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Leer Envolviendo los Cielos (Novela) Capítulo 109 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En lo más profundo de la zona prohibida para la vida, nueve montañas sagradas se unían alrededor de un enorme abismo. El fondo de este agujero negro era invisible. En la cima de una de estas majestuosas montañas, reinaba una absoluta tranquilidad. La vegetación crecía exuberante y frondosa. En el centro de la cumbre plana, brotaba un manantial esférico de dos metros de diámetro, del que emanaban destellos de luz, como si estuviera formado por un líquido divino. Dentro de ese pequeño manantial yacía una persona. Pero parecía más bien un cadáver. Su cuerpo se había marchitado, su piel arrugada estaba descolorida, y no era más que piel y huesos. “No morí…” En el instante en que Ye Fan cayó al manantial, recobró la lucidez. El agua del manantial poseía una rica energía vital que impedía que su cuerpo envejeciera más. Su fuerza vital se había agotado casi por completo, sus órganos se habían marchitado y su piel era como pergamino. Ahora, sumergido en esta fuente, comenzó a absorber rápidamente el Qi Vital como un desierto que recibe la lluvia. Tumbado boca arriba en el centro del manantial esférico de dos metros de diámetro, sintió que hasta la garganta y los labios se le habían secado. Con dificultad, logró abrir la boca, reseca por el sol, y empezó a beber el agua del manantial. El agua era dulce, y de ella emanaba una explosión de fragancia. Fluyó por la garganta y los labios resecos de Ye Fan como ambrosía inmortal, dejando un rico regusto. Un poder crecía gradualmente en su interior. Su vitalidad regresó gradualmente y su carne se recuperó lentamente. Sus órganos debilitados también fueron nutridos y sanados por el Qi Vital. Sabía que por fin había escapado del peligro y que seguía con vida. Dentro del manantial divino, el poder maligno de la Antigua Tierra Prohibida de la Desolación ya no podía envejecerlo. Pasó media hora y no supo cuánta agua del manantial había bebido. Ya no podía tragar ni un sorbo más. Tumbado en el manantial, era completamente inmóvil. Alzó la vista al cielo azul y exhaló profundamente. Había logrado sobrevivir a la calamidad. Su vitalidad se recuperaba lentamente, liberándolo de la preocupación. Permaneció allí tumbado otra media hora, sintiendo cómo la energía vital de su cuerpo se fortalecía gradualmente. Solo entonces comenzó a moverse, agitando su brazo debilitado frente a él. Su cuerpo, antes consumido, se había recuperado un poco, y su vitalidad había aumentado a más de la mitad; su corazón latía con más fuerza que nunca. Solo entonces sus cinco sentidos comenzaron a recuperarse gradualmente. Su cuerpo se sentía muy tranquilo mientras se sumergía en el agua del manantial. Inmensas cantidades de Qi vital fluían hacia él a través de sus poros. “Estar vivo es maravilloso…” Una expresión de satisfacción apareció en el rostro de Ye Fan. No hacía mucho, la llama de su vida casi se había extinguido por completo. Había creído sinceramente que no sobreviviría a esta calamidad y que moriría allí mismo. Cuando las personas viven en paz y alcanzan el éxito con facilidad, son incapaces de encontrar la satisfacción en su interior. Solo cuando se ven acorraladas, al borde del abismo, hundidas en la más profunda desesperación, comprenden que una vida sencilla y fácil es solo una forma de felicidad. Ye Fan alzó la vista al cielo desde la piscina, con el rostro iluminado por una serena alegría mientras esperaba a que su cuerpo recuperara la vitalidad. Su carne y órganos se nutrían y su pulso se fortalecía. Su piel se alisaba gradualmente y recuperaba cierto brillo. Ye Fan por fin había recuperado la energía suficiente y se incorporó, ya sin estar demasiado débil para moverse. En ese momento, sus cinco sentidos volvieron a la normalidad y percibió de inmediato una fragancia intensa que le refrescó la mente. El manantial, de dos metros de ancho, estaba rodeado por once pequeños árboles, cada uno de poco más de medio metro de altura. Una luz verde centelleaba sobre ellos, haciéndolos parecer esculpidos en jadeíta brillante. Eran similares a los pinos, con sus hojas aciculares que parecían hechas de jade divino. Ye Fan ya no era el mortal común y corriente que había sido años atrás. Tras cultivar con éxito, su percepción espiritual se había agudizado incomparablemente, y podía percibir cosas que antes le eran imperceptibles. Aunque los once árboles eran muy bajos, cada uno estaba cubierto por una corteza milenaria. Se movían con fuerza, como un dragón. Habían crecido durante miles de años, desprendiendo una sensación