envolvían. ¡BUM! La casa de té quedó reducida a cenizas. Temblando de pies a cabeza, la niña miró aturdida la amenazante sombra en el cielo. Para entonces, la sombra en abanico cubría la mitad del cielo, creando un eclipse casi mítico. Era temprano en la noche, y aun así la mitad del cielo se oscureció por completo. El cielo se agitaba con una brumosa obsidiana, similar a un vasto océano negro. El corazón de la niña se llenó de profunda tristeza. Sin embargo, para su asombro, los habitantes de todos los rincones de la ciudad salieron de sus casas. Cada uno, con las manos alzadas hacia el cielo, parecía abrazar el mismísimo cielo. Las lágrimas corrían descontroladas por sus rostros; el dolor era palpable. “En este mundo de sufrimiento, que encontremos la alegría eterna...”. Más de un millón de voces susurraron al unísono. Sus ojos, fijos en el cielo, parecían hallar una esperanza singular en medio del mar de desesperación, como avistar el sol de la fe en medio de la oscuridad inminente. ¡No! ¡No! La niña vestida de civil abrazaba a un niño de tres años a su lado. Normalmente, apenas podía articular dos palabras. Pero ahora, con las manos en alto y las lágrimas corriendo, se lamentaba: “Solo en la alegría eterna nuestras almas pueden encontrar la liberación y comprender el camino cósmico...”. "¿Qué alegría eterna? ¿Qué camino cósmico? ¡Abanico, ven conmigo!", gritó, tirando de su mano. Sin embargo, con una fuerza inexplicable, el chico liberó su mano. Su mirada se clavó en la de ella y, con tono burlón, declaró: “La vida es fugaz, cada ser tiene su destino, cada camino tiene su ley cósmica. Sigo el decreto celestial en mi cultivo. ¿Qué derecho tienes a obstruirme?”. Se sintió como si le hubiera caído un rayo y se desplomara y temblara incontrolablemente en el suelo. "Niña ingenua, mira al cielo", dijo la pequeña con una sonrisa escalofriante. Levantando la cabeza, aturdida, vio el cielo de la ciudad completamente cubierto por la oscura extensión. Con un zumbido resonante, las luces de la ciudad se apagaron, sumiendo al mundo en una oscuridad sin límites. "¡Mis... mis ojos!", susurró la chica, con la mirada fija en el cielo. De repente, en esa cortina de oscuridad, una miríada de ojos fríos se materializó, uno tras otro, hasta que noventa y nueve pares la miraron fijamente. Parecían los ojos de los dioses o remolinos de un mar carmesí, observando la ciudad con inquietante intensidad. La visión era inquietantemente perturbadora. "En este mundo de sufrimiento, que encuentre la alegría eterna", murmuró el niño, y de sus ojos emergió una nube de niebla blanca. Tomó su forma, con las manos extendidas como si abrazara algo. Las lágrimas corrieron por sus mejillas mientras la nube comenzaba a elevarse hacia el cielo. "Su alma...", susurró. Mientras la chica vestida de civil murmuraba esas palabras, el cuerpo del joven se relajó y se desplomó en sus brazos. Sus ojos, abiertos como platos con una mirada distante, dejaron de parpadear. ¡PUM, PUM! En las calles de la ciudad, más de un millón de ciudadanos cayeron sin vida, como si se hubieran quedado dormidos con los ojos abiertos, inmóviles. Jirones de niebla blanca, llenos de ferviente fe, se elevaron hacia el cielo oscuro y, finalmente, penetraron en esos noventa y nueve ojos carmesí. Al caer la noche, un silencio inquietante cubría la ciudad, ahora inquietantemente quieta y desolada. "Abuelo, tengo miedo..." La niña vestida de civil lloró al presenciar la escena. Sin embargo, su cuerpo se irguió automáticamente y murmuró: "En el mar del sufrimiento humano, busco la alegría eterna..." Al terminar, una brizna de niebla blanca emergió de sus ojos, flotando como una burbuja hacia el cielo. La ciudad bajo ella se encogió. El amenazante ojo carmesí se acercó. Con la mirada vacía, se unió a un millón de almas, sumergiéndose en esos ojos. ¡ZUMBIDO! Solo vio un rojo intenso. Un vasto mar de sangre se extendía ante ella, cada gota formando la inmensidad. Su alma aterrizó en este mar, teñida de rojo y solidificándose lentamente en una gota de sangre, convirtiéndose en una pequeña parte de este vasto océano. Un millón de almas, apenas una gota en el mar. Y dentro de esos ojos, yacían noventa y nueve vastos océanos de sangre... Todo estaba en silencio. Los cadáveres cubrían las calles de la ciudad, sumiéndola en una quietud perpetua. Solo las ratas correteaban, observando con perplejidad las ruinas que las rodeaban. Tras lo que pareció una eternidad, el cielo oscuro empezó a despejarse. En la vasta extensión de la noche, un Pavo Real negro se elevó, su larga cola brillando con un frío resplandor carmesí. En las bulliciosas calles del Imperio Inmortal, dentro del Reino Celestial, las luces centelleaban y resonaban risas. Antes de la Guerra de los