Leer Envolviendo los Cielos (Novela) Capítulo 297 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Ye Fan despojó a su espada de las capas de piel de piedra. Cuando su hoja alcanzó el centro de la roca del tamaño de una piedra de molino, innumerables rayos divinos surgieron como agujas doradas que volaban en todas direcciones, cegando la vista.
La erupción fue demasiado repentina. Las cáscaras de piedra se desprendieron y el núcleo pétreo ardió como un sol en miniatura. Nadie podía mirarlo directamente; las lágrimas brotaban sin control.
“¿Qué clase de tesoro es este...? ¿Podría ser la Fuente Divina?” El Quinto Maestro Zhang giró la cabeza. Tenía los ojos hinchados, deslumbrados por la luz.
¿De verdad había cortado la Fuente Divina? Ese fue también el primer pensamiento de Ye Fan. Su corazón latía con fuerza. Lo que más le faltaba en ese momento era la Fuente.
Entrecerrando los ojos, observó con atención. Lo que flotaba ante él no era más grande que un grano de soja, una minúscula cuenta de luz, mitad real, mitad ilusoria, como la más pura partícula de resplandor sagrado en lugar de sustancia material.
Una vez que se extrajo por completo el núcleo de piedra, aquella pequeña cuenta no cayó, sino que quedó suspendida en el aire. Su aura era misteriosa y maravillosa, como una partícula de esencia primigenia de los albores del cielo y la tierra misma, que invitaba a la reverencia.
El quinto maestro Zhang no se atrevió a mirarlo directamente. Lo miró de reojo y, sin darse cuenta, extendió una mano callosa para tocarlo. Fue un movimiento subconsciente.
Incluso el perro negro, desplomado en el suelo y convulsionando en un desmayo, se movió dos veces hacia él, con espuma goteando de sus fauces, como si lo atrajeran.
¡Fuente divina!
Ye Fan ya estaba seguro. Se trataba de un aura primordial, condensada desde la apertura del cielo y la tierra, un tesoro invaluable del mundo.
Jamás se hundió, siempre flotaba. Encarnaba la esencia más pura y original del cielo y la tierra. Era imposible no sentir el deseo de arrodillarse. Estas eran precisamente las características descritas en el Tomo de la Fuente Celestial.
Por primera vez, Ye Fan tocó la Fuente Divina. Un aliento sagrado fluyó a través de sus dedos, llenando su cuerpo de una calidez similar a la del sol primaveral, purificándolo como si bautizara su carne.
Esta era la Fuente Divina, una sustancia sagrada de efectos inimaginables, codiciada en Tierras Sagradas. Cada vez que aparecía, inevitablemente desataba tormentas en todo el mundo.
Pero esta pieza era diminuta, no más grande que una cuenta. Comparada con esas colosales Fuentes Divinas, lo suficientemente grandes como para sellar criaturas ancestrales, parecía casi insignificante.
Sin embargo, era innegablemente valioso. Si se corría la voz, innumerables personas lucharían a muerte por él.
La fuente divina se presentaba en muchas variedades, con efectos muy diferentes. Ye Fan aún no había profundizado lo suficiente en el estudio de las fuentes como para comprenderlas verdaderamente.
“Esto no puede valer cincuenta mil kilos de materia prima…”
Aunque fuera Fuente Divina, su tamaño era demasiado pequeño. Necesitaba mucha Fuente para acceder al cuarto nivel del reino del Palacio Dao. Una sola cuenta no bastaría.
“Así que esta es la Fuente Divina… ¿qué fue lo que dejaron mis ancestros?” murmuró el Quinto Maestro Zhang. Tras tocarla, sintió su cuerpo más ligero, su sangre vigorosa y su salud renovada.
Para la gente común, el efecto fue inmenso. Pero el físico sagrado de Ye Fan resistía la ayuda externa, lo que disminuía los beneficios.
“Las leyendas dicen que existen docenas de tipos de Fuente Divina, algunas con poderes inconcebibles. Si tan solo pudiera examinarlas todas”, dijo Ye Fan, observando las reliquias de piedra restantes.
Aunque sintió la tentación, optó por no cortar más. Sospechaba que el verdadero valor de esas piedras no radicaba en las pequeñas cuentas de la fuente, sino quizá en sus frutos carnosos. Cortar precipitadamente podría arruinar tesoros invaluables.
Pasó mucho tiempo antes de que Ye Fan y el Quinto Maestro Zhang se calmaran. Al fin y al cabo, se trataba de la Fuente Divina; nadie podía mantener la compostura a primera vista.
El Emperador Negro se había desmayado. De otro modo, seguramente se habría abalanzado para arrebatárselo; siempre había codiciado la Fuente Divina.
