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Leer Era Mítica: Mi evolución hacia una bestia celestial (Novela) Capítulo 579 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
¡Boom! Una enorme alabarda, de cientos de metros de largo y resplandeciente con un brillo púrpura dorado, atravesó los cielos. Rayos y llamas doradas se enroscaban a su alrededor, enviando ondas de energía blanca a su paso mientras descendía. "¡Estar atento!" "¡Evadir!" El ataque repentino sorprendió a ambos bandos, obligándolos a retirarse instintivamente. ¡Boom! La alabarda golpeó el suelo, estremeciendo al mundo entero. En un radio de un kilómetro, la tierra se derrumbó y explotó. Una luz cegadora, similar a una detonación nuclear, surgió de la tierra. Una explosión cataclísmica desató una ola de destrucción abrasadora. Rayos y llamas se entrelazaron, formando una onda expansiva circular que se extendió a lo largo de varios kilómetros. Las rocas se fundieron y los árboles quedaron incinerados. El devastador golpe lanzó por los aires al experto del Octavo Reino Celestial, Sun Cheng, y a sus compañeros. Incluso los formidables Demonios Verdaderos retrocedieron tambaleándose ante la implacable onda expansiva. Uno de los Demonios Verdaderos de la Octava Marca, en su etapa final, palideció y rugió: "¡No!" ¡Boom! En medio de las caóticas ondas de energía, una alabarda de diez metros de largo, que irradiaba una luz cegadora como un arma potenciada al máximo, cortó horizontalmente a velocidad supersónica. A su paso, se formó una zona negra en forma de abanico de cientos de metros de ancho. ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! Los formidables escudos de energía negra de los Verdaderos Demonios, capaces de resistir impactos de misiles intercontinentales, se hicieron añicos. Sus armaduras rúnicas demoníacas se desintegraron y sus invencibles cuerpos demoníacos fueron aniquilados en un instante. Con un solo golpe, los ocho Demonios Verdaderos del Purgatorio, que en conjunto podían representar una amenaza fatal para un cultivador del Noveno Reino Celestial en etapa intermedia, fueron aniquilados. ¡Boom! El poder residual de la alabarda barrió la tierra, dejando a su paso una grieta de mil metros de largo y decenas de metros de ancho. ¡Qué potente! A varios kilómetros de distancia, los expertos del Octavo Reino Celestial que habían sido repelidos contemplaban con asombro la figura que se alzaba en el cielo, empuñando la radiante alabarda. Para los expertos del Octavo Reino Celestial, luchar contra cultivadores del Noveno Reino Celestial suponía un desafío, a menos que se encontraran en la fase final o en la cima de su poder. Especialmente contra los poderosos Demonios Verdaderos del Purgatorio, podían resistir varios ataques. Sin embargo, este cultivador humano, que emanaba únicamente el aura de un experto principiante del Noveno Reino Celestial, había aniquilado a esos Demonios Verdaderos de un solo golpe. Su poderío era aterrador. Chen Chu dirigió la mirada hacia la lejana fortaleza de artillería, aún inmersa en la batalla. En un instante, la alabarda que sostenía brilló con energía, y su luz creció exponencialmente. ¡Boom! Tres luces doradas en forma de alabarda, de trescientos metros de largo cada una, surcaron el cielo y aterrizaron entre las fuerzas aliadas subordinadas del Clan del Purgatorio. En un instante, estallaron llamas deslumbrantes. ¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! Con el Entierro del Dragón de la Llama Celestial, la tierra se resquebrajó y llamas abrasadoras formaron tres enormes bolas de fuego, cada una con un diámetro de cientos de metros. A su alrededor, corrientes ígneas aniquilaron todo a su paso en un radio de un kilómetro. Las intensas explosiones y el calor abrasador fundieron las rocas convirtiéndolas en lava y astillaron árboles milenarios, dejándolos en llamas. Tres enormes claros aparecieron a lo largo de la ladera de la montaña. Miles de jinetes bestiales