Leer Espera, ¿cómo se convirtió mi novia digital en una inmortal de la espada? (Novela) Capítulo 1001 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
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¿Poseidón iba a renunciar a su autoridad divina?
Cuando esta noticia se extendió desde el Templo del Dios del Mar, ¡todo el Reino Divino de Canglan se sumió en un gran revuelo!
¿Quién era el dios del mar?
¡Uno de los cinco dioses principales!
¡Y su poder divino ocupaba el primer lugar entre los Cinco Dioses Principales, siendo considerado el segundo en destreza en combate, solo superado por el Rey Dragón Dorado!
¿Iba a repartir su autoridad divina?
Esto era más increíble que ver salir el sol por el oeste.
La primera reacción de los distintos dioses al oír esta noticia no fue de grata sorpresa, sino de vigilancia.
¿Cuántos años había gobernado Poseidón el Mar Infinito?
Llevaba sumergido en ese mar desde que existían los primeros registros del Reino Divino de Canglan, ¿cuándo se había sentido alguna vez sobreextendido?
El mes pasado, él mismo aplastó a un semidiós desobediente convirtiéndolo en una columna de sal. ¿Acaso eso fue extralimitarse?
Pero la invitación de Poseidón estaba escrita con auténtica sinceridad, y cada palabra y cada línea destilaban el cansancio de un héroe que ya había pasado su mejor momento.
[Tras haber gobernado el Mar Infinito durante muchos años, con el sistema divino inflado y el poder divino estancado, estoy dispuesto a ceder la autoridad a individuos capaces para que gobiernen conjuntamente los mares.]
Su marca del Dios del Mar estaba estampada en la firma, imposible de falsificar.
Durante un tiempo, se produjeron fuertes tensiones en el interior del Reino Divino de Canglan.
Templo del Salón de la Luz——
Augusto estaba sentado en el asiento principal, tamborileando intermitentemente con la punta de los dedos sobre el reposabrazos.
La invitación de Poseidón yacía sobre la larga mesa frente a él, con divinos motivos dorados que aún giraban lentamente.
"Hablar."
Su voz era muy tranquila, sin delatar ninguna emoción.
Siete u ocho deidades se sentaban a cada lado de la larga mesa, todas ellas miembros clave del Sistema Divino de la Luz.
El ambiente era algo tenso, nadie habló primero.
Finalmente, Atenea, la diosa de la sabiduría, rompió el silencio: "Conozco a Poseidón; no es de los que renuncian a la autoridad. Aquí hay un problema".
«Sin duda hay un problema». Ares, el dios de la guerra, se cruzó de brazos y espetó: «Pero la pregunta es, ¿qué trama? ¿Engañar a un montón de deidades para que vayan a su templo del dios del mar, y luego qué? ¿Cerrar la puerta y darles una paliza? Poseidón no tiene estómago para eso».
"¿Quizás realmente está sobrecargado de trabajo?", intervino débilmente una voz, perteneciente a un dios intermedio recién ascendido.
Atenea lo miró y dijo secamente: "El mes pasado, cuando aplastó a ese semidiós, no parecía estar exigido en exceso".
Las deidades guardaron silencio.
Augustus dejó de tamborilear con los dedos, cogió la invitación y la miró de nuevo, deteniéndose en la marca del Dios del Mar que aparecía en la firma.
"La marca es real, las palabras también las escribió él." Hizo una pausa, "¡Sea cual sea el plan que esté tramando, aceptaremos esta invitación!"
—¿Por qué? —preguntó Ares, desconcertado.
Augusto se puso de pie, de espaldas a las divinidades, y su voz no denotaba ni alegría ni enfado.
"Porque si realmente pretende renunciar a la autoridad, no ir sería una tontería. Si está tendiendo una trampa..."
Se dio la vuelta, recorriendo con la mirada todos los rostros presentes: "Entonces debemos ir aún más lejos, para ver qué es lo que realmente quiere hacer".
"El Reino Divino de Canglan ha estado en paz durante demasiado tiempo."
Volvió a sentarse en el asiento principal, y su voz gélida resonó en la sala del templo.
"¡Envía una respuesta, di que el Sistema Divino de Luz asistirá al banquete a tiempo!"
Tres días después.
Poseidón se encontraba a la entrada del gran salón, dando la bienvenida personalmente a cada invitado.
