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Leer Espera, ¿cómo se convirtió mi novia digital en una inmortal de la espada? (Novela) Capítulo 910 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Chen Huaian estaba cayendo. No podía oír ningún sonido, no podía ver ninguna luz. Solo un frío sofocante e interminable. Era como ser arrojado a un pozo profundo sin fondo, donde, aparte del agua helada, solo había una oscuridad espesa e impenetrable. "¿Estoy muerto?" Quiso preguntar, pero no le salió ningún sonido. Innumerables imágenes fragmentadas giraban frenéticamente ante sus ojos como un espectáculo de linternas. Vio el resplandor vespertino de Sunset Peak, rojo como un rubor ligeramente difuminado. La tonta de Li Qingran, tras practicar tres mil golpes de espada, estaba tan agotada que se quedó dormida con la cabeza apoyada en su pierna, sin ninguna gracia. La brisa era suave, y los pétalos de las flores de durazno le caían sobre las pestañas. Su baba empapó su túnica azul; sintió la pierna un poco pesada, pero su corazón estaba tan tranquilo como la puesta de sol de aquel día, deseando que nunca se pusiera. Vio un leve aroma a vino que se filtraba por la rendija de la puerta de la parte trasera de la montaña del Pabellón de la Espada. Aquel Maestro del Pabellón, normalmente tacaño, que exprimió cada Piedra Espiritual hasta que chirrió, maldecía y refunfuñaba mientras, con manos temblorosas, vertía de golpe una cosecha centenaria de "Poción Inmortal Borracha" en su desgastada jarra de vino. Las sombras de aquel día se alargaban enormemente. El vino era fuerte, lo suficientemente caliente como para quemar la garganta, al igual que la bondad que Su Qinian ocultaba tras sus reproches. Vio un bote pintado que se mecía suavemente en un río cuyas aguas de manantial eran más verdes que el cielo. Xu An, el discípulo principal del Pico Lingyun, estaba de pie en la proa recitando poesía, como un pavo real desplegando su cola. Justo cuando empezaba a dejarse llevar por el momento, Zhen He lo pateó directamente al centro del río. ¡Chapoteo! El agua salpicó por todas partes, asustando a una bandada de gaviotas y garzas. Aquellas risas y maldiciones desenfrenadas rompieron el reflejo perfecto del río. Esos recuerdos cálidos y vívidos eran como cuchillos sin filo que herían su alma divina maltrecha. Pronto, la escena cambió. En medio del caos, un gigante blandió un hacha en la oscuridad, partiendo el cielo y la tierra; Bajo el árbol Bodhi, se sentó con las piernas cruzadas, frente a tres taoístas de rostros indistintos, cuyas voces debatían sobre el Dao como grandes campanas de templo; Y luego estaba ese mono. Ese mono estaba arrodillado en el suelo, con los ojos llenos de lágrimas. "Maestro..." —Puedes irte —se oyó decir con voz envejecida y autoritaria—. ¡Si vuelves a causar problemas, no te perdonaré! Las imágenes se hicieron añicos. En la Plataforma de Matanza de Inmortales, diez mil inmortales se unieron para condenar; frente al Salón Lingxiao, una sola espada seccionó la columna vertebral. Finalmente. Se quedó congelada en ese enorme agujero negro que todo lo devoraba. *¡Boom!* La sensación de caer cesó bruscamente. Chen Huaian se encontró sentado bajo una luz blanca pura. Aquí no había ni cielo ni tierra, ni arriba ni abajo. Solo un cojín de meditación, y frente a él... otro él mismo. Aquel "Chen Huaian" vestía túnicas blancas inmaculadas, sin una pizca de polvo, su largo cabello fluía como una cascada, y sus ojos y cejas exudaban un Qi inmortal de otro mundo. Era perfecto, como una estatua divina meticulosamente tallada, sin un solo defecto. Mirándose a sí mismo en contraste. Su ropa estaba hecha jirones, su cuerpo cubierto de sangre y suciedad, un brazo amputado y un ojo ciego. Como un mendigo que sale arrastrándose de una zanja fangosa. Sintió que el "Chen Huaian" que tenía delante le resultaba muy familiar. Este Chen Huaian estaba cargado de tesoros, su ropa era lujosa y cara, pero su apariencia, rodeada de joyas deslumbrantes y un aura preciosa, era muy diferente a cualquier "Chen Huaian" que recordara. Él no era Espada Blanca. Tampoco era Chen Wenyan. Me resultaba familiar. Pero no sabía por qué le resultaba familiar. Era como si... este 'Chen Huaian' siempre hubiera estado a su lado. "Perdiste." Habló ese perfecto "Chen Huaian". Su voz era tan cálida y suave como el jade, y denotaba una compasión altiva y condescendiente. Chen Huaian bajó la cabeza, mirando su propia mano mutilada. "Sí." Su voz era ronca, reflejando un profundo cansancio. "Perdí." Sin excusas, sin falta de voluntad. Porque el resultado estaba aquí mismo. "Lo siento." Se lo dijo a ese otro yo, y también a aquellos seres vivos que habían depositado sus esperanzas en él. "No pude... ganar." Chen Huaian, vestido con una túnica blanca, jugueteaba con un abanico plegable, dibujando un arco burlón en la comisura de sus labios. "¿De qué sirve disculparse?" *¡Zas!