Leer Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 14 online gratis en español
🏴 Grupo: Long Manyue & Lezz✍️ Traducción: Long Manyue & Lezz
—Ve a comprobar cómo está tu hermano.
No había pasado mucho desde que comenzaron los combates de los demás, y al final, incapaz de aguantar su ansiedad, mi padre me pidió que fuera a la sala de espera a ver cómo se encontraba Heron.
Lo primero que pensé al oír esas palabras fue.
«¿De qué servirá ir a comprobarlo?»
Estuviera Heron bien o no, no había nada que mi padre pudiera hacer al respecto. Desde que participó por primera vez en el torneo hace unos años, Heron había ganado sin falta, por lo que su participación era inevitable.
El campeón del año anterior estaba obligado a presentarse en el torneo, pero ese no era el caso del Gran Duque. Su participación en el torneo se había revelado tras el combate reciente, y en esa situación, que Heron dijera ahora que no participaría era impensable.
Fuera cual fuera el motivo, para los demás solo parecería que estaba evitando enfrentarse al Gran Duque cara a cara.
«¿Qué está pensando exactamente?»
Sin poder comprender el verdadero motivo de mi padre, me dirigí al segundo piso con Marie, donde se encontraba la sala de espera para los participantes.
A lo lejos, vi a un caballero custodiando la entrada y frente a él, un hombre de aspecto amenazante. Sobre su ojo izquierdo tenía una cicatriz vertical bastante larga. El hombre le dio una palmada en el hombro al joven caballero, que estaba visiblemente nervioso, y le dijo.
—Por favor, asegúrate de llamarlo. Y si se niega o se hace el que no escucha, dile que fue la señorita Peridelin quien lo vino a ver.
—¿Eh? Ah, sí... ¡Lo haré!
Mientras observaba cómo el caballero, tras escuchar la insistente petición, desaparecía dentro de la sala, me acerqué al lugar donde estaba el hombre.
Pensaba pedir que llamaran a Heron cuando el caballero saliera, pero en ese momento, al parecer al oír mis pasos, el hombre se giró hacia mí.
Al verme, abrió mucho los ojos como si estuviera sorprendido, y ante su reacción, le guiñé un ojo. Él, claramente confundido por su propio comportamiento, apartó la mirada con rapidez.
«¿Qué fue eso?»
En realidad, fue un instante tan fugaz que tal vez fue solo mi imaginación. Pero su expresión, visiblemente alterada, me dejó intrigada. Y no fui la única en notarlo.
—¿Quién será ese hombre? —murmuró Marie en voz baja.
Le lancé una mirada para que no dijera nada. Aun así, por la forma en que se comportaba el hombre como si lo hubieran sorprendido hablando mal a espaldas de alguien, Marie parecía tener muchas cosas que decir, aunque terminó cerrando la boca resignada.
Me quedé junto al hombre esperando a que saliera el caballero, jugueteando con el broche que tenía en la mano. Era un gesto que se había vuelto habitual siempre que me sentía inquieta desde que lo había conseguido. En ese momento, sentí una mirada clavada en mí.
—¿...?
Giré un poco la cabeza hacia ese lado y vi al hombre, con la boca abierta, mirando fijamente el broche en mi mano.
—S-señorita... ese tipo es un poco raro…
Esta vez, no pude evitar darle la razón.
El hombre, sin siquiera notar nuestras miradas de desconfianza, susurró con una expresión ausente.
—¿E... entonces era cierto? ¿No estaba mintiendo?
Me sentí incómoda al ver cómo hablaba sin apartar los ojos de mi mano, así que escondí el broche de su vista. Sólo entonces pareció darse cuenta de lo que estaba haciendo, y se giró con torpeza.
Justo cuando la atmósfera comenzaba a tornarse extraña, la puerta, que hasta entonces había estado cerrada, se abrió con un chirrido.
—¡Capitán!
¿Capitán?
