Leer Envolviendo los Cielos (Novela) Capítulo 294 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
¿Quién era exactamente este viejo taoísta? Toda su túnica era antigua y estaba desgastada, claramente no era una vestimenta de esta época; parecía extremadamente arcaica.
“Este molino de piedra ha sido heredado de nuestros antepasados y no tengo intención de venderlo”, dijo el abuelo Zhang con cortesía.
El anciano taoísta tenía la piel bronceada, el cabello blanco que le caía sobre los hombros, una complexión delgada y fibrosa, pero rebosaba vitalidad. Su voz sonaba como una gran campana de bronce, resonante y potente.
“Este pobre taoísta no se aprovechará de ti. Te pagaré cincuenta catties de piedras de origen como precio base. Y si, una vez abierta, se encuentra algo dentro de esa piedra de molino, sea cual sea su valor en el mercado, te pagaré la misma cantidad de nuevo.”
El abuelo Zhang vaciló. Ya se había dado cuenta de que aquel taoísta no era un hombre común. Volver a negarse podría ser imprudente. Frunció el ceño y murmuró: “Esto…”
¡Boom!
En ese instante, desde el horizonte lejano se oyó un estruendo ensordecedor. Humo y polvo se elevaron hacia el cielo, y una oleada de energía abrumadora se propagó hacia el exterior.
¡La Montaña Púrpura!
La onda expansiva provenía de aquella montaña sagrada, rodeada por nueve venas de dragón. Incluso a tal distancia, se podía sentir temblar la tierra.
El viejo taoísta se giró al instante, mirando hacia el horizonte. Sus ojos brillaban como dos orbes dorados, y de su cuerpo fibroso emanaba un aura sofocante que hacía temblar a los presentes.
En ese instante, dejó de parecer un simple hombre para convertirse en una bestia colosal, como un antiguo dragón dormido que despertaba de tiempos remotos. La gente que estaba cerca casi se desplomó ante su presencia.
¡Zas!
El taoísta se elevó hacia el cielo. Con un solo movimiento de su túnica, casi arrancó de raíz la Aldea de Piedra. Solo después de un ligero golpe con el dedo, el asentamiento se estabilizó de nuevo.
A Ye Fan se le erizó la piel. La fuerza del viejo taoísta era aterradora. Aquel movimiento casual de su túnica no había sido más que un gesto inconsciente, pero había contenido un poder devastador.
El taoísta se transformó en una voluta de niebla gris que se dirigía velozmente hacia la Montaña Púrpura. Los cielos mismos parecieron temblar como si un verdadero dragón cruzara los firmamentos.
“El desierto oriental es simplemente demasiado vasto. Expertos surgen por todas partes, no solo dentro de los terrenos sagrados. Innumerables ermitaños vagan por su gran desierto y sus bosques indómitos”, murmuró Ye Fan para sí mismo.
El Páramo Oriental se extendía sin límites. Volar de un extremo al otro llevaría años. Para una persona común que viajara a pie, ni siquiera cien vidas bastarían para recorrer la mitad de su extensión.
A lo largo de esta tierra inconmensurable se extendían innumerables maravillas: la misteriosa Gran Desolación, que abarcaba miles de millones de kilómetros; mares interiores interminables, vastos como océanos; antiguos palacios suspendidos eternamente en el firmamento; incluso jardines de hierbas primigenios, reliquias de la Era Desolada, capaces de resucitar a los muertos…
Por lo tanto, no era de extrañar que muchos Señores Sagrados, en el ocaso de sus vidas, abandonaran sus sectas sagradas y vagaran por la inmensidad de la naturaleza. Encontrarse con figuras incomparables, o incluso con personas de épocas remotas, era perfectamente posible.
“¿Qué ha ocurrido en la Montaña Púrpura?” Muchos en la aldea de piedra temblaban de inquietud.
“¡Date prisa y prepara tus cosas! ¡Prepárate para partir en cualquier momento!” insistió Ye Fan. Tras dudar un instante, él también alzó el vuelo hacia la Montaña Púrpura.
