Leer Evangelio de la Sangre (Novela) Capítulo 647 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Los recuerdos de “Helios” eran algo confusos, como si alguna fuerza misteriosa los estuviera oscureciendo, envueltos en una capa de niebla, confusos e indistintos.
Pero Charlotte aún podía deducir aproximadamente lo que había sucedido en esa época basándose en la luz cambiante y las imágenes vagas.
Un sol dorado se elevaba lentamente, y dondequiera que su luz alcanzaba, todas las cosas se marchitaban, la vida misma se extinguía.
Estalló una brutal guerra divina. El Dios Sol, “Helios”, luchó solo contra muchos, derrotando y devorando a cada uno de los dioses que lo asediaban, hasta que quedó el último.
Un dios de plata.
Plata”el color del poder divino de la luna.
La diosa de la luna: Artemisa.
Charlotte vio a Helios levantar su espada divina y vio a Artemisa, arrodillada en el suelo, mirando hacia el cielo como si dijera algo.
La espada cayó, atravesando el pecho de Artemisa, pero en ese momento, Artemisa se lanzó hacia arriba y atrajo a Helios hacia su abrazo...
Una luz plateada estalló. Los dos dioses se hundieron en una oscuridad infinita. Entonces, una luminosa luna plateada se elevó hacia el cielo, lentamente teñida de sangre. La Luna de Sangre colgante, como un ojo frío e insensible, observaba el mundo. Una columna de luz carmesí descendió del cielo...
AUGE-!
El dios del sol Helios fue golpeado directamente.
Aterradoras ondas de choque se dispersaron en todas direcciones, reduciendo todo lo cercano a polvo en un instante.
La tierra se hizo añicos. El agua del mar se filtró. Y todo el continente occidental quedó completamente destruido por ese único golpe celestial.
…
“ La luna de sangre…”
Al contemplar esa imagen fugaz dentro de la visión borrosa, la expresión de Charlotte se volvió solemne.
Aunque la imagen no era clara, sintió como si percibiera un poder familiar que emanaba de esa familiar Luna de Sangre.
“ ¿Fue esa la verdadera Lilith de la historia… o…”
Charlotte quedó atrapada entre la sospecha y la sorpresa, cayendo en una profunda reflexión.
A medida que profundizaba, las escenas a ambos lados de la escalera se volvían cada vez más borrosas.
Por supuesto, la época también se estaba haciendo más antigua.
Charlotte podía distinguir vagamente que ahora estaba presenciando recuerdos de lo más alto de la civilización élfica, recuerdos que pertenecían a Helios.
Ella vio la prosperidad del mundo élfico, el ascenso de los dioses élficos…
Finalmente, los fragmentos de memoria a ambos lados de las escaleras se detuvieron ante una última y antigua visión.
Un altar antiguo, grabado con un símbolo que representa al “Dios Creador” en la cultura élfica.
Los elfos piadosos rezaban ante el altar, del cual irradiaba una luz dorada, hasta que la luz cayó sobre las últimas figuras de la multitud: un par de jóvenes hermanos elfos...
…
En ese momento, los recuerdos de Helios llegaron a su fin.
Y Charlotte había llegado a lo alto de las escaleras.
Ante ella se alzaba un templo majestuoso y solemne.
Ella no era ajena a ese lugar: era el lugar de descanso de los Dioses de la Corte Sagrada, el Templo de la Eternidad, que Charlotte había visitado anteriormente.
Las puertas del templo se abrieron lentamente. Charlotte recogió sus pensamientos dispersos y entró.
Dentro del templo, el oro y el jade brillaban intensamente.
En el gran salón, digno y sagrado, los tronos divinos estaban dispuestos en un patrón semicircular, como una cámara del consejo.
Un dios tras otro se sentaron sobre ellos, vestidos con diversas túnicas divinas, cada una marcada con símbolos y patrones divinos únicos: estos eran los dioses subordinados de la Santa Corte a lo largo de la historia.
Pero los pasos de Charlotte se detuvieron ligeramente.