mutantes fueron aniquilados en estas zonas ígneas, incluso con sus formaciones dispersas destinadas a evitar los bombardeos de artillería. En medio del infierno que envolvía la mitad del bosque, las fuerzas alienígenas supervivientes mostraban expresiones de terror. Varios líderes gritaron: "¡Kuru, mi señor, están todos muertos!" ¡Hay un experto humano! ¡Retirada! Los dos mil jinetes alienígenas restantes se dispersaron, huyendo en todas direcciones hacia las montañas sin mirar atrás. ¡Mátenlos! ¡No dejen que escapen! "Equipos 03 y 05: alrededor de mil Espaldas Cornudas del Cuarto al Sexto Reino se están retirando a vuestras áreas. ¡Rodeadlos!" "Esta es la posición de artillería 0897. Tenemos numerosos heridos. Solicitamos apoyo médico inmediato..." Con la llegada de Chen Chu, los Verdaderos Demonios del Purgatorio fueron aniquilados, y la caballería alienígena fue derrotada en tan solo dos movimientos. Los soldados y los equipos de operaciones especiales respondieron con rapidez. Los escuadrones de expertos del Octavo Reino Celestial formaron pequeños grupos para interceptar y eliminar a la caballería alienígena que huía, mientras que el personal de artillería atendía a los heridos y reparaba las defensas. De repente, el dispositivo de muñeca de Chen Chu emitió una luz roja, seguida de la voz de Waling a través del comunicador. [Chen Chu, un equipo de operaciones especiales ha sido aniquilado a 1.300 kilómetros al este. Se requieren refuerzos inmediatos...] ¡Boom! Chen Chu desgarró el aire al desaparecer como una estela púrpura dorada, dejando tras de sí una estela de ondas sónicas. Los intensos incendios de las montañas iluminaron su partida, proyectando sombras en la noche. Mientras tanto, a lo largo de un frente de batalla que abarcaba más de diez mil kilómetros de profundidad y veinte mil kilómetros de ancho, los cielos temblaban mientras misiles, artillería de cohetes, proyectiles de cañón y artillería basada en runas se bombardeaban mutuamente en un choque cataclísmico. En el centro de la línea de batalla, a través de una extensa llanura que abarcaba más de mil kilómetros, cinco legiones humanas principales chocaron frontalmente con más de diez legiones alienígenas subordinadas en un feroz fuego cruzado. En primera línea se alzaba el Mech n.º 1, rodeado por decenas de miles de mechs no tripulados, aniquilando todo a su paso. Rayos de luz recorrían el campo de batalla, borrando en un instante a incontables soldados alienígenas a decenas de kilómetros de distancia. Se desataron ondas de choque explosivas, levantando abrasadoras olas de destrucción. En ambos flancos, escuadras de guerreros ataviados con armaduras de combate avanzadas, con físicos equivalentes a los del Quinto o Sexto Reino Celestial, pilotaban mechs de última generación, participando en un combate implacable contra imponentes adversarios alienígenas. Mientras tanto, los cultivadores de élite del Sexto Reino Celestial, liderados por capitanes del Séptimo Reino, maniobraban por el campo de batalla, atacando con precisión a las élites alienígenas y a las bestias de guerra. A tres mil kilómetros de distancia, a ambos lados de este campo de batalla central, las fuerzas humanas desplegaron contingentes adicionales de tres y cuatro legiones. Estas legiones lucharon ferozmente contra otro conjunto de legiones alienígenas en un campo de batalla que abarcaba cinco mil kilómetros. Bajo el incesante bombardeo de artillería de largo alcance de ambos bandos, las líneas del frente avanzaban y retrocedían en oleadas. Tras cada retirada, los refuerzos desataban bombardeos de saturación, arrasando el terreno antes de que las tropas volvieran a avanzar. Simultáneamente, en el peligroso terreno de las montañas circundantes, escuadrones de élite de ambos bandos se infiltraron en las líneas enemigas con el objetivo de destruir posiciones de fuego críticas. Muy por encima del campo de batalla, a decenas de miles de metros de altura, se alzaban