Leer Fuera del Tiempo (Novela) Capítulo 1831 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El reinado de mil años del Reino Verde Púrpura se hizo añicos como el cristal bajo el asedio de innumerables razas.
Observé con mis propios ojos cómo mi padre era destrozado por los enemigos, cómo el cráneo de mi esposa era perforado por un artefacto mágico y cómo mi hijo pequeño se enfriaba mientras se acurrucaba en las sombras.
No pude salvarlos...
No tuve el poder para salvarlos...
En el momento en que comenzó esta guerra, las innumerables razas lanzaron maldiciones sobre mí, sellando mi cultivo y reduciéndome a un simple mortal.
En medio de mi dolor y rabia, mi hermano menor cargó contra los enemigos que lo perseguían, detonando los últimos restos de la fortuna del Reino Verde Púrpura.
Y él derramó esa fortuna en mí.
Mientras me ahogaba en esa oleada de fortuna, vi innumerables pares de ojos...
Las miradas de mis parientes muertos, mis súbditos, todos mirándome desde más allá del río del tiempo.
¡Tendré mi venganza!
...
El milenario Reino Verde Púrpura se rompió más fácilmente que una copa de cristal.
El aura auspiciosa de color púrpura, que una vez fue majestuosa, había sido destrozada hace mucho tiempo por los vientos malignos de los hechizos de las innumerables razas, sin dejar rastro alguno.
Dentro y fuera de la ciudad imperial, los grandes pilares de jade que una vez simbolizaron la eternidad ahora no eran más que un cementerio de escombros colosales, temblando bajo los ensordecedores choques de la batalla y los repugnantes crujidos de los huesos rotos.
Me quedé de pie sobre los escalones destrozados del estrado imperial, con los pies hundiéndose en el pegajoso lodo de la sangre. El penetrante olor metálico del hierro parecía solidificarse con cada respiración.
Mi padre, esa imponente figura que una vez pareció tan inquebrantable como los cielos, fue capturado ante mis ojos por una sombra que atravesó el espacio.
Ni siquiera oí su último grito. Solo vi su túnica de dragón, bordada en púrpura y oro, símbolo de la autoridad suprema, junto con su imponente cuerpo, destrozado en un instante por una fuerza invisible y monstruosa.
Una lluvia de sangre y fragmentos de hueso, afilados como jade roto, cayeron del cielo, quemándome la cara.
Las gotas de la sangre de mi padre cayeron en mis ojos, tiñendo mi visión de color carmesí.
El cielo verde púrpura se derrumbó por completo bajo ese aguacero carmesí.
Y yo... estaba impotente.
Mi cultivo, mis habilidades divinas, incluso la fuerza de mi carne, todo había sido maldecido por el poder combinado de la miríada de razas desde el inicio de la guerra. Mi poder quedó sellado, mi fuerza desapareció.
Me redujeron a mortal.
Y en ese momento, me di cuenta de que no era tan inquebrantable como afirmaban las leyendas.
Mi fragilidad no era menor que la de cualquier otra persona.
“¡Su Alteza! ¡Por aquí!” Los gritos roncos de los guardias que me quedaban atravesaron el rugido sofocante de la batalla.
Como si me movieran hilos invisibles, seguí aturdido su retirada.
Justo cuando pasábamos por las destartaladas puertas del palacio, un destello de luz cegador captó mi atención por el rabillo del ojo.
Sala
¡Allí hay un mar de llamas!
Mi corazón temblaba mientras avanzaba a trompicones. A través del denso humo y el fuego, la vi: mi esposa.
Se apoyaba en una columna carbonizada, con una horquilla de plata manchada de sangre incrustada en la sien. Sus delicadas manos, que una vez adornaron mi cabello con flores, ahora colgaban flácidas a sus costados.
Sus ojos estaban abiertos, mirando fijamente al cielo inundado de humo, como si aún albergara un anhelo insatisfecho.
Mi mano extendida se congeló en el aire, con las yemas de mis dedos heladas. Algo en mi pecho se hizo añicos con un grito silencioso.
La antigua marca de loto en mi palma, que simbolizaba el poder imperial del linaje Verde Púrpura, de repente ardió como un hierro candente, quemando mi alma.
"Padre..." Una voz tan débil como el gemido de un gatito, temblando al borde de la muerte, vino de debajo de una viga derrumbada.
Bajo los pesados escombros se acurrucó una pequeña figura: mi hijo de siete años.
Su pequeño cuerpo ya estaba frío. Solo la tosca espada de madera que le había tallado, aún aferrada con fuerza en su pequeña mano, conservaba un leve rastro de calor.