Porque a pesar de las diferencias en la vestimenta divina, a pesar de la variedad de leyes divinas que representaban, todos ellos compartían el mismo rostro.
La cara de Helios.
Parecían ignorar la llegada de Charlotte. No, o mejor dicho, ya no eran seres independientes.
Ellos… habían sido asimilados desde hacía mucho tiempo por Helios.
Todas las miradas de los dioses asimilados estaban fijas en la misma dirección: hacia el centro del templo, en el punto más alto, el trono divino que simbolizaba al Dios Supremo.
Allí, sentado tranquilamente con las vestiduras del Señor Dios, estaba el Dios Creador: Harald.
Pero detrás del trono había otra figura.
Una hermosa figura plateada estaba de pie detrás del trono, con los ojos cerrados, la espalda ligeramente inclinada y sus pálidos brazos alrededor del cuello de Harald.
Era… la Diosa de la Luna Artemisa.
¿ Harald? ¿Y Artemisa?
Los ojos de Charlotte se entrecerraron levemente.
Al escuchar la voz de Charlotte, “Harald” en el trono divino levantó lentamente la cabeza, revelando un par de ojos dorados.
Ojos indiferentes y fríos.
Pero cuando se encontraron con la mirada de Charlotte, una leve oleada de emoción apareció en ellos y surgió un rastro de complejidad.
" Maestro…"
Charlotte dejó escapar un sutil suspiro de alivio.
Lo que más temía era que Helios hubiera dominado por completo la consciencia de Harald. Pero, afortunadamente, Harald aún conservaba su identidad.
Sin embargo, ya no era el mismo Harald que ella conoció.
Basándose en todo lo que había visto dentro del mundo del alma divina, Charlotte ahora podía determinar aproximadamente la razón...
Había… recuperado los recuerdos de Helios.
Para ser honesto, después de presenciar los recuerdos de Helios, Charlotte tenía muchas preguntas que necesitaba responder.
Pero ella sabía que no era el momento y que tal vez el propio Harald ni siquiera pudiera responderles.
Por ahora lo más importante era esto:
Ayudando a Harald a recuperar el control de su cuerpo de Helios.
En cuanto a Artemisa, de pie detrás de Harald…
Charlotte pudo decir a primera vista que esto era simplemente un cuerpo sin alma divina.
Ella… había caído hacía mucho tiempo.
Charlotte sintió una punzada de tristeza.
En realidad, ella y Artemisa no eran particularmente cercanas. Aunque se conocieron durante sus viajes por la historia, Charlotte siempre sintió que Artemisa mantenía sutilmente las distancias.
Desde hacía tiempo sospechaba que Artemisa escondía algún gran secreto.
Pero pase lo que pase, Artemisa había sido su compañera en otra era.
Esta Diosa de la Luna, que perduraba en sus recuerdos, siempre había sido poderosa, pero modesta. Incluso al enfrentarse a Charlotte, entonces todavía una Semidiós, Artemisa la había tratado con respeto y cortesía.
Y ahora, como el Rey del Mar Océano, ella también había caído en un sueño eterno.
Charlotte respiró profundamente y dejó de lado su dolor.
Ella miró a Harald y dijo:
Harald , ya que estás despierto, ven conmigo. Recuperemos el control de tu personalidad divina.
Pero Harald no se movió.
“ ¿Harald?”
Charlotte repitió confundida.
Harald dejó escapar un suspiro silencioso, su expresión ligeramente conflictiva.
“ Noche eterna… Maestro… ya es demasiado tarde.”
Charlotte hizo una pausa.
Algo pareció encajar en su mente y su expresión cambió. Inmediatamente miró hacia el cuerpo de Harald.
Una luz rojiza y dorada brilló en sus ojos, y vio tenues cadenas ilusorias envolviendo la figura de Harald. Estas cadenas provenían de los numerosos dioses asimilados, atando a Harald firmemente al trono divino.
El poder divino platino se arremolinaba a lo largo de las cadenas, y bajo esa luz divina, jirones de niebla pálida se extendían hacia afuera. La mayor parte del brillo plateado que rodeaba a Harald los mantenía a raya, pero algunos ya habían comenzado a filtrarse, conectando con él.
