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Leer El renacimiento de la maliciosa emperatriz de linaje militar (Novela) Capítulo 205 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Ese día, un invitado no deseado llegó a la residencia del príncipe Ding. El individuo que se acercaba portaba una larga lanza y tenía un porte marcial y heroico. Con solo una mirada, se podía intuir que había recibido un duro entrenamiento en el campo de batalla. El ceño fruncido y, al verlo de pie ante las puertas de la residencia del príncipe Ding, se presentía que su visita no tenía buenas intenciones. Los guardias de la puerta detuvieron a aquel hombre corpulento, pero este dijo: “Llévenme a ver al príncipe Rui”. Esta persona tenía un tono de voz poco amigable, pero la gente de la residencia del príncipe Rui estaba acostumbrada a ello, e incluso los sirvientes se mostraban algo arrogantes. Como si no les importara, dijeron respetuosamente: “Su Alteza no recibe visitas sin invitación”. Justo cuando el hombre corpulento estaba a punto de enfurecerse, se oyó una voz sorprendida desde dentro: “General Shen”. Al levantar la vista, vio a Tie Yi acercándose a grandes zancadas. Tras acercarse, miró con recelo al guardia y dijo respetuosamente: “General Shen, este subordinado no ha sido prudente y espero que tenga la magnanimidad de perdonarme. Le acompañaré ante Su Alteza”. Los ojos del guardia se abrieron de par en par. Probablemente solo ahora comprendió quién era el "General Shen" y miró a la otra persona con recelo, pues parecía no esperar que viniera en ese momento. Shen Xin estaba furioso. Últimamente daba vueltas en la cama, inquieto, y cada vez que pensaba en la sospecha que había hecho hacía unos días, no podía dormir bien. Había creído que con el tiempo el asunto se iría desvaneciendo, pero no esperaba que, con el paso del tiempo, su corazón se volviera incapaz de olvidarlo. Shen Xin era de los que evitaban crear polémica, por lo que, ante cualquier duda, debía aclararla, evitando así insinuar que se trataba de un asunto relacionado con la vida de Shen Miao. Por ello, decidió finalmente viajar a la residencia del príncipe Rui. Sin importar el resultado, debía comprenderlo todo. Quién iba a imaginar que, al llegar, se encontraría con un guardia sin ojos que haría que su ya inquieto corazón se volviera aún más infeliz. Por suerte, Tie Yi se dio cuenta de la situación y notó que Shen Xing parecía algo disgustado, así que pensó en cómo animarlo. Le explicó que últimamente todos en la residencia del príncipe Rui estaban muy ocupados con los preparativos de la boda para que Shen Miao tuviera un gran enlace y Ming Qi no quedara en ridículo. Mientras Shen Xin seguía a Tie Yi, comprobó que todo era tal como él lo había descrito. En la residencia del príncipe Rui, todos estaban decorando el lugar, creando un ambiente festivo. Sin duda, la gente de la residencia del príncipe Rui valoraba enormemente este matrimonio, y era algo que brindaba tranquilidad, lo que reconfortó a Shen Xin. Al llegar a la puerta de una habitación, Tie Yi se detuvo y dijo: “Este subordinado no puede entrar en el despacho de Su Alteza. Ya se ha informado a alguien, así que el general Shen puede pasar directamente”. Shen Xin pensaba que la conversación que tendría con el príncipe Rui sería muy privada y nadie podría oírla. Si los sirvientes no podían entrar en el estudio, sería mucho más conveniente. Sin embargo, tenía algunas dudas. El príncipe Rui no permitía la entrada a los sirvientes y solo le dejaba entrar a él; ¿acaso lo estaría cuidando después? Pero enseguida cambió de opinión. Con las habilidades que el príncipe Rui debía tener con Shen Qiu, no se encontraría en una situación en la que estuviera atado de manos e impotente. Aunque pensaba en muchas cosas, el rostro de Shen Xin permanecía impasible mientras levantaba el pie para entrar. Sin embargo, vio una criatura blanca y peluda que salía corriendo por la puerta y, al observarla con más detenimiento, se dio cuenta de que era un tigre blanco. Solo que su cuerpo aún era pequeño y gemía mientras se acercaba a toda velocidad. Shen Xin, casi inconscientemente, le asestó un golpe con su lanza. Fue Tie Yi quien inmediatamente se llevó al tigre blanco, luego Shen Xin respiró hondo y empujó la puerta para entrar. En la habitación, el príncipe Rui estaba sentado en una silla leyendo. Su postura era desgarbada, más bien perezosa, mientras pasaba las páginas con indiferencia, como si solo les echara un vistazo rápido y no las leyera con atención. Shen Xin frunció el ceño: “Príncipe Rui”. A diferencia de Luo Xue Yan, a quien el príncipe Rui había permitido amablemente que la familia