La Montaña Púrpura era imponente, majestuosa y altísima, como una colosal espada violeta que atravesaba los cielos. Sus acantilados mostraban innumerables marcas de hachas y espadas, grabadas profundamente por el paso de los siglos.
En su cima se enroscaba un inmenso dragón negro de cientos de metros de largo. Ya fuera ese su verdadero cuerpo o se hubiera estirado deliberadamente, su aspecto era aterrador.
Se enroscó firmemente alrededor de la cima de la montaña, su cuerpo como una fortaleza de hierro negro forjada por diez mil golpes. Sus enormes espirales sujetaban la montaña, inamovibles e inflexibles.
Cada balanza medía medio metro de diámetro, brillaba con una luz oscura y irradiaba una fuerza bruta.
La bestia intentaba derribar la Montaña Púrpura, tratando de arrancarla con pura fuerza para liberar lo que se escondía en su interior. Los temblores anteriores habían sido causados por su lucha.
“Este dragón negro de las inundaciones debió de estudiar el antiguo pergamino; ha seguido su rastro hasta aquí…” Ye Fan frunció el ceño. El lugar sagrado aún no se había movido, pero seres tan aterradores ya estaban en acción.
El viejo taoísta dejó escapar un leve grito. Su voz era como el tañido de una campana de bronce, que sacudía el mismísimo vacío hasta hacerlo vibrar y estremecer.
El dragón negro de las inundaciones se convulsionó violentamente. Su enorme cuerpo tembló como si lo hubiera golpeado un martillo gigante. Se retorció y giró, haciendo temblar incluso la cima de la montaña.
Aunque seco y delgado, el viejo taoísta permanecía en el vacío, emanando una presión sofocante. Parecía un verdadero dragón dormido.
En la cima púrpura, el monstruoso dragón negro de las inundaciones dejó escapar un leve gemido. Tembló como un ratón ante un gato, encogiéndose sobre sí mismo. Sin atreverse a emitir otro sonido, huyó ladera abajo, hacia el otro extremo de la montaña.
En ese momento, la bestia descomunal, que una vez midió cientos de metros de largo, parecía más bien una locha viscosa, deslizándose en desgracia.
“Salgan de las sombras, los que se esconden” dijo el anciano taoísta con calma. Su voz no era fuerte, pero transmitía una autoridad irresistible.
Tres ancianos emergieron, cada uno con sangre y energía ardiendo, como grandes hornos ardientes. Su fuerza vital era terriblemente robusta.
El corazón de Ye Fan se estremeció. Antes incluso de llegar al lugar sagrado, cualquiera que hubiera vislumbrado el antiguo pergamino era, sin duda, un ser de poder extraordinario.
“Compañero taoísta, ¿quién eres?” preguntó un anciano. Era de cabello blanco pero con rostro infantil, y su aura emanaba un profundo encanto taoísta, inconmensurable e insondable.
“Mi nombre se olvidó hace mucho. Deberías marcharte. Este lugar está fuera de tu alcance.” El taoísta habló con calma, pero irradiaba majestuosidad. Aunque era un hombre del Dao, inspiraba un profundo temor.
“Están siendo irrazonables. Este lugar no pertenece a nadie. ¿Con qué derecho nos expulsan?” replicó otro anciano, cuya presencia era tan insondable como las profundidades del Gran Dao mismo.
El viejo taoísta no replicó. Con un movimiento de su ancha manga, se desató un violento vendaval. En un instante, los tres ancianos de cabello blanco fueron lanzados como hojas, desapareciendo en el horizonte.
“¿Podría tratarse de un anciano Señor Sagrado, cuya vida estaba a punto de terminar, vagando por el gran desierto para luego reaparecer?”, pensó Ye Fan, conmocionado. La posibilidad lo heló hasta la médula.

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Envolviendo los Cielos (Novela) Capítulo 294
Estás leyendo el capítulo 294 de Envolviendo los Cielos (Novela), un novela. En las frías y oscuras profundidades del universo, nueve enormes cadáveres de dragones arrastran un antiguo ataúd de bronce, que existe desde tiempos inmemoriales. Esta es una imagen increíblemente impactante capturada… Este capítulo tiene publicado el 17 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Envolviendo los Cielos (Novela) tiene 328 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.