arrow_back

Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 830 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Mordred rebuscaba entre sus cartas mientras caminaban. Su mente no estaba en contacto con su cuerpo. Aún le rondaban los sucesos del día anterior. Había obtenido tantas respuestas. Tantas preguntas nuevas. Cuanto más aprendía, más se daba cuenta de lo poco que sabía. Lee no se parecía a ninguna criatura que hubiera conocido antes. Pero así eran todas las criaturas. Ninguna era igual a otra. Todos los seres eran especiales. Algunos eran un poco más especiales que otros... y Lee era mucho más especial. No podía permitirse seguir adelante sin agotar su investigación. Una oportunidad como esta solo se presenta unas pocas veces en la vida. No habría perdón si no completaba sus estudios. Estaría mejor preparado la próxima vez que se cruzara con Lee. Y sus caminos volverían a cruzarse. Pronto. Mordred estaba seguro de ello. Su ceño se transformó en una sonrisa entusiasta. Un demonio de tan bajo rango como Lee... había sido capaz de infligirle suficiente daño de alma como para obligarlo a usar una poción curativa. Solo los dioses sabían de qué sería capaz cuando se hiciera más fuerte. La sola idea le producía escalofríos en la espalda a Mordred. Lee era la prueba de la evolución dentro de la raza demoníaca. Quizás era la primera de su especie, o quizás una de las muchas que habían logrado permanecer ocultas hasta hoy. No tenía idea de cuál era... pero Mordered estaría condenado si no lo descubría. —Jefe, ¿podría dejar de hacer eso? —preguntó Puño—. Es realmente espeluznante. "¿Qué haces?", preguntó Modred, revolviendo sus cartas y mirándola de reojo. "No estoy actuando de forma diferente a la habitual". —No —dijo Ace con seriedad—. No lo eres. Mordred entrecerró los ojos. Envolvió su baraja en una tira de cuero engrasado antes de guardarla en su bolsillo. «No aprecio tu insinuación. La mente mortal encuentra rareza en lo que no puede apreciar adecuadamente». “La mente mortal encuentra rarezas en la gente que mira fijamente al aire”, dijo Puño. No estoy mirando con lascivia. Anticipo mis éxitos futuros. Unos que, les recuerdo, nos afectarán a todos. Piénsenlo. —Estoy pensando en ello ahora mismo —dijo Ace con un suspiro soñador—. Una buena cama. Dinero. No estar en una misión que debería haber terminado hace semanas porque decidimos perder el tiempo en lugar de hacer nuestro trabajo. Mordred fulminó con la mirada a Ace. «Te recuerdo que este es nuestro trabajo. Los deseos del Imperio Coral son secundarios a nuestro verdadero propósito. A la gran mayoría del Imperio solo le importa su propio poder. No ven ningún valor en el verdadero servicio que presto. Pero a mí no me importa su aprecio ni su cariño. No soy más que un visionario». —Bien —dijo Puño—. ¿Entonces vamos a acelerar el paso? Todavía no entiendo por qué nos haces caminar cuando tenemos una docena de medios de transporte diferentes y más rápidos. A este paso, nunca alcanzaremos a Lee. —Es muy difícil reflexionar mientras vuelas —le informó Mordred a Puño—. Ya lo sabes. Mis cartas irían a todas partes. "No podría permitirlo", dijo Ace. —No podía ser —coincidió Mordred. Se ajustó el abrigo de piel—. Para nada. Sería un desastre. Debemos ser intencionados. Concentrados. Dime, Puño, ¿por qué huyó Lee? "Porque la estabas mirando lascivamente", dijo Puño. —¡Te equivocas! —ladró Mordred. Hizo una pausa—. Creo. Estoy bastante seguro... Ah, da igual. Quizás eso sí influyó. Pero esa no fue la razón principal. Poco antes de correr, ladeó la cabeza. Lo viste, ¿verdad? —Estaba olfateando el aire —dijo Ace—. Quizá olvidaste ducharte. —Hay más que eso. —Mordred negó con la cabeza—. El olfato de esa demonio es increíble. Nos vigiló mientras la rastreábamos. Es imposible que tardara tanto en olerme. No, pasó algo más. Se dio cuenta de algo. “¿Un enemigo?”, adivinó Fist. —Es posible. Pero no me parece probable. —Mordred se frotó la barbilla pensativo—. No parecía asustada ni enfadada. No hubo mucho tiempo para saber qué estaba pensando exactamente, pero, en todo caso, parecía emocionada. "¿Qué? ¿Crees que apareció su amigo o algo así?" preguntó Ace. —Creo que es muy posible. Estuvo en las montañas bastante tiempo —dijo Mordred asintiendo—. Pero ahora sus rastros salen de ellas. Lo más probable es que haya percibido el olor de un aliado. —¿Otro demonio único? —Fist parpadeó—. ¿Crees que viajan juntos? Mordred volvió a sonreír. «No lo sé. Pero pienso averiguarlo. Se acabó el tiempo de reflexión, amigos. Preparen sus espadas voladoras. Tenemos que rastrear a un demonio». —Claro —dijo Ace. Hizo una pausa y ladeó la cabeza—. Solo una pregunta. —¿Sí? —preguntó Mordred, arrastrando los pies con la ancha espada a la espalda mientras intentaba desabrocharla sin doblar accidentalmente las cartas del bolsillo. La correa no era muy práctica. "¿Quién