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Leer El Señor de los Misterios (Novela) Capítulo 87 online gratis en español

🏴 Grupo: Eldolfo/Morganxc✍️ Traducción: Eldolfo/Morganxc
“¿Realmente se ha resuelto?”, preguntó Elizabeth con incredulidad. Klein sonrió y asintió con naturalidad. “Sí. No fue demasiado difícil”. Esa última parte es mentira… , añadió para sus adentros. Quizás se debía a que Klein había mantenido la calma en todo momento, o tal vez a que él era su único rayo de esperanza; el caso es que Elizabeth ya no dudó. Se llevó una mano al pecho y dejó escapar un largo suspiro de alivio. “Gracias. Realmente eres un caballero confiable. Me asusté muchísimo. ¿Cómo está Selena? ¿Se encuentra bien?”. “Permanecerá inconsciente unos minutos, pero está fuera de peligro. Eso sí, es de esperar que se sienta débil los próximos dos o tres días”. Klein adoptó de repente una expresión severa. “¿Quién le enseñó misticismo? ¿Nadie le advirtió sobre los tabúes básicos?”. Elizabeth se enderezó de inmediato, como una estudiante regañada por su profesor. Tras reflexionar un momento, respondió: “Selena mencionó una vez que su profesor es Hanass Vincent. Lo conoció hace un año en el Club de Adivinación de la calle Howes”. _\_Hanass Vincent… En la superficie no parece enseñar nada cuestionable, pero en secreto imparte adivinación oscura… Si lo hubiera sabido antes, habría informado al Capitán para tenderle una emboscada\_…_ Klein sintió un rastro de arrepentimiento y preguntó con voz profunda: “¿Fue él también quien le enseñó la adivinación del espejo mágico?”. A Klein aún le quedaba un temor persistente, pues este asunto casi afecta a la mejor amiga de su hermana. Elizabeth asintió con cautela. “Sí, pero Selena lo había intentado varias veces sin éxito. Hoy me dijo que había echado un vistazo a los encantamientos ocultos de su profesor y que no habría problemas”. \_Básicamente es una experta en cortejar a la muerte\_… Klein se masajeó las sienes para aliviar el dolor de cabeza. “¿Recuerdas los encantamientos que recitó?”. Aunque Hanass Vincent no le hubiera enseñado voluntariamente ese conocimiento peligroso a Selena, era evidente que estaba experimentando con fuerzas desconocidas. Esto se convertiría en un problema tarde o temprano, y debía ser tratado antes de que alguien más saliera herido. “Recuerdo una parte…”, rememoró Elizabeth. “Lo recitó en Hermes. Como sabes, recientemente he estado estudiando ese idioma. Solo recuerdo que usó los términos ‘girar’, ‘espíritu’, ‘Creador’ y ‘gracia’”. ¿Creador? ¿El Verdadero Creador? Muchos entusiastas del ocultismo creen en esta antigua entidad venerada por organizaciones secretas… ¡Una entidad que apareció hace mil años, en las primeras etapas de la Quinta Época! Klein asintió pensativo. “Pídele a Selena el encantamiento completo cuando despierte y busca una oportunidad para decírmelo”. “Está bien”, respondió Elizabeth sin dudar, aunque luego preguntó confundida: “Señor Moretti, ¿por qué no se lo pregunta usted mismo?”. “No quiero que Melissa sepa que me interesa el misticismo. ¿Puedes ayudarme a mantener el secreto?”, preguntó Klein a cambio. Elizabeth se mordió los labios con los ojos brillantes. “No hay problema. A Melissa le gustan más las máquinas que el misterio; prefiere la lógica sobre el instinto”. Klein se llevó la mano al sombrero y hizo una elegante reverencia de caballero. “Gracias por tu comprensión. En cuanto a Selena, ya sabes que no es muy buena guardando secretos”. “Una descripción más precisa es que le encanta compartir secretos con los demás”, coincidió Elizabeth. Klein se puso el sombrero y, tras meditarlo, añadió: “Cuando Selena despierte, dile que se desmayó de repente y rompió el espejo. Creo que su memoria se detuvo justo en el momento en que comenzó la adivinación”. Al ver que Elizabeth asentía, Klein recuperó su expresión severa: “Recuerda: ya sea para adivinaciones o cualquier otro ritual, ¡jamás reces a una entidad que no sea una de las siete Deidades ortodoxas! Quema de inmediato cualquier encantamiento de ese tipo y aléjate de cualquiera que distribuya esos materiales. ¡Si no me hubiera dado cuenta a tiempo, Selena se habría convertido en un monstruo en diez minutos, y todos en esta casa habrían muerto, incluido yo!”