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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 908 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Un dolor abrasador le quemaba la mente a Og. Cayó hacia adelante, golpeándose la cara contra la fría piedra. Sus entrañas ardían. Ni siquiera podía gritar. Había perdido las cuerdas vocales; su voz se había fundido con sus pulmones. Venas de piedra lo atravesaban, clavándose en su carne desde dentro con cada respiración que intentaba, sin éxito. La agonía lo invadía por completo. Ni siquiera podía recurrir a su magia. La oscuridad golpeaba las paredes de su visión y amenazaba con engullirlo todo. Su cuerpo ansiaba desesperadamente. Necesitaba aire. Necesitaba alivio. Necesitaba vivir. No encontró nada de eso. Incluso mientras arañaba su pecho, clavando sus garras en su carne en un intento desesperado por arrancar la piedra solidificada del lugar donde se había incrustado en su interior, los únicos pensamientos en su mente eran los de un pánico primigenio. Y entonces una mano se clavó en su espalda. El mundo se hizo añicos. Fragmentos de la realidad pasaron fugazmente ante la vista de Og. Sintió como si un hilo lo jalara hacia atrás entre los omóplatos. El dolor se desvaneció. El pánico cesó. El miedo se extinguió. Por un breve instante, no hubo absolutamente nada. No podía ver. No podía sentir. Ni siquiera podía pensar. En ese instante, afirmar que Og existía podría haber sido ir más allá de la realidad. No era más que un recuerdo viviente. El eco desvanecido de un ser que alguna vez existió, fragmentado en mil piezas de un rompecabezas que jamás habría existido si tan solo una de ellas hubiera faltado. Sus ojos estaban ciegos, pero vieron la muerte. Una mano se extendió hacia él, con la palma más grande que el mundo, los dedos cerrándose a su alrededor como los barrotes de una celda, y ya estaba dentro de su alcance. Entonces no había nada más que rojo. La realidad volvió a imponerse de golpe. Y con ello llegaron el dolor y el miedo. Og gritó. Se encogió sobre sí mismo, jadeando con desesperación. La mano seguía ahí. Lo envolvía. El final se acercaba. No, no. Ya estaba aquí. Estaba aquí. Estaba en todas partes. Estaba muerto. “¡No!”, gritó Og, pataleando. “¡No! ¡Déjenme en paz!” Su mano golpeó la piedra. Un leve dolor recorrió sus nudillos. El ataque de nervios de Og cesó. Podía respirar. La agonía había desaparecido. Sus pulmones ya no estaban derretidos, su rostro ya no estaba deformado. Og estaba vivo. Se quedó allí un momento, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, un sudor frío que le empapaba la espalda y una piedra que le presionaba el costado. ¿Un sueño? Og tragó saliva. Tenía la boca seca. Completamente seca. Como si jamás hubiera bebido agua en toda su vida. Tragó saliva, solo para recordar que podía hacerlo. Apoyó la palma de la mano contra la piedra. Luego, lentamente, se incorporó. Le temblaban todas las extremidades. Aún podía sentir el final. Los dedos pendían sobre él, la palma descansaba debajo. La mano de la muerte había estado tan cerca. Tan cerca de cerrarse por completo. Pero algo había detenido los dedos. Levantó la vista. Orlen se sentó frente a él. —¿Ya terminaste? —preguntó Orlen. Og se llevó una mano al pecho. Podía sentir su corazón latiendo contra su caja torácica, aún intentando liberarse de sus ataduras. Los surcos que se había abierto en su interior habían desaparecido. Orlen lo había transformado. —Lo logré —susurró Og. —Por así decirlo —respondió Orlen con la mirada perdida—. Me obligaste a hacerlo, Og. No tengo tiempo para arreglar tus errores. Todavía no es mi momento aquí. Debo estar en otro lugar. No tienes ni idea de lo que arriesgas con tu incompetencia. —Perdóname —dijo Og. Aún no lograba calmar su corazón. Sus palabras sonaban temblorosas, como las de un niño asustado más que las de un guerrero—. Yo… no podía esperarlo. No estaba preparado. El Falso Heraldo. Él… —Og —dijo Orlen—. No me importan tus excusas. Lo harás mejor. No puedo salvarte otra vez. Y entonces Orlen se fue. El hombre seguía sentado en la silla, pero ya no estaba presente. Su atención estaba en todas partes y en ninguna, dispersa por el cosmos una vez más. Og permaneció en silencio durante varios segundos. El único sonido en la habitación era el de su respiración agitada. Se clavó las uñas en las palmas de las manos con tanta fuerza que le hizo sangrar. No había sido un sueño. No había sido una visión. El Falso Heraldo casi lo mata. Había arrasado el dominio de Og como si fuera papel y estuvo a punto de convertirlo en un charco en medio del salón de banquetes de Vivian; y si Orlen no lo hubiera rehecho, ahí habría terminado todo. ¿Cuándo se volvió tan poderoso ese hombre? ¿Y qué clase de magia era esa? Me arrebató mi dominio como si nada. Jamás había visto nada igual. No era magia del Caos. Era algo completamente distinto. Og