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Leer Evangelio de la Sangre (Novela) Capítulo 633 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El Templo de la Luna se encontraba en el mismo centro de la Isla de la Luna, su imponente aguja blanca adornada con el símbolo de la Diosa de la Luna atravesando las nubes, la estructura más alta de toda la Ciudad de la Luna. A diferencia de los recuerdos que Sebastián guardaba, la alta aguja del templo, además de su fachada blanca, ahora estaba entrelazada con enredaderas verdes. Estas enredaderas se enroscaban capa tras capa, cubriendo densamente casi toda la torre. Aunque Sebastián había anticipado anormalidades, su expresión se oscureció involuntariamente cuando entró al antiguo templo. En el interior del templo no había alma alguna. Esparcidos por el suelo había montones de ceniza, grises y negras, con una apariencia que a Sebastián le resultó escalofriantemente familiar. Las enredaderas habían invadido cada rincón del templo, transformando el otrora espacioso espacio sagrado en un paraíso verde. Trepaban por las sillas, las ventanas e incluso las lámparas de cristal, atenuadas desde hacía tiempo, que colgaban del techo. La estatua de la Diosa de la Luna, en la fachada principal del templo, estaba igualmente envuelta por la exuberante vegetación. Las enredaderas parecían irradiar desde la estatua hacia su centro. Tras una inspección más detallada, Sebastián las identificó como una planta conocida en los registros élficos como “Luna Esmeralda”, una especie nativa del continente occidental. Se decía que esta planta, descrita como la favorita de la diosa de la luna Artemisa, florecía como una luna plateada, encantadora y onírica. En la lengua élfica, su nombre significaba "luz de luna pura, amor sincero". Antaño había sido un símbolo de la diosa de la luna e incluso estaba grabada en relieves de templos. En las antiguas tradiciones élficas, la luz de luna esmeralda se usaba como muestra de afecto durante los rituales de cortejo. Sin embargo, Sebastián recordaba con claridad que estas plantas solo crecían en el corazón del continente occidental y se habían extinguido hacía mucho tiempo tras su destrucción. Encontrarlas prosperando aquí, en la Isla Luna, fue más que inesperado. ¡ Señor Sebastián! ¡Aquí hay un registro del templo! El informe de un soldado sacó a Sebastián de sus pensamientos. Al girarse, vio a un soldado de pie cerca de un púlpito cubierto de enredaderas. De un cajón del altar, el soldado había sacado un libro de registro desgastado. Sebastián se acercó rápidamente, hojeando las páginas. Estaba escrito en élfico y documentaba los rituales del templo a lo largo de varias generaciones. Pero al ver las fechas, entrecerró los ojos. La última entrada fue de hace 120 años, el mismo año en que abandonó la Isla Luna. Cada Templo Lunar mantenía la tradición de registrar sus actividades en un libro de registro, y solo los registros en uso activo se guardaban en el cajón del altar. Dada la meticulosidad de los elfos, la ubicación de este libro de registro no habría sido accidental. La última anotación, de hace 120 años, implicaba que el templo había estado abandonado durante más de un siglo. Esto contradecía rotundamente lo que Sebastián sabía. Aunque había abandonado la Isla Luna hacía cien años, se había mantenido en contacto con otros elfos activos en el continente. La isla, que él supiera, siempre había conservado sus tradiciones ceremoniales. Hace sólo unos años, un viejo amigo incluso le había traído té ceremonial de los rituales de la isla. Entonces ¿por qué este libro de registro data de hace 120 años? Frunciendo el ceño, Sebastián hojeó las páginas. Hacia el final, encontró un disco roto. Aunque faltaba la mayor parte de la página, las palabras garabateadas restantes eran inconfundibles. La letra pertenecía al anciano de la Isla Luna que una vez exilió a Sebastián: “ Corrupta… Toda corrompida… La Señora Diosa… ¡algo ha salido mal!” “ Ha vuelto… Ha vuelto… Hay