es ese?" Mordred miró hacia arriba. Una figura vestida con una tela gris andrajosa se encontraba a unas pocas docenas de pasos de ellos. Era difícil distinguir más detalles. Todo su cuerpo estaba completamente cubierto por las correas grises andrajosas. Incluso la parte superior de su cabeza estaba oculta, cubierta por correas de cuero oscuro que colgaban alrededor de sus facciones imitando el cabello. La figura era un poco más baja de lo normal. Tenía una complexión relativamente delgada, algo que nadie podría considerar inusual. Su forma relativamente normal se hacía aún más evidente por la enorme arma que llevaba atada a la espalda. Era difícil determinar con exactitud qué era, aunque se parecía vagamente a una espada increíblemente pesada. Estaba completamente envuelta en tela blanca de punta a punta. Su empuñadura sobresalía más de sesenta centímetros por encima de la cabeza de la figura y su extremo estaba a solo unos centímetros del suelo, además de estar colocada en ángulo. Si hubiera quedado en posición vertical, el arma habría sido tan grande que se habría clavado en el suelo y habría hecho completamente imposible moverla. Los ojos de Mordred se entrecerraron. La figura estaba dentro de su dominio, pero no percibía ni un ápice de su presencia. Pero eso no significaba que la figura estuviera desaparecida. Normalmente, al moldear un alma, se producían anomalías. Sutiles cambios en el mundo que la rodeaban que indicaban dónde se había deformado. Este individuo no tenía ninguno de ellos. Su presencia bien pudo haber sido una alucinación. Salvo por la información que la visión de Mordred le proporcionó, no había forma de detectar al extraño. Pasó un largo segundo. Ninguno se movió. No cabía duda de que la figura vendada los miraba. Simplemente no hablaban ni hacían ningún movimiento para acercarse. —No los siento —murmuró Ace—. ¿Qué técnica de modelado de almas usan? ¿Es otro demonio? —No —dijo Mordred con cautela—. No lo creo. “¿Humano?” preguntó Puño. —No estoy tan seguro —respondió Mordred—. Ten cuidado. No te excedas. Nunca he visto a alguien con un control tan intenso sobre su alma. Es posible que este sea el aliado de Lee, y puede que no sea... La figura desapareció. Mordred parpadeó. Entonces estaban a dos metros de él. No había habido ningún sonido. Ningún cambio mágico. Ninguna advertencia. La figura simplemente se había movido hacia adelante como si hubiera estado allí todo el tiempo. Los ojos de Mordred se abrieron de par en par. ¿Qué? Ace y Fist se estremecieron hacia atrás y maldijeron sorprendidos. Mordred tomó sus runas. —No. —La voz de la figura era áspera y apagada. Era imposible identificar su género, ni nada sobre ellos, de hecho. Ni siquiera intentaron alcanzar el arma enorme que llevaban a la espalda. ¿Sabían que buscaba mis runas? Imposible. Quizás fue una suposición. Moldear tu alma hasta tal punto debería impedirte sentir nada, y mucho menos algo tan insignificante. "¿Quién eres?", preguntó Mordred, con el corazón latiéndole con fuerza. Aún no estaba seguro de si era de emoción o de miedo. Dos encuentros como este en tan poco tiempo eran inauditos. "¿Qué eres?" La figura no respondió. Simplemente permanecieron en silencio. Mordred ni siquiera pudo notar si los observaban. Vendas cubrían cada parte de su rostro, incluyendo ojos y boca, sin dejar rastro alguno que pudiera identificarlos. Pasaron varios largos segundos. Nadie se movió. “¿Jefe?” preguntó Ace. —Espera —dijo Mordred, sin atreverse siquiera a levantar la mano y romper el incómodo silencio. Mantuvo la mirada fija en el desconocido—. ¿Quieres algo? ¿Eres de algún lugar? ¿Quizás pariente de Lee? "Tú no eres él", dijo la figura. Mordred parpadeó. "¿A él?" “El muerto”, respondió la figura. Y luego desaparecieron. Mordred extendió su dominio y recorrió los alrededores. No había nada. Era como si la figura nunca hubiera estado allí. El único rastro de su paso eran las dos huellas de sus pies en la hierba frente a él. —¿Qué demonios fue eso? —preguntó Puño, estremeciéndose—. Algo no le cuadraba a ese tipo. Eran raros. —Qué raro —dijo Mordred—. Muerto. ¿Eso significa algo para ustedes? Los demás menearon la cabeza. "Parece que buscaban a alguien", dijo Ace encogiéndose de hombros. "Supongo que no éramos nosotros. Parecían... peligrosos". —Creo que tienes razón. Quizás sea lo mejor —dijo Mordred lentamente. Algo le revolvía el estómago, como si hubiera comido mal. Volvió la mirada al cielo y tomó su espada voladora—. No quisiera ser el pobre ingenuo que buscas. Muerto, sin duda.
El Regreso del Profesor Runebound (Novela)

Continúa leyendo

El Regreso del Profesor Runebound (Novela)

Capítulo 831

Siguiente Capítulo ›

El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 830

Estás leyendo el capítulo 830 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 7 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.