Levanté la cabeza instintivamente y crucé la mirada con el hombre que salía de la sala con expresión indiferente.
Cuando reconocí quién era, mis ojos se abrieron de par en par por la sorpresa.
—¡¿Por qué aparece recién ahora?! Por un momento pensé que había cambiado de opinión, y yo... sin motivo alguno...
La voz del hombre, que había gritado con entusiasmo, se desvaneció abruptamente cuando sus ojos se cruzaron con los míos, como si se hubiera quedado sin palabras por la sorpresa. Yo, que tampoco esperaba encontrarme con él en ese preciso instante, mordí mis labios con desconcierto.
… Estierne Kaician.
Al enfrentarme a sus ojos, que parecían contener la luz del alba, mi mano se tensó de forma inconsciente. El Gran Duque, que me saludó con una leve inclinación de cabeza, se giró con naturalidad hacia el hombre que lo esperaba y le preguntó.
—¿Qué sucede?
—¿Eh? Ah, eso... es que...
Al escuchar la pregunta del Gran Duque, el hombre miró nervioso a nuestro lado y, rápidamente, lo llevó a un rincón apartado. El caballero que custodiaba la entrada, al ver la escena, se alarmó y levantó la voz.
—¡Lo-lo siento, pero los participantes no pueden salir de esta zona!
—¿Ah, sí? ¿Y quién lo dice?
—N-no, es que... tengo algo realmente importante que decir. ¿No podría hacer una excepción, por favor?
—Lo siento mucho. Si hacemos excepciones, otros podrían abusar de ellas. No está permitido.
El hombre, en un aprieto, volvió a mirar en mi dirección, claramente buscando una salida. Marie, que estaba junto a mí observando la situación, no pudo contenerse más y frunció el ceño visiblemente.
—¡Oiga, desde hace un rato usted…!
—Marie.
Ante mi voz firme, Marie cerró la boca a regañadientes. La situación se volvió tensa entre la mirada molesta de Marie y el hombre que esquivaba su vista con incomodidad.
—Mis disculpas, señorita.
En ese instante, una voz grave resonó en el lugar. Al girar la cabeza, vi al Gran Duque inclinándose ante mí.
—Por lo que veo, parece que mi ayudante ha sido descortés con usted, señorita. No está muy acostumbrado a tratar con damas, así que le ruego que le perdone la falta de cortesía.
—…
—Ban Foster.
—… Mis disculpas, señorita.
A la llamada del Gran Duque, Ban se apresuró a disculparse, pero su mirada se desvió hacia mi mano derecha, donde tenía el broche. Notando su mirada molesta, apreté aún más el broche. Entonces Ban alzó la vista y me preguntó.
—El broche que tiene se parece mucho al de una persona que conozco, y por eso actué con imprudencia. Le pido disculpas.
«¿Se parece al de alguien que conoce?»
Ante su comentario, fruncí el ceño por la sorpresa, y Marie, con la mirada afilada, se interpuso entre nosotros.
—¿Está insinuando que mi señorita robó el broche?
—Tengo claro que eso no es posible, en teoría. Pero si no es mucha molestia, ¿podría mostrármelo, solo para verificar...?
—Hasta aquí llegó.
Las palabras de Ban, que parecían insinuar que yo había robado el broche, hicieron que el rostro de Marie se encendiera de indignación. De no haber sido por la intervención del Gran Duque para detener a su ayudante, Marie sin duda habría alzado la voz por mí.
El ambiente se volvió tenso y extraño. Para romper el silencio, hablé primero.
—El broche fue un regalo.
Al escuchar mis palabras, pronunciadas con serenidad, tanto el Gran Duque como Ban me miraron.
—Y no creo que esté obligada a concederle su petición de mostrárselo.
—…
—Se disculpó por su falta de respeto, pero no aceptaré esa disculpa. No me pareció sincera.
