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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 832 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noah intentó no parecer un turista mientras seguía a Corban y Alina por las calles de Banesbridge. Realmente no había mucho espacio para maniobrar en el puente, tan abarrotado de gente. Se apretujaron por el borde del sendero, rozando apenas las paredes formadas por demasiadas tiendas apiñadas en un espacio demasiado pequeño para ellos. No había mucho espacio para que la multitud se separara ante Corban. Pero, para sorpresa de Noah, hicieron lo que pudieron. Corban parecía tener al menos bastante respeto por parte de los residentes de Banesbridge. Era difícil decir si ese respeto se dirigía al propio Corban o a la armadura que llevaba. Noah supuso que no importaba. —Aquí estamos —dijo Corban, agachándose en un estrecho callejón. Su aprendiz siguió su ejemplo. Noah se coló tras ellos. No fue un milagro que Corban y Alina lograran llegar a cualquier punto de Banesbridge con sus pesadas armaduras. Todos los callejones parecían mil veces más estrechos que ellos. Lee olfateó el aire detrás de ellos. "Huelo a naranjas". Noah no olía nada más que el hedor único que se desprende de amontonar demasiados cuerpos, junto con otras cosas en las que no quería pensar demasiado. Vivir en un espacio tan reducido tenía varias desventajas, y no parecía que Banesbridge las hubiera solucionado. "¿Dónde es exactamente aquí?" preguntó Noah mientras Corban golpeaba con los nudillos una puerta de madera incrustada en el costado del edificio junto al cual se habían detenido. —Decías que querías una máscara, ¿verdad? —preguntó Corban—. No se me ocurre un lugar mejor que este. Es una de las mejores artesanas de todo Banesbridge. —Y te mantendrá ocupado al menos una o dos horas —dijo Alina con un bufido—. Es más pegajosa que una babosa. —Espera. ¿No tenemos que vender el colmillo? —preguntó Noah—. ¿Para conseguir cristales? —Puedo hacerlo —se ofreció Lee—. No necesito mucho ahora mismo. Eres tú el que no tiene aura. —Gracias, Lee —dijo Noah, frunciendo el ceño. Corban volvió a llamar a la puerta. Luego miró a Noah por encima del hombro. «La sugerencia de Lee es buena. La llevaremos a entregar el colmillo. Y... créeme. No vas a salir de ahí pronto. Mejor ahorra tiempo y divide las tareas». Noah miró a Lee. Ella se encogió de hombros en respuesta. —No me importa. Solo tráeme algunas de las naranjas que tiene guardadas en su tienda. Tengo hambre. —De acuerdo —dijo Noah. Hizo una pausa. Luego entrecerró los ojos—. No malgastes los cristales en comida hasta que me traigas mi mitad, Lee. No quiero endeudarme porque te lo hayas gastado todo en un montón de bocadillos. “No gastaré demasiado.” Esa no era una frase muy prometedora, pero probablemente era lo mejor que podía obtener de ella. —No te preocupes. —Noah se acercó a la puerta y la miró de reojo—. ¿Pero estás seguro de que está en casa? —Está en casa —dijo Corban con un suspiro quejumbroso—. Aquí. Llama. Lleva meses enfadada conmigo. ¡Qué vieja! ¿Cómo cambiaría algo que yo no me llamara? Siento como si me hubieran endosado a una vieja loca. Una distante espiral de oro se deslizó en los límites de la visión de Noah. Parpadeó para desviarla. Entonces, las comisuras de sus labios se crisparon. Si había alguien digno de ser entregado a un lunático, probablemente era él. Noé levantó la mano y llamó. Antes de que pudiera siquiera intentar golpear la puerta dos veces, esta se abrió de golpe. Una ráfaga de aire mohoso invadió a Noah junto con la tenue luz naranja de una antorcha desde el interior de la tienda. Iluminó lo que debieron ser docenas de filas de disfraces, todos meticulosamente colocados sobre maniquíes de madera. La mano huesuda de una mujer agarró la muñeca de Noah. La sorpresa lo recorrió. Podría haberla esquivado si hubiera querido. Los reflejos mejorados que le proporcionó el Fragmento del Ser fueron más que suficientes para eso, pero esta anciana era rápida. Mucho más rápido que prácticamente cualquier otro mago normal que hubiera conocido. Noah no tuvo oportunidad de decir nada. Justo cuando notó la mano que lo agarraba del brazo, lo arrastraron hacia la mohosa tienda. La puerta se cerró de golpe tras él con un estruendo resonante. Las runas de Noah chisporrotearon, pero las reprimió. No iba a convertir a una pobre anciana en una mancha en la pared solo por su actitud... aunque jalarlo de un tirón era una