Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 835 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Un segundo pasó lentamente. Otro lo siguió. Noah se quedó inmóvil, con los ojos entrecerrados, mientras observaba al extraño maniquí en busca de alguna señal de... bueno, algo más extraño de lo que ya estaba experimentando.
Se acercó al extraño maniquí. Aún no había hecho gran cosa. Técnicamente hablando, eso era precisamente lo que se suponía que debían hacer los maniquíes. No solían levantarse y empezar a caminar. Eso no lo hacía menos sospechoso.
No hay forma de que no me diera cuenta. Sin duda me habría fijado en esa arma enorme que lleva en la espalda. Por otro lado, Eliana es… mucho. Supongo que es posible que me distrajera lo suficiente como para impedirme mirar bien la habitación. Simplemente no me acuerdo.
Rebuscar en sus recuerdos no le sirvió de mucho. Simplemente no recordaba si alguna vez había mirado hacia ese maniquí. Noah se habría girado para buscarla, pero la piel de gallina le impidió apartar la mirada del extraño maniquí ni un instante.
“¿Eliana?” llamó Noé.
Pasó un segundo.
No hubo respuesta
Resistió el impulso de suspirar. De alguna manera, Noah sintió que debería haberlo esperado. Parecía una regla que cualquier individuo ligeramente extraño se viera obligado a desaparecer en el peor momento posible.
Y yo que pensaba que lo estaba haciendo bien evitando las malditas misiones secundarias. ¿Cómo es que me siguen encontrando? ¡Todavía no he matado a nadie importante!
—Sé que no estabas aquí hace un momento —mintió Noah, dando otro paso lento a través del laberinto de disfraces del bosque hacia el sospechoso maniquí—. No estoy tan loco. Es imposible que se me escape una espada tan grande.
El maniquí no respondió. Eso también era de esperar.
Noah lo examinó de nuevo con sus dominios. Absolutamente nada en el maniquí parecía extraño. No había magia. No había imbusiones ocultas ni poder acechando en su interior. Era perfectamente normal. Como todos sus sentidos le indicaban, era literalmente otro hombre de madera.
¿Pero por qué estoy tan intranquilo? Solo vi a ese tipo en lo alto del acantilado un momento. He lidiado con cosas mucho peores que un cabrón espeluznante cargando con una espada el doble de grande. ¿Y por qué este maniquí me tiene tan nervioso?
Noah flexionó los dedos. La fuerza de Disrupción Desenredante recorrió su palma y se concentró en su mano. Maniquí o no, no iba a darle la espalda a esa cosa. Ni siquiera quería compartir habitación con ella.
Quizás Eliana estaba tan loca como para no darse cuenta de que faltaba una de sus creaciones. Siempre podía volarla y pedir perdón después. Eso era mucho mejor que quedarse sentado enfrascado en una competencia de miradas con un trozo de madera.
Rodeó a otro maniquí. El movimiento lo apartó de la vista del sospechoso y lo colocó firmemente a su lado, a unos seis pasos de distancia. Evitar el contacto visual con la extraña criatura alivió un poco la tensión en su espalda.
Maldita sea, esta cosa da miedo. Definitivamente voy a tener que pedirle a Eliana que me diga por qué hizo algo como...
La cabeza del maniquí giró y lo miró fijamente.
Luego desapareció.
Los sentidos de Noah gritaron una advertencia. Se tambaleó hacia atrás, el Fragmento del Ser dentro de él forzando sus reflejos al límite. El viento silbaba junto a su nariz mientras una pared blanca se difuminaba sobre él.
Se le puso la piel de gallina en la nuca. Sus dominios ni siquiera habían percibido un destello de magia aparte de la suya. Noah retrocedió un paso tambaleándose. Giró, pero no había rastro del maniquí.
—Muéstrate —dijo Noah, levantando las manos. Sus sentidos recorrieron toda la tienda. No había nadie. Y aun así...
Una mancha blanca apareció a su lado. Noah se arrojó al suelo. El aire donde había estado un instante antes vibró al pasar algo pesado sobre sus cabezas. Noah rodó hacia un lado, chocando contra un maniquí, que se estrelló contra su espalda.
Ni siquiera podía ver dónde estaba su atacante. Eran tan rápidos, tan indetectables, que...
Los sentidos de Noé gritaron una advertencia. Un destello dorado se retorció en el rabillo del ojo. Se deslizó a solo unos centímetros de su pie. Noé saltó hacia él.
El mundo se deformó.
Su pie se estrelló contra el hombro de un maniquí y de repente se encontró de pie nuevamente, parado en el otro extremo de la tienda de Eliana, precariamente cerca del techo bajo.
El maniquí con la túnica andrajosa se alzaba sobre el lugar donde había estado, con su enorme espada envuelta clavada en el suelo. Noah ya no estaba tan seguro de que fuera un maniquí. No tenía la menor idea de qué era.