que… conservar… la chispa… dejar…” “ A cualquiera que encuentre esto, ¡cuidado… con todos los seres vivos de la isla!” La escritura fragmentada y apresurada hablaba de pánico y desesperación. La expresión de Sebastián se endureció. ¡ Señor Sebastián! ¡Hay un estanque detrás de la estatua! ¡Está lleno de enredaderas! ¡Y detrás de ellas, parece haber algo más! Un grito llamó la atención de Sebastián. Vio a varios soldados reunidos detrás de la estatua de la diosa. Solo entonces Sebastián notó un estanque enorme detrás de la estatua, grabado con runas densamente pobladas. Sus aguas rebosaban de una densa y vigorosa luz de luna esmeralda. Lo que alarmó a Sebastián fue darse cuenta de que, como ser legendario, no había percibido la presencia de ese enorme estanque ritual hasta que se lo señalaron. Una oleada de inquietud lo invadió. Mientras los soldados comenzaban a arrancar las enredaderas del estanque, las últimas palabras del tronco roto pasaron por la mente de Sebastián. ¡Cuidado… con todos los seres vivos de la isla! ¿Seres vivos? Las extrañas y espeluznantes visiones que Sebastián había visto desde su llegada a la isla resurgieron en sus pensamientos. Su rostro se ensombreció al gritar. ¡ Alto! ¡No toquen las vides! Pero su advertencia llegó demasiado tarde. Un soldado ya había agarrado una liana. En cuanto hizo contacto, los vibrantes zarcillos verdes cobraron vida y lo envolvieron con fuerza. El soldado gritó de terror cuando las enredaderas lo levantaron en el aire y perforaron su cuerpo. Sebastián se movió como un rayo, cortando las enredaderas y liberando al soldado, quien cayó al suelo. Sin embargo, para su horror, zarcillos verdes comenzaron a brotar de los ojos, la nariz y las orejas del soldado. Ante la mirada horrorizada de los presentes, el soldado se transformó en cuestión de segundos en una entidad monstruosa compuesta enteramente de enredaderas. Con un rugido gutural, la criatura se abalanzó sobre Sebastián. La expresión de Sebastián era sombría mientras cortaba la abominación en dos de un solo golpe. Cuando el cuerpo de la criatura tocó el suelo, sufrió otra transformación horrorosa: las enredaderas que alguna vez estuvieron vivas se descompusieron en tentáculos pútridos, que supuraban un líquido negro no identificable. “¡ RUGIDO”!” Un rugido furioso surgió de la piscina. “¡ RUGIDO”!” Más rugidos resonaron desde todas las direcciones fuera del templo. Al contemplar el cadáver en el suelo y sentir la magia inquietante que lo incomodaba instintivamente, Sebastián pareció comprender algo. Rápidamente buscó en lo más profundo de su ser para conectar con el sello de sangre que llevaba dentro y cantó en silencio. “ Pacto de Sangre: Sendero de Perspicacia – ¡Disipando todas las ilusiones!” Disipando Todas las Ilusiones era un hechizo legendario de la Senda de la Perspicacia de los Transmitidos de Sangre que Sebastian dominó tras alcanzar el rango legendario. Como también era un apóstol divino, podía recurrir al poder divino para potenciar el hechizo, haciéndolo lo suficientemente poderoso como para disipar incluso hechizos divinos de nivel Legendario. Un resplandor carmesí lo envolvió, expandiéndose. Por donde pasaba la luz, las enredaderas se transformaban en tentáculos grotescos. La luz se extendió aún más y las flores se convirtieron en globos oculares deslumbrantes, la hierba se transformó en tumores bulbosos y los imponentes árboles de la isla se transformaron en capas de carne grotesca. Lo más aterrador de todo era el estanque del altar dentro del templo. El follaje verde retrocedió, revelando su verdadera forma: ¡la piscina albergaba un ojo enorme y grotesco! El ojo, con un radio de más de diez metros, estaba incrustado en un enorme tumor de carne. Lo rodeaban cadenas de oro oscuro grabadas con símbolos solares. Sin embargo, estos símbolos solares se habían atenuado, aparentemente perdiendo su poder. Al momento siguiente, el enorme ojo se abrió abruptamente. Una pupila completamente negra, fría e indiferente, observaba