Shen llamara “Jing Xing” y que Luo Xue Yan efectivamente lo hacía, Shen Xin era incapaz de hacerlo. Los hombres eran distintos de las mujeres. Las mujeres podían usar su intuición para juzgar si una persona era amistosa o maliciosa, pero los hombres no podían confiar en ella. Especialmente Shen Xin, quien prefería actuar basándose en la evidencia. El príncipe Rui alzó la vista y dejó el libro junto a la mesa. Shen Xin vio que era un libro militar, un libro difícil de comprender, propio de generales de mayor edad. El príncipe Rui tenía veintidós años, y leer ese tipo de libros indicaba que o fingía o escondía sus verdaderos conocimientos. Antes de visitar personalmente al príncipe Rui, Shen Xin lo consideraba simplemente el hermano menor del emperador Yong Le, un príncipe ocioso y de comportamiento descuidado y grosero. Sin embargo, tras aquel día en que se enfrentó a Shen Qiu, Shen Xin comprendió que el príncipe Rui era mucho más que eso. Quizás se trataba de una intuición masculina. “Que el general Shen me acompañe a jugar una partida de ajedrez”. No lo llamó “Maestro Shen” ni utilizó otro apelativo más íntimo, y se percibía que sus palabras tenían un significado diferente. Shen Xin dijo: “No sé jugar al ajedrez”. “Ajedrez de guerra” dijo el príncipe Rui, levantando la mano y colocando el tablero sobre la mesa. Le pasó un frasco con piezas blancas a Shen Xin y se quedó con el de piezas negras antes de decir”: El general Shen y yo usamos este tablero como un país, las jugadas como fronteras, las piezas como soldados y luchamos en un juego. ¿Qué les parece? Cuando Shen Xin se enteró, se llenó de energía y, al ver que el otro era joven, se sintió insatisfecho por haber sido subestimado y dijo: “Pues jueguen, jueguen”. Dos de ellos colocaron las piezas de ajedrez y comenzaron a jugar. A diferencia de la apariencia del Príncipe Rui, su estilo de ajedrez sorprendió a Shen Xin. Si bien era joven, su astucia y la crueldad de alguien mayor resultaban evidentes. Jugar ajedrez de guerra requiere una profunda reflexión, pues cada movimiento debe ser cuidadosamente planeado. Sin embargo, el Príncipe Rui parecía no detenerse a pensar y simplemente colocaba las piezas a su antojo. Tras la aparente facilidad con la que se colocaban las piezas, un análisis más profundo revelaría la astucia con la que estaban dispuestas. La estrategia de ajedrez de Shen Xin no era mala, pero comparada con la del Príncipe Rui, resultaba desventajosa. Shen Xin parecía estar equivocado, como si el Príncipe Rui ya hubiera jugado esa partida antes; de lo contrario, ¿cómo sabría dónde colocaría su siguiente pieza? Cuando terminó el partido, el resultado, como era de esperar, fue la derrota de Shen Xin. Shen Xin agitó las manos: “Otra ronda”. “Seguiría siendo lo mismo”, dijo el príncipe Rui. “¿Qué significa eso?” Shen Xin frunció el ceño. “Vas a perder”, dijo. Shen Xin había vivido tanto tiempo que el emperador Wen Hui debía mostrarle respeto, y aparte de Luo Xue Yan, nadie más se atrevía a hablarle así. Se enfureció de inmediato y estaba a punto de estallar cuando vio al príncipe Rui decir con ligereza: “Uno temía que la visita del general Shen a la residencia del príncipe Rui hoy no fuera por el ajedrez”. Preguntó con los labios curvados: “¿Qué sucede?”. Las palabras airadas de Shen Xin se le atascaron en la garganta. El príncipe Rui parecía tener la habilidad de, tras enfurecer a alguien, cambiar de tema sin dejar rastro, como si nada hubiera pasado. Esta habilidad era propia del marqués de Lin An, Xie Ding, en su juventud. Cada vez que Xie Ding y Shen Xin discutían, él se comportaba de forma frívola. Shen Xin, de carácter honesto, siempre se tomaba las cosas en serio, pero Xie Ding la dejaba en ridículo. Al pensar en Xie Ding, recordó el propósito de su visita a la residencia del Príncipe Ding. Tras reflexionar sobre esto, Shen Xin no sintió ningún impulso de enfadarse con el Príncipe Rui. Observó los ojos del Príncipe Rui y, sin dejar pasar el más mínimo matiz en su sonrisa, preguntó lentamente: “Antes, cuando entrenabas con Shen Qiu en la mansión Shen, ¿de dónde aprendiste la técnica de clavar la daga en la garganta?”. Al oír eso, el príncipe Rui sonrió:” ¿El general Shen se refiere a la técnica de clavar la daga en la garganta? La he ejecutado lentamente y pensé que el general Shen la había visto claramente. ¿Tendrá que mostrársela de nuevo? Shen Xin se sobresaltó y sintió un vuelco en el corazón. El príncipe Rui, en efecto, lo había hecho deliberadamente. Como él mismo dijo, aquel día el acto de sujetar la daga a la garganta pareció ralentizarse deliberadamente, como si le estuviera mostrando intencionadamente de qué se trataba. En ese instante, al oír al príncipe Rui confesarlo, Shen Xin no supo expresar lo que sentía, pero aumentó su suspicacia y preguntó: “¿Sabes que se llama sujetar la daga a la garganta? ¿Cómo lo aprendiste?”