excelente manera de lograrlo. —¡Caramba! Estás hecho un desastre. Noé se giró hacia el origen de la voz y hacia la mano que todavía sujetaba su muñeca. Una mujer bajita estaba parada frente a él. Ella no entendió en lo más mínimo las implicaciones de Corban. La mujer, aunque delgada, no podía ser mayor que Noah. Tenía una larga cabellera negra que enmarcaba sus estrechos rasgos con una ondulación fluida. Sus ojos, como brillantes amatistas púrpuras, se clavaban en el cráneo de Noah sin importarle la carne que se cruzara en su camino. Llevaba lo que quizás fuera la ropa más extraña que Noé había visto jamás. Era algo entre una armadura y un vestido, entrelazados entre sí de forma aparentemente aleatoria. El peto era un mosaico de seda azul medianoche y gruesas láminas de metal negro que no habrían desentonado más ni aunque lo hubieran intentado. Ese extraño patrón continuaba por sus brazos y piernas, hasta detenerse en el cuello, donde un cuello rígido y abultado se alzaba como el de un vampiro cursi. —Oh —dijo Noé. Eso fue todo lo que pudo decir. —Ah —dijo la mujer—. No es un nombre muy especial, ¿verdad? Bastante aburrido. Pero no me sorprendería. No cuando llevas puesto el equivalente en tela a un pedo de perro. Noé bajó la mirada hacia su ropa hecha jirones. Luego volvió a mirar a la mujer. «Ese no es mi nombre. Soy Noé». —No tan diferente. Solo una o dos letras más —dijo la mujer, frunciendo los labios y echándole otra mirada—. Corban te trajo aquí. No era una pregunta. —Sí —dijo Noé—. Estoy buscando... El dedo de la mujer se levantó bruscamente. No llegó a tocarlo, pero la intención de la emoción era evidente. —Calla —dijo, por si acaso no lo había sido—. No vienes a exigirme nada. Es raro el mendigo que sabe lo que necesita. ¿Quieres pescar? ¿O prefieres comer? Noé la miró fijamente. "¿Ninguno?" —Bien. Es un buen comienzo —dijo—. Me llamo Eliana. Seré tu sanadora hoy. —¿Sanador? —preguntó Noé—. Creo que estás malinterpretando algo. No estoy aquí para sanar. Necesito una máscara. —Ah, sí —dijo Eliana con una mueca—. Claro que sí. “Eso fue simplemente grosero”. —No —respondió Eliana, acercándose a un maniquí vestido de pirata y quitándole el sombrero al capitán—. Fue honesto. Puede que esto te sorprenda, pero es más que posible hacer ambas cosas al mismo tiempo. Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Eliana. Levantó el sombrero pirata hacia Noah e hizo una pausa, ladeando la cabeza. Luego hizo una mueca y rápidamente volvió a colocar el sombrero en el maniquí. Bien dicho. Pero preferiré no hacerlo. A ninguno de los dos nos gustan mucho las cortesías. —¿Qué te hace estar tan seguro? —preguntó Noah, ladeando la cabeza—. Creo que serían mucho más... bueno, agradables. Ya hay más que suficiente mierda en el mundo. No necesita ayuda. —Porque la elección es una de las pocas cosas que tenemos —respondió Eliana. Se acercó a otro maniquí, este con un precioso vestido de gala. Lo observó un momento—. Puedes fingir que no eres un imbécil. Pero yo lo seré solo porque lo disfruto. ¿Tienes alguna otra pregunta? —Sí —dijo Noé—. Muchos, por cierto. —Siéntete libre de meterlos por el trasero —le informó Eliana con una sonrisa encantadora. Pasó junto al maniquí con túnica. Tomó una bufanda gruesa que rodeaba el cuello de otro, y luego se detuvo para mirar a Noah—. ¿Bufanda? —No —dijo Noé. —Ya me lo imaginaba —dijo Eliana—. A los que tienen el pelo roto nunca les gustan las bufandas. —Mira, mi ropa está un poco hecha jirones —dijo Noah con cansancio—. Entiendo todo tu rollo. Y, por supuesto, puedes seguir así. Tienes razón. Pero solo estoy aquí por una máscara. Nada más. Me vendría bien algo de ropa nueva, pero no me interesa nada más. ¿Podríamos ir al grano? Eliana lo miró fijamente. Entonces se echó a reír. «Necesitas mucho más que ropa, No-Oh. Pero la ropa sería un buen punto de partida». “¿Y qué más crees que necesito?” Creí haberte dicho dónde podías meter tus preguntas. Siempre me dificultan el trabajo. Pero eres lo suficientemente interesante como para que pueda prepararme lo suficiente para responder algunas. Para empezar... —Eliana ladeó la cabeza, poniéndose un dedo en la mejilla, pensativa—. Probablemente algo para arreglar ese revoltijo de alma tuya antes de que te deshagas en mil pedazos.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 832

Estás leyendo el capítulo 832 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 7 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.