fijamente al grupo reunido, rebosante de locura y caos. Con solo una mirada, los soldados y magos que hicieron contacto visual explotaron en nubes de niebla sangrienta, ¡e incluso el archimago de mayor rango no se salvó! Sebastián sintió un dolor agudo en los ojos cuando sus globos oculares estallaron, y una energía destructiva surgió de las cuencas de sus ojos a lo largo de sus extremidades, desgarrando su cuerpo como una marea despiadada. Su forma comenzó a hincharse y a agrietarse, como si él también estuviera a punto de explotar. “ ¡Un Dios!” “¡ Éste es un Dios despertado!” Sebastián estaba completamente horrorizado. Justo cuando estaba a punto de desintegrarse como los demás, una fuerza refrescante emergió de lo más profundo de su alma. Recorrió rápidamente su cuerpo, calmando el aterrador caos que lo aquejaba y finalmente restaurando sus ojos. Era el poder divino de la sangre. Sebastián recuperó el control de su cuerpo. Se puso de pie con dificultad y se retiró apresuradamente del templo. Al verlo escapar, el enorme ojo pareció enfurecerse. Un rugido furioso resonó por doquier. El suelo tembló violentamente y toda la Isla Luna se estremeció. Los edificios se derrumbaron, la tierra se abrió y, ante la mirada horrorizada de Sebastián, ¡una monstruosa bestia de más de 500 metros de altura emergió de las profundidades del suelo! La criatura eclipsaba incluso a monstruos marinos legendarios como el Kraken. Su enorme cuerpo y su cabeza, parecida a la de un pulpo, estaban cubiertos de tentáculos grotescos y retorcidos, que exudaban un aura aterradora de caos y desesperación, rebosando un fétido icor negro. Gruesas cadenas sujetaban su enorme figura, rompiéndose una a una mientras forcejeaba. Con cada cadena rota, su aterradora presencia se hacía más abrumadora. “ Ar…te…mis…” Se escuchó un gruñido profundo y roto, lleno de dolor reprimido y una emoción profunda e incomprensible. Pero al momento siguiente, el gruñido se convirtió en un rugido frenético y caótico. Enormes tentáculos atacaron a Sebastián. Bajo la inmensa presión del poder divino, Sebastián palideció. ¡No hay escapatoria! Rápidamente se dio cuenta de que bajo el aplastante poder divino, ni siquiera podía mover un dedo, y mucho menos rezar para pedir protección. El monstruoso tentáculo se desplomó. Justo cuando Sebastián pensó que sería aplastado hasta convertirse en una pulpa sangrienta, un resplandor carmesí repentinamente brotó de su cuerpo. Una luz cegadora llenó el aire mientras un complejo y místico conjunto apareció ante él. Desde el vacío, una mano pálida se extendió, atrapando sin esfuerzo el tentáculo que descendía. Llamas carmesí se encendieron, reduciendo la grotesca extremidad a cenizas en un instante. Entonces, la figura de Charlotte apareció ante Sebastian. “ ¡¡Maestro!” El rostro de Sebastián se iluminó con ferviente alivio y asombro. La bestia gigante emitió un aullido de dolor y furia y retrocedió levemente. Su mirada enloquecida y caótica se fijó en la pequeña figura que la desafiaba. Charlotte dio un paso adelante. Suspendido en el aire, su divino vestido negro ondeaba con un resplandor carmesí. Su cabello plateado ondeaba al viento, y sus ojos rojo dorado reflejaban una compleja mezcla de emociones. Al observar a la bestia colosal, que supuraba pus negro y exudaba un aura de corrupción, su expresión reflejó tristeza y furia antes de suavizarse en un suspiro. “ Océano…”
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Evangelio de la Sangre (Novela) Capítulo 633

Estás leyendo el capítulo 633 de Evangelio de la Sangre (Novela), un novela. Frente a ti, La supervisora y protectora de la oscuridad, La perturbadora y reinventora del orden, La creadora y perseguidora de aduladores, La reina actriz oculta, la diosa de la noche, la pesadilla de los dioses y su… Este capítulo tiene publicado el 17 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Evangelio de la Sangre (Novela) tiene 654 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.