. “Ya lo sé” dijo el príncipe Rui con desgana. “¿Acaso el general Shen no lo vio antes? ¿Acaso el general Shen no lo había visto antes? Shen Xin sintió un bloqueo mental, como si un rayo le hubiera alcanzado el corazón, y no pudo evitar temblar. Muchos años antes, en las calles de Ming Qi, había visto por casualidad al heredero de la residencia del marqués de Lin An. El hijo de Xie Ding había usado este movimiento contra otros y en ese momento pensó que este movimiento de Xie Jing Xing era mucho más poderoso que el de su padre. Entonces el príncipe Rui dijo: "¿Acaso el general Shen no lo vio antes?" El príncipe Rui nunca había estado en Ming Qi antes y Shen Xin nunca había visto a nadie más usar ese movimiento. Una tormenta estalló en el corazón de Shen Xin y, por un instante, se sintió tan abrumado que no supo si mostrar sorpresa o consternación; en cambio, su corazón permaneció en calma. Durante esos días había pasado insomnio, pero ahora, al confirmarse todo, sus sospechas eran ciertas. Preguntó: "¿Eres Xie Jing Xing o no?" El príncipe Rui se quitó la máscara. Shen Xin aspiró una bocanada de aire frío. Las relaciones entre la familia Shen y la residencia del marqués de Lin An nunca habían sido buenas, pero precisamente por eso, Shen Xin conocía a la perfección dicha residencia. Xie Ding tenía un hijo que debía contenerlo, y aunque Shen Xin aparentaba estar muy complacido, en secreto admiraba a Xie Jing Xing y sentía que, si bien este joven era algo testarudo, poseía una sinceridad y una libertad de las que carecían muchos nobles. Así pues, Shen Xin recordaba claramente la apariencia de Xie Jing Xing. La persona que tenía delante era aún más madura y apuesto, pero aún se vislumbraba un atisbo de su antiguo yo entre sus cejas, y Shen Xin lo comprendió en ese instante. Todo lo que le inquietaba parecía tener respuesta. Él dijo: "¿Qué está pasando aquí? ¿No deberías explicarlo?" Su tono era el de una generación mayor disciplinando a una más joven. Tanto es así que Shen Xin tuvo la ridícula ilusión de creer que estaba ayudando a Xie Ding a disciplinar a su hijo. Xie Jing Xing sonrió dulcemente y le sirvió una taza de té a Shen Xin: “Que mi suegro beba un poco de té y escuche con atención”. En la siguiente media hora (1 hora = 2 horas), Shen Xin escuchó un secreto impactante que nunca se le había ocurrido de boca de Xie Jing Xing. Shen Xin jamás imaginó que Xie Jing Xing resultara ser el Príncipe de Primer Rango de Gran Liang, ni que su vida hubiera sido tan extraña y accidentada. Ni siquiera creyó que Xie Jing Xing tuviera la osadía de presentarse ante Ming Qi tan abiertamente, sin temor a las consecuencias de revelar su identidad. Tras escuchar las palabras de Xie Jing Xing, Shen Xin se sintió abrumado por la ira, el resentimiento, el remordimiento, la duda y una mezcla de emociones complejas. Sin embargo, comprendió rápidamente qué decisión debía tomar. Dijo: “Dado que tienes esta identidad, Jiao Jiao no puede casarse contigo”. “¿Por qué?” preguntó Xie Jing Xing. “Tu objetivo no es solo venir a rendir tributo a Ming Qi” dijo Shen Xin con voz implacable y despiadada. “Las ambiciones del Gran Liang no se detienen aquí, y llegará el día en que actuará contra Ming Qi. En ese momento, nos enfrentarás con tropas. Si Jiao Jiao se casa contigo, ¿en qué difícil situación la pondrás? ¿Acaso tendrá que elegir entre tú y Ming Qi? Aunque desobedezca el decreto imperial, no permitiré que Jiao Jiao se vea en semejante aprieto. “Mi suegro está demasiado preocupado” dijo Xie Jing Xing con una sonrisa despreocupada. “Conoce mi identidad y sabe mejor que tú la situación a la que se enfrenta. Quizás deberías reflexionar sobre la relación entre la familia Shen y Ming Qi. Shen Xin intuyó que sus palabras tenían doble sentido y frunció el ceño mientras preguntaba: "¿Qué quieres decir?".
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Estás leyendo el capítulo 205 de El renacimiento de la maliciosa emperatriz de linaje militar (Novela), un novela. Shen Miao, la hija Di de una familia militar, era pura, tranquila, amable y gentil. Debido a su insensato amor por el príncipe Ding, se vio obligada a convertirse en su esposa. Después de seis años de ayudar a su… Este capítulo tiene publicado el 11 de noviembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. El renacimiento de la maliciosa emperatriz de linaje militar (Novela) tiene 313 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.