* La luz blanca circundante se retorció repentinamente. Una tras otra, figuras fantasmales emergieron de la luz. Primero estaba el Dragón Ancestral, con su enorme cuerpo cubierto de heridas por haber estado atado con cadenas de estrellas, sus cuernos rotos y la sangre brotando de sus ojos. "¡Basura!" El Dragón Ancestral rugió, su voz llena de rabia y odio. "Te confié mi linaje, deposité en ti las esperanzas de todos los seres vivos, ¿y así me lo pagas? ¿Tumbado aquí como un perro muerto?" El siguiente fue un Inmortal de la Espada vestido de blanco. La espada larga que sostenía en la mano estaba rota, sus túnicas blancas manchadas de sangre, y aquellos ojos que antes rebosaban de arrogancia salvaje ahora solo reflejaban decepción. "La madera podrida no se puede tallar." "Yo te enseñé a usar la espada, ¿y qué has aprendido? Ni siquiera puedes romper el caparazón de esa vieja cosa, ¿acaso eres digno de empuñar una espada?" Y luego. Aparecían figuras borrosas una tras otra. Eran las sucesivas generaciones de herederos del Alma de Dragón. Rodearon a Chen Huaian, señalándola y chismorreando, con una saliva que parecía suficiente para ahogar el mundo. "Demasiado débil." "Una auténtica vergüenza." "Si lo hubiéramos sabido, no te habríamos elegido entonces." "Eres un gafe, quien se cruza contigo tiene mala suerte." Cada palabra era como un martillo pesado que golpeaba brutalmente la columna vertebral de Chen Huaian. Tembló, hundiendo aún más la cabeza. Quería refutar, rugir. Pero sentía la garganta llena de piedras, incapaz de pronunciar una palabra. Porque lo que decían era cierto. Reunió el poder de todos los seres, pero finalmente no logró cambiar la situación. Se desconocía el destino de Tirano Musculoso, incluso Estrella Terrestre fue atravesado. Todo esto se debió a su incompetencia. "¿Cansado?" El otro Chen Huaian se acercó a él, se agachó, extendió una mano impecable y de un blanco puro, y acarició suavemente su cabello manchado de sangre. El gesto fue tan tierno como consolar a una mascota herida. "Mírate, ¿qué te has hecho a ti mismo?" "Ya que estás tan cansado, ya que tienes tanto dolor..." Su voz era baja y seductora: "¿Por qué no... dámelo?". "Entrégame tu cuerpo, entrégame tu alma divina." "Puedo ayudarte a vengarte, puedo ayudarte a masacrar a todos esos dioses falsos, puedo darte... la liberación." Chen Huaian levantó la cabeza, con su único ojo lleno de confusión. ¿Liberar? Sí... si lo entregara, ¿ya no tendría que cargar con estas responsabilidades? ¿Ya no tendría que escuchar esas acusaciones? Su mirada comenzó a dispersarse. Su mano se alzó lentamente, deseando agarrar aquella mano blanca y pura. "Venir." La sonrisa en los ojos de Chen Huaian, vestido de blanco, se hizo más brillante. "Duerme, una vez que estés dormido, ya no te dolerá." En el instante en que sus dedos estaban a punto de tocarse. *Tararear.* Una pequeña mano helada surgió abruptamente del vacío, agarrando con fuerza la mano ensangrentada de Chen Huaian. Esa mano era muy pequeña, incluso temblaba ligeramente. Pero se aferró con tanta fuerza, con tanta firmeza. Como una persona que se está ahogando y se aferra al último trozo de paja. Chen Huaian se estremeció violentamente. Giró la cabeza con confusión. Vio una figura blanca borrosa que lo abrazaba suavemente por detrás. Su rostro, hermoso y surcado de lágrimas, se apretaba con fuerza contra su espalda marcada por las cicatrices. Las lágrimas eran abrasadoras, quemando al instante su entumecimiento. "Maestro..." Esa voz era muy suave, ahogada por sollozos, pero más clara que el cielo lleno de acusaciones. "No perdiste." "Mientras la espada siga en la mano, mientras el corazón no esté muerto aún..." "No hemos perdido." Esa era... Li Qingran. Esa chica tonta que vomitó sangre y se desplomó en el escenario del estadio. Su voz atravesó la niebla de los Demonios Interiores, atravesó la frontera entre la vida y la muerte, aterrizando en el corazón de Chen Huaian, que estaba a punto de enmudecer. *¡Pum!* Su corazón volvió a latir. "Maestro, usted me enseñó." "La columna vertebral de un cultivador de espadas puede romperse, pero no debe doblarse." "Si estás cansado, descansa un rato." "Pero por favor..." Ella lo abrazó aún más fuerte, como si intentara transferirle su propia fuerza vital. "...no abandonen Qingran." *¡Boom!