. Al recordar la figura gélida de Selena en el espejo, Elizabeth no dudó de sus palabras. “Entiendo, lo recordaré. También vigilaré a Selena”. “Bien, ve con ella”. Klein levantó su bastón negro y se dirigió a la escalera. Mientras caminaba, sus ojos se oscurecieron. Sacó una moneda de su bolsillo y la lanzó al aire. “Selena está a salvo ahora”. “Selena está a salvo ahora”. Klein repitió la frase rápidamente y atrapó la moneda. El rostro del rey Jorge III miraba hacia arriba. No era una simple técnica de radiestesia espiritual, sino una variante simplificada de la ‘Adivinación de Sueños’ que solo un Vidente podía realizar usando su espiritualidad. La cara representaba una afirmación; la cruz, disensión. Excelente, todo está en orden… Klein hizo girar la moneda entre sus dedos con satisfacción. Elizabeth observó la espalda de Klein y vio la moneda volar antes de que él la atrapara. Una vez que él desapareció por la escalera, entró en el dormitorio. Vio a Selena dormida en el suelo, rodeada de los fragmentos del espejo. Conteniendo la respiración, se acercó de puntillas. Al mirar los cristales, se aseguró de que la Selena gélida ya no estaba; solo reflejaban el techo. Uff. Elizabeth dio un largo suspiro de alivio. Intentó subir a su amiga a la cama, pero al no tener fuerzas suficientes, terminó despertándola. “Elizabeth… ¿qué pasó? ¿Me emborraché?”, preguntó Selena débilmente, con la mirada apagada y confusa. Elizabeth decidió decir una media verdad: “No, Selena, algo salió mal. Tu adivinación atrajo a una entidad maliciosa. Parecías una persona completamente diferente… Me asusté tanto que te traje a la habitación con una excusa, te arrebaté el espejo y lo hice pedazos. Después de eso, te desmayaste. ¡Gracias a la Diosa que estás bien!”. “No recuerdo nada…”, murmuró Selena, palideciendo. Cuanto más intentaba recordar, más vacío sentía en su mente. De reojo, notó que los objetos de su escritorio estaban movidos. “¿Qué fue lo que pasó realmente?”. Selena se esforzó, pero solo pudo visualizar vagamente la espalda recta de un hombre con traje y sombrero de copa. “Selena”, dijo Elizabeth con seriedad, “conocí a un experto en misticismo que me advirtió que nunca debemos rezar a nada que no sean las siete Deidades. De lo contrario, atraeremos el desastre. Prométeme que no lo harás de nuevo”. Selena, aterrorizada, asintió aturdida. “¡Nunca más!”. “Por cierto, ¿qué significaba exactamente el encantamiento? Si vuelvo a ver a ese experto, se lo preguntaré”, añadió Elizabeth, fingiendo indiferencia. Selena se frotó las sienes y recitó: “Espíritu que gira en este mundo, la gracia del Verdadero Creador, los ojos que observan el destino”. Tap, tap, tap. Klein bajó las escaleras mientras se sacudía el polvo y alisaba su ropa. Se quitó el sombrero y regresó a la mesa del comedor. “¿A dónde fuiste? Han pasado casi diez minutos”, preguntó Chris. Klein sonrió con naturalidad. “Fui al baño y luego subí un momento a saludar a las damas”. “Aprecio tu honestidad”, rio Chris. Era un abogado talentoso con el característico cabello rojo de su familia. No dirías lo mismo si supieras que dejé inconsciente a tu hermana, pensó Klein antes de responder con humildad: “Solo fue una pequeña charla académica”. Se sentó y recibió sus cartas para la nueva ronda: el Rey de Espadas y el As de Diamantes. Parece que mi suerte ha mejorado… ¿Será una recompensa por mi buena acción? Continuó jugando con cautela, apostando solo con manos fuertes. Para cuando terminaron a las diez y media, había ganado seis peniques. Benson, por su parte, contaba sus ganancias con orgullo. “Gané dos solis y ocho peniques”. “No sabía que fueras un experto, Benson”, elogió Klein. “Esto es como negociar, hermano. Hay que ocultar las cartas y asustar o atraer a los demás según convenga…”, Benson se interrumpió al ver a Melissa y a las demás bajar del segundo piso. “Es hora de ir a casa”, dijo Klein, notando que su hermana y Selena aún se frotaban las sienes por el dolor de cabeza residual. Antes de salir, Klein fue al baño una última vez para cruzarse con Elizabeth y obtener el encantamiento completo. Al reunirse con sus hermanos, sonrió y dijo: “Ah, por cierto, olvidé algo. Tengo que pasar por la compañía un momento. ¿Podemos ir a la calle Zouteland primero? Será rápido”.
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El Señor de los Misterios (Novela) Capítulo 87

Estás leyendo el capítulo 87 de El Señor de los Misterios (Novela), un novela. Con la creciente marea del poder del vapor y la maquinaria, ¿Quién puede aspirar a ser un Beyonder? Oculto en la niebla de la historia y la oscuridad, ¿Quién o qué es el mal que acecha y murmura en nuestros oídos?… Este capítulo tiene publicado el 9 de enero de 2021, Traducido por el grupo Eldolfo/Morganxc. El Señor de los Misterios (Novela) tiene 1437 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.