asombrosamente antigua que los hacía parecer menos árboles y más piedra viviente. En la copa de cada pequeño árbol, había nacido un deslumbrante fruto dorado. Era tan grande como el ojo de un dragón, y brillaba con una intensidad que parecía fundida en oro. El árbol, de un verde jadeíta, había dado a luz inesperadamente a un fruto dorado. Ambos contrastaban entre sí, brillando con una intensidad excepcional, mientras su aroma embriagador impregnaba la cima del árbol. Tras superar numerosas dificultades, Ye Fan por fin había entrado en la Tierra Prohibida de la Antigua Desolación, todo en busca de esas medicinas sagradas. Contemplando los once frutos dorados, sintió que todo había valido la pena. Las Tierras Sagradas y la Antigua Desolación, junto con las Familias Prohibidas, habían conspirado durante mucho tiempo, enviando a diversos grupos de expertos y malgastando incontables horas y dinero en refinar objetos prohibidos, incluso entregándoles una réplica de la Pagoda Desolada. Al final, todos fueron aniquilados. Todas esas existencias supremamente poderosas cayeron, dejando a esos grandes poderes sin obtener nada a cambio. Pero ahora, Ye Fan se encontraba sentado junto al manantial divino y las medicinas sagradas estaban a su alcance. ¿Cómo no iba a estar feliz y emocionado? Ye Fan se puso de pie y, con dos pasos, logró llegar a la orilla. Al recoger los frutos dorados, su intenso aroma le produjo un efecto tan refrescante que casi se desvaneció de su cuerpo. Como era de esperar de una medicina divina. Me pregunto por qué solo puede crecer en el aire maligno del Abismo de la Antigua Desolación. Ye Fan se llevó una de las frutas doradas a la boca y masticó suavemente su dulce pulpa. El denso aroma le abrió los poros, relajándole todo el cuerpo, y le hizo sentir como si estuviera inmerso en la brisa primaveral. La fruta dorada, del tamaño de un ojo de dragón, no necesitó ni un bocado. Tras masticarla, se transformó en una ambrosía inmortal que fluyó por su garganta. Sintió cómo su consciencia ascendía hacia el sol, flotando fuera de su cuerpo con un anhelo de inmortalidad. Ahora era un cultivador, y ya no era como antes, un hombre común que simplemente comía fruta como si fuera una fruta cualquiera. Rápidamente se sentó, apoyando la espalda contra el pequeño árbol, y comenzó a practicar las artes místicas de las Escrituras Dao. Pero estaba demasiado débil, su cuerpo no podía soportarlo. Casi muerto de viejo, incluso después de beber el agua del manantial y recuperar bastante vitalidad, seguía siendo canoso y con la piel arrugada y marchita. La energía dorada que entró en su cuerpo no fluyó hacia su Mar de la Amargura ni hacia su manantial divino. Se precipitó directamente hacia sus extremidades, nutriendo todos sus huesos y haciendo que la carne de su anciano cuerpo volviera a brillar con intensidad. Al emplear las artes místicas de las Escrituras Dao, la velocidad de activación de la Medicina Sagrada aumentó, y media hora después, la carne de Ye Fan se había recuperado por completo, dejando de lucir reseca y adquiriendo un tono cada vez más rosado. Incluso su cabello blanco se oscureció gradualmente. Extendió la mano y tomó una segunda fruta dorada. Se la llevó a la boca y la masticó suavemente, dejando que su dulce sabor se transformara en energía dorada que rápidamente se extendió por todo su cuerpo. Su piel comenzó a brillar con destellos de luz divina dorada. Media hora después, Ye Fan se sentía lleno de energía y vitalidad, rebosante de vigor. Su piel se había alisado y ahora era elástica. Gracias a estas dos frutas, había pasado de ser un anciano decrépito a tener apenas treinta años, con el cuerpo rebosante de Qi. Ye Fan se puso de pie. Un viento formidable acompañaba cada uno de sus movimientos. Ya no se sentía débil y había recuperado su juventud. Justo en ese instante, recordó algo. Su expresión cambió bruscamente y salió corriendo. A cien metros de distancia, el tomo dorado brillaba inmóvil. No había sido arrastrado al abismo sin fin por la Dama Sagrada de Jade Celestial. Ye Fan lo recogió apresuradamente y lo volvió a colocar en su Mar de la Amargura . Tras recuperar la Escritura Dao, Ye Fan subió de nuevo y observó detenidamente su entorno. La montaña sagrada estaba ahora en completa calma, y ya no había esqueletos blancos. Al mirar a lo lejos, sintió un escalofrío recorrerle el cuero cabelludo. Había incontables esqueletos en las otras ocho montañas sagradas, e interminables cantidades de ellos seguían emergiendo del abismo. ¿Qué está pasando? Solo aquí hay completa tranquilidad. Los pensamientos de Ye Fan daban vueltas, y de repente pensó en el trozo de cobre