Vestía una túnica divina de color azul profundo, su sonrisa era amable, y cada uno de sus movimientos desprendía una sensación de cansancio perfectamente medida.
"Bienvenidos, bienvenidos."
"Hefesto, me alegro de que hayas podido venir."
"Deméter, por favor, pasa y toma asiento de honor."
Entre los diversos dioses principales, la grandeza que exhibía Augusto, el dios de la luz, era la más aterradora.
En el momento en que pisó las escaleras del Templo del Dios del Mar,
La densa niebla azul que envolvía perpetuamente las profundidades marinas pareció encenderse a la fuerza, transformándose en un cielo lleno de finas y abrasadoras motas doradas.
Un resplandor divino cegador atravesó violentamente la oscuridad del mar. Varias criaturas marinas de bajo nivel que estaban de guardia dando la bienvenida, incluso si accidentalmente vislumbraban un solo destello de su luz divina dispersa, tenían los ojos quemados, lágrimas de sangre corrían por sus mejillas, aterrorizadas hasta el punto de postrarse en las baldosas del suelo, sin atreverse siquiera a respirar con dificultad.
Poseidón asimiló todo esto.
Se frotó la copa de vino discretamente, pero un destello de luz fría brilló en sus ojos, desapareciendo en un instante.
Dentro del salón, la larga mesa se extendía sin fin, y el suave aroma del vino divino se entrelazaba con el olor de las exquisiteces del mar.
Entre el tintineo de las copas, las deidades, normalmente distantes, se despojan de sus disfraces y se reúnen en pequeños grupos de tres o cinco, susurrando entre sí.
En apariencia, el ambiente era animado, como si se tratara de una gran fiesta, pero en realidad, había tensiones latentes.
"¿De verdad el viejo dios del mar no puede resistir?", susurró una deidad del viento, con la mirada fija en el asiento principal.
"Quién sabe, esperemos a ver. Quizás solo estén jugando con nosotros."
"Si realmente está renunciando a la autoridad, lucharía con este cuerpo divino para arrebatarle un pedazo."
"¿Tú? Retrocede."
Risas contenidas se extendieron por los rincones, rápidamente ahogadas por el clamor hipócrita de la sala.
Después de tres rondas de bebidas.
Poseidón dejó caer pesadamente su copa de oro sobre la mesa.
Un sordo golpe, no ensordecedor, pero extrañamente acalló el clamor de la sala.
Todas las miradas se posaron en él al unísono.
Codiciosos, escrutadores, cautelosos, como redes invisibles.
Poseidón se puso de pie lentamente, se aclaró la garganta y dijo: "Todos, gracias por honrarme con su presencia".
Hizo una pausa, tirando de la comisura de sus labios como si se burlara de sí mismo: "He estado sumergido en el Mar Infinito durante demasiado tiempo, y para hablar con el corazón, estoy realmente cansado".
"Esto que llamamos autoridad divina, cuando se ejerce durante demasiado tiempo, se convierte en una espina clavada en la carne podrida."
En lugar de dejar que se pudra conmigo, mejor desenterrarlo y dividirlo.
Que lo tomen los capaces, considérenlo como una forma de añadir algo de diversión al inerte Reino Divino de Canglan."
Una sola piedra desató mil olas, y el gran salón estalló al instante.
¿Podría ser cierto algo tan bueno?
Una deidad se puso de pie bruscamente, derribando la vasija de vino que tenía delante, con voz áspera y estridente:
"Poseidón, hablemos con franqueza, ¿cómo piensas repartir esta autoridad?"
Poseidón lo miró y dijo sin prisa: "¿Cuál es la prisa? Antes de repartir la carne, primero debo contar cuántas bocas hay".
Levantó la mano y señaló hacia el lado izquierdo del salón: "Quienes deseen participar de la autoridad, que se coloquen allí".
Luego, con un gesto del dedo, dijo: "Quienes no quieran involucrarse, quédense aquí".
Sin formalidades, sin falsa cortesía.
Este método casi brutal de tomar partido dejó atónitas a todas las deidades presentes.
La sala quedó en silencio por un instante.
Tras un breve juego psicológico, alguien finalmente se movió.
Varias deidades menores y marginales que hacía tiempo habían perdido sus reinos divinos, al no tener nada que perder, caminaron sin dudarlo hacia la izquierda.
Esto pareció ser una señal. Inmediatamente después, algunos dioses intermedios, tras intercambiar miradas, apretaron los dientes y los siguieron.