Lo acuné en mis brazos, pero incluso ese escaso calor se desvaneció rápidamente, dejando atrás solo una frialdad rígida.
La espada de madera se le resbaló de los dedos sin vida y cayó sobre las baldosas de piedra. Ese suave golpe, mezclado con los rugidos de los cultivadores enemigos, me atravesó los tímpanos y el corazón.
Mi padre, mi esposa, mi hijo, mi reino, todo se convirtió en hielo.
¡Vámonos! ¡Su Alteza! Los últimos de mis guardias blindados formaron una presa rota con sus cuerpos, conteniendo desesperadamente la aterradora oleada de enemigos que surgían de todas direcciones. Sus rostros contorsionados reflejaban desesperación y determinación.
Como una marioneta a la que le habían cortado los hilos, fui arrastrado por una fuerza inquebrantable y arrojado a través de las derruidas puertas del palacio, huyendo hacia la oscuridad desconocida.
Detrás de mí yacía mi mundo en ruinas.
Las puertas crujieron bajo su propio peso antes de derrumbarse con un estruendo atronador.
Una agudísima y aniquiladora sensación divina se aferró a mi espalda como un parásito adherido, su frío mortal amenazaba con congelar mi médula.
"El príncipe heredero Verde Púrpura. Ya no eres tan altivo y poderoso ahora, ¿verdad?
La voz goteaba la cruel diversión de un gato que juega con su presa, deslizándose en mis oídos.
Justo cuando ese poder destructivo estaba a punto de atacar, una figura familiar pero resuelta, un meteorito lanzándose en llamas, cargó contra la multitud que huía y se arrojó entre mí y esa aterradora sensación divina.
¡Mi hermano menor!
¡Aquel a quien nuestro padre nunca había favorecido, el hermano silencioso y retraído que siempre había vivido a mi sombra, con quien rara vez había interactuado!
Agarrando el sello imperial de jade, sus andrajosas túnicas se agitaban violentamente en la tormenta de presión espiritual, su cabello estaba despeinado por el vendaval.
Giró la cabeza y me miró una última vez.
¡Sus ojos ardían con la locura de un hombre que no tenía nada que perder!
En el instante siguiente, su cuerpo demacrado se hinchó como una vejiga inflada. ¡Una luz púrpura cegadora brotó violentamente del sello de jade y de cada poro de su ser!
Ese resplandor era tan puro, tan trágico, ¡como si hubiera comprimido y encendido los últimos restos de la fortuna del Reino Verde Púrpura, junto con su propia vida y alma!
¡AUGE!
Una explosión indescriptible sacudió al mundo.
Por un momento, el cielo y la tierra parecieron quedarse sordos.
La fuerza de esa detonación, imbuida del destino del reino, surgió en mí como un martillo invisible, destrozando las maldiciones meticulosamente elaboradas que las innumerables razas habían marcado en mí.
Rompió los sellos que habían colocado en mi cultivo.
El poder perdido hace mucho tiempo, la fuerza dormida, brotaron como tierra congelada que da paso a la primavera, reviviendo esta cáscara marchita de un cuerpo.
Sin embargo, en medio de esa explosión de poder, una densa niebla carmesí llenó mi mente. Dentro de ella, aparecieron de repente innumerables pares de ojos...
Mi padre, mi hermano, mi esposa, mi hijo... e innumerables rostros familiares, los soldados y súbditos que habían derramado su última gota de sangre por el Reino Verde Púrpura...
Sus miradas, llenas de despedida, parecían mirarme desde más allá del río del tiempo, desde una orilla a la que nunca podría llegar.
Cuando los miré, una lágrima viscosa de sangre se derramó por el rabillo de mi ojo, desprendiéndose de mi mejilla y cayendo silenciosamente en el vacío sin fin.
Cayó hacia las ruinas de mi patria, ahora consumida por sangre y fuego, cayendo en el abismo del silencio eterno.
Detrás de mí yacían las ruinas de mi pasado, los restos del tiempo.
Más adelante sólo se extendía un camino vacío y oscuro, esperando ser manchado nuevamente con sangre.
¡Tendré mi venganza!
Ya se ha mencionado antes, pero Zi Qing es de color verde púrpura.

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Estás leyendo el capítulo 1831 de Fuera del Tiempo (Novela), un novela. \_**\_Crowli**\_**\_** Despues de “Renegade Immortal”, “Pursuit of the Truth”, “I Shall Seal the Heavens”, “A Will Eternal”, y “A World Worth Protecting”, el autor Er Gen nos trae **Outside of Time** (Fuera del Tiempo)… Este capítulo tiene publicado el 17 de septiembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Fuera del Tiempo (Novela) tiene 1847 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.