El Quinto Maestro Zhang, sabiendo que el cuerpo único de Ye Fan requería una inmensa cantidad de energía para su cultivo, le instó a conservarlo.
Ye Fan no discutió. Necesitaba desesperadamente la fuente. Le devolvería el favor más adelante.
De otra reliquia de piedra se había desenterrado una fruta rosada, potente pero mortal. El perro negro estuvo inconsciente durante cinco días, e incluso después de despertar no pudo levantarse, con espasmos ocasionales.
“¡Maldita sea, debo haber sido maldecido durante ocho vidas! ¿Qué clase de piedra de mierda es esta? ¡El fruto que dio es veneno puro, suficiente para matar a un verdadero dragón!”, maldijo entre espasmos, echando espuma por la boca.
“Te lo mereces, imbécil. ¿Quién te dijo que fueras tan codicioso, tragándotelo de un solo trago?” dijo Ye Fan secamente.
El perro negro fulminaba con la mirada, pero no podía mantenerse en pie. A veces tosía más espuma. Era evidente que no se recuperaría hasta dentro de medio mes.
Ye Fan estudió la fruta durante mucho tiempo pero no pudo descifrar su uso, así que la apartó.
Finalmente, abandonó las verdes montañas y los arroyos. Su único pensamiento ahora era buscar la fuente y abrirse paso. Incluso saquear una tierra sagrada, si se le presentaba la oportunidad, no dudaría en hacerlo. El tiempo apremiaba.
Cuando emergió al mundo exterior, los rumores se dispararon. La polémica en torno al antiguo pergamino no hizo más que crecer. El Monarca Pavo Real emboscó al Señor Sagrado de la Luz Radiante y estuvo a punto de lograrlo, sacudiendo la Región Norte.
De no haber sido por el Patriarca Supremo del Clan Ji, que viajaba con él, podría haberse desatado una catástrofe. Aun así, se derramó sangre.
Varios ancianos del Clan Ji y de la Luz Radiante fueron reducidos a cenizas por el Dragón Rojo. El mismísimo Señor Sagrado de la Luz Radiante resultó gravemente herido por el Sello del Tesoro del Caos del Monarca Pavo Real.
El revuelo fue inmenso. El regreso del Dragón Rojo y el intento del Monarca Pavo Real de asesinar a un Señor Sagrado fueron acontecimientos que sacudieron al mundo.
Mientras Ye Fan permanecía recluido, la Región Norte bullía de agitación.
A esas alturas, la Montaña Púrpura ya no era un secreto. Muchos poderosos la conocían, aunque ninguno se atrevía a actuar con precipitación. Nueve dragones se enroscaban alrededor de la montaña, un asunto ligado a antiguos emperadores. Incluso los Gigantes Supremos vacilaban.
Aun así, innumerables cultivadores se sintieron tentados, esperando una oportunidad. Nadie quería ser el primero.
Años atrás, la tumba del Emperador Demonio había aterrorizado a todos: montañas de huesos, mares de sangre, Tierras Sagradas que se turnaban para atacar. Aun así, la Tumba Yin en su interior los engulló por completo, desapareciendo en las profundidades.
Tras aquella sangrienta lección, los poderes del Desierto Oriental no repetirían la misma imprudencia. Las Tierras Sagradas se congregaron en la Región Norte, planeando enfrentarse juntos a la Montaña Púrpura.
El Festival del Estanque de Jade fue pospuesto indefinidamente. La Montaña Púrpura lo eclipsó todo.
Aunque aún no se había abierto, su tormenta ya rugía. Un señor sagrado resultó herido, un anticipo de lo que estaba por venir.
Al oír todo esto, Ye Fan se acarició la barbilla. Había contribuido a aquel caos al enviar el antiguo pergamino. Sin duda, había agitado los cielos.
“¿Cuánto vale una cuenta de Fuente Divina?” No podía calcularlo. Tu Fei planeaba prestarle diez mil kilos de fuente; el resto tendría que conseguirlo él mismo. Una cantidad exorbitante.
“Tal vez sea hora de partir hacia la Ciudad Celestial…” Llevaba días absorto en el Tomo de la Fuente Celestial. Estaba dispuesto a arriesgarlo todo.
Prefectura de Nube de Fuego, carmesí como la llama, repleta de árboles de Nube de Fuego, una extraña especie única de esta tierra.
Los árboles de Nube de Fuego tenían hojas como llamas ardientes y troncos de color marrón rojizo. Desde lejos parecían mares de fuego o nubes vespertinas infinitas. El nombre les quedaba perfecto.
Desde que llegué a esta prefectura, el paisaje estaba dominado por ellas. El rojo superaba con creces al verde. Era como encontrar un solo verde entre diez mil rojos.
