Leer El vagabundo del Invierno (Novela) Capítulo 23 online gratis en español
Mark vio la sangre gotear del cuello de Gustav y observó cómo la luz se apagaba en sus ojos.
Estaba muerto.
De un salto, se apartó hacia la izquierda, sintiendo una daga rozarle el pecho. Apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando una patada descendente buscó su cabeza; alzó el brazo a toda prisa y se arrojó al suelo para amortiguar el impacto. Con un impulso frontal evitó un pisotón directo a su rostro.
Crack.
El suelo de madera se agrietó y se rompió bajo la fuerza de la pisada.
Mark levantó la vista y vio a un hombre parado sobre los escombros, observándolo con una mirada fría y desprovista de emoción.
—¿Quién carajos eres? —exigió Mark.
El sujeto de ojos grises ni se inmutó.
Tuc.
Un golpe seco resonó por detrás y el mundo de Mark se volvió sombras.
Lo último que vio antes de perder el conocimiento fue la silueta de aquel hombre avanzando hacia él con paso firme.
—Buen trabajo —le dijo Matt a Julius, quien acababa de noquear al enemigo.
—Átenlo y sédenlo. Nos vamos en diez minutos —ordenó David desde la ventana, haciendo una señal al grupo que esperaba fuera.
En el otro extremo del complejo, el Conde Valentín estaba en su oficina, redactando y comparando informes sobre las revueltas del Sector Uno.
De pronto, escuchó un ruido extraño.
Se detuvo un instante.
Segundos después, percibió una leve sacudida a través del suelo. Aunque su despacho estaba a más de veinte habitaciones de distancia, sus aguzados sentidos eran capaces de captar hasta el más mínimo disturbio.
Se puso de pie en silencio, desenvainó su espada y saltó por la ventana, cayendo suavemente sobre la hierba del jardín.
Apenas tocó tierra, un hacha voló directo a su cabeza.
Algo tan simple jamás lo tocaría.
Desde la penumbra de los árboles, cuatro figuras surgieron a la velocidad del rayo, apuntando directamente a sus puntos vitales.
Una espada cortó en diagonal hacia su cuello, un estoque buscó su corazón, dos dagas intentaron clavarse en sus ojos y una espada corta se proyectó hacia sus pulmones.
O, al menos, eso creyeron ellos.
Valentín bloqueó y redirigió cada uno de los ataques en un solo movimiento fluido.
Con una patada lateral lanzó a una mujer por el aire; de un codazo desvió el estoque y asestó un cabezazo que dejó tambaleándose al atacante.
Plas.
Una espada logró rasgar la vestidura de Valentín, pero este le atrapó el cuello al hombre y lo estampó contra el piso con violencia.
El conde recuperó la postura con absoluta serenidad.
—No sé quiénes sean, pero al menos uno de ustedes me va a dar respuestas.
Así comenzó el verdadero combate.
Valentín se movió como un borrón, dejando una imagen residual tras de sí. Apareció instantáneamente a las espaldas de David e impulsó una estocada brutal.
La hoja le atravesó un pulmón.
Si David no se hubiera movido un milímetro en el último instante, habría sido su fin.
Con una patada de seguimiento, Valentín desenganchó la espada y lo mandó a volar como un muñeco de trapo.
Matt saltó sobre el conde.
Una patada rápida le rozó la mejilla a Valentín e inmediatamente dirigió un corte de espada hacia su corazón.
Sin embargo, al conde le bastó un leve ajuste de su hoja para redirigir toda la fuerza de Matt.
Con un revés de la mano izquierda, estrelló a Matt contra el suelo.
Matt rebotó por el impacto y, antes de que pudiera caer de nuevo, una patada en las costillas lo incrustó en la gruesa pared de piedra como una macabra obra de arte.
En ese milisegundo, Julius aprovechó para clavar su estoque en el pie de Valentín y usó la empuñadura como palanca para soltar una patada directa a la cabeza del conde, buscando romperle el cuello.