las imponentes figuras de los reyes, sus siluetas envueltas en leyes y exudando una majestad abrumadora. A cientos de kilómetros de estos reyes, una vasta tormenta de qi demoníaco se arremolinaba en el cielo, oscureciendo los firmamentos. Aún más arriba del campo de batalla, a cientos de kilómetros de altitud, los vientos huracanados de la estratosfera azotaban con furia. Allí, tres reyes celestiales humanos se enfrentaban a cuatro reyes demoníacos en un tenso duelo. Mucho más allá de su alcance, en una zona donde ni siquiera los reyes celestiales se atrevían a entrar, el espacio mismo fue desgarrado en incontables fragmentos por fuerzas invisibles, formando una región de destrucción total. Dentro de este reino caótico se alzaban dos entidades. Una era un dios demonio, de cien metros de altura, cuyos afilados cuernos prominentes y su armadura de batalla negro y dorado evocaban el rostro de un tiránico señor del infierno. El dios demonio estaba sentado sobre un imponente trono que se asemejaba al cráneo colosal de una bestia muerta hace mucho tiempo, cuya superficie estaba erizada de cuernos dentados como picos de montañas. Frente a ella, una figura radiante se alzaba a diez mil metros de altura. Con doce pares de alas desplegadas a su espalda y un halo de luz blanca girando sobre su cabeza, tenía una apariencia similar a la de una deidad mitológica. Este ser era una fusión perfecta de hombre y mecha trascendente, que encarnaba tanto la majestad divina como la destreza tecnológica. Sentado en su trono, el dios demonio Deorus habló, su voz resonando en el vacío. “Rey Celestial, tus humanos están condenados. ¿Por qué no te sometes a mi Clan del Purgatorio y te asimilas a las filas de los grandes dioses demonio?” La figura, semejante a un mecha celestial, respondió lentamente, con voz antigua y solemne: “Vuestro clan lo corrompe todo, lo devora todo. Un día, seréis consumidos por vuestra propia hambre”. Deorus sonrió con desdén. "¿Consumidos? ¿Por quién? Ninguna civilización ni raza en este mundo puede desafiar la voluntad del Ancestro Primordial, y mucho menos la tuya." Debes comprender que mi imperio ni siquiera está luchando con todo su poder. Las fuerzas a las que te enfrentas son solo una fracción de mi fuerza. La humanidad no tiene esperanza. Incluso con tu extraordinaria logística y potencial bélico, ¿cuánto tiempo podrás resistir? ¿Diez ciclos de días? ¿Cien? "Cuando vuestro mundo sea engullido por el vasto mundo, y los principios del cielo y la tierra cambien, vuestra mayor ventaja logística se desmoronará. En ese momento, sin refuerzos de otros imperios, mis fuerzas por sí solas os aplastarán sin esfuerzo." El Rey Celestial respondió con calma: "¿Y si llegamos a eso? Simplemente llevaremos a los supervivientes de nuestro pueblo a otro lugar. ¿Crees que puedes impedirnos marcharnos?" Un destello gélido brilló en los ojos del dios demonio. Como había afirmado el Rey Celestial, una vez que un ser de rango divino decidiera retirarse, su captura requeriría un ataque coordinado de tres seres de igual poder. De lo contrario, la huida sería inevitable. Sin embargo, abandonar su tierra natal significaría renunciar a la esperanza de ascender a la siguiente etapa de la existencia. ¿Estarían dispuestos estos titanes humanos a hacer tal sacrificio?
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Era Mítica: Mi evolución hacia una bestia celestial (Novela) Capítulo 579

Estás leyendo el capítulo 579 de Era Mítica: Mi evolución hacia una bestia celestial (Novela), un novela. Sobre el firmamento, un Kun gigante, de miles de metros de largo, sobrevoló la ciudad, ignorando la andanada de misiles. En Australia, una serpiente apocalíptica, de miles de metros de largo, destruyó ciudades y devoró… Este capítulo tiene publicado el 11 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Era Mítica: Mi evolución hacia una bestia celestial (Novela) tiene 764 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.