Leer Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela) Capítulo 123 online gratis en español
🏴 Grupo: Bariubal116✍️ Traducción: Bariubal116
Aldea de las Ovejas Dolientes.
Santuario del Dios de las Tres Ovejas.
Las ovejas negras se agrupaban en rebaños y permanecían arrodilladas con devoción frente a la entrada.
Un anciano apoyado en un bastón se encontraba en el centro del santuario.
Las tres campanas, roja, negra y blanca, habían sido colocadas frente a las tres estatuas divinas.
La estatua con cabeza de oveja y cuerpo humano que acariciaba su vientre simbolizaba la capacidad que el Dios de las Tres Ovejas había concedido a la aldea para perpetuarse generación tras generación.
Su vientre gestaba vida.
Su cuerpo era el recipiente que daba continuidad a la descendencia.
La estatua con cabeza de oveja y cuerpo humano que alzaba un brazo simbolizaba la capacidad otorgada por el Dios de las Tres Ovejas para obtener cosechas y sostener la vida.
Aquella mano levantada era la herramienta del trabajador.
Su cuerpo era una fuente inagotable de mano de obra.
La última estatua, también con cabeza de oveja y cuerpo humano, mantenía los ojos fuertemente cerrados.
Era el método utilizado por su creador para engañar a la divinidad y volverla «ciega».
Le habían arrebatado la percepción.
Las emociones.
Y los recuerdos.
Todos los habitantes originales de aquella aldea habían sido desertores que huyeron durante una guerra.
Eran débiles y perezosos.
Incluso después de esconderse todos juntos en aquellas tierras, ni siquiera eran capaces de mantenerse por sí mismos.
Así que elevaron sus plegarias al cielo.
«Dios, por favor, concédeme una esposa hermosa. Que dé a luz a mis descendientes y prolongue mi linaje. Que además me proporcione comida y vestido en abundancia.»
«Dios, permíteme disfrutar para siempre de una vida libre de preocupaciones, aunque yo sea violento, autoritario, débil y despreciable.»
«Dios, utiliza la jaula más resistente que exista en este mundo para mantener eternamente a mi hermosa esposa a mi lado y convertirla en mi subordinada. Estoy dispuesto a que pierda su alma, su nombre, su identidad, su independencia, todo cuanto posee, hasta convertirse en una herramienta. Una herramienta destinada a prolongar mi linaje.»
Y entonces...
el «dios» respondió.
El dios privó a aquella aldea de su luna pura y luminosa, y convirtió a todos los «impuros» en bestias.
El letrero de la entrada de la aldea se convirtió en la cerca que las confinaba.
Las montañas profundas se convirtieron en su único corral.
El dios trazó una prisión sobre la tierra.
Los hombres utilizaron esa prisión para construir un cercado.
Desde el minuto, desde el segundo mismo en que alguien entraba en aquel lugar...
los grilletes comenzaban a cerrarse alrededor de su cuerpo.
Y terminaban hundiéndose en lo más profundo del alma.
Las campanas continuaban repicando.
La mujer que había regresado buscando venganza permanecía inmóvil detrás del Dios de las Tres Ovejas.
El Abuelo la miró.
«Te lo dije hace mucho.»
«Nada de lo que ocurre en esta aldea puede escapar de mis ojos.»
«Mientras la campana blanca esté en mis manos, no importa lo que hagan.»
«Será inútil.»
De principio a fin...
ella nunca había logrado liberarse realmente de su control.
Que Li Wu le colocara otro collar solo había sido una medida provisional.
Aún no había llegado el momento adecuado, y el Abuelo todavía no podía permitir que el alma del Dios de las Tres Ovejas se dispersara por completo.
Por eso había dejado deliberadamente que creyera que había escapado de su control.
Todo para recuperar con mayor facilidad las tres campanas.
Incluso permitirles descubrir el contenido del 《Ritual de Sacrificio para Atar Espíritus》 no había sido más que una especie de «recompensa» por haber logrado llegar tan lejos.
Una recompensa para hundirlos en un dolor todavía mayor.
«Esos pequeños trucos tuyos no sirven de nada.»
«Igual que cuando te traje aquí hace tantos años.»
«Lo único que haces es acelerar tu propia desesperación.»
Aquella mujer...
había sido la primera mujer de la aldea.
Era la hija de una familia adinerada.
La guerra la hizo perderse hasta llegar a aquellas tierras.
Era bondadosa y hermosa.
Al ver lo pobre y atrasado que era aquel lugar, decidió quedarse para enseñarles a sus habitantes lo que sabía.
En aquel entonces, el Abuelo apenas tenía poco más de veinte años.
Se ganó la confianza de la mujer fingiendo ser una buena persona.
Y después utilizó medios despreciables para mantenerla prisionera allí.
Por eso...
ella era el mejor recipiente posible para convertirse en «dios».
Gracias a su existencia.
Gracias a su capacidad para tener hijos.
El Abuelo se convirtió en la persona más respetada y prestigiosa de toda la aldea.
Aquella mujer era su esposa.
Pero, más que eso...
era la herramienta con la que obtenía fama, beneficios y posición.
Mientras pudiera seguir teniendo hijos y seguir trabajando, su valor bastaba para conseguirle incontables elogios en aquellas tierras desoladas.
Ella era la madre de aquel lugar.
Su verdadera madre.
Por las venas de casi todos los que vivían allí corría su sangre.
Y cuando ya le habían exprimido hasta la última gota de utilidad...
el hombre preparó para ella una enorme «red».
Le permitió conservar una hija.