Inmortales, las calles, envueltas en una niebla mística, bullían de vida, aunque un frío inquietante acechaba. Había visitantes inesperados, algunos a la intemperie, otros ocultos en las sombras. Sus frías miradas inspeccionaban a los transeúntes, las tiendas y las mercancías. "Mi querida Luna." En un tramo animado, una delicada mujer se destacaba. Envuelta en un vestido de flores de cerezo y con un velo cubriéndole el rostro, sus pies impecables tocaban los adoquines del Reino Celestial, permaneciendo impecables. Se detuvo tranquilamente frente a una pintoresca tienda, extendió su delicada mano y recogió dos horquillas de jade. Mirando a un joven de cabello plateado a su lado, preguntó con tono juguetón: "¿Cuál te queda mejor?". "Ninguno", respondió fríamente el joven Hada de la Luna. "¿Ah, sí?", preguntó Lady Hua Lian con un puchero. Le gustaban bastante. "Ellos brillan gracias a ti", dijo el Hada de la Luna, mientras una leve risa escapaba de sus labios. Con una sonrisa juguetona, la Dama Hua Lian colocó las horquillas en la mano del Hada de la Luna. "Entonces, pónmelas". "Mm." De pie frente a ella, mientras colocaba los alfileres, sus miradas se cruzaron. "¿Se ven bien?" Con las horquillas en el pelo, Lady Hua Lian giraba frente a él, radiante como una flor. "Son la guinda del pastel; ya eres impresionante", elogió el Hada de la Luna. "Seguro que tienes una lengua de plata", bromeó ella, guiñándole un ojo. Contemplando la vibrante calle, un suspiro escapó de sus labios. “El mundo humano es hermoso. Una vez, fui un zorro, echando vistazos a este mundo bullicioso desde una esquina...” "Pero hoy lo tienes todo", comentó el Hada de la Luna. Lady Hua Lian negó con la cabeza suavemente. Cuando él estaba a punto de volver a hablar, le puso un dedo en los labios, impidiéndole hablar. "Caminemos un poco más". El Hada de la Luna pensó: “¡Ya me has tenido paseando media noche!”. Pero por su amada, haría de acompañante galante. “Por supuesto”, asintió. Bañadas por una suave luz, la pareja” dos figuras etéreas” paseaba por las calles, un espectáculo de ensueño. Sin embargo, ¡nadie se atrevió a acercarse a ellos! Los comerciantes ni siquiera se atrevieron a cobrarles, pues todos los reconocían como demonios que caminaban descaradamente por el Reino Celestial. Eran los estimados huéspedes del Imperio Inmortal. Más tarde esa noche, en una taberna de gran altura dentro del Reino Celestial, en una habitación decorada con buen gusto, la Dama Hua Lian se asomaba a la ventana. Las brillantes luces del mundo inferior iluminaban su mirada. "Así son los fuegos artificiales del mundo humano", reflexionó Lady Hua Lian, con un toque de melancolía coloreando su voz. El Hada de la Luna estaba cerca, bañado por la luz ambiental, envuelto en su silencio. "Después de vagar toda la noche, ¿no estás contento?", preguntó. Suspirando suavemente, Lady Hua Lian respondió: "Poseer de repente lo que uno sabe que nunca podrá ser poseído verdaderamente es como dejar un eco en el viento triste". "¿Deseas para todo el mundo humano?" El tono del Hada de la Luna era sereno. “Yo no, pero alguien sí. Alguien desea su destrucción...” murmuró con tristeza la Señora Hua Lian. "¿Quién?" Los colmillos asomaron de los labios del Hada de la Luna, sugiriendo peligro. Lady Hua Lian negó con la cabeza, indicándole que se abstuviera de preguntar más. De repente, un escalofrío le recorrió la espalda. Sobresaltada, se giró. En el rincón oscuro de la habitación se encontraba una figura imponente. "¡Alegría eterna!" La dama Hua Lian tembló, su rostro radiante palideció y se arrodilló lentamente ante la sombra. La sombra dio un paso al frente. Pertenecía a un hombre de mediana edad, de piel pálida y cabello negro azabache, cautivadoramente atractivo, con sus ojos rojo rubí brillando misteriosamente en la oscuridad. Se sentó junto a la ventana, con su mirada gélida escudriñando el bullicioso mundo de abajo. En lo profundo de esos ojos parecían resonar los gritos de innumerables almas. Durante todo el proceso, el Hada de la Luna permaneció inmóvil, mientras que Hua Lian se arrodilló aún más. "Mi querido Lian..." El hombre golpeó suavemente la mesa y susurró: "Sirve el té".

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Inmortal de las Eras (Novela) Capítulo 158

Estás leyendo el capítulo 158 de Inmortal de las Eras (Novela), un novela. Cuando el alma de Yun Xiao se elevó a los cielos tras su muerte, hizo un descubrimiento sorprendente: ¡el vasto mundo en el que había vivido durante dieciséis años se asemejaba asombrosamente a una tumba colosal! Debajo… Este capítulo tiene publicado el 29 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Inmortal de las Eras (Novela) tiene 954 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.