O, al menos, eso esperaba.
A Valentín le bastó un rodillazo ascendente para destrozarle la nariz a Julius.
Por un destello, la espada del conde bajó para cortarlo en dos.
De no ser porque Sofía le pateó el pecho a Valentín para desviarlo, Julius habría muerto.
Aun así, el corte le cercenó por completo el brazo izquierdo.
Tras patear al conde, Sofía lanzó una ráfaga de ataques salvajes con sus dagas.
Para Valentín, sin embargo, era como lidiar con un gato enfurecido.
Con una mueca de fastidio, la agarró del cuello y la elevó en el aire.
Apretó con fuerza.
Crack.
Justo en ese instante, una espada cayó en un corte descendente.
Valentín retiró su brazo izquierdo y, con la derecha, arrojó una daga que le había quitado a Sofía, clavándola directamente en el muslo izquierdo del atacante.
Era irónico: cuatro guerreros de élite no eran más que hormigas luchando contra un elefante.
—¡AAAH! —un grito ahogado resonó en el jardín.
David, escupiendo sangre y soportando el dolor agudo del pulmón perforado, se interpuso entre Valentín y Matt.
Con una desesperación demente, se abalanzó sobre el conde por la espalda y lo atrapó en una llave implacable para inmovilizarlo.
—¡Ahora, Matt! ¡Corta! —rugió David con el último aliento de sus fuerzas.
No había tiempo.
Matt apretó los dientes y, reuniendo toda su fuerza y Voluntad, descargó un tajo descendente con el alma hacia la cabeza de Valentín.
Pero la brecha de poder era una trampa mortal.
Como un pulpo escurridizo, Valentín usó su Voluntad para retorcer su cuerpo de forma imposible en una fracción de segundo, escapando del agarre y proyectándose a un lado.
Matt no pudo detener la inercia de su propio ataque.
La hoja cayó con toda su fuerza destructiva.
Pushh.
Materia cerebral y sangre se esparcieron por el césped cuando la espada de Matt destrozó la cabeza de David.
Su propio capitán yacía muerto en el barro…
Por su propia mano.
Un suspiro apesadumbrado rompió el silencio.
Era Valentín, quien los contemplaba con una expresión difícil, cargada de una sobria tristeza al atestiguar semejante tragedia.
Ver a aquellos hombres matarse entre sí por pura desesperación le parecía profundamente lamentable.
Sin embargo, no podía permitirse la debilidad.
Reprimió cualquier atisbo de piedad, endureció la mirada y se reafirmó en su deber.
Matt temblaba de furia y horror, mirando sus manos ensangrentadas y la espada que acababa de quitarle la vida a David.
No sabía cuántos años había esperado este momento, cuántas noches había soñado con ver la cara de Valentín ensangrentada.
Sin embargo, la realidad era infinitamente más cruel.
Valentín estaba allí, a escasos metros, inalcanzable, y la propia impotencia de Matt lo había llevado a ejecutar a su compañero.
Matt sentía un asco y un odio desgarrador hacia sí mismo.
—Bueno… es hora de la segunda ronda —dijo Valentín, dando un paso al frente para cumplir con su objetivo.
A la distancia, ocultos entre la nieve y las sombras, tres figuras observaban el enfrentamiento.
No esperaban encontrarse con semejante carnicería, pero el escenario les favorecía enormemente.
—Esto es simplemente perfecto —murmuró un hombre joven, dibujando una leve sonrisa en el rostro.

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El vagabundo del Invierno (Novela) Capítulo 23
Estás leyendo el capítulo 23 de El vagabundo del Invierno (Novela), un novela. Impulsado por la venganza, Matthew emprende un viaje sin retorno a través de un continente marcado por la guerra y la desolación. En su camino, busca dominar la misteriosa “Voluntad”, un poder que consume tanto como… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026. El vagabundo del Invierno (Novela) tiene 34 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.