se limpió la boca con el dorso de la muñeca. Bajó la mirada hacia su mano. Luego apretó los dedos formando un puño. Casi lo matan. ¡Y encima, un Falso Heraldo! Peor aún… ni siquiera se había dado cuenta de lo fuerte que se había vuelto aquel hombre. El Falso Heraldo casi lo había matado con poco más que un pensamiento fugaz y un solo golpe. Una atmósfera de inquietud se cernió sobre Og. Aunque estuviera preparado la próxima vez. Aunque supiera de lo que era capaz el Falso Heraldo… no sabía qué método se había utilizado para destruir su dominio. Y si no lo sabía, entonces no tenía forma de impedirlo. Y si no podía impedirlo… Og era un hombre muerto en vida. *** Noah giró sobre sus talones justo a tiempo para ver desaparecer el portal por el que lo habían empujado. Estaba en una habitación sencilla, y frente a él, con una sonrisa irónica dibujada en su rostro amable, estaba Tim. Al menos, se parecía a Tim. Pero el parecido terminaba en sus ojos. Eran completamente negros, dos vacíos de sombra sin fin. —Noah —dijo Tim con una voz que no era la suya—. Ha pasado mucho tiempo. Has crecido mucho desde la última vez que nos vimos. Tengo que decir que no me imaginaba que nuestro reencuentro sería así. Noé reconoció esa voz. Se quedó mirando con incredulidad por un instante. Luego entrecerró los ojos. “Sievan. ¿Por qué te haces pasar por Tim?” —¿Fingiendo? —Tim ladeó la cabeza. Luego, sus ojos se cerraron, volviendo a su lugar. La oscuridad se desvaneció de ellos en un instante. Su semblante cambió repentinamente, y la sonrisa en sus labios se relajó. —¡Noah! ¡Qué gusto verte de nuevo, amigo! Disculpa. Dejaré que Sievan se encargue de todo por ahora, pero debemos reunirnos para tomar una taza de té. ¡Tengo tantas preguntas! Y entonces la oscuridad volvió a aparecer en los ojos de Tim. —¿Qué has hecho? —preguntó Noé bruscamente—. ¿Por qué estás en el cuerpo de Tim? —Un acuerdo mutuamente beneficioso —respondió Sievan. Levantó las manos—. No se preocupen. No le haría daño al mortal. —No pensé que lo harías —respondió Noah—. Pero eso no cambia mi pregunta. ¿Qué está pasando? Yo... gracias por salvarme, por cierto. ¡Qué oportuno! —De nada —respondió Sievan—. Lo hago porque Tim me visitó y nos dimos cuenta de que una alianza sería beneficiosa para ambos. Hacía demasiado tiempo que no dejaba las Llanuras Condenadas y exploraba el Plano Mortal. Y Tim... bueno, un poco de potencia de fuego extra nunca viene mal. Hemos estado hablando mucho sobre teoría rúnica. Es un hombre muy perspicaz. —Así es —admitió Noah. No pudo evitar que una sonrisa se dibujara en su rostro. Tim estaba vivo. Y con buena salud, además. No tenía ni idea de cómo Tim había acabado con Sievan, pero apenas importaba. Uno más de los suyos lo había logrado. Una risa escapó de los labios de Noah. —No te imaginas lo bien que me hace verlos a los dos. —Igualmente —dijo Sievan—. Aunque debo decir que parece que no te has vuelto menos impulsivo desde la última vez que nos vimos. —Créeme —dijo Noah—. Ese desgraciado se lo merecía. Lo único que lamento es que haya escapado. Si hubiera podido matarlo en ese mismo instante, todos habríamos estado mejor. —Eso me imagino —dijo Seven—. Me imagino que no actuarías de forma tan temeraria con tanto en juego. —Yo no lo haría —dijo Noah, mientras su diversión se desvanecía y su rostro se endurecía—. Antes de continuar, ¿dónde estamos? ¿Debemos esperar visitas? —No —dijo Sievan—. Estamos a salvo. Vivian no tiene el poder suficiente para seguirme hasta aquí. No sola, y no sin armar un escándalo que no se puede permitir. Cuando termine el banquete, tu placa te enviará de vuelta a tu habitación como siempre. Al menos por ahora, no corres ningún peligro. —Bien —dijo Noah, exhalando un suspiro de alivio—. Dios mío. ¡Menudo desastre! No puedo decir que así es como me imaginaba las cosas. ¿Has conocido a alguien más? ¿Hay alguno de mis alumnos...? —Sí —dijo Sievan—. Lo he hecho. Noé hizo una pausa por un momento. Entonces entrecerró los ojos. “¿Yoru?” "Yoru", confirmó Sievan. Noé se pellizcó el puente de la nariz. Sea cual sea su plan... no sé cómo demonios esto va a acercarse siquiera a lograrlo. —Por supuesto —dijo Noé. “Está haciendo todo lo posible”, dijo Sievan. “Nadie lo consigue a la primera. Está mejor que antes”. —Siempre y cuando tenga una buena razón. Una muy buena —dijo Noah, sacudiendo la cabeza—. Pero por mucho que me gustaría charlar un rato, si tenemos unos momentos de tranquilidad, hay algo que necesito saber, y no sé cuándo tendré la oportunidad de preguntarle de nuevo. —Responderé lo que pueda —respondió Sievan—. ¿Qué es? —¿Qué es lo que realmente quieren los Buscadores de la Verdad? —preguntó Noah—. ¿Y quién es Orlen?
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 908

Estás leyendo el capítulo 908 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 12 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.