¡Esto fue… poder de origen!
La expresión de Charlotte cambió.
Comprendió casi instantáneamente lo que le había sucedido a Harald.
Harald había sido corrompido durante mucho tiempo por el poder del origen, ¡y ahora Helios estaba usando las filas de otros mitos para reprimirlo!
En cuanto a Artemisa… a juzgar por los restos de su poder divino, probablemente había elegido a Harald, la versión racional reencarnada de Helios, en lugar del loco Helios.
Al final ella se mantuvo al lado de Harald y actuó como su protectora.
Y ahora, ella había sacrificado su alma divina, usando el poder divino de la luna, que también tenía rastros del origen, ¡para aislar la corrupción del origen y la supresión de Helios desde adentro!
Pero ni siquiera una Diosa de la Luna podría bloquearlo todo.
Ella ya había caído. Incluso sacrificando lo que quedaba de su poder apenas pudo preservar la claridad de Harald.
En otras palabras, a Harald ahora sólo le quedaban dos caminos por delante.
Uno: ser completamente devorado por el poder del origen, permitiendo que la Voluntad del Creador despierte plenamente dentro de él.
La otra: ser completamente superado por la conciencia de Helios, quien entonces abrazaría el origen y ascendería a la llamada “supremacía”.
Ambos caminos… eran callejones sin salida.
Harald no pudo resistirse a la Voluntad del Creador,... tampoco Helios.
Ya sea que la Voluntad del Creador despertara directamente, o que el loco Helios ascendiera a la cima, el resultado final… seguiría siendo el regreso del Creador.
Ésta fue la lucha que Harald había soportado, el retraso por el que había luchado.
Todo para aguantar hasta que llegara Charlotte.
Al observar la expresión tranquila de Harald y sintiendo la creciente presión del poder de origen dentro de él, Charlotte sintió que una ligera sensación de aturdimiento se apoderaba de ella.
Una creciente sensación de aprensión creció en su pecho.
Ella tenía la clara sensación...
Esa escena… ella ya había vivido algo parecido antes.
Aunque Harald no lo había dicho todavía, Charlotte de alguna manera ya sabía lo que iba a decir... lo que iba a hacer.
E instintivamente, se resistió a ese resultado.
Ese rumbo ineludible, como si alguien lo estuviera forzando deliberadamente a seguir adelante, sin dejarle otra opción.
“ Noche eterna…Maestro.”
Harald finalmente habló.
¡ No! ¡No es momento de rendirse! ¡Recupérate!
Charlotte lo interrumpió.
Mientras hablaba, desató una oleada de poder divino de sangre carmesí y simultáneamente invocó el poder de origen que ya estaba bajo su control, manifestando una multitud de espadas afiladas para golpear las cadenas que intentaban erosionar a Harald.
Pero no lo logró.
Las cadenas se cortaron fácilmente, pero en el momento en que su poder divino se desvaneció, se reconectaron nuevamente.
A menos que Charlotte mantuviera un flujo constante de poder... pero hacerlo equivaldría a beber veneno para saciar la sed. El poder original convergía continuamente hacia Harald. Al final, no solo no lograría detenerlo, sino que ella misma podría verse arrastrada.
“ Noche Eterna… Maestro, detente. Este es mi destino… nuestro destino… el destino de la historia y del mundo mismo.”
dijo Harald.
La expresión de Charlotte se complicó.
Y por fin, Harald pronunció las palabras que cayeron como una pesadilla.
“ Su Gracia, Salvador… devora mi poder.”

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Estás leyendo el capítulo 647 de Evangelio de la Sangre (Novela), un novela. Frente a ti, La supervisora y protectora de la oscuridad, La perturbadora y reinventora del orden, La creadora y perseguidora de aduladores, La reina actriz oculta, la diosa de la noche, la pesadilla de los dioses y su… Este capítulo tiene publicado el 20 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Evangelio de la Sangre (Novela) tiene 654 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.