Una hija insignificante.
Le dijo:
«Fabrica tres campanas y tú y la niña recuperarán la libertad.»
Ella obedeció.
Le entregó al hombre la campana blanca.
Conservó para sí la campana roja.
Y le dio la campana negra a su hija.
Las tres campanas de supresión quedaron repartidas entre los miembros de una misma familia.
Con ello se cumplieron todas las condiciones necesarias para el ritual.
Entonces, una noche...
el hombre volvió a encadenar a su esposa.
Y mientras ella no podía verlo...
ahogó a su propia hija.
El primer bebé enterrado en el Río de los Bebés Enterrados...
fue su propia hija de sangre.
Después le quitó la ropa a la niña.
Se llevó la campana.
Y le dijo a aquella madre:
«Si quieres volver a ver a tu hija, haz exactamente lo que yo te diga.»
La madre sabía perfectamente que era una trampa.
Una red de la que no había escapatoria.
Pero no tenía otra opción.
Su hija...
era lo único que todavía le daba una razón para seguir viviendo.
Así que se «ofreció voluntariamente».
Se convirtió en un espíritu ligado a aquellas tierras.
En la divinidad protectora de aquel territorio.
Y cayó en la trampa.
Desde entonces...
la víctima también se convirtió en victimaria.
Bajo el control de un hombre malvado, transformó aquellas tierras en un corral para «ovejas malvadas».
Personas inocentes fueron encadenadas.
Y se convirtieron en 【ovejas blancas】.
El matrimonio.
Los hijos.
La aceptación.
Todo aquello se convirtió en cadenas de hierro imposibles de arrancar.
Las arrastraba hacia el abismo.
Las hundía en el lodo.
Las obligaba poco a poco a mezclarse con aquella misma podredumbre.
Su carne y sus almas terminaban ennegrecidas.
Y ni siquiera después de morir podían descansar.
Una divinidad protectora terminó convertida en una divinidad malvada.
Las mentiras hicieron que las propias víctimas se dieran la espalda unas a otras.
Las campanas de supresión servían de medio.
El odio era la mecha.
Aunque todas eran víctimas...
terminaban odiándose profundamente entre sí.
Y acababan convirtiéndose en nuevas victimarias.
Al final, bastaba una sola frase para descargar sobre alguien toda la culpa.
«Todo esto es un 【Castigo Divino】 del Dios de las Tres Ovejas.»
La verdad.
El poder.
Todo estaba firmemente controlado por una sola persona.
El Abuelo se había convertido en el único «emperador» de aquellas tierras.
Seguía apoyado en su bastón.
Apenas un momento antes había sido de día.
Pero ahora la noche había vuelto a caer.
Una casa ardía envuelta en llamas.
Chen Mo'er y Bie Di estaban atadas, a punto de convertirse en sacrificios.
El Abuelo contemplaba con satisfacción todo aquello que mantenía bajo su control.
La Aldea de las Ovejas Dolientes...
era el «paraíso» que él mismo había construido.
De repente...
un enorme tajo de energía salió disparado desde atrás.
«¡Oye! ¡Suéltalas!»
El Abuelo sonrió.
«Así que ya llegaron todos.»
Levantó una mano.
La campana blanca vibró.
El Dios de las Tres Ovejas neutralizó rápidamente la fuerza del tajo.
Después de descubrir que Chen Mo'er poseía una capacidad que permitía establecer comunicación mental, el Abuelo le había arrebatado la 【Llave Mental】.
Y había transmitido la misma voz a todos los guardianes de la aldea.
«Huésped...»
«Ho-la.»
Su objetivo era muy sencillo.
Quería reunir allí a todos aquellos huéspedes que correteaban por todas partes.
Y convertirlos en sacrificios que permitieran prolongar la maravillosa vida de la aldea.
El Abuelo se puso de pie.
Se volvió hacia ellos.
Las campanas controlaron a los fantasmas y a las ovejas negras, impidiendo que se agitaran.
«Todos ellos son huéspedes importantes.»
«No se impacienten.»
«Hablen como es debido.»
Paso a paso, salió del santuario.
«La ceremonia de sacrificio al dios está a punto de comenzar.»
«Sean todos bienvenidos a compartir con nuestra aldea este maravilloso momento.»
«Ustedes...»
«y los demás también.»
«Muy pronto, todos se convertirán en el “incienso” del Dios de las Tres Ovejas.»
«Se convertirán en parte de estas tierras.»
«Nos traerán continuidad.»
«Nos traerán cosechas.»
«En nombre de todos los habitantes de la Aldea de las Ovejas Dolientes, agradezco la llegada de cada uno de nuestros guardianes.»
«Gracias.»
Su agradecimiento sonaba extraordinariamente sincero.
Extraordinariamente fervoroso.
Entonces bajó la mirada.
Sus ojos se encontraron con los de Xiaoxiao, cuyo rostro estaba retorcido por el dolor.
Todas las arrugas de aquella cara anciana se amontonaron mientras mostraba una sonrisa aterradora.
«Cuánto tiempo sin verte...»
«Hija mía.»

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Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela)
Capítulo 124
Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela) Capítulo 123
Estás leyendo el capítulo 123 de Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela), un novela. El primer día después de quedarse sin trabajo, una misteriosa aplicación aparece de la nada en el celular de Li Wu. Los trabajos que ofrece son fáciles y están demasiado bien pagados. A simple vista, una estafa de… Este capítulo tiene publicado el 30 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Bariubal116. Hola, jefe Espeluznante—estoy aquí para trabajar (Novela) tiene 170 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.