Esta prefectura no se encontraba lejos de la Ciudad Celestial, a lo sumo a once o doce días de viaje. Ye Fan prosiguió su camino, con un objetivo claro: lo apostaría todo en el origen de los juegos de azar en la tierra sagrada.
Ciudad Nube de Fuego era la capital de la prefectura. Sus murallas se extendían como una gran muralla, majestuosas y antiguas. Era una ciudad famosa.
Hace mucho tiempo, un poderoso Clan Ancestral Desolado gobernó estas tierras, sacudiendo el Desierto Oriental. Su reinado duró más de cien mil años, hasta que se desvanecieron en polvo hace decenas de miles de años.
Una vez más quedó demostrado: ningún linaje es eterno. Ninguna familia es para siempre. Todo tiene un final.
A las puertas de esta inmensa ciudad, Ye Fan vio dos carteles de búsqueda, ambos con su imagen. Emitidos por Luz Radiante y el Clan Ji.
Ambos linajes habían ofrecido recompensas astronómicas. Quien proporcionara información ganaría cinco mil kilos de materia prima.
Y si alguien revelara su paradero exacto, recibiría cincuenta mil kilos. Un precio astronómico.
Esos carteles se extendieron por todos los oasis centrales. Verlos le provocó náuseas a Ye Fan. ¿Quién quería ser perseguido por todas partes?
“No me extraña que sean Tierras Sagradas, manejando decenas de miles de kilos como si nada…”
Sabía por qué era tan valioso. Más allá de los rencores, anhelaban la Energía Maternal de Todas las Cosas. Por eso, incluso medio millón de kilos no sería demasiado.
“¡Pensar que quieren mi caldero y mi vida por tan solo cien mil kilos! ¡Qué plan tan brillante!”, espetó con desdén mirando las puertas.
En el horizonte, decenas de jinetes se acercaban sobre extrañas bestias que surcaban el aire, caballeros con armaduras que relucían de hierro. Eran soldados del clan Ji.
“¡Maldita sea, no hay pistas útiles por ninguna parte! ¿Cuándo sacaremos de aquí a ese mocoso de apellido Ye? ¡Si se atreve a aparecer, lo aplastaré con una mano!”, espetó fríamente un joven jinete Ji.
“Hmph” resopló su líder, y luego dijo”: No lo subestimes, Ji Yunteng. Incluso aquellos en el cuarto nivel del Palacio Dao podrían no ser capaces de someterlo.
Ji Yunteng sonrió con desdén. “Un simple cuerpo desechado. ¿Qué tiene de especial? Claro, gente de su mismo nivel ha perdido, pero no creo que, siendo un cuarto nivel del Palacio Dao, no pueda aplastar a un inútil de segundo nivel. El muy canalla se esconde, pero si se atreve a mostrarse, lo aplastaré hasta la muerte”.
“No seáis arrogantes. El Santo de la Luz Radiante era fuerte, el Príncipe Leviatán era orgulloso, y ambos fueron capturados por él” dijo su líder con firmeza, advirtiendo a los demás.
Ji Yunteng se burló. “Eso fue solo porque la Piedra del Caos congeló a todos. Sin eso, ¿podría un cuerpo maltrecho capturar los talentos supremos del Reino de los Cuatro Pilares?”
“¡Si se atreve a aparecer, lo mataré con un chasquido de mis dedos!”, bramó otro joven miembro de la élite Ji.
Asignados a registrar la prefectura de Nube de Fuego, su frustración no hizo más que aumentar, dando rienda suelta a su ira.
“¡Ese mocoso nos tiene agotados todos los días buscando sus huellas! ¡Me encantaría darle una buena bofetada y convertirlo en polvo!”
“¡Un cuerpo inútil causando semejante caos… Si lo atrapo, lo aplastaré como a un insecto!”
Los jóvenes miembros de la élite Ji, llenos de resentimiento, entraron en la ciudad.
Los labios de Ye Fan se curvaron en una sonrisa gélida. "¿Una recompensa de decenas de miles de kilos? Je, quizá debería reclamarla yo mismo."
¿Qué mejor que alimentar su hambre insaciable con los recursos del enemigo? Se quitó la túnica y se deslizó hacia Ciudad Nube de Fuego.

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Envolviendo los Cielos (Novela) Capítulo 297
Estás leyendo el capítulo 297 de Envolviendo los Cielos (Novela), un novela. En las frías y oscuras profundidades del universo, nueve enormes cadáveres de dragones arrastran un antiguo ataúd de bronce, que existe desde tiempos inmemoriales. Esta es una imagen increíblemente impactante capturada… Este capítulo tiene publicado el 17 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Envolviendo los Cielos (Novela) tiene 328 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.