* En el único ojo de Chen Huaian, la llama que estaba a punto de extinguirse se reavivó al instante. Sí. Todavía tenía un discípulo. Todavía tenía a esa chica tonta esperándolo. Si admitiera la derrota aquí, si se hundiera en el silencio aquí, convirtiéndose en la nada... ¿Quién la protegería entonces? "¡¡¡SAL!!!" Chen Huaian retiró violentamente la mano, dejando escapar un rugido que destrozó el vacío. *Crack.* Los fantasmas que lo rodeaban y lo acusaban —el Dragón Ancestral, el Inmortal de la Espada, los herederos del Alma del Dragón...— se hicieron añicos poco a poco como un reflejo en un espejo o la luna en el agua bajo aquel rugido. El otro Chen Huaian salió despedido varios pasos hacia atrás, y la ternura de su rostro desapareció al instante, siendo reemplazada por una expresión fría y sorprendida. "Tú..." "Este Venerable aún no ha perdido." Chen Huaian se puso de pie tambaleándose. Aunque seguía en un estado lamentable, todavía cubierto de heridas. Pero aquella columna vertebral suya, ahora rota, estaba completamente recta. Como una espada que se hubiera roto pero que aún apuntara desafiante al cielo. "Todavía hay un tonto esperándome..." Chen Huaian se limpió la sangre de la cara, mostrándole al otro Chen Huaian una sonrisa más fea que un llanto, pero increíblemente arrogante. "¡Yo... no puedo morir!" "¡Tú elegiste a este Venerable! ¡No fue él quien te eligió a ti!" "Este Venerable ha agotado todos sus esfuerzos, lo ha dado todo, ¡Este Venerable no ha fallado a nadie!" "¡Antes, fue por ti que este Venerable luchó desesperadamente por sobrevivir! ¡Para... derrocar este cielo!" "Pero ahora... ¡Este Venerable lo está haciendo por mí mismo!" "¡Por ella!" Una espada, una espada enredada en energía caótica, apareció en la mano de Chen Huaian. Tiró hacia atrás con un agarre invertido. *Grieta-!* La ilusión se hizo añicos. La luz blanca se dispersó. El cielo y la tierra reaparecieron. Seguía siendo ese espacio vacío. Un solo cojín de meditación, dos personas. Ahora, Chen Huaian, vestido de blanco, ya no era una deidad excelsa, sino que estaba sentado con las piernas cruzadas, observándolo en silencio. Su mirada había cambiado. Ya no se trata de lástima, sino de un análisis complejo. "Interesante." El hombre vestido de blanco miró a Chen Huaian, luego dirigió su mirada al vacío que había detrás de él, donde parecía persistir un rastro del aura de Li Qingran. "La palabra 'amor' es la más engañosa." "Pero también... la piedra de afilar más afilada." Señaló su propio rostro, y luego el de Chen Huaian. "Mira, ¿a quién me parezco?" Chen Huaian entrecerró los ojos. Nueve partes como él mismo. Y una parte... ese temperamento totalmente indiferente, extremadamente similar al de esa Espada Blanca sentada en las nubes jugando al Go. "¿Quién eres?" "Yo soy tú." El hombre vestido de blanco sonrió, y esa sonrisa delataba un rastro de impotencia, y también un rastro de expectación. "Soy el cadáver del medio." "Y también tu... tribulación." "Así es el destino, así es la suerte." El cadáver del medio agitó su gran manga. *Tararear.* El vacío que había entre ellos se derrumbó repentinamente, transformándose en un tablero de Go de diecinueve por diecinueve líneas. No había fichas de Go en el tablero. Porque ellos mismos eran las piezas. "Dado que los demonios internos no pueden atraparte." El cadáver del medio miró a Chen Huaian, con un espíritu de lucha ardiente encendiéndose en sus ojos. "Entonces veamos la realidad con nuestras propias manos." "Derrotame y podrás regresar." "Perder..." No terminó. Porque si perdía, no habría más Chen Huaian en este mundo. "¡Ven!" Chen Huaian no perdió el tiempo con palabras. Dio un paso adelante y aterrizó directamente sobre la estrella central del tablero. Su forma se transformó en una espada, y su espíritu se elevó hacia los cielos. "Un juego..." "¡Decide entre la vida y la muerte!" ...
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Espera, ¿cómo se convirtió mi novia digital en una inmortal de la espada? (Novela) Capítulo 910

Estás leyendo el capítulo 910 de Espera, ¿cómo se convirtió mi novia digital en una inmortal de la espada? (Novela), un novela. Me llamo Chen Huai'an y tengo cáncer. Me estoy muriendo. Últimamente, me he obsesionado con un juego de novia virtual. Recargo mi cuenta para comprarle técnicas de cultivo y artefactos mágicos. Aunque he vaciado mi… Este capítulo tiene publicado el 7 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Espera, ¿cómo se convirtió mi novia digital en una inmortal de la espada? (Novela) tiene 1010 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.