verde. ¿Siendo capaz de hacer volar a la Dama Sagrada de Jade Celestial y de que no volviera a aparecer, podría ser que el cobre verde poseyera una fuerza disuasoria extraordinaria? Dudaba, sin saber si se trataba de eso o de algo más. Bueno, se supone que la Pagoda Desolada es capaz de someter a los Inmortales hasta la muerte, y dado que el cobre verde está al mismo nivel que ella, es posible que posea tal poder disuasorio. El trozo de cobre verde flotaba silenciosamente en la boca del manantial de su Mar de la Amargura , inmóvil como una roca inamovible. Era incapaz de controlarlo, y mucho menos de usarlo para defenderse de sus enemigos. Había sido la Dama Sagrada de Jade Celestial quien había sondeado su Mar de la Amargura y entrado en contacto con el cobre verde, no él, quien lo había obligado a atacarla, y solo entonces ella sufrió una pérdida tan grave. El misterioso cobre verde era completamente incontrolable, lo que provocaba en Ye Fan una mezcla de esperanza e impotencia. "Eso es..." Ye Fan se quedó rígido. Divisó a una persona de carne y hueso en la montaña más cercana. La distancia era enorme y no podía ver con claridad, pero estaba completamente seguro de que no era un esqueleto. En la cima de aquella montaña se alzaba una enorme espada de hierro de diez metros de largo, clavada perfectamente recta en la roca. Aquella persona se apoyaba con calma en la empuñadura, cubierta por una capa negra que ondeaba al viento. “¡Otra esclava desolada!”, exclamó Ye Fan de inmediato. Era imposible que allí existiera un cuerpo de carne y hueso, así que debía tratarse de un ser similar a la Dama Sagrada de Jade Celestial. “Y hay…” Al observar con atención las demás montañas sagradas, Ye Fan divisó otra figura de carne y hueso en otra cima. Una persona se alzaba en la cumbre, y una brillante campana plateada, tan grande como una casa, flotaba suavemente en el aire sobre ella. La mirada de Ye Fan se endureció y vio a una tercera persona de pie en la cima de otra montaña sagrada. Los esqueletos blancos se desviaron a su alrededor. Una antigua pagoda de diez metros de altura y nueve niveles flotaba sobre su cabeza, como si pudiera abarcar el mundo entero. “¡Una cuarta persona!” Vio a un cuarto Esclavo Desolado de pie en la cima de una montaña sagrada, con las manos a la espalda. Vestiduras púrpuras danzaban a su alrededor, y un enorme sello cúbico flotaba sobre su cabeza, rebosante de antigüedad y con un aura imponente e ilimitada. “¿Qué está pasando?” Ye Fan estaba completamente conmocionado. Todas las montañas sagradas parecían tener figuras humanas que no podía distinguir con claridad. La campana, la pagoda, el sello y otros objetos eran los recipientes más difíciles de refinar. Quienes poseían estas armas no eran personas comunes y corrientes. Debían ser cultivadores que habían alcanzado la cima del éxito, un nivel inimaginable. Según las leyendas, solo los expertos más excepcionales pueden convertirse en Esclavos Desolados. Aquellos que lograron poseer una campana, una pagoda, un sello y otros objetos similares como recipientes, probablemente fueron personas que revolucionaron el mundo en su época. Incluso es posible encontrar rastros de su existencia en la historia antigua... Ye Fan regresó rápidamente al manantial, deseando recuperar por completo su vitalidad lo antes posible. Comió dos frutas doradas más, las cuales se transformaron en una energía dorada que fluyó por su cuerpo y huesos. Su cuerpo resplandeció con una luz espléndida, la energía dorada emanaba de él y lo hacía brillar como jade divino. Un vigoroso aura de vida lo envolvió. Su cuerpo resplandeciente se había recuperado por completo. En ese momento, Ye Fan había vuelto a ser un niño de unos diez años. Sintió una poderosa energía divina, y el Qi Vital se elevó y fluyó por su cuerpo. El esplendor divino lo volvió completamente impecable. Sus huesos brillaban aún más, condensando luz divina. Su piel ahora emanaba una luz deslumbrante, y su cuerpo ya no parecía el de una persona común, sino el de un dios al que los mortales venerarían con devoción.
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Envolviendo los Cielos (Novela) Capítulo 109

Estás leyendo el capítulo 109 de Envolviendo los Cielos (Novela), un novela. En las frías y oscuras profundidades del universo, nueve enormes cadáveres de dragones arrastran un antiguo ataúd de bronce, que existe desde tiempos inmemoriales. Esta es una imagen increíblemente impactante capturada… Este capítulo tiene publicado el 12 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Envolviendo los Cielos (Novela) tiene 328 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.