Ante mis palabras, Ban miró al Gran Duque con expresión alarmada. Y entonces él…
«...¡Qué tipo tan raro!»
La comisura de sus labios se curvó formando una sonrisa. Ver al Gran Duque sonreír como si se estuviera divirtiendo en una situación como esa hizo que una desagradable sensación me revolviera por dentro.
Ante el ambiente enrarecido, el joven caballero, que hasta entonces solo observaba con nerviosismo, se acercó a mí con cautela y preguntó.
—¿Está buscando a alguien?
—No creo que ya sea necesario. Gracias.
Incliné ligeramente la cabeza a modo de agradecimiento y me giré para irme junto a Marie.
Pensé que era una mala coincidencia. Por eso, me dije que no debía volver a cruzarme con él.
Al menos, eso pensaba en ese momento.
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—Te comportaste de una forma poco habitual, Ban.
Estierne, mientras observaba la figura de Ardi alejarse, se dirigió a Ban. Consciente de su falta de cortesía, Ban respondió en voz baja, al igual que el tono que había usado el duque.
—… No tuve otra opción.
Sólo después de la respuesta de Ban la mirada de Estierne se apartó de Ardi. Cuando se dio la vuelta, su boca, que estaba medio cerrada, se abrió.
—Hace un momento, mientras esperaba al comandante, vi por casualidad el broche que tenía la joven.
—…
—Estoy seguro de que es el mismo broche que el comandante llevaba siempre consigo.
—¿No eras tú el que afirmaba que eso era imposible?
—E-eso fue porque, como dije, no tiene explicación lógica... P-pero, ¡también es difícil creer que la joven lo haya recibido como regalo!
Ban levantó ferozmente su ojo derecho, el que no estaba herido, y dijo con dureza.
—Si las palabras de la señorita son ciertas, ¿no significa eso que hay un lunático en nuestra orden que robó el broche del comandante y se lo regaló a una dama?
—Y si así fuera, ¿quién crees que lo haría?
Ante la pregunta de Estierne, Ban no pudo dar una respuesta. En su mente desfilaban los rostros de los compañeros con los que había pasado más de cinco años, pero no podía imaginar que alguno de ellos hubiera hecho algo así.
—¿No se te ocurre nadie?
—Sinceramente, no…
—Entonces, deja de perder el tiempo en tonterías y dedícate a entrenar con la espada, Ban.
Ante esas palabras, Ban inclinó la cabeza. Aunque no había recibido una respuesta especialmente afectuosa, algo dentro de él se agitó sin razón aparente.
El hecho de que Estierne dijera que era un asunto sin importancia… significaba, en realidad, que tampoco creía que hubiera nadie en la orden capaz de hacer algo así.
«Vaya, ¿será que me estoy haciendo viejo? ¿Por qué estas tonterías me hacen llorar…?»
—Más que eso, me intriga por qué has venido a molestarme cuando estoy descansando después del combate.
La respuesta fue tan descarada que hasta parecía ridículo haber sentido un leve escozor en la nariz. La humedad que empezaba a asomar en los ojos de Ban se secó por completo.
«Un tipo que puede sobrevivir tres días y noches sin dormir en un campo de batalla sangriento… ¿y ahora necesita tiempo para descansar después de un duelo que parece un juego de niños?»
Sintió que, si decía en voz alta todo lo que se le pasaba por la cabeza, esta vez sí terminaría perdiendo la lengua.
Ante la mirada ladeada de Estierne, Ban enderezó la postura y volvió a hablar.

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Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 14
Estás leyendo el capítulo 14 de Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela), un novela. \[Has muerto\] Ardi, atrapada en el tedioso ciclo de regresión después de reencarnar en el juego La Flor de Arbonis, debe alcanzar un final con los protagonistas masculinos según las reglas del sistema. Pero esta… Este capítulo tiene publicado el 22 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Long Manyue & Lezz. Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) tiene 31 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.