Por supuesto, al bando de la derecha tampoco le faltaba gente.
Aquellas deidades consagradas con profunda autoridad, reacias a correr riesgos, o aquellas que simplemente estaban allí para investigar, todas se inclinaron tácitamente hacia el lado correcto.
El dios del fuego, Prometeo, permanecía clavado en el sitio como una torre de hierro, con sus espesas y pobladas cejas fruncidas en un gesto de enfado.
Miró fijamente a Poseidón, con voz baja: "Poseidón, no juegues con fuego".
Ante esto, Poseidón se limitó a sonreír y asentir.
Prometeo abrió la boca, transformando finalmente su vientre lleno de sospechas en un suspiro, y caminó hacia la derecha.
Entre la multitud, Eva y Hades observaban en silencio a los dioses tomar sus decisiones, con la mirada llena de una oscuridad insondable que ningún extraño podía comprender. Finalmente, Eva, con pasos ligeros como los de una flor de loto, se colocó a la derecha. Hades la siguió sin decir palabra.
El polvo se disipó.
A la izquierda, casi ochenta deidades se erguían densamente agrupadas.
Esta cifra era incluso mayor de lo que Poseidón había previsto.
Todo el Sistema Divino de la Luz, liderado por Augusto, se encontraba entre ellos.
La mirada de Poseidón recorrió esos rostros uno por uno.
Jadeo voraz, rubor excitado, compostura fingida...
Grabó firmemente en su corazón la apariencia, las auras y los orígenes divinos de estas deidades.
La expresión de Poseidón era impasible, pero sus ojos se habían vuelto completamente fríos: "Quienes deseen participar del poder, síganme".
Se dio la vuelta y caminó hacia el fondo del gran salón.
Las ochenta deidades de la izquierda intercambiaron miradas.
Algunos temblaban de emoción, otros mostraban vacilación en sus ojos, pero ante la tentación absoluta, ni una sola persona retrocedió.
Ochenta contra uno, con Augusto a la cabeza.
Aunque Poseidón fuera un dios supremo, le sería absolutamente imposible someter a tantas deidades a la vez.
Con esta confianza, la multitud los siguió en una imponente procesión.
Atravesando el gran salón, recorriendo pasillos oscuros y profundos.
La luz circundante se fue atenuando, y la presión del agua de mar se hizo cada vez mayor.
Tras doblar algunas esquinas ocultas, una antigua y enorme puerta de piedra bloqueaba el paso.
La puerta de piedra estaba cubierta de intrincadas runas del Dios del Mar, cuyos destellos azul oscuro parpadeaban como la respiración pesada de un leviatán de las profundidades marinas.
"Poseidón, ¿qué truco estás tramando realmente?", espetó una deidad, irritada por la atmósfera opresiva, "¿Dónde está la autoridad que mencionaste?"
Poseidón no se dio la vuelta.
Se encontraba de espaldas a la multitud frente a la puerta, y la luz azul intenso de la runa reducía su figura a una mezcla de luz y sombra.
"Está dentro." Su voz se tornó gélida de repente; no quedaba ni rastro de la gentileza del salón. "Mi origen de Dios del Mar está sellado aquí."
"Entren y tómenlo ustedes mismos."
Mientras pronunciaba sus palabras, levantó la mano y empujó la verja.
Acompañada de un estruendo chirriante y retumbante, la pesada puerta de piedra se abrió lentamente.
Sin embargo, dentro de la vasta cámara secreta no había artefactos divinos.
Solo una persona.
Un joven vestido con túnicas blancas, con la cabeza llena de cabello rubio.
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Espera, ¿cómo se convirtió mi novia digital en una inmortal de la espada? (Novela)
Capítulo 1002
Espera, ¿cómo se convirtió mi novia digital en una inmortal de la espada? (Novela) Capítulo 1001
Estás leyendo el capítulo 1001 de Espera, ¿cómo se convirtió mi novia digital en una inmortal de la espada? (Novela), un novela. Me llamo Chen Huai'an y tengo cáncer. Me estoy muriendo. Últimamente, me he obsesionado con un juego de novia virtual. Recargo mi cuenta para comprarle técnicas de cultivo y artefactos mágicos. Aunque he vaciado mi… Este capítulo tiene publicado el 25 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Espera, ¿cómo se convirtió mi novia digital en una inmortal de la espada? (Novela) tiene 1010 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.