—¿Quién eres? —preguntó Noé con los ojos entrecerrados. Más oro se enroscaba en su visión. Raíces tenuemente nacidas de la Línea se extendían por el mundo, como invitándolo a seguir su camino—. ¿Qué quieres de mí?
La figura encapuchada se giró hacia Noé, desenvainando su espada del suelo con facilidad. Él seguía sin percibir nada de ellos. Era como si no hubiera nadie allí.
—Eres él. —La voz de la figura era áspera. Seca y apagada, como un trozo de lija desgastado. No parecía haber usado mucho la voz en los últimos cincuenta años—. El muerto.
—Sabes, de todas las cosas que me han llamado, no sé si esa es la más acertada o la menos acertada —dijo Noah—. Pero ya que pareces hablar, ¿por qué no respondes a mi pregunta?
Yo soy el Verdugo. Y tú eres el muerto.
—Voy a protestar por ese apodo —dijo Noah—. No me favorece nada. ¿Qué quieres de mí? No tengo enemigos aquí.
El verdugo desapareció.
A Noah le picó el cuello. Se abalanzó del maniquí y se adentró en uno de los senderos dorados. El mundo volvió a cambiar. Entonces se encontró en medio del bosque de disfraces. Un fuerte estruendo marcó la prematura muerte del maniquí sobre el que había estado un momento antes.
No quedaba rastro del Verdugo. El extraño hombre había desaparecido de nuevo. Un destello de ira se encendió en Noé.
¿Podría por favor ir a un maldito lugar sin que alguien intente matarme?
Arcos de magia roja estallaron entre sus dedos. Noah apretó la mandíbula. Su dominio era inútil. No podía sentir al Verdugo en absoluto. Pero tenía más con qué trabajar que solo su dominio.
Noé tomó su violín y lo cortó con el arco, creando una Formación. La Sinfonía Hueca se activó en su interior, añadiendo su poder a la mezcla y acelerando la creación de su canción.
—¿Podrías esperar con esta mierda? —gritó Noah. El corazón le latía con fuerza. No había ni rastro del Verdugo, pero el asesino seguía por ahí. Solo estaba esperando el momento oportuno—. Estamos destrozando la tienda de esta pobre mujer y ni siquiera tengo cristales para pagarle...
Una pared blanca aceleró hacia Noé desde el rabillo del ojo.
Liberó la magia que había estado conteniendo.
Una magia aceitosa se derramó por el aire ante él. Un fuerte estruendo recorrió la habitación un instante después cuando la enorme espada del Verdugo se estrelló contra el charco de magia que Noah tenía delante, provocando ondas que recorrieron la magia.
Noah se abalanzó sobre él, apartando a otros maniquíes. Dejó el violín y dibujó a Sunder mientras extendía la mano hacia el pecho del Verdugo.
El otro hombre desapareció.
Noah se tambaleó hacia adelante con una maldición. Soltó a Sunder y recuperó el violín, reiniciando su Formación. El movimiento solo le había hecho fallar algunas notas. Los labios de Noah se contrajeron en una mueca.
—Vamos —dijo Noé. Las notas de su canción giraron en una formación que se expandía a su alrededor—. No tengo ganas de pelear contigo, pero si insistes, te lo haré.
Hubo un momento de silencio. No fue nada sorprendente. Noah no esperaba una respuesta.
Pero, para su sorpresa, el Verdugo apareció al otro lado del mar de maniquíes.
“¿Éste es tu poder?”
—¿Tienes algún problema con eso? —preguntó Noah—. Fuiste tú quien me atacó. Siento que no deberías molestarte por la magia que uso.
El Verdugo levantó la enorme espada envuelta. Luego la giró, deslizándola de vuelta a su lugar en la espalda con un golpe sordo.
—Esto no concuerda con el informe —dijo el Verdugo sin emoción—. No eres una Mano.
—¿Qué? —preguntó Noé, frunciendo el ceño—. ¿De qué estás hablando?
—Quizás no seas el muerto —dijo el Verdugo—. No tengo suficiente información para cumplir mis órdenes.
—Sabes, eso no ayudó en absoluto —dijo Noah—. O me atacas o no, pero agradecería que nos saltáramos las tonterías vagas y misteriosas y...
Noé se quedó en silencio.
El verdugo se había ido.
Pero eso no fue todo.
Los daños en la tienda habían sido completamente borrados. Cada maniquí había regresado a su lugar. Estaban tan impecables como antes de la llegada del Verdugo. Incluso el agujero que el Verdugo había abierto en el suelo con su espada había desaparecido.
Noé estaba solo en el centro de la tienda, la magia aún formaba un arco a su alrededor en preparación para un enemigo que no estaba allí.
Las manos de Noé bajaron lentamente. La confusión le arrugó el ceño.
No quedó rastro alguno del fallecimiento del Verdugo.
¿Qué diablos acaba de pasar?

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 835
Estás leyendo el capítulo 835 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 7 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.