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Leer El vagabundo del Invierno (Novela) Capítulo 10 online gratis en español

Matt comía su ración de carne seca sentado en lo alto de la torre de una iglesia. Experimentaba una extraña mezcla de alivio e irritación al observar cómo, en el interior del continente, la vida de la gente común continuaba con total normalidad. Le alegraba, sí, pero también le irritaba. Solo le hacía sentir una amargura más profunda ante su propia soledad… Habían pasado cuatro días desde que dejó el campamento del Gremio de Boris. Ahora contemplaba las calles iluminadas de Lille desde las alturas. Los primeros dos días habían sido una maratón ininterrumpida. Tendría que cruzar dos continentes enteros para por fin concretar su venganza. Su única razón para desviarse hacia Francia había sido cumplir la promesa que le hizo a Svetlana: ver los otoños dorados del país. Aunque, al final, tuviera que contemplarlos completamente solo. Pero el descanso había terminado. Era hora de seguir corriendo. Al ser un Iluminado —Nivel 4—, poseía una ventaja física absoluta. Podía devorar fácilmente diez kilómetros en una hora sin despeinarse, por lo que prefería correr hasta el límite durante la noche y descansar en iglesias abandonadas o bajo los puentes. No era por falta de dinero. Simplemente se castigaba a sí mismo para mantener la llama de su venganza encendida. Matt se puso de pie en el borde del tejado de la torre y saltó en picada. Descendió sin atisbo de miedo. Justo cuando estaba a punto de estrellarse contra el muro de un edificio contiguo, «pisó» el aire en el vacío y volvió a impulsarse hacia arriba con un chasquido invisible. Para un Nivel 4, manipular la inercia en el aire era un juego de niños. Aterrizó en el suelo y echó a correr. Como una sombra veloz, cruzó las calles saltando entre autos y esquivando transeúntes que ni siquiera alcanzaban a percibir su silueta en la penumbra nocturna. Las luces de la ciudad pasaban a su lado como borrones de colores, pero su mente estaba lejos, rememorando su última conversación con Boris. —Matt, sabes que no podemos ayudarte en América, pero al menos déjanos escoltarte hasta las cercanías del continente asiático —le había ofrecido Boris. —No, Boris. Aunque aprecio tu ayuda, no la necesito. Esta venganza es mía; solo yo puedo concretarla. No necesito que pierdas tu tiempo ayudando a un mercenario de paso —había respondido Matt con una voz fría, aunque internamente agradecida. —Sabes que no pienso en ti de esa forma. Somos amigos, un par de pobres desgraciados que han sobrevivido a sus propias tragedias —replicó Boris con firmeza. —Bueno, tienes razón —dijo Matt en un tono brusco para ocultar la vergüenza y el afecto que le provocaban esas palabras—. Al menos ayúdame con el atajo que debo tomar para llegar a Alaska más rápido. —Bueno, eso es sencillo. Con mi consejo no tardarás cinco años como cuando viniste desde Asia —se burló Boris para aligerar el ambiente—. Siguiendo la ruta del norte, llegarás a Alaska en tan solo cuatro meses y medio. Tendrás unos quince días de descanso en los puestos de reabastecimiento, así que será un trayecto fluido. «Eso ciertamente es mucho mejor», pensó Matt mientras aceleraba el paso. Justo cuando la penumbra daba paso al primer resplandor del amanecer, divisó luces en el horizonte. Frente a él se desplegaba la frontera de Bélgica. Oficialmente, había dejado territorio francés. Tras haber corrido durante toda la noche, decidió buscar un lugar para descansar en el sector industrial de Lieja. Se tomó el tiempo para relajarse, pagando una habitación en un motel cualquiera para ducharse y quitarse la mugre del camino. Para el almuerzo, caminó hasta una acogedora cafetería local. Sin embargo, al cruzar la puerta, se topó con un grupo de rostros conocidos totalmente inesperados. —Di «ahh» —le decía un hombre llamado Enrique a su pequeña hija de unos tres años. —¡Ahh! —imitó la niña inocentemente, abriendo su pequeña boca para intentar comer una albóndiga bañada en salsa que ni siquiera le cabría en el rostro. —¡Cariño! ¿¡Cómo se te ocurre darle eso a una niña tan pequeña!? —protestó la mujer a su lado, la madre de la pequeña—. Mejor dale de las papas fritas… La mujer se detuvo en seco al notar la presencia del muchacho que acababa de entrar. Frente a ella estaba un joven apuesto, de cabello oscuro con un característico mechón blanco sobre el lado derecho, ojos grises e intensos y la piel pálida como la nieve. Parecía un poco más alto desde la última vez que lo habían visto; ahora alcanzaba fácilmente el metro setenta y cinco. —Hola, Gloria —dijo Matt con una extraña sonrisa. Para mí es un placer por fin escribir el capítulo 10. Espero que les guste, ya que cada ciudad mencionada existe en la realidad.
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El vagabundo del Invierno (Novela) Capítulo 10

Estás leyendo el capítulo 10 de El vagabundo del Invierno (Novela), un novela. Impulsado por la venganza, Matthew emprende un viaje sin retorno a través de un continente marcado por la guerra y la desolación. En su camino, busca dominar la misteriosa “Voluntad”, un poder que consume tanto como… Este capítulo tiene publicado el 20 de septiembre de 2026. El vagabundo del Invierno (Novela) tiene 34 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.